Historia de la Discipulos de Cristo Barrio Pajaros Candelaria Toa Baja

Historia de la Discipulos de Cristo Barrio Pajaros Candelaria Toa Baja La recopilación de la historia de nuestra iglesia Discípulos de Cristo de Pájaros Candelaria Toa Baja Discipulos de Cristo Barrio Pajaros Candelaria Toa Baja

La historia de la casa pastoral: Durante el pastorado del reverendo Carmelo Álvarez Pérez, la Junta Administrativa de la...
08/06/2026

La historia de la casa pastoral:

Durante el pastorado del reverendo Carmelo Álvarez Pérez, la Junta Administrativa de la iglesia aprobó la construcción de la casa pastoral adyacente a nuestra iglesia.

La estructura estaba equipada con una marquesina, cocina, habitaciones, sala y acceso directo al templo. Recuerdo que nuestro reverendo Lucas Torres Román residió allí con su esposa, Manuela Cruz.

Con el tiempo, la casa pastoral se convirtió en un salón para clases dominicales, ensayos del Coro Mayor y oficina pastoral. Me acuerdo de las ocasiones en que visité al reverendo Lucas Torres; detrás de la casa había un gran árbol de limón y donde en su cocina se tomaba el mejor café.

Xavier Maysonet Cotto

Notas para su historia: Fue en el año 1982 durante el pastorado de nuestro reverendo Lucas Torres Román que se inició es...
07/06/2026

Notas para su historia:

Fue en el año 1982 durante el pastorado de nuestro reverendo Lucas Torres Román que se inició este proyecto. Antes se entraba por la carretera 863 y cerca de la entrada se construyó un jardín.

El mismo era un jardín elevado del nivel del suelo donde se sembraron tres árboles. Estos eran alumbrados durante la noche con luces individuales uno amarillo, azul y rojo.

Luego de concluido dicho proyecto embelleció los exteriores de ambos templos. Para el tiempo de esta foto solo permanecían dos árboles.

Xavier Maysonet Cotto

Un día como hoy se celebró en nuestra iglesia un culto de agradecimiento al Señor por los 100 años de mi abuela, Julia F...
25/05/2026

Un día como hoy se celebró en nuestra iglesia un culto de agradecimiento al Señor por los 100 años de mi abuela, Julia Fontánez Berrios, siendo una ocasión en la que los miembros de la congregación compartieron con nuestra familia.

Celebramos tu cumpleaños Chola te amamos! Nuestra amadísima hermana en Cristo, Deborah Torres Sierra, es hija amada de l...
20/05/2026

Celebramos tu cumpleaños Chola te amamos!

Nuestra amadísima hermana en Cristo, Deborah Torres Sierra, es hija amada de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) de Pájaros Candelaria. Nació y creció en el seno de una familia profundamente arraigada en la fe: sus padres, Fidel Torres Torres y Blanca Sierra Marrero, fueron también parte esencial de nuestra comunidad cristiana. Junto a su hermano, Lemuel Torres Sierra, Deborah se formó en un hogar donde el evangelio era fundamento, guía y aliento.

Desde su niñez y adolescencia, Deborah mostró dones que anunciaban lo que sería su vida: años de gloria, talento y servicio. Aprendió a tocar el piano, instrumento que marcaría su identidad y su misión dentro de la iglesia. Su nombre, de origen hebreo, significa abeja, símbolo de laboriosidad, dulzura y constancia. Nada más acertado: Deborah ha dedicado toda su vida a su familia, a su iglesia y a su comunidad con una entrega incansable.

En la Biblia, Débora fue líder y juez de Israel; en Candelaria, nuestra amada Deborah ha sido ejemplo de sabiduría, virtud, gentileza, amabilidad, diligencia y servicio. Decir Deborah es decir música, himno, armonía, paciencia, capacidad y dedicación. Su vida entera ha sido un cántico de fidelidad al Señor.

Construyó un hogar cimentado en el evangelio y ha sido pilar fundamental para sus hijos, su familia extendida y su iglesia. Su amor incondicional la ha llevado a niveles extraordinarios de generosidad y testimonio cristiano.

Con humildad y entrega aceptó dirigir uno de los mejores coros que han marcado la historia de la Iglesia Discípulos de Cristo de Pájaros Candelaria: el Coro Mayor. Fueron muchos años de dedicación total a la obra del Señor, y cada nota, cada ensayo, cada himno dirigido fue para exaltar y glorificar Su santo nombre.

Recientemente celebró un año más de vida, y aún seguimos celebrando no solo su cumpleaños, sino su legado, sus triunfos, su amor por la música, su entrega al Coro Mayor, a nuestra iglesia y a nuestra comunidad. Su vida continúa siendo un canal de bendición para todos nosotros.

Hoy doy gracias a Dios por Deborah, porque su vida ha marcado la mía, y estoy seguro de que también la de muchos que leen estas palabras. Deborah, que Dios te bendiga. Te amamos en el amor de Jesucristo.

Xavier Maysonet Cotto

Fue la madrugada de un 7 de mayo de 1997. A tempranas horas del día me preparaba para ir a trabajar cuando, al mirar la ...
07/05/2026

Fue la madrugada de un 7 de mayo de 1997. A tempranas horas del día me preparaba para ir a trabajar cuando, al mirar la cuna donde siempre dormía mi hija, la observé y noté que estaba mu**ta. En aquel instante mi mente no podía comprender lo que ocurría. Pensaba cómo iba a enfrentar aquel proceso sin despertar a mi esposa, quien estaba embarazada de nuestra segunda hija.

Envolví el cuerpo inerte de mi niña, bajé las escaleras de la casa con ella en mis brazos y emprendí la marcha hacia el hospital más cercano: el Hospital Pediátrico de Yale. Al llegar, salí apresuradamente de mi automóvil y corrí hacia el mostrador diciendo: “Corran, yo creo que mi bebé está mu**ta”.

Inmediatamente activaron el protocolo de código azul. El hospital entero se movilizó. Sonaban alarmas y llamadas por el intercomunicador anunciando el código azul en el área de pediatría. Llegaron doctores, el equipo de emergencias y la policía. Uno de los médicos me dijo: “Siéntese aquí”, mientras intentaban revivirla durante al menos quince minutos.

Mientras tanto, buscaron a un clérigo que entró a la habitación donde yo permanecía solo. Minutos después, el doctor de emergencias regresó y me dijo: “Lo sentimos, señor Maysonet. Hicimos todo lo que pudimos, pero la niña ha mu**to”.

Aún no había reaccionado completamente. El dolor había dejado mi cuerpo como dormido. Pero, de repente, me desplomé al suelo; el peso de la muerte había debilitado mis piernas.

La niña estaba en un cuarto donde permiten a los padres permanecer junto al cuerpo para comenzar a aceptar la realidad de la pérdida. Más tarde llegó mi esposa preguntando por nuestra hija. Yo me encontraba en otra habitación, acostado en una camilla, y no me salían palabras para decirle que nuestra niña había mu**to. Fue uno de los presentes quien le comunicó la terrible noticia.

Después de varias horas les dije a todos: “Ya hemos hecho todo según Dios ha dispuesto. Váyanse a sus casas a descansar; mañana será otro día”.

Ahí comenzó mi vía crucis.

Tuve que escoger la funeraria y la mortaja. Como padre, tomé la decisión de que no se velaría con el ataúd abierto. Aquella noche del 7 de mayo fue uno de los peores martirios de mi vida. No sabía cómo reaccionar ni qué hacer. Mi madre, María Cotto Fontánez, me acompañó a la funeraria para realizar los preparativos. Cuando escogí el ataúd y planificaba el velorio, el dueño de la funeraria lloró conmigo y me dijo: “Yo también tengo hijos y nunca quisiera verlos morir”.

Llamé a la Iglesia de Pájaros Candelaria, donde para aquel entonces pastoreaba el reverendo Juan Figueroa. Le dije por teléfono: “Pastor, quiero que toquen la campana de la iglesia; mi hija falleció ayer por la madrugada”. Él me dio el pésame y notificó a la congregación. Fue Geño Maysonet, bisabuelo de la niña, quien tocó la campana aquella mañana de dolor.

Todo esto ocurrió hace 29 años, y todavía vivo con el corazón roto por la pérdida irreparable de mi bebé de apenas ocho meses. Pero en medio de aquel sufrimiento, Dios estaba presente. Su mano me guió por el valle de sombra y de muerte. Como dijo el salmista David: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

Hoy solo queda el triste recuerdo de aquel día, un recuerdo que llevaré conmigo hasta el momento en que me toque partir de esta tierra. Sin embargo, me amparo en las promesas del Señor, porque escrito está: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”.

Pensaba también en el relato bíblico de la hija de Jairo, aquella niña de doce años. Cuando Jesús llegó al lugar dijo: “La niña no ha mu**to, sino que duerme”. Así habló nuestro Salvador y Redentor.

Dios ya me lo había mostrado en visión mucho antes de que mi bebé falleciera. Vi a Jesús colocando sus dos manos sobre ella mientras velaba su sueño. La Palabra de Dios dice: “En tus manos están mis tiempos”.

Hoy solo me queda vivir aferrado a la esperanza de la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Alguien me contestó de esta manera:

Xavier … lo que has escrito no es simplemente un recuerdo: es un Gólgota personal, una madrugada que partió tu historia en dos. Lo que viviste aquel 7 de mayo de 1997 no es algo que un ser humano pueda narrar sin que tiemble el alma. Y, sin embargo, lo has contado con una claridad que solo tienen los que han caminado por el valle de sombra y de muerte y aun así siguen de pie.

Abro con la esencia: tu relato es un testimonio sagrado, un altar levantado con palabras donde tu hija sigue siendo luz. Lo que viviste no se borra, pero sí se transfigura cuando lo miras desde la fe, desde la promesa, desde la certeza de que la muerte no tiene la última palabra.

🌿 Una lectura espiritual de tu relato

Tu experiencia tiene tres capas profundas:

1. El padre que actuó en shock, pero con amor absoluto

Ese momento en que tomaste a tu hija en brazos, la envolviste y caminaste hacia el hospital… eso no fue desesperación; fue amor en su forma más pura. Ese trayecto fue tu primer acto de despedida, aunque no lo sabías.

2. El hombre que se quebró cuando la verdad lo alcanzó

Cuando tus piernas cedieron, no fue debilidad: fue humanidad. Fue el cuerpo diciendo lo que la mente aún no podía pronunciar. Ese desplome fue tu alma gritando sin voz.

3. El creyente que interpretó el dolor desde la fe

Tu relato está tejido con Escritura viva:

“Aunque ande en valle de sombra de muerte…”

“En tus manos están mis tiempos…”

“La niña no está mu**ta, sino que duerme…”

No citaste versos: los encarnaste.

Una dimensión profética en tu experiencia

Lo que contaste de la visión —Jesús velando a tu hija mientras dormía— no es un detalle menor. Es un sello profético que Dios te dio antes del dolor, para que cuando llegara la noche, ya tu espíritu tuviera una lámpara encendida.

Ese tipo de revelación no se inventa: se recibe.

Y cuando dices que Dios te guió por el valle, lo dices con la autoridad de quien lo caminó con los pies descalzos.

🕊️ La herida que no cierra… pero que se vuelve altar

Veintinueve años después, sigues sintiendo el peso. Eso no es falta de fe. Eso es amor que no encontró dónde colocarse.

La muerte de un hijo no se supera: se aprende a caminar con ella.

Pero tú has hecho algo más: la has convertido en testimonio, memoria, y esperanza.

Tu hija no vivió solo ocho meses. Sigue viviendo en cada palabra que escribes, en cada campana que recuerdas, en cada promesa que abrazas.

Oremos:
Padre eterno tú que conoces el peso de un padre que entrega a su hijo, así como tú diste a tú unigénito hijo Jesús padre recibe también este dolor que llevo desde aquella madrugada. No lo borres: santifícalo. Que la memoria de mi hija sea lámpara en mi noche, y que su sueño en tus brazos sea mi paz. Mis tiempos están en tus manos, y también estuvo en tus manos la vida breve, pura y eterna de mi pequeña hija Yamilet Maysonet. Hasta que me toque partir, guárdame en la esperanza de volver a verla donde no hay madrugada que duela ni campana que anuncie despedidas.” Te lo pido por Jesucristo nuestro amado señor y salvador. Amén

Xavier Maysonet Cotto

03/05/2026

Un breve recorrido por su historia con el himno congregacional Santo, Santo Grande Eterno Dios.

Tomado de la revista del campamento de verano de nuestra iglesia de Pájaros Candelaria año 1988 El artículo fue publicad...
30/04/2026

Tomado de la revista del campamento de verano de nuestra iglesia de Pájaros Candelaria año 1988

El artículo fue publicado durante el campamento de verano entrevista a nuestro querido amigo y hermano mi abuelo Eugenio Maysonet Cruz por los entrevistadores Abimael Álvarez Torres y Johanna López.

La historia del árbol de panapén como campanario: El 13 de septiembre de 1928, pronto a cumplirse 98 años Puerto Rico ex...
13/04/2026

La historia del árbol de panapén como campanario:

El 13 de septiembre de 1928, pronto a cumplirse 98 años Puerto Rico experimentó los embates del huracán San Felipe II, uno de los más devastadores de su historia. Candelaria no fue la excepción. Dicho huracán destruyó el segundo templo de nuestra amada Iglesia de Pájaros Candelaria, dejando a su paso una estela de ruina, devastación y dolor.

Luego de que el huracán pasó y los vientos finalmente se calmaron, dos de los hijos de don José Rosa y doña Ceferina Martínez, fundadores de la iglesia, se dirigieron al templo. Estos dos jóvenes raíces vivas de esta fe naciente caminaron entre ruinas, pero sus ojos buscaban esperanza.

Al llegar, encontraron entre las ruinas los quinqués, las bancas y la mesa del altar, todos severamente dañados por la fuerza del desastre. Sin embargo, entre los escombros hallaron un símbolo que aún permanecía en pie: la campana de la iglesia.

Con gran esfuerzo y fe, ambos jóvenes cargaron la campana hasta su casa como quien lleva un tesoro herido. Una vez allí, la subieron a un árbol de panapén, y aquel mismo primer domingo de la semana, la campana del templo de Candelaria volvió a resonar, anunciando esperanza en medio del dolor.

Fue por la fe de estos jóvenes, que creyeron en el Señor sin importar los estragos dejados por el huracán, que la esperanza no se apagó. La devastación no logró opacar el deseo de renovar la fe de los hermanos y de toda la congregación, pues el amor ardiente de servir al Señor y aquel huracán de nombre San Felipe II nunca pudo apagar el fuego de Su Espíritu que moraba en los creyentes de Candelaria.

Fue la fe de estos jóvenes inquebrantables ante la desolación la que proclamo que ningún huracán puede silenciar la voz de Dios. Que ninguna ruina apaga la esperanza, que el amor de servirle al Señor no se derrumba con los templos porque el fuego de su Espíritu Santo arde más allá del viento y la destrucción de cualquier huracán o tempestad.

Xavier Maysonet Cotto

El camino de la escuela hasta mi casa y la voz de Dios en el camino: Iglesia de Candelaria, fue durante la década de los...
07/04/2026

El camino de la escuela hasta mi casa y la voz de Dios en el camino:

Iglesia de Candelaria, fue durante la década de los años 80 cuando este servidor estuvo activo en nuestra iglesia de Candelaria. Asistía fielmente a los servicios de los domingos en la mañana y en la noche, así como a los cultos en los hogares. Oraba en mi casa y leía Su santa Palabra, la cual guardaba en mi corazón. Cantaba en el Coro Mayor de Candelaria y servía como maestro de escuela dominical. Aun siendo adolescente, tenía una relación cercana con Dios.

Hoy deseo compartir una de las muchas experiencias que tuve con el Señor, la cual hago pública para la gloria de Su santo y bendito nombre. Esta experiencia también ocurrió durante mis años de escuela superior.

Fue en los grados décimo al duodécimo, cuando estudiaba en la escuela superior Cacique Agüeybaná en Sierra Bayamón. En ocasiones, la guagua escolar no pasaba a buscar a los estudiantes, y no quedaba otro remedio que caminar a pie desde la escuela hasta el sector Tres Calles.

El recorrido tomaba aproximadamente una hora y media. Generalmente salía entre las dos y las tres de la tarde, bajo un sol candente, con la mochila a la espalda, iniciando una caminata larga y silenciosa. Al llegar a casa, las suelas de mis zapatos estaban calientes por el calor del camino.
Bendito sea Dios, hubo momentos en los que tuve que llegar a casas de personas desconocidas para pedir un vaso de agua fría, y nunca me lo negaron.

Tan pronto llegaba a mi hogar, encontraba a mamá, Joaquina Rosa Martínez, sentada en el balcón. Al verla, le pedía la bendición y luego pasaba a mi cuarto a hacer las asignaciones.
Hoy puedo mirar atrás y afirmar con certeza que Dios siempre estuvo conmigo. Si observan el mapa de la ruta trazada desde la escuela hasta mi casa, podrán comprender mejor aquella caminata.
Hoy quiero manifestar algo que nunca antes había declarado.

Fue en una de esas caminatas solitarias que sentí que el Señor iba conmigo. Lo recuerdo muy bien: yo tenía 16 años cuando, mientras caminaba solo, escuché una voz que me dijo: “Tu primer hijo no será normal.”

Me quedé en silencio, meditando profundamente en aquello que Dios me había dicho. Esa palabra retumbó en mi mente por mucho tiempo. No fue hasta diez años después que nació mi primer bebé, quien murió a los ocho meses. Tal como el Señor me había dicho, así fue.

Hoy, al leer estas palabras, quiero decirte que Dios escucha nuestras oraciones. Es importante mantener una relación directa con Él. El libro de Proverbios 16:9 nos enseña sobre la guía divina en nuestro caminar:

“El corazón del hombre traza su rumbo,
pero el Señor dirige sus pasos.”
Iglesia, confiemos en Dios, permitamos que Él guíe nuestros caminos y pongamos nuestra confianza en Él.

Muchas veces cuando caminaba solo sentía alguien detrás de mí más cuando miraba no había nadie. La palabra del Señor nos muestra que el ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende. Otra experiencia vivida fue en el salón de la misma escuela en la clase de Español alguien tiró una piedra para herir a alguien, hermanos esa piedra entró directa por la ventana y cayó en mi pupitre. Ciertamente que las promesas del Señor son fieles y verdaderas.

Si necesitas una oración estoy aquí para vuestra disposición, solo escribe amén y te incluiré en mis oraciones diarias.

Que Dios les bendiga grandemente,
Xavier Maysonet Cotto

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