Iglesia Príncipe De Paz Playa Alegre Barra De Santiago

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Culto Dominical 090526EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN; PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE ...
11/05/2026

Culto Dominical 090526

EN NINGÚN OTRO HAY SALVACIÓN; PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS. HECHOS 4-12 SOLAMENTE POR CRISTO, ASÍ QUE, ARREPENTÍOS Y CONVERTÍOS, PARA QUE SEAN BORRADOS VUESTROS PECADOS; PARA QUE VENGAN DE LA PRESENCIA DEL SEÑOR TIEMPOS DE REFRIGERIO. HECHOS 3-19 EL SEÑOR ES TODO EN NUESTRA. VIDA.

Culto de acción de Gracias dedicado a Dios por sus maravillas y milagros en la vida de Wendy López y su matrimonio y la ...
07/05/2026

Culto de acción de Gracias dedicado a Dios por sus maravillas y milagros en la vida de Wendy López y su matrimonio y la vida de Gabriela Beatriz Navarro, Dios ha sido bueno y lo seguirá siendo porque su amor es inmensurable.

Erick Armando Arevalo

MÁS IGLESIAS NO SIEMPRE SIGNIFICA MÁS UNIDADMás iglesias abiertas en cada colonia no siempre significa que el pueblo de ...
02/05/2026

MÁS IGLESIAS NO SIEMPRE SIGNIFICA MÁS UNIDAD

Más iglesias abiertas en cada colonia no siempre significa que el pueblo de Dios está creciendo; a veces significa que el cuerpo se está partiendo por orgullo, pleitos, heridas no sanadas y hombres que no quisieron sujetarse, perdonar, esperar ni trabajar en unidad. Muchos ven un local nuevo, una lona nueva, un grupo nuevo reuniéndose en otra esquina y dicen: “vamos avanzando”, “Dios está multiplicando”, “hay más obra”. Pero hay que mirar más hondo, porque no toda multiplicación visible nace de crecimiento espiritual. A veces no nacieron nuevos creyentes; se dividieron los mismos. A veces no llegó una cosecha nueva; se rompió una casa. A veces no fue expansión del evangelio; fue separación del cuerpo ministerial.

La Iglesia, en su sentido verdadero, no es un local, ni una denominación, ni un letrero, ni un grupo que se separó porque no soportó corrección. La Iglesia pertenece a Cristo. La Escritura muestra a Cristo amando a su Iglesia como esposa, cuando dice: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Eso significa que la Iglesia no es propiedad de hombres. No es negocio familiar. No es plataforma personal. No es lugar para levantar nombres propios. Es el pueblo que Cristo compró, limpió y llamó para sí. Por eso romperla por orgullo no es cualquier cosa.

El problema empieza cuando los integrantes del cuerpo dejan de verse como miembros de un mismo Señor y empiezan a verse como competencia. Uno no acepta corrección, otro quiere mandar, otro se siente ignorado, otro cree que puede hacerlo mejor, otro se ofende porque no le dieron lugar, otro carga celos, otro no perdona, otro no soporta que Dios use a alguien más. Entonces en vez de doblar el corazón, buscar reconciliación y cuidar la unidad, se va y abre otro lugar. Y luego se presenta como “nueva obra”, cuando muchas veces viene de una herida mal tratada.

Pablo ya enfrentó esto en Corinto. La iglesia se estaba dividiendo por bandos: unos decían ser de Pablo, otros de Apolos, otros de Cefas. Entonces Pablo les preguntó: “¿Está dividido Cristo?” (1 Corintios 1:13). Esa pregunta sigue golpeando hoy. Porque cuando cada quien levanta su grupo por enojo, por competencia o por orgullo, está actuando como si Cristo pudiera partirse en pedazos. El Señor no llamó a su pueblo a vivir en pleitos de nombre, de puesto, de púlpito, de reconocimiento o de control. Llamó a un solo cuerpo bajo una sola cabeza.

Efesios 4:4-6 dice: “Un cuerpo, y un Espíritu… un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos.” La Biblia no presenta una iglesia fragmentada por caprichos humanos. Presenta un cuerpo. Y un cuerpo partido no presume crecimiento; muestra herida. Si una mano se separa del brazo, no se celebra como multiplicación. Se entiende como daño. Así también, cuando un grupo se separa por orgullo y no por una dirección limpia de Dios, no necesariamente está naciendo vida; puede estar evidenciándose una fractura.

Claro que puede haber momentos donde Dios levanta una obra nueva de manera legítima. La predicación del evangelio debe extenderse, deben abrirse lugares donde Cristo sea anunciado, y hay pueblos que necesitan luz. En Hechos vemos cómo la Palabra avanzaba, se levantaban comunidades de fe y el evangelio llegaba a nuevas ciudades. Pero una cosa es expansión por misión, y otra muy distinta es división por orgullo. Una cosa es salir enviado con oración, orden, madurez y respaldo espiritual; otra es salir molesto, herido, hablando mal, arrastrando gente y levantando un altar sobre resentimiento.

Ahí está la diferencia que muchos no quieren mirar. Si una iglesia nace porque hubo evangelismo, conversión, necesidad real de alcanzar almas y dirección de Dios, hay fruto limpio. Pero si nace porque alguien se molestó con otro, porque no soportó autoridad, porque quiso tener su propio púlpito, porque quería mandar sin rendir cuentas, entonces el problema no es que haya un nuevo local; el problema es la raíz que lo levantó. Y una raíz enferma no produce fruto sano aunque le ponga nombre espiritual.

Jesús oró por la unidad de los suyos. En Juan 17:21 dijo: “Para que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me enviaste.” La unidad no era un adorno para Jesús; tenía peso en el testimonio. Cuando el pueblo de Dios se divide por pleitos, el mundo mira y se burla. Dice: “si ellos no se soportan, ¿qué predican?” “si entre ellos se despedazan, ¿qué amor anuncian?” Y aunque el evangelio sigue siendo verdadero, el mal testimonio de los hombres levanta tropiezos.

La unidad bíblica no significa tolerar pecado ni callar ante falsedad. No se trata de quedarse juntos a cualquier costo. Hay separaciones necesarias cuando hay doctrina torcida, abuso, manipulación, pecado encubierto o daño que no se corrige. La misma Biblia manda apartarse de lo malo. Pero aquí hablamos de otra cosa: de divisiones nacidas del orgullo humano, no de fidelidad a Cristo. De gente que se aparta no porque esté defendiendo la verdad, sino porque no le dieron el lugar que quería. No porque la doctrina esté en peligro, sino porque su ego fue tocado.

El cuerpo ministerial debe tener temor de Dios. El que sirve no puede olvidar que está tocando cosas santas. Santiago 3:1 advierte: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” Servir no es juego. Enseñar no es plataforma para lucirse. Pastorear no es adueñarse de personas. Predicar no es abrir un lugar para desahogar heridas. El que sube a hablar del Señor debe hacerlo temblando, porque no representa su orgullo; representa una responsabilidad delante de Dios.

Cuando el orgullo entra al ministerio, todo se contamina. El púlpito se vuelve trono. La oveja se vuelve número. El hermano se vuelve rival. La corrección se vuelve ofensa. La unidad se vuelve amenaza. Y cada quien empieza a levantar su propio reino pequeño, con dos o tres seguidores, no porque Cristo lo haya mandado, sino porque no quiso ser parte de un proceso de humildad. Eso no es victoria; es enfermedad espiritual.

Proverbios 13:10 dice: “Ciertamente la soberbia concebirá contienda.” La contienda no nace de la nada. Muchas veces nace de la soberbia. De no querer ceder. De no querer pedir perdón. De no querer escuchar. De querer tener siempre la razón. De sentir que si otro dirige, uno pierde valor. De no soportar que Dios use a alguien más. La soberbia parte familias, parte amistades, parte congregaciones y luego intenta llamar “dirección de Dios” a lo que en realidad fue falta de humildad.

Por eso no hay que alegrarse solo porque hay más edificios religiosos. Hay que preguntar si hay más conversiones verdaderas, más arrepentimiento, más santidad, más familias restauradas, más Palabra predicada con verdad, más amor por Cristo, más obediencia, más humildad. Porque si hay más locales pero menos unidad, más grupos pero menos amor, más micrófonos pero menos quebranto, más letreros pero menos presencia de Dios, entonces no estamos viendo crecimiento sano; estamos viendo fragmentación.

Una iglesia vacía no siempre está vacía de sillas; a veces está vacía de propósito. Puede haber gente y aun así faltar Cristo en el centro. Puede haber actividad y faltar obediencia. Puede haber música y faltar temor. Puede haber predicación y faltar humildad. Pero también puede haber dos o tres reunidos con limpieza, y Cristo estar allí. El número por sí solo no prueba nada. Lo que prueba es la raíz, el fruto y la fidelidad al Señor.

Jesús dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25). Esa palabra no solo aplica a gobiernos o familias; también habla al pueblo que se divide por dentro. Una casa espiritual partida por orgullo se debilita. Puede seguir reuniéndose, puede seguir hablando, puede seguir cantando, pero por dentro pierde fuerza. La división no tratada abre puerta a más heridas, más desconfianza y más frialdad.

Pablo rogó a los creyentes que anduvieran con humildad, mansedumbre y paciencia, “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Guardar la unidad exige trabajo. No se guarda sola. Hay que frenar la lengua, perdonar, escuchar, soportar procesos, corregir con amor, reconocer errores, no alimentar bandos, no repetir comentarios que dividen, no convertir diferencias en guerras personales. La unidad cuesta porque el orgullo siempre quiere salirse con la suya.

El cuerpo ministerial debe recordar que el ministerio no pertenece al que predica, canta, dirige o administra. Pertenece a Cristo. Juan el Bautista entendió eso cuando dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30). Esa debería ser la marca de todo siervo. Que Cristo crezca, no el nombre personal. Que la obra de Dios avance, no el ego del hombre. Que las almas sean guiadas al Señor, no atrapadas en pleitos de líderes.

Cuando un líder abre una obra solo para demostrar que puede, para llevarse gente, para vengarse, para competir o para no sujetarse, debe temblar. Porque Dios conoce la raíz. Puede ponerle nombre santo, puede justificarlo con palabras espirituales, puede decir que “Dios lo llamó”, pero si el fondo es orgullo, el cielo lo sabe. Y tarde o temprano lo que nace de división trae más división. Lo que nace de herida no sanada hiere a otros. Lo que nace de ego termina buscando aplauso.

También los miembros deben tener discernimiento. No todo lugar nuevo es automáticamente sano. No toda separación es dirección divina. No todo líder herido está listo para pastorear. No toda reunión pequeña es humilde; a veces es una división sin tratar. Hay que mirar fruto, doctrina, carácter, humildad, orden y temor de Dios. Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). No por el letrero. No por la emoción inicial. Por el fruto.

Y el fruto de Dios no se parece al chisme, al resentimiento, a la competencia, a la división ni a la soberbia. Gálatas 5:22 habla del fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Si una obra nace hablando mal de otros, sembrando desconfianza, arrastrando gente con quejas, levantando orgullo y llamando “visión” a una ruptura, hay que mirar bien qué espíritu la está empujando.

La iglesia verdadera, la esposa del Cordero, no necesita hombres que la usen para levantar su propio nombre. Necesita siervos que amen a Cristo más que su posición. Necesita líderes que sepan pedir perdón, corregir sin humillar, sujetarse cuando toca, soltar cuando Dios lo pide, permanecer cuando el proceso duele y no dividir solo porque su orgullo fue tocado. Necesita creyentes que entiendan que no todo desacuerdo justifica romper el cuerpo.

Si esto se ignora, cada conflicto terminará en un local nuevo, cada herida en un grupo nuevo, cada corrección en una separación, cada celo en una “nueva obra”. Y entonces habrá más iglesias en las esquinas, pero menos unidad en el corazón. Más voces, pero menos obediencia. Más reuniones, pero menos cuerpo. Más apariencia de expansión, pero más dolor escondido.

Cristo no murió para que su pueblo se despedazara por egos pequeños. Murió para reunir, limpiar, formar un cuerpo, hacer una familia espiritual bajo su señorío. Efesios 2:14 dice que Él es nuestra paz y derribó la pared intermedia de separación. Si Cristo derribó paredes, el orgullo no debería estar levantando muros nuevos cada semana.

No hay que celebrar cualquier multiplicación sin examinar la raíz. Si hay más iglesias porque más almas están llegando a Cristo, gloria a Dios. Si hay más iglesias porque el evangelio está alcanzando lugares donde antes no había luz, gloria a Dios. Pero si hay más iglesias porque los ministros no se soportan, porque nadie quiere humillarse, porque cada quien quiere mandar, porque el orgullo rompió lo que debía sanar, entonces no es triunfo; es señal de enfermedad.

El llamado es fuerte para quienes sirven y para quienes siguen: no confundas división con crecimiento. No llames victoria a lo que nació de orgullo. No levantes altar sobre resentimiento. No abras una obra para huir de una corrección que Dios quería usar para formarte. No arrastres ovejas a una pelea que nació en tu corazón. Si Cristo es la cabeza, el cuerpo no debe partirse por caprichos humanos. Y si una iglesia está vacía aunque tenga nombre, local y actividad, quizá no le faltan sillas llenas; quizá le falta volver al amor, la humildad y la unidad que Cristo exige de los suyos.

Culto misionero del miércoles 29/04/2026 en el hogar de nuestra Hna Lucia Rodriguez ,damos gracias a Dios por su Presenc...
30/04/2026

Culto misionero del miércoles 29/04/2026 en el hogar de nuestra Hna Lucia Rodriguez ,damos gracias a Dios por su Presencia 🔥 🙌.

Mateo 11:28 - Reina Valera 1960.
*Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.*

11:29 *Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;*

11:30 *porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.*
https://www.lmontt.com/mibiblia/lectura/RVR1960/40/11/Mateo-11.html

27/04/2026

Paciente espera en Jehová

27/04/2026

Resumen del culto de este día 🔥👑🕊️

Culto General Iglesia Príncipe De Paz Playa Alegre Barra De Santiago, este día nos gozamos en ese precioso culto.📖 Mateo...
27/04/2026

Culto General Iglesia Príncipe De Paz Playa Alegre Barra De Santiago, este día nos gozamos en ese precioso culto.

📖 Mateo 11:28
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

Si estás cansado de fingir que estás bien… este es tu momento. No tienes que cargar todo solo. Dios no te juzga, te abraza. Descansa, Él se encarga.

✨💞⚓

25/04/2026

Coros de avivamiento 🔥

El te sostuvo en ese momento que no podías parar de llorar, el secó con amor tus lágrimas y vendó con amor cada herida (...
25/04/2026

El te sostuvo en ese momento que no podías parar de llorar, el secó con amor tus lágrimas y vendó con amor cada herida (Salmos 147:3) y hoy estás aquí de pié, confiado, seguro y siendo el deleite de Tu Señor, sabiendo que es tu Fortaleza. Permanece en Él porque es el mejor lugar, dónde encuentras la seguridad que tu alma necesita.
Hoy eres mucho más fuerte que ayer y tienes un propósito mayor del que imaginabas.
Eres un gran guerrero que está librando cada batalla con fuerza y valor. ¡Nunca desistas! Dios siempre te sostendrá.

25/04/2026

Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo.
Reconoced que Jehová es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,
Y su verdad por todas las generaciones.

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Barra De Santiago, Caserio Playa Alegre, Jujutla, Ahuachapan
Barra De Santiago

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