25/05/2026
Domingo 24 de mayo de 2026
Con desbordante gozo y alegría, la Iglesia de Las Palmas en Mejicanos encamina sus pasos en este día tan especial: una Escuela Dominical dedicada por completo a nuestras visitas.
La evangelización es el mandato divino que Jesucristo dejó a su Iglesia. Sin embargo, anunciar las buenas nuevas no siempre es una tarea sencilla. Con frecuencia, la obra se detiene o se debilita; y lo más sorprendente es que los mayores obstáculos no siempre provienen del exterior, sino del interior de nosotros mismos. Identificar estos estorbos es el primer paso para derribarlos y volvernos eficaces en la misión sagrada.
El peligro del mal testimonio
Este es, sin duda, el tropiezo más grande. Predicar el evangelio mientras se lleva una vida de doble moral, chisme, división o amargura, destruye por completo la credibilidad del mensaje. No podemos ofrecer libertad encadenados a las viejas prácticas.
Para asegurarnos de ser canales limpios y no piedras de tropiezo, debemos respaldar nuestras palabras con el poder de un buen ejemplo. La vida del creyente debe ser la primera carta que el mundo lea. Antes de que las personas escuchen hablar del amor de Dios, deben verlo reflejado en nuestra honestidad, en nuestro trato hacia los demás y en el espíritu de servicio.
"Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos." — Mateo 5:16
La obra de Dios es perfecta, pero Él ha decidido utilizar canales imperfectos: nosotros. Desarraigar los estorbos como la impiedad, el mal testimonio y la mezquindad, requiere de profunda humildad para reconocer nuestras propias faltas, generosidad para dar de lo mucho que hemos recibido y un amor ferviente por las almas. ¡Seamos hoy ese reflejo fiel de la luz de Cristo!