20/08/2022
Nota del editor: En Irán, cualquiera que siga a Jesús debe hacerlo en secreto. Las iglesias en casa siempre corren el peligro de ser allanadas, y los cristianos que dirigen y participan en una iglesia en casa viven en riesgo de ser arrestados y encarcelados. El país dificulta que los cristianos trabajen, vayan a la escuela o tengan una vida normal. Zahra y su familia se vieron obligados a huir de Irán después de que ella y su esposo fueran encarcelados por su fe.
Crecí en una familia musulmana. Así que cuando mi esposo, Ali, se convirtió en cristiano, tenía dudas.
Pero comencé a ver un cambio en él.
A lo largo de nuestro matrimonio, Ali había sido un drogadicto. Pasó el tiempo y ya no se drogaba. Era amable conmigo y con nuestros hijos. Fue entonces cuando supe que Jesús es real. Desde entonces, hemos vivido con Cristo en el centro de nuestras vidas.
Pero te diré que esa decisión tiene un precio alto. Convertirse en cristiano en Irán se considera una traición a tus padres, a tu país y a tu religión. Mi familia dejó de hablarme. Nuestros amigos se negaban a estar cerca de nosotros. Yo sabía el camino que había elegido. Y también sabía que era cuestión de tiempo antes que la Guardía Revolucionaria Islámica estuviera en nuestra puerta.
El día en que mi esposo y yo fuimos arrestados, me llevaron a una pequeña habitación sin luces ni ventanas. No había nada en la habitación: mi mano se convirtió en mi almohada.
Todas las mañanas, a las 2 o 3 de la madrugada, me llevaban arriba para interrogarme. Querían que les dijera los nombres de los cristianos de nuestro ministerio. Cuando me negaba a responder a sus preguntas, me mantenían en confinamiento durante una semana. Fue aterrador. Cuando estás dentro de un lugar así, sabes que ya no tienes el control. Pueden hacerte lo que quieran.
Lo único que nos fortaleció fue la oración, ninguna otra cosa. Sólo Dios puede ir a esos lugares oscuros y calabozos y ser fortaleza para Sus hijos. Porque sin el poder de Dios, nadie puede tolerar tal oscuridad.
Cuando finalmente nos liberaron, permanecimos en Irán durante dos años. Nos acosaban todos los días. Cada vez que Ali conseguía un trabajo, le decían a su empleador que lo despidiera. Nuestros hijos no podían asistir a la escuela. Todos los días, cuando Ali salía, me preocupaba que no regresaría.
Teníamos dos opciones: quedarnos y sufrir o abandonar nuestro país. Dejamos todo atrás: nuestra familia, nuestra casa, todo lo que teníamos.
Mirando hacia atrás, puedo ver cómo Dios estaba con nosotros a través de todo. El día que salimos de Irán hacia Turquía, verificaron nuestros pasaportes en el tren, pero el hombre no selló el mío. Me di cuenta de que estábamos atrapados de nuevo. Si me arrestaban significaría cinco años más de prisión. Pero Dios estaba con nosotros. En ese momento, algunos pasajeros empezaron a discutir y el hombre tuvo que marcharse. Otro empleado del tren vino y selló mi pasaporte.
A través de todos nuestros sufrimientos, Cristo nunca nos abandona. Su promesa es verdadera. Fue verdad para las personas con las que Jesús habló cuando estuvo en la tierra, y es verdad para nosotras hoy. Incluso cuando nadie está a tu lado, debes saber que Dios sí lo está. Él nunca te abandonará. Por eso el Salmo 23 significa tanto para mí.
El SEÑOR es mi pastor, Nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar… Aunque pase por el valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo… (Salmos 23:1-2a, 4a).
Y como Su promesa es verdad, puedo perdonar a mis perseguidores con Su fuerza. Puedo decir sinceramente que los amo con todo mi corazón. Como dijo Jesús de los que lo pusieron en la cruz, “no saben lo que hacen” (Lucas 23:34a, NBLA). Quiero decirles incluso a mis perseguidores que Cristo Jesús es la Verdad y que ellos también pueden alcanzar su perdón y misericordia.