12/06/2026
: ¿Qué el acto penitencial no es lo mismo que el “Señor, ten piedad”?
R// El acto penitencial reconoce los pecados leves y pide la misericordia de Dios mediante la oración del sacerdote, mientras que el Kyrie eleison no es una confesión de culpas, sino una súplica confiada dirigida a Cristo para que escuche con misericordia la oración de la asamblea en su alabanza, acción de gracias e intercesión.
1. Contexto
El Kyrie eleison tiene su origen en la liturgia de Oriente y llegó a Roma hacia los siglos IV o V. En sus inicios poseía un carácter popular: funcionaba como una breve jaculatoria con la que los fieles respondían a las invocaciones propuestas por el diácono.
Era, en esencia, una aclamación dirigida al Señor, una confesión sencilla y directa de la divinidad de Jesús, el Kyrios. Con el tiempo, para evitar la monotonía de la repetición, se intercaló el Christe eleison, dando lugar a la forma dialogada que conocemos hoy.
Luego, esta invocación aparecerá de manera estable en la liturgia —en la Misa, en las ordenaciones y en las exequias—, aunque su ubicación y función variaron a lo largo de los siglos. En lo que respecta a la Misa, el Kyrie adoptó diversas formas y lugares según las épocas.
En un inicio era la respuesta que los fieles daban a las intenciones de oración proclamadas por el diácono antes de comenzar la celebración.
Con el tiempo, esta aclamación pasó a recitarse entre el Introito y la oración colecta, posición que conserva en la estructura actual del Misal Romano.
2. Experiencia
La experiencia pastoral muestra que, con bastante frecuencia, los fieles perciben el “Señor, ten piedad” como una prolongación del acto penitencial, o piensan que esta invocación está destinada principalmente a pedir misericordia por los pecados. Sin embargo, veremos que su origen y su sentido son distintos, aunque complementarios.
3. Reflexión
La expresión Kyrie eleison tiene un origen previo al cristianismo: en el mundo grecorromano era una fórmula dirigida a divinidades o a los emperadores para saludarlos, honrarlos o pedirles una gracia. Esta invocación implicaba reconocimiento de autoridad y súplica de misericordia, especialmente cuando los pueblos vencidos imploraban conservar la vida.
En la biblia de los LXX usará el verbo el verbo ἐλεέω (en hebreo qal) para significar “inclinarse con benevolencia hacia un inferior; favorecer, conceder gracia; mover a compasión mediante súplica”.
Por ejemplo: en el Salmo 51, 3 tenemos: “ten piedad, oh Dios mío” ( Ἐλέησόν με, ὁ Θεός) o en Mc10, 47: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (υἱὲ Δαυεὶδ Ἰησοῦ, ἐλέησόν με). En los dos caso, se está pidiendo una gracia y misericrdia a un ser superior.
Desde sus orígenes, el Kyrie eleison en la liturgia no tuvo un sentido penitencial estricto, sino que fue ante todo una invocación confiada al Señor, una súplica que reconoce su presencia y su poder salvador.
En su uso actual, el “ten piedad” es una profesión de fe en el señorío de Cristo resucitado y una aclamación de confianza en su bondad y misericordia.
Por eso se proclama al inicio de la Misa, inmediatamente después del saludo “El Señor esté con ustedes”: es un acto de reconocimiento y sometimiento amoroso a Cristo, que reina tras haber vencido a la muerte, y ante cuyo imperio de misericordia la asamblea se entrega plenamente.
4. Acción
La OGMR n.° 52 establece que el Kyrie eleison siempre debe decirse o cantarse, a menos que forme parte del acto penitencial en su tercera forma.
Esto significa que nunca se omite, salvo cuando las rúbricas lo indiquen expresamente, como sucede el Miércoles de Ceniza o el Domingo de Ramos, donde no hay ni acto penitencial ni Kyrie.
Esta norma confirma que el Kyrie eleison no es un mero apéndice penitencial, sino una aclamación propia y estable de la liturgia, expresión de fe en el Señor resucitado y de confianza en su misericordia.
5. Consejo Litúrgico:
La editorial Buena Prensa ofrece un folleto con todos los cantos del Ordinario de la Misa, incluidos los distintos “Ten piedad”.
En la práctica, este material funciona como referencia oficial para el canto litúrgico, pues recoge únicamente las melodías aprobadas y en uso legítimo.
Además, la editorial pone a disposición un CD con las pistas de cada canto, de modo que no hay pretexto para desconocer cuáles son las formas auténticamente litúrgicas. Así, las comunidades pueden asegurar que el Kyrie se cante siempre con fidelidad a la tradición y conforme a las rúbricas.