22/08/2026
SÁBADO DE LA VIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO "A", AÑO PAR (II)
22 DE AGOSTO 2026
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SANTORAL:
SANTO DEL DÍA:
• Memoria de María Reina
"La Virgen Inmaculada ... asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte".
Santa María Reina se celebra cada año el 22 de agosto y es una celebración de la Iglesia Católica dedicada a honrar a la Virgen María como Reina del cielo y de la tierra. Esta festividad está relacionada con su papel como madre de Jesucristo y con la especial unión que tuvo con Él durante toda su vida.
María es reconocida por su fe, humildad, obediencia y amor a Dios. Desde que aceptó ser la madre de Jesús, mostró una gran confianza en la voluntad de Dios, acompañando a su Hijo durante momentos de alegría y también de sufrimiento.
La fiesta nos invita a respetar y honrar a María, pero también a imitar sus virtudes en nuestra vida diaria. Su ejemplo nos anima a vivir con fe, ayudar a los demás, ser humildes y confiar en Dios. Para los creyentes, María también es considerada una madre espiritual que intercede por sus hijos ante Dios.
En conclusión, la Fiesta de María Reina es una oportunidad para celebrar el amor y la importancia de María en la vida cristiana, recordando que su grandeza está en haber servido a Dios con amor, sencillez y fidelidad.
La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta teológicamente en su divina Maternidad y en su función de ser coloborar en la obra de la redención del género humano.
a) Por su divina Maternidad: Es el fundamento principal, pues la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.
En la Sagrada Escritura se dice del Hijo que la Virgen concebirá: "Hijo del Altísimo será llamado Y a El le dará el Señor Dios el trono de David su padre y en la casa de Jacob reinará eternamente y su reinado no tendrá fin" (Lc. 1,32-33). Y a María se le llama "Madre del Señor" (Lc. 1,43); de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró un Hijo que era Rey y Señor de todas las cosas. Así, con razón, pudo escribir San Juan Damasceno: "Verdaderamente fue Señora de todas las criaturas cuando fue Madre del Creador" (cit. en la Enc. Ad coeli Reginam, de Pío XII, 11-X-1954).
b) Por ser colaboradora en la obra de la redención del género humano: La Virgen María, por voluntad expresa de Dios, tuvo parte excelentísima en la obra de nuestra Redención. Por ello, puede afirmarse que el género humano sujeto a la muerte por causa de una virgen (Eva), se salva también por medio de una Virgen (María). En consecuencia, así como Cristo es Rey por título de conquista, al precio de su Sangre, también María es Reina al precio de su Compasión dolorosa junto a la Cruz.
"La Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por razón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino también, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (cfr. Pío XII, Enc, Ad coeli Reginam).
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LECTURAS DEL DÍA:
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• PRIMERA LECTURA:
Lectura de la profecía de Ezequiel 43, 1-7a
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• SALMO RESPONSORIAL:
Del salmo ( 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14 )
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• SEGUNDA LECTURA:
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+ LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame 'maestros'.
Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen 'maestros', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen 'padre', porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar 'guías', porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».
PALABRA DEL SEÑOR
REFLEXIÓN:
Hoy, Jesucristo nos dirige nuevamente una llamada a la humildad, una invitación a situarnos en el verdadero lugar que nos corresponde: «No se dejen llamar “maestro”; ni llaméis a nadie “Padre”; ni tampoco se dejen llamar “Guías”» (Mt 23,8-10). Antes de apropiarnos de todos estos títulos, procuremos dar gracias a Dios por todo lo que tenemos y que de Él hemos recibido.
Jesús se dirige a la gente y a sus discípulos para señalar la actitud de los maestros de la ley que se sentaban, como Él dice, en la cátedra de Moisés, pero que viven una contradicción entre lo que dicen y lo que hacen.
Los escribas y los fariseos sabían mucho de religión, pero usaban ese conocimiento para ponerse por encima de los demás. Esto lo podemos aplicar en nosotros para entender que la fe o nuestro conocimiento religioso, no es un traje de gala para presumir o pensar que somos más que los demás, sino que tenemos un compromiso para caminar con coherencia todos los días.
El Evangelio nos invita a descubrir si no somos de esos que andamos buscando los primeros puestos en los asientos de honor solo porque somos encargados de algún servicio en la iglesia, en la parroquia o en el grupo. Como humanos siempre tendremos esa necesidad de ser reconocidos, de que nos llamen por títulos o de que se note nuestra santidad.
Jesús nos dice que no nos dejemos llamar maestros ni señores, porque solo tenemos un Padre y todos somos hermanos, hijos de un mismo Dios. El mensaje es que dejemos de competir por quién es el más importante en la comunidad, en el trabajo o en la familia.
Hay que reconocer que ante Dios, todos estamos en el mismo nivel, el de hijos que necesitan su misericordia. La verdadera autoridad en el Reino de Dios no viene del puesto que ocupamos, sino de cuánto nos ocupamos para servir a los que tenemos cerca.
Jesús nos invita a no quedarnos solamente en las palabras, sino a vivir con coherencia aquello que creemos. Advierte sobre quienes enseñan a los demás, pero no practican lo que predican.
Jesús nos recuerda que la verdadera grandeza no está en buscar reconocimiento, títulos o superioridad, sino en servir con humildad. “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
Hoy podemos preguntarnos: ¿Mi manera de vivir refleja lo que digo creer? ¿Sirvo a los demás con humildad o busco que me reconozcan?
Que este Evangelio nos ayude a vivir una fe más auténtica, sencilla y cercana, poniendo nuestras palabras al servicio de nuestras obras y a los demás por encima de nuestro propio orgullo.
ORACIÓN:
Señor Jesús, ayúdame a vivir con humildad y coherencia. Que mis palabras y mis acciones reflejen siempre tu amor. Enséñame a servir a los demás sin buscar reconocimiento y a ponerme al servicio de quienes más lo necesitan. AMÉN
FELIZ DÍA Y BENDICIONES