Iglesia Ezequiel 22:30, Pastora Nany

Iglesia Ezequiel 22:30, Pastora Nany Continuación de la página q la app borro

13/06/2026

¡Por fin alguien lo dijo como es!

Llevo una vida predicando, dando talleres de sobrevivencia y atendiendo a cientos de personas. JAMAS HE COBRADO. Cuando Dios sabe q tengo una necesidad y estoy pilla'- el levanta ofrenda q me hace llegar. Pero jamás he puesto precio al don, ni al llamado y ni si quiera al trabajo de servicio, que podría, dando talleres. Pq Dios me ha hecho bien y en agradecimiento, mientras pueda y la vida me lo permita, seguiré. https://www.facebook.com/share/v/1A4Be4Cqdb/

Las redes han explotado con comentarios y comparaciones sobre los cambios físicos y estéticos de la esposa de Bryan Caro...
12/06/2026

Las redes han explotado con comentarios y comparaciones sobre los cambios físicos y estéticos de la esposa de Bryan Caro. Cuando una persona del mundo hace este tipo de cambios, generalmente nadie cuestiona nada. Sin embargo, cuando se trata de personas que ejercen influencia dentro del ámbito cristiano, es inevitable que surjan preguntas, porque quienes ministran el evangelio están llamados a vivir conscientes de que son observados por creyentes y no creyentes.

La Biblia no condena el aseo personal ni el hecho de arreglarse. La mujer virtuosa de Proverbios 31 se presenta dignamente y con honra. La Escritura tampoco prohíbe el cuidado de la apariencia. El problema siempre ha sido el corazón, las motivaciones y el lugar que ocupa lo externo por encima de lo espiritual.
Pedro escribió:

"Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios."

1 Pedro 3:3-4
Asimismo, Pablo exhortó:

"Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia..."
1 Timoteo 2:9

Esto no significa que sea pecado lucir bien, sino que la verdadera belleza nunca debe estar fundamentada en la vanidad ni en la búsqueda de aprobación humana.

Salomón, después de experimentar las riquezas, los placeres y la satisfacción de los deseos humanos, concluyó:
"Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad."
Eclesiastés 1:2

Y también:

"Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada."
Proverbios 31:30

Desde una perspectiva bíblica, si un procedimiento médico responde a una necesidad de salud, reconstrucción o corrección funcional, difícilmente puede ser considerado vanidad. Pero cuando el objetivo principal es exaltar la apariencia física, atraer miradas o aumentar deliberadamente aquellos atributos que despiertan deseos carnales, es razonable preguntarse si la motivación proviene de la modestia cristiana o de una cultura centrada en la imagen y la autoexaltación.

Sin embargo, más allá del aspecto estético, la pregunta que muchos creyentes plantean realmente no es acerca del cambio físico en sí, sino acerca del origen de los recursos utilizados para financiarlo.

¿Provienen del trabajo secular y del patrimonio personal? ¿O proceden de los ingresos ministeriales, de las ofrendas y de los recursos entregados por personas que sostienen una obra creyendo que están contribuyendo al avance del evangelio?

Ese es el asunto de fondo.

Pablo enseñó que quienes sirven al evangelio pueden vivir del evangelio:

"Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio."
1 Corintios 9:14

Pero el mismo Pablo también afirmó:
"No he usado de ninguno de estos derechos..."
1 Corintios 9:15

Y añadió:
"No buscando yo mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos."
1 Corintios 10:33

El ministro del evangelio debe recordar que no solo administra dinero, sino también testimonio. La libertad cristiana existe, pero no todo conviene ni todo edifica (1 Corintios 10:23). El siervo de Dios está llamado a vivir con una conciencia permanente de responsabilidad delante de Dios y de los hombres.

La Escritura nos recuerda:

"Por tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante."

Hebreos 12:1
Y Pablo exhortó:

"Absteneos de toda especie de mal."
1 Tesalonicenses 5:22

Asimismo, el obispo o líder espiritual debe ser:
"Irreprensible... de buen testimonio con los de afuera."
1 Timoteo 3:2,7

La preocupación que muchos creyentes expresan no nace necesariamente de un espíritu de crítica, sino del temor de que la teología de la prosperidad haya desplazado el propósito eterno del llamado. Cuando el éxito, la apariencia, el lujo y la imagen pública comienzan a ocupar el centro, existe el peligro de que la cruz, el arrepentimiento y la santidad pasen a un segundo plano.

Porque el llamado del evangelio nunca fue producir celebridades, sino hacer discípulos; nunca fue engrandecer al hombre, sino glorificar a Cristo.

Como dijo Juan el Bautista:
"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."
Juan 3:30

Y como advirtió nuestro Señor Jesucristo:
"Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"
Marcos 8:36

La discusión no debería centrarse en un cuerpo transformado, sino en si seguimos siendo una iglesia transformada por el poder de Dios, consciente de que administramos recursos, influencia y testimonio delante de una generación que observa y de un Dios que escudriña los corazones.

"Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón."
1 Samuel 16:7.

𝐕𝐮𝐞𝐥𝐯𝐞 𝐚𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐲 𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚 𝐭𝐮 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐭𝐞𝐦𝐨𝐫 𝐲 𝐭𝐞𝐦𝐛𝐥𝐨𝐫Los "ministros" de hoy en día han tomado la costumbre, qui...
10/06/2026

𝐕𝐮𝐞𝐥𝐯𝐞 𝐚𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐲 𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚 𝐭𝐮 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐭𝐞𝐦𝐨𝐫 𝐲 𝐭𝐞𝐦𝐛𝐥𝐨𝐫

Los "ministros" de hoy en día han tomado la costumbre, quizá buscando aceptación, popularidad o relevancia, de tirarle a la sana doctrina. Se observa en muchos cantantes, predicadores e influenciadores cristianos que han optado por adaptar el mensaje para agradar a las masas antes que permanecer fieles a la verdad de Dios.

Vemos casos como el de Alex Zurdo con su canción "Doña Religión", o mensajes de figuras como Bryan Caro, que en múltiples ocasiones han lanzado críticas directas contra pastores y creyentes que no comparten sus posturas más liberales. Aunque ciertamente existen prácticas religiosas que deben ser examinadas a la luz de la Palabra, también es cierto que se ha desarrollado una tendencia peligrosa: ridiculizar o desacreditar toda exhortación a la santidad, al arrepentimiento y a la separación del pecado, etiquetándola automáticamente como "religiosidad".

Hace muchos años, David Wilkerson relató una visión que le impactó profundamente. Entre las cosas que vio estaba una transformación del evangelio, un mensaje alterado para acomodarse a los deseos del hombre. También observó cómo ciertas figuras alcanzarían gran notoriedad a través de medios de comunicación masivos. Hoy, en tiempos de redes sociales, plataformas digitales, monetización de contenido y búsqueda constante de visibilidad, es difícil no reflexionar sobre cuán relevante resulta aquella advertencia.

Mientras observamos todo esto, viene a mi memoria la amonestación que Yahshua hizo a la iglesia de Éfeso:

"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" (Apocalipsis 2:4).

Y precisamente ahí parece encontrarse uno de los mayores problemas de nuestro tiempo.

El primer amor no busca conveniencia personal. El primer amor no persigue fama. El primer amor no se mueve por lucro ni por reconocimiento humano. El primer amor se consume por la presencia de Dios. Se esfuerza por mantener encendido el fuego del Espíritu en el corazón. Vive apasionado por la salvación de las almas y por la santificación diaria.

Y no, pasión por las almas no es simplemente predicar sermones.

Pasión por las almas es procurar que el individuo llegue a un arrepentimiento genuino. Es presentar un mensaje que permita al Espíritu Santo cumplir aquello que Yahshua anunció:

"Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Juan 16:8).

Es acompañar a las personas hasta que tomen la firme decisión de agradar a Dios más que a los hombres, como declararon los apóstoles:

"Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:29).

Es enseñarles a rendir su voluntad a la voluntad divina. Es ayudarles a examinarse día tras día, cuidando su salvación con temor y temblor, tal como escribió Pablo:

"Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12).

Sin embargo, uno de los temas más ausentes en gran parte de la predicación contemporánea es precisamente el llamado al arrepentimiento genuino.

Y quizá una de las razones por las que esto ocurre fue anunciada hace siglos por el apóstol Pablo:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias; y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Timoteo 4:3-4).

Vivimos en una generación que busca mensajes que afirmen sus deseos más que mensajes que confronten su pecado. Muchos no buscan maestros que les enseñen la verdad, sino voces que les permitan permanecer cómodos en aquello que Dios les está llamando a abandonar.

Hoy parece valer más la cantidad de vistas, los "likes", los seguidores y las veces que se comparte un contenido, porque son esos números los que generan influencia, contratos, oportunidades y monetización. En demasiados casos, el evangelio ha dejado de ser una misión para convertirse en un negocio.

Debemos ser cuidadosos, porque el problema no es el dinero en sí. La Escritura nunca condena el trabajo honrado, la prosperidad obtenida con integridad ni la provisión de Dios para sus hijos. Lo que la Palabra condena es el amor al dinero cuando este ocupa el lugar que solo le pertenece a Dios.

Pablo escribió:

"Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores" (1 Timoteo 6:10).

Cuando la fama, la monetización, las plataformas, los contratos o el reconocimiento se convierten en el objetivo principal, el ministerio deja de ser un altar de servicio y corre el peligro de transformarse en una empresa humana. El evangelio nunca fue diseñado para enriquecer al hombre; fue dado para reconciliar al hombre con Dios.

Lo preocupante es que cuando Dios levanta una voz verdaderamente profética para advertir, corregir y llamar al arrepentimiento, rápidamente aparecen quienes la etiquetan como una voz negativa o como "profetas de terror". Pero cuando llega el cumplimiento de aquello que fue advertido, muchos preguntan: "¿Por qué nadie avisó?"

La realidad es que sí se avisó.

Lo que ocurrió fue que no quisieron escuchar.

Tal como dijo el profeta Oseas:

"Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento" (Oseas 4:6).

Por eso Dios continúa llamando hoy al arrepentimiento genuino. Pero ese llamado debe comenzar por cada uno de nosotros, especialmente por aquellos que dicen luchar por el evangelio. El Señor sigue diciendo:

"Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras" (Apocalipsis 2:5).

Enamórense nuevamente de Su presencia. Procuren que aquellos que los rodean aprendan a amar a Dios más que cualquier otra cosa. Porque como declara el salmista:

"Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmo 16:11).

Dios sigue siendo el dueño del oro y de la plata:

"Mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hageo 2:8).

Él continúa siendo el proveedor de todas nuestras necesidades:

"Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19).

No tenemos que convertir el evangelio en un negocio ni usar el ministerio como una plataforma de enriquecimiento personal. Cuando servimos a Dios en espíritu y en verdad, Él mismo se ocupa de nosotros.

Si las aves del cielo no siembran ni cosechan, y aun así el Padre celestial las sustenta cada día, ¿cuánto más cuidará de nosotros?

"Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?" (Mateo 6:26).

Muchas veces la desesperación por lucrarse revela un problema más profundo: la falta de conocimiento de quién es realmente Dios. Porque quien conoce al Señor aprende que Él llena todo en todo, que Él es suficiente y que jamás abandona a los que le sirven con integridad.

El problema real muchas veces es nuestra fe.

No confiamos lo suficiente para descansar en que Dios tiene el control absoluto de todas las cosas. Queremos asegurar con nuestras propias fuerzas lo que Dios ya prometió proveer.

Por supuesto, también debemos reconocer que la Biblia enseña principios de responsabilidad. La Escritura declara claramente:

"Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma" (2 Tesalonicenses 3:10).

El evangelio jamás ha sido una excusa para la ociosidad. Al contrario, la condena con firmeza. El creyente debe ser diligente, responsable y trabajador. Debe ocuparse en los asuntos del Reino y también cumplir con las responsabilidades que Dios ha puesto delante de él.

Cuando caminamos en obediencia, trabajando con integridad y sirviendo al Señor con un corazón sincero, Dios prospera la obra de nuestras manos.

El llamado sigue siendo el mismo que Yahweh hizo a través del profeta Joel:

"Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios" (Joel 2:12-13).

Dios no está buscando una emoción pasajera ni una apariencia religiosa. Está buscando corazones quebrantados, rendidos y transformados por Su presencia.

Por eso, hoy más que nunca, debemos volver al primer amor.

Debemos volver a la oración genuina, al ayuno sincero, a la búsqueda de la presencia de Dios, al estudio profundo de Su Palabra y al arrepentimiento verdadero.

No al arrepentimiento superficial que dura un momento, sino al que transforma la vida.

No al evangelio que entretiene, sino al evangelio que confronta.

No al mensaje que acomoda al pecador, sino al mensaje que lo conduce a los pies de Cristo.

Como escribió Pablo a los gálatas:

"Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?" (Gálatas 5:7).

Es una pregunta que cada creyente debería hacerse hoy.

¿Qué ha ocupado el lugar de Dios en nuestro corazón?

¿Qué ha apagado el fuego que una vez ardía dentro de nosotros?

¿Qué nos ha hecho conformarnos con una apariencia de piedad mientras descuidamos la comunión verdadera con el Señor?

Todavía hay tiempo.

Escapa por tu vida, como los ángeles advirtieron a Lot:

"Escapa por tu vida; no mires tras ti" (Génesis 19:17).

Vuelve al primer amor.

Vuelve al arrepentimiento genuino.

Vuelve a la presencia de Dios.

Vuelve a la sana doctrina.

Vuelve a la cruz.

Vuelve a la obediencia.

Vuelve a la santidad.

Porque nada de este mundo puede compararse con la gloria de conocerle, amarle y permanecer fiel hasta el final.

"El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Apocalipsis 2:7).

09/06/2026

¿Estás listo para perseverar?

Es oficial. Después de un tiempo de evaluar varios asuntos, volvemos. Si desea ser parte comunícate por WhatsApp  al (93...
08/06/2026

Es oficial. Después de un tiempo de evaluar varios asuntos, volvemos.

Si desea ser parte comunícate por WhatsApp al (939) 881-6959 .

Si deseas tener parte y que se te de la oportunidad de incertarte en nuestra programación, saca cita para que lo dialoguemos.

Es tiempo de levantar la voz de la iglesia y pararnos en la brecha de nuevo para q las tinieblas retrocedan.

Comenzamos el domingo

Ps Iglesia Ezequiel 22:30, Pastora Nany

𝗠𝗶 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝘁á 𝗲𝗻𝘀𝗲ñ𝗮𝗻𝗱𝗼 Evangelista Bryan Caro  𝘆 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗻 𝗮𝗽𝗼𝘀𝘁𝗮𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝘃𝗮𝗻𝗴𝗲𝗹𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗦𝗮𝗻𝗮 𝗗𝗼...
07/06/2026

𝗠𝗶 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝘁á 𝗲𝗻𝘀𝗲ñ𝗮𝗻𝗱𝗼 Evangelista Bryan Caro 𝘆 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗻 𝗮𝗽𝗼𝘀𝘁𝗮𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝘃𝗮𝗻𝗴𝗲𝗹𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗦𝗮𝗻𝗮 𝗗𝗼𝗰𝘁𝗿𝗶𝗻𝗮.

(ESPERO QUE SE LO HAGAN LLEGAR CON EL FIN DE ORAR PARA QUE EL ESPÍRITU SANTO LE REDARGUYA, CONVENZA Y GUIE A TODA VERDAD Y TODA JUSTICIA CON EL PROPÓSITO DE QUE HALLA ARREPENTIMIENTO Y ESCAPE DE ESAS DOCTRINAS POR SU VIDA).

La Palabra de Dios declara que "el obrero es digno de su salario" (Lucas 10:7) y que "los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio" (1 Corintios 9:14). Sin embargo, estos textos son frecuentemente utilizados para justificar prácticas que la propia Escritura condena.

Cuando Yahshua expulsó a los mercaderes del templo, lo hizo con celo e indignación santa. Declaró: "Mi casa será llamada casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (Mateo 21:13). Asimismo dijo: "No hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado" (Juan 2:16). El problema no era el intercambio comercial en sí mismo, sino la transformación de las cosas de Dios en una actividad lucrativa.

Por eso debemos ser cuidadosos al interpretar los textos que hablan del sustento de quienes sirven al Señor.

Es cierto que Yahshua dijo: "El obrero es digno de su salario" (Lucas 10:7). Sin embargo, en este pasaje Él estaba enviando a sus discípulos a predicar el Reino y enseñándoles que quienes reciben el ministerio deben mostrar hospitalidad y proveer sustento a quienes les sirven espiritualmente. El texto reconoce el derecho al sustento, no establece una autorización para cobrar por ministrar.

De igual manera, Pablo escribió: "Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio" (1 Corintios 9:14). Pero el mismo contexto aclara que está hablando de quienes dedican sus vidas a la obra del evangelio.

Pablo compara esta realidad con los sacerdotes del Antiguo Testamento: "¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?" (1 Corintios 9:13). Bajo el antiguo pacto, los levitas recibían sustento mediante los diezmos y las ofrendas del pueblo (Números 18:21-24), no mediante el cobro de tarifas por sus servicios religiosos.

Asimismo, el derecho de vivir del evangelio está relacionado con aquellos que verdaderamente están entregados a la obra del evangelio y ocupados en los asuntos del Padre. Pablo mismo constituye el ejemplo más claro. Dedicó su vida por completo a predicar a Cristo, establecer congregaciones, discipular creyentes y sufrir persecuciones por causa del evangelio.

Sin embargo, aun teniendo ese derecho, Pablo escribió: "Pero yo de nada de esto me he aprovechado" (1 Corintios 9:15). En numerosas ocasiones trabajó con sus propias manos para suplir sus necesidades y evitar ser carga a las iglesias. Hechos 18:3 señala que ejercía el oficio de fabricante de tiendas. Más adelante testificó: "Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido" (Hechos 20:33-34).

Por lo tanto, existe una diferencia fundamental entre recibir sustento y comercializar el ministerio.

La Escritura enseña que el pueblo de Dios debe sostener a quienes le sirven fielmente. "El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye" (Gálatas 6:6). También enseña que los ancianos que gobiernan bien y trabajan en la predicación y enseñanza son dignos de doble honor (1 Timoteo 5:17-18).

Punto importante, es que, tanto las ofrendas como los diezmos eran voluntarios. Se enseñaba a ser bondadosos y la iglesia primitiva- "tenían todas las cosas en común". Pero nunca, se le puso precio a predicar- de hecho se predicaba de gratis, era el servir y vivir cuidando em templo y los dedicados por completo al templo como los levitas, los que vivían del altar".

Una cosa es recibir el respaldo voluntario del pueblo de Dios y otra muy distinta poner precio a la predicación, a la enseñanza, a la oración, a una profecía, a una conferencia, a una campaña o a cualquier manifestación del llamado de Dios.

El llamado no se vende.

El don no se vende.

La unción no se vende.

La Palabra no se vende.

Pedro reprendió severamente a Simón el mago cuando intentó obtener mediante dinero aquello que Dios concede por gracia (Hechos 8:18-23). De igual manera, las Escrituras condenan a quienes utilizan la piedad como fuente de ganancia (1 Timoteo 6:5), a quienes por avaricia hacen mercadería del pueblo de Dios (2 Pedro 2:3) y a quienes sirven por ganancias deshonestas en lugar de hacerlo voluntariamente para el Señor (1 Pedro 5:2).

Por eso debemos examinar nuestros corazones. El ministerio nunca fue diseñado para convertirse en una empresa ni en un modelo de negocios. Es un llamado al servicio sacrificial.

Yahshua enseñó a sus discípulos: "De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8).

La provisión de Dios para sus siervos siempre ha existido y seguirá existiendo. Él puede usar ofrendas voluntarias, diezmos, ayudas fraternales o incluso el trabajo secular de quien ministra. Lo importante es que la confianza no esté puesta en el dinero, sino en Dios.

Porque "raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Timoteo 6:10). Y también porque el Señor advirtió: "Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (Mateo 6:21).

Si Dios llama, Dios respalda.

Si Dios envía, Dios provee.

Si Dios sustenta a las aves del cielo y viste los lirios del campo, cuánto más cuidará de aquellos que le sirven fielmente (Mateo 6:25-34).

Nuestro llamado es servir en espíritu y en verdad, con manos limpias, corazón puro y absoluta dependencia de Aquel que nos llamó. El ministerio no es una oportunidad para enriquecerse; es un privilegio para servir. Y quien ha sido llamado por Dios debe confiar en que el mismo Dios que llama es también poderoso para sustentar.

03/06/2026
29/05/2026

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