25/07/2023
INSTRUMENTOS IMPERFECTOS en las MANOS del MAESTRO PERFECTO
Por Melqui Escobar.
El ministrar a la gente dirigiendo la alabanza frente a la congregación es un lugar de privilegios y, también de mucha responsabilidad. Cuando se trata de la música en los servicios de la Iglesia, es importante que entendamos cuál es el rol del equipo musical que está ministrando.
Desgraciadamente por la falta de un verdadero discipulado, que conlleve una educación y conocimiento bíblico sólidos, en las congregaciones muchos mal entienden este rol. Por eso es muy común que cierto sector de la congregación caiga en idolatría hacia los músicos y estos, a su vez, se llenen de orgullo. De esta manera, músicos y cantantes mal enfocados, esperan un reconocimiento que no les pertenece.
Otro error común es que en algunas congregaciones se le da mayor importancia al estilo y ritmo de las canciones y no al Dios a quien están dirigidas las alabanzas.
Con esto no digo que debemos evitar el buen desempeño en el manejo de un instrumento o la voz, por el contrario, también es parte de nuestro rol, buscar la excelencia y darle la mejor adoración al Señor. Sin embargo, servir en la alabanza es un privilegio que no merecemos, se lo debemos a Dios y por eso nuestra adoración debe estar enfocada en Él, y no en lo bien que puedan estar sonando nuestras voces e instrumentos musicales durante el servicio. Y es que, la música puede cumplir con varios propósitos como, pastorear, profetizar y hasta enseñar, pero siempre debe de estar enfocada en el objetivo principal que es el de honrar y adorar a Dios.
En Apocalipsis 4:11 leemos claramente que Dios es digno de recibir la gloria y la honra porque Él es el Creador de todo lo que existe. Por este motivo debemos de ser cuidadosos en reconocer el valor de todos en el cuerpo de Cristo, pero no podemos olvidar que es nuestro Señor el único que merece la gloria y honra.
Por mucho tiempo, yo perdí el verdadero sentido de la adoración y permití que mi corazón se llenara de orgullo. Escuché los aplausos y me confundí. Nunca pensé que fueran para mí, pero creí que, de alguna manera, mi talento y buen desempeño hacían posibles los maravillosos momentos que como congregación se viven durante los tiempos de alabanza.
En Lucas 5:8 podemos leer que Jesús utilizó el talento y profesión de Pedro, junto a los de otros pescadores, para generar un momento maravilloso, una pesca sin precedentes y bajo condiciones que volvían los esfuerzos humanos inútiles e intrascendentes. La Palabra también nos enseña que cuando Pedro observó el milagro pasar por sus manos, no se llenó de orgullo, su reacción fue caer de rodillas ante Jesús y le dijo “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”.
El apóstol entendió lo que todo servidor de Cristo debe comprender, que somos instrumentos imperfectos, no capaces de generar maravillosos y trascendentales momentos fuera de la voluntad de Dios. Por otro lado, es Su perfecta voluntad y Su gracia la que sigue produciendo milagros y prodigios en medio de Su pueblo.
El rol de los ministros de alabanza en la Iglesia es el de servir, un instrumento que, aunque es imperfecto, es utilizado por el Maestro para la gloria de Su nombre.
“A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén”.
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SOBRE el AUTOR
Melqui Escobar nació en San Salvador, El Salvador. Es parte de una familia misionera que ha servido en Latinoamérica bajo la conferencia evangélica de las Asambleas de Dios. Graduado de la Escuela de Comunicaciones Monica Herrera en Medios Audio Visuales, con estudios teológicos en la Universidad Cristiana de las Asambleas de Dios y graduado de School of Worship & Technical Art de CFNI en Dallas TX. Desde los 16 años se ha dedicado a formar, discipular y pastorear ministerios musicales y producción. Actualmente esta discipulando a un equipo musical y producción en El Salvador. Está casado con Flor Ferrufino con quien tiene 2 hijas Melody y Fiorella.