23/09/2026
~ El Padre Pío y su amor a la Virgen de Fátima ~
La devoción que el Padre Pío sentía por la Virgen de Fátima comienza en el año 1959, nueve años antes de su muerte. Era verano, la imagen de la Virgen Peregrina de Fátima se encontraba recorriendo Italia, y el conocido fraile capuchino se encontraba gravemente enfermo a causa de una pleuritis, lo que le impedía hasta levantarse de la cama.
El 5 de Agosto, festividad de la Virgen de las Nieves, llegó providencialmente a San Giovanni Rotondo la imagen de la Virgen, aunque ese no era su destino inicial. Y, al final de la jornada, tras haber sido venerada por todos los fieles y también por el Padre Pío, volvió a ser subida al helicóptero en el que había llegado.
El fraile de los estigmas se lamentó, mientras la Virgen ascendía, de que su querida Madre lo dejaba enfermo, tal y como lo había encontrado al llegar. En ese momento, el Padre Pío se levantó y, según cuentan los testigos presenciales, gritó: "¡Estoy curado, la Virgen me ha curado!". Tiempo después él mismo recordaba: “En ese instante sentí una especie de estremecimiento en mis huesos que me curó inmediatamente”.
Ese es el motivo de que en el Museo del Santuario de Fátima hoy pueda verse una cruz de este grandísimo santo, fue su agradecimiento a Nuestra Señora. Esta curación quedó ampliamente documentada tanto por los frailes capuchinos del convento del Padre Pío como por el obispo de Foggia.
Una anécdota muy bonita tuvo lugar en 2017, durante el centenario de las apariciones de la Virgen María en Fátima, relacionada con este hecho. La mismísima imagen de la Virgen Peregrina que aquel año visitó al Padre Pío volvió a este mismo lugar, casi 50 años después, para conmemorar el milagro. Fue una curiosa excepción, puesto que esta imagen de la Virgen Peregrina, que es la original y la primera de las trece que recorren el mundo, ya no sale nunca del Santuario de Fátima.