17/05/2026
DOMINGO 17 de MAYO de 2026
Ascensión del Señor
Por: Vít Řezníček
LA AUTORIDAD DE LAS VÍCTIMAS (Mateo 28, 16-20)
Otro domingo más nos convoca un texto del Evangelio de Mateo con el que aquella comunidad cierra la narración de sus memorias y recuerdos. El pasaje que acabamos de leer a veces se le denomina “la gran comisión” que representa el último mandato de Jesús para sus discípulos. Éste mandato misionero ha sido una fuente de inspiración positiva y negativa para la expansión de la Buena Nueva a través del largo recorrido del movimiento de Jesús y su transformación paulatina en una institución.
Acá nos proponemos una lectura situada desde y para El Salvador, más allá de esfuerzos proselitistas, queremos siempre destacar las dimensiones políticas de dichos textos que muy a menudo pasan desapercibidos en contextos eclesiales porque incomodan, molesta, no convienen o simple y sencillamente la preparación de sacerdotes, pastores o animadores bíblicos laicos no les ha preparado para esa tarea.
El primer momento de toda la instrucción de Jesús es clave: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea” (v. 16). Instrucción que se les había comunicado a lxs discípulxs en varias ocasiones (Mt. 26, 32; 28, 7.10). ¿Qué tiene de especial Galilea para que allá se produzca el encuentro entre el Jesús resucitado y lxs discípulxs? En primer lugar, en su dimensión geográfica y social es un volver a los orígenes donde todo comenzó. Jesús y sus discípulxs vienen de los márgenes del Imperio Romano, la Palestina del siglo I, pero aún dentro de ese territorio vienen de otra zona marginal, Galilea, considerada por los judíos como semi-pagana, incluso la comunidad de Mateo nos la describe así en Mt. 4, 5. Así lxs discípulxs vuelven hacia lxs suyxs porque se ha confirmado una vez más que el centro de poder político y religioso, Jerusalén, mata a sus profetas (Mt. 23, 37), mientras que los márgenes producen y sostienen la vida: “ahí lo verán” (Mt. 28, 7).
En segundo lugar, Galilea tiene una dimensión teológica que nadie describe mejor que Jon Sobrino en su obra “La fe en Jesucristo: Ensayo desde las víctimas”:
“Para nosotros, Galilea es El Salvador, que bien puede fungir como ejemplo de muchos otros pueblos crucificados (los Grandes Lagos, Timor Oriental... en el momento de escribir esta líneas). En esa realidad concreta y por su propia naturaleza, surgen las preguntas importantes en torno a la resurrección: qué posibilidad hay hoy para comprender y rehacer la experiencia de los primeros creyentes, aunque sea de forma análoga; qué posibilidad existe para vivir ya como resucitados en la historia y qué de la dimensión de triunfo, tal como aparece en la resurrección de Jesús, puede hacerse realidad en la historia; qué esperanza -y con qué realismo- tiene un pueblo crucificado de ser también un pueblo resucitado; qué hay de verdad en la fe de que Dios es un Dios de vida, de que hizo justicia a una víctima inocente, resucitándola de la muerte y de que al final Dios será todo en todos…”
Cuesta recordarnos nuestra condición de Galilea, de marginalidad como país a escala global y recordar las condiciones de vida deplorables en muchas partes al interior del país o de la capital, en medio de discursos que nos quieren convencer de que ya somos un país de primer mundo. Decía el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium que “el creyente es fundamentalmente memorioso”. ¿Qué tipo de memoria cultivamos lxs creyentes en un mundo obsesionado con la última novedad cultural, política, social, virtual? Hay esfuerzos por borrar la memoria histórica que incomoda o por lo menos hay intentos de tergiversarla o reinterpretarla. ¿Quién recuerda hoy a las personas que supieron comprometerse en la lucha por una sociedad más justa, fraterna y según el corazón de Dios desde la fe sin hacer de la política un instrumento de opresión, sino un instrumento de lucha y de liberación?
Éste mayo, ¿quién recuerda a Ruth López a un año de su arresto el 14 de mayo 2025? ¿Quién recuerda la masacre del río Sumpul ocurrida un 14 de mayo 1980? ¿Quién recuerda a Roque Dalton nacido también un 14 de mayo y asesinado y desaparecido un 10 de mayo de 1975? ¿Quién recuerda al sacerdote Alfonso Navarro y al acólito adolescente Luisito Torres asesinados un 11 de mayo 1977?
El abuso de la fe para fines políticos completamente opuestos a los ideales de Jesús y del movimiento que su vida, muerte y resurrección originó, debería interpelarnos hacía una lectura que retome las pautas que otrxs ya habían trazado antes: la dimensión de justicia, solidaridad, amor y promoción de la dignidad humana en todas sus dimensiones.
El texto de Mateo juega con y denuncia la ideología imperial de Roma cuando pone en la boca de Jesús la declaración de su autoridad: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra” (Mt. 28, 18), ya que precisamente Roma pretendía gobernar “toda la tierra, el mar y los pueblos”. En la Eneida 1.254–82, Júpiter calma a Venus profetizando un Imperio romano eterno fundado por Eneas, asegurando su deificación y el ascenso de su descendencia. Posteriormente, en 6.851–53, Anquises define la misión romana como imponer la paz, perdonar a los sometidos y subyugar a los soberbios, estableciendo el mandato imperial de Roma.
Con el resurgir de los imperialismos que siempre había estado presentes pero que han aparecido con más crudeza actualmente quizá por la descomposición de sistema capitalista, la comunidad proclama que bajo el cielo y en la tierra no hay otros Señores más que la víctima crucificada de un pobre campesino galileo que lxs discípulxs reconocen viva de nuevo en medio de ellxs. La fe vista desde esa óptica ha de cuestionar todos los intentos de instaurarse indefinidamente en el poder, reformar leyes y constituciones a su antojo, producir un sinfín de víctimas inocentes.
En las víctimas reside la autoridad original para acercarse a los textos, una autoridad que está presente también hoy en las víctimas de las violencias que llevamos en nuestrxs cuerpxs, pasando por los sistemas educativos que nos moldean para ser siempre productivxs, por el sistema de salud que nos quiere capaces de trabajar pero no sanxs y descansadxs, por la esclavitud asalariada que nos vende la aparente libertad de escoger a nuestro próximo explotador, por las relaciones interpersonales que se han reducido a meras transferencias de intereses superficiales y de provecho personales pero que han perdido su hondura y calidez por falta de tiempo y que nos enfrentan unxs contra otrxs cuando de lo que se trata es reflejar la vida de aquella comunión “trinitaria”, fuente de la vida.
Decía Simone Weil que “lo que nos salva es la mirada”. Sin embargo, ¿a dónde ponemos nuestras miradas en medio de tanta saturación visual y auditiva de “contenidos”? ¿En lxs poderosxs de este mundo en las pantallas que tenemos constantemente en frente? ¿O en lxs que pasan desapercibidxs por los medios de comunicación? Porque la mirada también se entrena y los medios de comunicación nos la entrenan para que veamos y creamos lo que ellxs quieran. Sin embargo, Jesús ya les advertía a sus discípulxs sobre la importancia de la mirada en Mt 25, 40 cuando responde al extrañamiento de lxs justxs en el “juicio final” en los versículos del 37 al 39: “Señor, cuándo te VIMOS hambriento, sediento, forastero, necesitado de ropa, enfermo o en la cárcel?”
Mirar a las víctimas, no volver la mirada hacia otro lado y responder al llamado de la víctima que clama que se le haga justicia.
El Día mundial de las telecomunicaciones que se celebra cada 17 de mayo es un llamado a evitar los enormes desequilibrios en la producción de mensajes y programas, a que se escuchen las voces marginadas. La pregunta y el título del de Gayatri Spivak “¿Pueden hablar lxs subalternxs?”, mantienen su vigencia en un mundo lleno de “comunicación” que no comunica nada más que ruido ideológico que pretende acallar otras voces disidentes: las voces de lxs poetas, de lxs profetas que denuncian las injusticias, de las comunidades empobrecidas que luchan por proteger la vida, de lxs defensores de derechos humanos etc..
Por eso Mons. Romero denunciaba los sesgos de los medios de comunicación en aquel tiempo y nos queda la misma tarea: “Hay un dicho de San Agustín que me parece que es muy oportuno en nuestro tiempo: «liventer credimus pos credere volumus», que quiere decir: «que con mucho gusto creemos lo que queremos creer». Por eso se hace tan difícil creer la verdad porque muchas veces no quisiéramos creer la verdad, molesta la conciencia; pero la verdad aunque moleste hay que aceptarla y hay que querer creer en ella para que el Señor nos bendiga siempre con esa libertad de quien ama la verdad…” (Homilía del 7 de mayo de 1978)