28/08/2026
Con profundo pesar, pero también con la esperanza que nos sostiene en Cristo, quiero compartirles que nuestro gran amigo Bruce del Monte (Bruce Woodman) ha regresado a la Casa del Padre.
Bruce fue un verdadero general de la fe de nuestros tiempos: un gran evangelista estadounidense, apasionado por Jesucristo y fiel a su llamado hasta el final. Hoy contempla cara a cara a Aquel que durante toda su vida predicó, amó y sirvió.
Para mí, Bruce fue un gran y especial amigo. Nuestra amistad trascendió el ministerio. Siempre que viajaba a Florida, me abría las puertas de su casa y recibía con cariño a mi familia. Con la generosidad que lo caracterizaba, incluso me prestaba uno de sus vehículos. Juntos recorrimos varios países anunciando el evangelio del Reino de Dios, compartiendo púlpitos, cruzadas, caminos y tantos momentos que hoy se convierten en recuerdos entrañables.
La última cruzada que realizamos juntos fue en Birmingham, Alabama, EEUU. No imaginábamos entonces que aquel encuentro sería uno de nuestros últimos capítulos juntos en esta tierra.
A comienzos de este año lo llamé. Bruce tenía ya 96 años. Hablamos, y en medio de aquella conversación me dijo unas palabras que quedaron profundamente grabadas en mi corazón:
“Quizás ya no nos volvamos a ver; nos veremos en el cielo”.
Hoy, al saber que ha partido, esas palabras ya no suenan como una despedida, sino como una promesa. Bruce se adelantó en el camino que todos habremos de recorrer algún día. Él llegó primero a la casa del Padre.
Margie, su esposa, continúa con vida y padece Alzheimer. Bruce permaneció a su lado y la cuidó con amor durante el largo y doloroso proceso de esta enfermedad. Quienes han acompañado de cerca a un ser amado con Alzheimer saben cuánto puede desgastar al cuidador: emocional, física y espiritualmente. Ese desgaste prolongado puede llegar a ser muy profundo y afectar seriamente la salud de quien, por amor, sostiene y cuida.
Bruce fue fiel hasta el último aliento. Terminó su carrera, guardó la fe y ahora descansa en los brazos de su Señor.
“Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor.” — Mateo 25:23
Hasta pronto, querido Bruce. Gracias por tu amistad, por tu ejemplo y por tantos caminos recorridos juntos anunciando a Cristo. No es un adiós. Como tú mismo me dijiste aquel día: nos veremos en el cielo.