Sede Virgen de Guadalupe. Apopa

Sede Virgen de Guadalupe. Apopa Comunidad Catolica Virgen de Guadalupe. Somos una sede perteneciente a la Parroquia San Gabriel Arca

21/05/2026
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20/05/2026

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Evangelio (Jn 17,11b-19): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.

»Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

REFLEXIÓN: «Que tengan en sí mismos mi alegría colmada»
Fr. Thomas LANE
(Emmitsburg, Maryland, Estados Unidos)
Hoy vivimos en un mundo que no sabe cómo ser verdaderamente feliz con la felicidad de Jesús, un mundo que busca la felicidad de Jesús en todos los lugares equivocados y de la forma más equivocada posible. Buscar la felicidad sin Jesús sólo puede conducir a una infelicidad aún más profunda. Fijémonos en las telenovelas, en las que siempre se trata de alguien con problemas. Estas series de la TV nos muestran las miserias de una vida sin Dios.

Pero nosotros queremos vivir el día de hoy con la alegría de Jesús. Él ruega a su Padre en el Evangelio de hoy «y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada» (Jn 17,13). Notemos que Jesús quiere que en nosotros su alegría sea completa. Desea que nos colmemos de su alegría. Lo que no significa que no tengamos nuestra cruz, ya que «el mundo los ha odiado, porque no son del mundo» (Jn 17,14), pero Jesús espera de nosotros que vivamos con su alegría sin importar lo que el mundo pueda pensar de nosotros. La alegría de Jesús nos debe impregnar hasta lo más íntimo de nuestro ser, evitando que el estruendo superficial de un mundo sin Dios pueda penetrarnos.

Vivamos pues, hoy, con la alegría de Jesús. ¿Cómo podemos conseguir más y más de esta alegría del Señor Jesús? Obviamente, del propio Jesús. Jesucristo es el único que puede darnos la verdadera felicidad que falta en el mundo, como lo testimonian esas citadas series televisivas. Jesús dijo, «si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis» (Jn 15,7). Dediquemos cada día, por tanto, un poco de nuestro tiempo a la oración con las palabras de Dios en las Escrituras; alimentémonos y consumamos las palabras de Jesús en la Sagrada Escritura; dejemos que sean nuestro alimento, para saciarnos con su alegría: «Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida» (Benedicto XVI).

te invitamos
18/05/2026

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18/05/2026

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Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».

REFLEXIÓN: «¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»
Rev. D. Miquel SALÓ Casajuana
(Sabadell, Barcelona, España)
Hoy, Jesús afirma que los discípulos lo dejarán solo, pero añade inmediatamente que no está solo, «porque el Padre está conmigo» (Jn 16,32). Padre, Hijo y Espíritu Santo forman una comunidad de amor. Del mismo modo, los bautizados también participamos de esta comunión de amor; nunca estamos solos: «Precisamente porque Cristo nos ama, no nos deja solos en las pruebas de la vida; nos promete el Paráclito, es decir, el Abogado, el Espíritu de la verdad» (León XIV).

Podemos participar de la vida divina en cualquier momento. Como criaturas, el Padre siempre nos mantiene en el ser. Como bautizados siempre podemos participar de la Inhabitación de la Santísima Trinidad en nosotros. Ten presente que siempre puedes dirigirte al Señor en cualquier lugar y circunstancia. Esta relación con la Trinidad se nutre especialmente en los sacramentos y se ha de manifestar en la práctica de la caridad.

Es necesario cuidar la relación con Dios para hacerla más intensa y viva: participar de los sacramentos (especialmente, la Eucaristía y la Penitencia), tener una vida de más intimidad a través de la oración, la lectura de la Sagrada Escritura o la práctica de la caridad siguiendo las obras de misericordia. Él sale a nuestro encuentro; hemos de acogerle en nuestra persona.

Con la vista puesta en la Ascensión y en Pentecostés, el Evangelio también nos recuerda que Cristo ha vencido a la muerte. Jesucristo ha resucitado realmente. Todavía estamos en el tiempo de Pascua. Jesús nos recuerda que Él ha vencido al mundo (cf. Jn 16,33). Si lo comparamos con el mundo del deporte, sería como estar jugando un partido en el que sabemos que ya está ganado. Esto no significa que no haya peligros; esto no supone no haya necesidad de esforzarse. A pesar de que todavía queda tiempo de partido y que habrá que sudar y sufrir, sabemos que la victoria es nuestra.

¡Siempre de la mano de María! Ella está llena del Espíritu Santo, vivió una vida de gran intimidad con Cristo, lo llevó dentro durante nueve meses, lo escuchó a lo largo de los años y acompañó a los discípulos en la recepción el Espíritu Santo el día de Pentecostés.

14/05/2026

Hoy queremos unirnos como comunidad para apoyar a uno de nuestros hermanos servidores de Liturgia de nuestra parroquia San Gabriel, quien actualmente necesita de nuestra ayuda y solidaridad.🙏🏻

Con mucho cariño y esperanza, pedimos de su valiosa colaboración compartiendo esta publicación y apoyando en lo que esté a su alcance, para que juntos podamos brindarle una mano amiga en este momento.

Toda ayuda, oración y gesto de solidaridad cuenta. Que Dios multiplique en bendiciones a cada persona que se una a esta causa. 🤍

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13/05/2026

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Evangelio (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros».

REFLEXIÓN: «Mucho tengo todavía que deciros»
Rev. D. Àlex SERRA
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
Hoy es ¡un día especial! Imagínate la típica jornada en que tú estás con tus familiares o tus amigos, y tienes muchas cosas para contarles. Quizá hace tiempo que no les ves o que vienes de un gran viaje o, simplemente, has tenido un día lleno de experiencias. Quieres explicarlo todo, pero no tienes suficiente tiempo. Pues esto es lo que le sucedió a Jesús. Por eso dice: «Mucho tengo todavía que deciros» (Jn 16,12).

Imaginémonos a Jesús con sus mejores amigos, los discípulos, diciéndoles que cuando tengan el Espíritu de la verdad —es decir, su mismo Espíritu— predicarán sin miedo por todo el mundo, con unas ganas espectaculares, y que tendrán una vida fantástica con Él. Con ello no dice que no tengamos problemas, sino que los afrontemos de otra manera, ya que con el Espíritu de Dios todo es posible. El Espíritu lo hace todo nuevo, desenmascara nuestros temores, cambia nuestra vida, hace salir de aquello que se nos hace farragoso, nos ayuda a amar a quienes nos cuesta… y que cada uno piense en aquello que necesita que el Señor cambie en su vida.

Todo eso es lo que comunica y anuncia el Espíritu. Una vida nueva donde el sinsentido que podemos vivir lo afrontamos con el Espíritu del Señor y, como dijo el Papa Francisco el año 2020 en la Misa de Pentecostés marcada por el confinamiento a causa del Covid-19, ¡una vida de donación! Éste es el fruto del Espíritu: la donación a los otros, por la unidad entre los discípulos. Nosotros recibimos el Espíritu, pero no para nosotros sino para los otros, para aquellos que están a nuestro lado, sea quien sea…

Ojalá que hoy seamos fieles discípulos del Señor o, mejor dicho, que hoy seamos verdaderos amigos de aquel que nos da Vida y nos preguntemos: si soy discípulo del Señor, ¿cómo me doy a los otros? ¿Les doy la vida?

05/05/2026

// Compartimos actividades de esta semana

03/05/2026
Mayo siempre será especial porque es el mes que la Iglesia dedica a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y madr...
02/05/2026

Mayo siempre será especial porque es el mes que la Iglesia dedica a la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y madre nuestra.

El mes que hoy empieza ha de ser tiempo propicio para renovar el amor que todos los bautizados debemos profesar a la mujer que Dios eligió —desde la eternidad— para ser madre de su Hijo, Jesucristo, el Verbo hecho carne para redención del género humano.

Cómo Sede Virgen de Guadalupe de la parroquia San Gabriel Arcángel, se vivió este momento de devoción a nuestra madre, la Virgen María.

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30/04/2026

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Evangelio (Jn 13,16-20): Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».

REFLEXIÓN: «Después de lavar los pies a sus discípulos...»
Rev. D. David COMPTE i Verdaguer
(Manlleu, Barcelona, España)
Hoy, como en aquellos films que comienzan recordando un hecho pasado, la liturgia hace memoria de un gesto que pertenece al Jueves Santo: Jesús lava los pies a sus discípulos (cf. Jn 13,12). Así, este gesto —leído desde la perspectiva de la Pascua— recobra una vigencia perenne. Fijémonos, tan sólo, en tres ideas.

En primer lugar, la centralidad de la persona. En nuestra sociedad parece que hacer es el termómetro del valor de una persona. Dentro de esta dinámica es fácil que las personas sean tratadas como instrumentos; fácilmente nos utilizamos los unos a los otros. Hoy, el Evangelio nos urge a transformar esta dinámica en una dinámica de servicio: el otro nunca es un puro instrumento. Se trataría de vivir una espiritualidad de comunión, donde el otro —en expresión de San Juan Pablo II— llega a ser “alguien que me pertenece” y un “don para mí”, a quien hay que “dar espacio”. Nuestra lengua lo ha captado felizmente con la expresión: “estar por los demás”. ¿Estamos por los demás? ¿Les escuchamos cuando nos hablan?

En la sociedad de la imagen y de la comunicación, esto no es un mensaje a transmitir, sino una tarea a cumplir, a vivir cada día: «Dichosos seréis si lo cumplís» (Jn 13,17). Quizá por eso, el Maestro no se limita a una explicación: imprime el gesto de servicio en la memoria de aquellos discípulos, pasando inmediatamente a la memoria de la Iglesia; una memoria llamada constantemente a ser otra vez gesto: en la vida de tantas familias, de tantas personas.

Finalmente, un toque de alerta: «El que come mi pan ha alzado contra mí su talón» (Jn 13,18). En la Eucaristía, Jesús resucitado se hace servidor nuestro, nos lava los pies. Pero no es suficiente con la presencia física. Hay que aprender en la Eucaristía y sacar fuerzas para hacer realidad que «habiendo recibido el don del amor, muramos al pecado y vivamos para Dios» (San Fulgencio de Ruspe).

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