Centro Budista Zen Soto.PR

Centro Budista Zen Soto.PR El Centro Budista Zen Soto.PR ofrece un espacio de meditación y estudio según las enseñanzas del budismo Soto Zen

El Grupo Zen Cupey (GZC), ahora el Centro Budista Zen Soto.PR (CBZS), practica el budismo Zen Soto. Nos reunimos en comunidad (sangha) para practicar la meditación de zazen. También celebramos un retiro (zazenkai) mensualmente. Nuestro grupo es laico, nuestra maestra ha sido otorgada la Encomienda Laica en el linaje Zen. La información correspondiente al GZC ya no es correcta. Si interesas comuni

carte con el CBZS escribe a [email protected]. El CBZS acepta a toda persona interesada en conocer sobre el Budismo Zen Soto a través de la práctica de meditación que se conoce como zazen. No discrimina y sostiene que la diversidad de personas de todas las prácticas espirituales, razas, nacionalidades, clases sociales, género, orientación sexual, edad, y habilidades físicas o cualquier otra distinción de la diversidad humana,

Publicado originalmente: 15-oct-2023Como aliviar el sufrimientoLas violencias individuales y colectivas, a niveles nacio...
31/05/2026

Publicado originalmente: 15-oct-2023

Como aliviar el sufrimiento

Las violencias individuales y colectivas, a niveles nacionales e internacionales, por ambiciones, codicias, odios y rencores, contra las mujeres, las niñas, otras culturas, otras prácticas religiosas y espirituales, otros colores de piel, otras formas de ser, otras preferencias, otras visiones políticas, TODAS CAUSAN SUFRIMIENTO.

En el budismo reconocemos que nuestras acciones tienen un radio limitado y que no podemos evitar ni disminuir todas estas violencias, que a veces nos ahogan. Recurrimos entonces a hacer lo posible, lo que está a nuestro alcance, que es ofrecer los deseos de bienestar y seguridad a todos los seres. Lo llamamos metta y es uno de los cuatro estados sublimes, es el estado de la generosidad o bondad amorosa.

Tenemos un sutra para ofrecer metta, se los comparto por si desde donde se encuentran en este momento desean disminuir el sufrimiento de tantos seres que están sufriendo violencias.

Que toda generosidad que manifiestes hacia otros seres te sea multiplicada para tu propio bienestar.

Meditación de la amabilidad afectuosa: El discurso del Buddha sobre la bondad amorosa

Esto es lo que debe ser cumplido por el que es sabio, quién busca el bien y ha obtenido la paz.
Que uno sea tenaz, vertical, y sincero, sin orgullo, fácilmente satisfecho y gozoso.
Que uno no sea sumergido por las cosas del mundo.
Que uno no tome sobre si la carga de las riquezas.
Que nuestros sentidos sean controlados.
Que seamos sabios, pero no presumidos y que no deseemos grandes posesiones, incluso para la propia familia.
Que no hagamos nada malo o que los sabios reprobarían.

Que todos los seres sean felices.
Que sean gozosos y vivan con seguridad.
Todos los seres vivos, ya sean débiles o fuertes,
en los reinos altos, medios o bajos de la existencia,
pequeños o grandes, visibles o invisibles, cerca o lejos, nacidos o por nacer, que todos los seres sean felices.

Que nadie engañe a otro, ni desprecie a ningún ser en cualquier estado.
Que nadie por la ira o el odio desee lastimar a otro.
Así como una madre en riesgo de su vida vigila y protege a su único hijo, así con una mente ilimitada debería uno apreciar a todos los seres vivos, regando amor sobre el mundo entero, encima, debajo y por todas partes, sin límite.

Así que permitámonos cultivar una buena voluntad infinita hacia el mundo entero.
De pie o caminando, sentado o acostado, durante todas las horas despiertos, que practiquemos el camino con gratitud.

No apegándose a opiniones fijas, dotado de discernimiento,
liberado de los apetitos de los sentidos, aquel que alcanza el Camino será liberado de la dualidad del nacimiento y de la muerte.

29/05/2026

Sabiduría para los cuidadores
Basándose en las enseñanzas del budismo Shin,
la reverenda Dra. Mutsumi Wondra analiza el cuidado de otras personas como un camino hacia la compasión y la comprensión.
Mutsumi Wondra
Lion’s Roar, 9 de abril de 2026

El pasado mes de septiembre, mi marido se sometió a una operación en el pie. Por desgracia, la herida no cicatrizó correctamente y tuvo que someterse a dos intervenciones quirúrgicas más, seguidas de una estancia en un centro de rehabilitación. Finalmente regresó a casa el 11 de enero y, desde entonces, he sido su principal cuidadora.

Durante la primera semana tras su regreso, una enfermera a domicilio nos visitaba a diario para cuidar su herida y administrarle los antibióticos intravenosos que necesitaba. Después de eso, aprendí a realizar estas tareas yo misma bajo la supervisión de la enfermera. Durante este tiempo, pensé en cómo ya había recorrido un camino similar antes: hace treinta y cinco años, cuidé de mi madre en nuestra casa de Kioto durante un año antes de que partiera hacia el gran nirvana.

Estoy segura de que algunos de ustedes han tenido experiencias similares, o quizá actualmente sean cuidadores de sus padres, hermanos, cónyuges o seres queridos. Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre lo que he aprendido acerca del cuidado desde una perspectiva budista Shin.

Céntrate en lo que importa: la parábola de la flecha envenenada

Hay una conocida parábola budista en la que un hombre es alcanzado por una flecha envenenada. Pero en lugar de buscar tratamiento médico inmediato, insiste en saber quién disparó la flecha, los antecedentes del tirador y de qué materiales está hecha la flecha. Antes de que sus preguntas sean respondidas, el hombre muere.

Esta parábola enseña el peligro de dar prioridad a preguntas innecesarias por encima de acciones urgentes que salvan vidas. La flecha representa el sufrimiento humano inmediato, mientras que las preguntas simbolizan la especulación intelectual que no alivia ese sufrimiento. El Buda nos recuerda que debemos centrarnos en extraer la «flecha envenenada» en lugar de perdernos en preocupaciones sin respuesta o irrelevantes.

Del mismo modo, en lugar de preguntarme cómo o por qué mi marido desarrolló su afección en el pie, intento centrarme en su dolor físico y su sufrimiento mental actuales. Como cuidadora, mi tarea no es responder a todas las preguntas, sino ofrecer un cuidado amoroso aquí y ahora, lo mejor que pueda.

Abordar el agotamiento: la enseñanza del Buda sobre el arpa

En otra enseñanza, el Buda se dirige a un monje llamado Sona que practicaba la meditación con tal intensidad que llegó a agotarse física y mentalmente. El Buda le recordó a Sona su vida anterior como músico. Si las cuerdas de un arpa están demasiado tensas, se rompen; si están demasiado flojas, no producen sonido. Solo cuando las cuerdas están bien afinadas, el arpa produce una música hermosa.

Del mismo modo, la práctica espiritual —y el cuidado de los demás— requiere equilibrio. Un esfuerzo excesivo y rígido conduce a la tensión y al agotamiento, mientras que un esfuerzo insuficiente conduce al descuido y a la desconexión. El camino medio es un estado de energía equilibrada: alerta pero relajada, diligente pero suave.

Mientras cuido de mi marido y gestiono su tratamiento intravenoso, a menudo recuerdo esta enseñanza. Intento mantener una mente de atención serena en lugar de un esfuerzo frenético. En mi corazón, imagino un arpa bien afinada que produce un sonido suave y reconfortante para mi marido.

El encuentro con las cuatro realidades del sufrimiento

El Buda Shakyamuni enseñó que la vida está marcada por cuatro formas fundamentales de sufrimiento (dukkha):

• Nacimiento (Jāti): Entrar en el ciclo de la existencia, acompañado de dolor físico y mental.

• Envejecimiento (Jarā): El deterioro gradual del cuerpo y la pérdida de vitalidad.

• Enfermedad (Vyādhi): Dolencia, dolor y malestar físico.

• Muerte (Maraṇa): El miedo, el dolor y la separación que conlleva el final de la vida.

Los encuentros de Siddhartha Gautama con estas cuatro formas de sufrimiento le motivaron a buscar el despertar. Junto con la separación de los seres queridos y el no obtener lo que uno desea, nos ayudan a comprender la verdadera naturaleza de la existencia. Estas realidades constituyen la base de la primera noble verdad (hay sufrimiento) y revelan la naturaleza impermanente de la existencia humana.

Al ver a mi anciano esposo enfrentarse a la enfermedad y a las limitaciones físicas, recuerdo que estas realidades también me llegarán a mí, y a todos nosotros sin excepción. El cuidado de los demás nos acerca estas verdades a nuestra propia vida. Sin embargo, comprometernos con ellas puede abrir un camino hacia una comprensión y una compasión más profundas. Al cuidar de los demás, encarnamos la enseñanza del Buda de que la compasión no es abstracta, sino que se vive a través de las acciones cotidianas.

Vivir juntos en el Voto Primordial del Buda Amida

Los budistas Shin viven con profunda alegría en el Voto Primordial del Buda Amida: un voto hecho por el Buda Amida (el Buda de la Luz y la Vida Infinitas) para llevar a todos los seres a la liberación, especialmente a aquellos que se sienten espiritualmente limitados, indignos o incapaces de alcanzar el despertar por sus propios esfuerzos. No importa quiénes seamos, qué hayamos hecho o de dónde vengamos: la compasión de Amida nos alcanza a todos por igual.

El Buda Shakyamuni expuso esta profunda promesa en el Sutra Mayor del Buda de la Vida Inmensurable, enseñando que cuando los seres oyen el nombre del Buda Amida, despiertan un corazón confiado y lleno de alegría, y aspiran a renacer en la Tierra Pura, entran inmediatamente en la etapa de la no retrocesión. Esto significa que ya no pueden apartarse del camino hacia el despertar pleno. Su liberación está asegurada, y no retrocederán hacia la confusión, el engaño o estados inferiores de existencia.

Cuando recitamos Namo Amidabutsu —una frase que significa «Me entrego a Buda Amida», a menudo llamada Nembutsu en el budismo Shin—, escuchamos y recibimos el Voto de Amida. En el budismo Shin, esta recitación no es una técnica para alcanzar la iluminación, sino una expresión de gratitud por la compasión ya otorgada. En medio del cuidado, la incertidumbre y el cansancio, esta invocación me llena de gratitud espiritual y de una fuerza serena. La liberación incondicional de Amida nos abraza en todas las circunstancias, en todas las direcciones, tal y como somos.

Cultivar la sabiduría, la compasión y el autocuidado

La simpatía es comprender la desgracia de otra persona. La empatía es sentir su dolor. La compasión es actuar para ayudar a aliviar ese sufrimiento.

Como cuidadora, aprendo cada día —a veces a través de las dificultades, a veces a través de pequeños momentos de alegría—. Intento escuchar atentamente a mi marido, comprender su dolor y su malestar, y responder con paciencia y cariño. Día y noche, el cuidado se convierte en una práctica de compasión basada en una mente serena. Me siento cada vez más agradecida por cada momento que se nos concede.

Cuando nos sentamos juntos a cenar, compartiendo nuestro día y riéndonos de las pequeñas cosas, recuerdo que el cuidado no se reduce solo a las dificultades. También se trata de conexión y presencia. Al mismo tiempo, los cuidadores debemos recordar la importancia del autocuidado. Sin equilibrio, la compasión puede convertirse en agotamiento.

Todos nos enfrentamos a las cuatro grandes formas de sufrimiento. Ojalá podamos cultivar la simpatía, la empatía y la compasión —hacia los demás y hacia nosotros mismos— sin apartar la mirada, sin excluir a nadie.

Traducción realizada por Sai Ho Sandra Laureano
Con asistencia de la IA

29/03/2026

LR - Meditación del amor bondadoso para todos los seres y todos los cuerpos
La meditación metta es sanadora y abre el corazón. Arisika Razak nos guía a través de la práctica.
Arisika Razak
3 de abril de 2024

He experimentado la enfermedad, el desamor, el envejecimiento y la discapacidad. Como mujer negra, mayor y cisgénero, convivo a diario con el trauma de la opresión social. Al igual que muchos de nosotros, también me perturba profundamente el sufrimiento actual en el mundo.

En estos tiempos turbulentos y preocupantes, el metta (amor bondadoso) es mi práctica fundamental. Estoy verdaderamente agradecida por la meditación metta, y la practico cuando tengo miedo, me siento insegura o estoy desesperada. Metta me ayuda a mantener los pies en la tierra y mantiene mi corazón abierto a los demás. La utilizo para enviar afirmaciones de amor incondicional a amigos y benefactores, y para reafirmar el bienestar y la seguridad de los supervivientes de catástrofes climáticas, guerras e injusticias sociales.

El término metta proviene de una palabra pali que connota benevolencia tanto a nivel individual como colectivo. Las palabras en inglés que transmiten su significado incluyen amabilidad, cordialidad, buena voluntad, altruismo, amor incondicional y no violencia. En muchos círculos del Dharma de habla inglesa en los Estados Unidos, metta se traduce como «amor bondadoso» para distinguirlo mejor del amor basado en el egoísmo o en esperar algo a cambio.

Según la tradición budista, metta se desarrolló para ayudar a un grupo de monjes que se habían adentrado en un bosque para practicar meditación. Absortos en su práctica, los monjes no se dieron cuenta de que la tierra en la que habían entrado estaba habitada; era la morada de espíritus de los árboles, animales y otras formas de vida sintientes. Suponiendo que los monjes solo meditarían en la zona durante un breve periodo de tiempo, los espíritus inicialmente se retiraron por respeto. Sin embargo, tras pasar varios días sin que los monjes se marcharan, los espíritus de los árboles se enfadaron e intentaron ahuyentar a los monjes. Les enviaron visiones aterradoras, hicieron ruidos fuertes y perturbadores y crearon olores desagradables, lo que desconcertó tanto a los monjes que les impidió practicar.

Cuando los monjes regresaron ante el Buda, este les dijo que volvieran al bosque y comenzaran la práctica de metta. Es decir, debían ofrecer amor benevolente a todos los seres —visibles e invisibles— del bosque. Así que eso fue lo que hicieron los monjes. Enviaron afirmaciones de buena voluntad, amabilidad y amor benevolente a todos los seres de la zona. Esto apaciguó y calmó a los enfadados espíritus de los árboles, y a cambio estos apoyaron a los monjes durante toda su estancia.

El Buda pidió a los monjes que cultivaran amor en sus corazones por todos, independientemente de la configuración de sus cuerpos, de lo lejos o cerca que vivieran, o de su valor o falta de valor percibidos. En su época, estas instrucciones repudiaban el trato injusto hacia las personas de castas inferiores. En nuestros tiempos, creo que la práctica de metta nos pide que rechacemos las opresiones sociales, como el racismo, el clasismo, la homofobia, el nativismo, la transfobia, el capacitismo, el antisemitismo y la islamofobia. Al practicar metta, renunciamos a los sentimientos de ira, odio o superioridad —sentimientos que conducen a la «otredad» de aquellos que son diferentes a nosotros.

En lugar de utilizar la imagen de un guerrero para combatir el miedo, el Buda invocó la imagen de una madre que protege a su hijo. Las madres —o los padres— pueden no tener ninguna formación especializada, pero la fuerza de su amor les permite realizar actos milagrosos para apoyar a sus hijos. Al practicar metta, aspiramos a llevar este cuidado amoroso no solo a nuestras propias familias, sino a todos los seres vivos. Según el Karaniya Metta Sutta, el Buda afirmó: «Con la misma intensidad con la que una madre, quizá arriesgando su propia vida, ama a su hijo, su único hijo, desarrolla un corazón ilimitado para todos los seres».

En mi práctica personal, me he tomado muy en serio estos conceptos. Practico metta cuando me preocupa el bienestar de mi hijo, y mi marido y yo practicamos metta el uno por el otro y por el mundo como parte de nuestro ritual de bendición de Año Nuevo. A veces, cuando he estado en un conflicto profundo y aparentemente irresoluble con un compañero de trabajo, le he ofrecido (en privado) metta para recordarme nuestra humanidad compartida.

Cuando los problemas del mundo parecen abrumadores, utilizo metta para abordar el sufrimiento de los seres, tanto humanos como no humanos. Incluso cuando no los conozco por su nombre, envío metta a las personas y comunidades que sufren sequías, hambrunas, trata de personas y genocidios.

Metta es una práctica que pueden realizar tanto quienes se inician en el budismo como los practicantes de larga trayectoria, e incluso quienes no se identifican como budistas.

Cómo prepararse para la práctica
Para realizar cualquier práctica de meditación, uno debe situarse en un espacio seguro y tranquilo. Lo ideal es estar en un estado mental relajado y adoptar una postura cómoda para el cuerpo; sin embargo, no todos disponemos de una sala de meditación privada o de un jardín. Aunque lo ideal es tener un lugar en el que meditar habitualmente, no es necesario. Lo más importante es nuestra capacidad para encontrar un espacio en el que podamos centrarnos en nuestra intención y en las palabras de la meditación.

Siempre empiezo mi práctica por centrarme primero. Puede resultar complicado encontrar una postura cómoda para un cuerpo como el mío, que sufre dolor crónico. No obstante, empiezo adoptando una postura que pueda mantener durante al menos diez o quince minutos, sabiendo que puedo ajustarla si es necesario. Alguien que se inicie en la meditación puede elegir una postura que pueda mantener durante tres o cinco minutos. El Buda enseñó que la meditación se puede practicar sentado, de pie o acostado, y yo aconsejo a los alumnos que elijan lo que mejor se adapte a su cuerpo.

Si meditamos al final del día, o después de estar mucho tiempo sentados frente a la pantalla del ordenador, balancearnos suavemente de lado a lado o hacia delante y hacia atrás nos ayudará a desconectar de nuestra lista de tareas pendientes y a centrarnos en nuestro cuerpo y en la postura elegida.

A continuación, respira y presta atención a las partes del cuerpo más cercanas al suelo. Pueden ser los pies en el suelo, los isquiones sobre el cojín o la silla, o el peso de las manos descansando sobre los muslos o en el regazo. Si estás acostado, puedes centrarte en los huesos largos del cuerpo que descansan sobre la cama o el suelo.

Si te cuesta localizar la respiración, puede ser útil colocar una mano sobre el pecho o el abdomen y sentir cómo sube y baja. Siente la respiración a medida que se mueve por el cuerpo, o siente una sensación de calor donde las manos tocan el cuerpo.

Tras unas cuantas inhalaciones y exhalaciones, puedes comenzar la meditación. Puedes cerrar los ojos, aunque si esto no te resulta cómodo, una mirada suave hacia el suelo nos ayuda a desconectarnos del mundo exterior y a centrarnos en el trabajo interno de la meditación.

Las cuatro partes de la meditación metta

Existen muchas versiones de metta, y suelen dividirse en formas cortas y largas. La versión larga es la primera que aprendí. Se ajusta a mi experiencia vital y me ayuda a entrar en la meditación de forma más plena cuando estoy agitado, incluso cuando dispongo de poco tiempo.

Según mi práctica, la meditación metta consta de cuatro partes. La primera parte consiste en practicar metta para uno mismo. Así es como comenzamos, porque no podemos ofrecer amor benevolente a los demás si no contamos con los recursos necesarios; no podemos invocar la seguridad para otra persona si nosotros mismos no nos sentimos seguros, ni siquiera por un momento. En una cultura en la que a menudo se nos critica y se nos anima a juzgar negativamente nuestros cuerpos, mentes, capacidades y discapacidades, la práctica de metta nos ayuda a reconocer que tenemos un valor inherente y que merecemos respeto, apoyo y ternura tal y como somos.

Una versión [primera] de las frases clásicas en su forma larga dice:
Que esté a salvo y protegido del daño interno y externo.
Que sea fuerte y saludable en mente y cuerpo.
Que pueda cuidarme con facilidad y alegría.
Que sea feliz, verdaderamente, verdaderamente feliz.

En la segunda parte del metta, traemos a la mente a un benefactor, alguien que nos ha ayudado o apoyado. Puede ser un mentor, un maestro o un amigo querido. Mientras recitas las frases de metta, imagina que esa persona está de pie o sentada frente a ti:
Que estés a salvo y protegido de todo daño interno y externo.
Que seas fuerte y saludable en mente y cuerpo.
Que te cuides con facilidad y alegría.
Que seas feliz, verdaderamente, verdaderamente feliz.

La tercera parte del metta está dedicada a una persona neutral, alguien a quien no conocemos por su nombre y con quien no tenemos ninguna conexión, ni negativa ni positiva. Podría ser un conductor de autobús, un repartidor o alguien con quien nos cruzamos por la calle. Al igual que con el benefactor, debemos visualizar a esta persona.

Si estamos practicando metta por personas a las que nunca hemos visto en la vida real, podemos utilizar imágenes de los medios de comunicación o de nuestro propio corazón. Por ejemplo, si estoy practicando metta para un grupo concreto de personas que buscan seguridad en tiempos de guerra, podría decir: «Que todas aquellas personas que huyen de la guerra en (nombre del país o zona) estén a salvo y protegidas de cualquier daño interno y externo», mientras imagino a las personas que he visto en un periódico u otros medios de comunicación. A continuación, se repetirían las frases:

Que estés a salvo y protegido de cualquier daño interno y externo.
Que seáis fuertes y sanos en mente y cuerpo.
Que os cuidéis con facilidad y alegría.
Que seáis felices, verdaderamente, verdaderamente felices.

En la cuarta y última fase de la meditación metta, invocamos el amor bondadoso hacia la persona difícil, alguien con quien estamos en conflicto o que ha actuado en nuestra contra. Ofrecer metta a alguien que nos ha causado un daño duradero es una práctica avanzada. Por lo tanto, cuando empezamos a ofrecer metta a personas difíciles, deberíamos comenzar con aquellas que nos han causado molestias menores, en lugar de aquellas cuyos actos han provocado un trauma significativo. Las frases son las mismas que para el benefactor y la persona neutral.

Ten en cuenta que, si eres nuevo en la práctica de metta, quizá prefieras practicar solo para ti mismo o para el benefactor antes de pasar a la persona neutral o difícil.

Haz tuya la práctica
A algunas personas les resulta difícil recordar la forma larga de la meditación metta y prefieren frases más cortas. Una versión más breve utiliza frases como estas:

Que esté sano.
Que esté a salvo.
Que sea feliz.
Que viva con tranquilidad.

Al igual que en la versión larga, las frases se aplican primero a uno mismo, luego al benefactor, después a la persona neutral y, por último, a la persona difícil.

Muchos maestros contemporáneos han adaptado la redacción del metta para ajustarla a los tiempos modernos. Esto concuerda con la instrucción del Buda de no hablar en un lenguaje «elevado» o académico, sino en la lengua vernácula de las personas a las que van dirigidas las enseñanzas.

En el East Bay Meditation Center, donde enseño, tenemos una sangha de grupo de afinidad, Every Body, Every Mind, que se describe a sí misma como «un grupo de práctica semanal para personas que viven con discapacidades, limitaciones, diferencias y enfermedades crónicas». Muchos en esta sangha no tienen cuerpos fuertes o sanos y sienten que es perjudicial afirmar un estado del ser que niega la realidad del cuerpo en el que viven. Algunos de nosotros necesitamos ayuda para llevar a cabo las actividades de la vida diaria, y no podemos cuidarnos a nosotros mismos de forma individual con facilidad y alegría.

Ahora utilizo estas palabras para el metta, para poder ser más inclusiva con todos los seres, independientemente de sus capacidades y discapacidades.

Que estés a salvo y protegido del daño interno y externo.
Que seas fuerte y saludable en mente y cuerpo, y si eso no es posible, que aún así experimentes momentos de bienestar y alegría en el cuerpo que tienes.
Que te cuides a ti mismo con facilidad y alegría, y si eso no es posible, que te cuiden con facilidad y alegría.
Que seas feliz, verdaderamente, verdaderamente feliz.

Metta es una práctica de gran profundidad. Encarna el principio budista de que el odio nunca acaba con el odio, sino que solo puede ser sanado por el amor. Esta es verdaderamente la medicina necesaria para sanar nuestro mundo enfermo y afligido. Aunque cada uno de nosotros forma parte de los problemas del mundo, la práctica de metta nos invita a ser parte de la solución compasiva a estos problemas, al no dejarnos llevar por sentimientos de enemistad y odio.

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Este artículo procede del número de marzo de 2024 de la revista Lion’s Roar.

Arisika Razak, es profesora emérita del California Institute of Integral Studies de San Francisco, donde también fue directora del programa de máster y doctorado en Espiritualidad Femenina y directora de Diversidad. Ha sido comadrona en barrios marginales durante más de dos décadas, ha actuado a nivel nacional e internacional como bailarina espiritual y ha dirigido talleres de sanación corporal durante más de treinta y cinco años. Imparte clases en el East Bay Meditation Center de Oakland.

Traducido por Sai Ho Sandra Laureano
con asistencia de IA.

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Sin barro, no hay lotoPara cuidar de verdad del planeta, debemos ocuparnos de nuestro propio sufrimiento, afirma el herm...
22/03/2026

Sin barro, no hay loto
Para cuidar de verdad del planeta, debemos ocuparnos de nuestro propio sufrimiento, afirma el hermano Phap Huu.
Hno. Phap Huu
1 de junio de 2025
https://www.lionsroar.com/brother-phap-huu-no-mud-no-lotus/

Cuando hablamos de cuidar la Tierra, primero debemos reconocer que la Tierra no es algo externo a nosotros. No es meramente un recurso que debamos acaparar, proteger o alterar; esta mentalidad de control, extracción y posesión nos ha llevado a la crisis medioambiental actual. Históricamente, impulsados por una corriente subyacente de codicia, hemos visto nuestro entorno como material que consumir en nuestro beneficio.

A menudo miramos hacia fuera, esperando que los demás mejoren, pero en la tradición zen, la transformación comienza por nosotros mismos, aquí y ahora. Tenemos la oportunidad de practicar sentándonos y escuchando nuestra respiración, nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y nuestras emociones. ¿Qué está presente? ¿Podemos nombrarlo con claridad, sin añadir historias? Al sentir la respiración, nuestra mente ya no se detiene en el pasado ni se deja llevar hacia el futuro. La respiración fluye hacia dentro y hacia fuera de forma natural. Simplemente tenemos que detenernos, reconocerlo y sentirlo. De esta manera, la dimensión espiritual ya está presente.

La atención plena no es algo que nos esforcemos por obtener; es nuestra capacidad inherente de estar conscientes. Todos contenemos una semilla de atención plena, aunque haya estado enterrada. Aunque la atención plena está ganando popularidad en todo el mundo, a veces se utiliza erróneamente como herramienta para la superación personal o la competencia: «¿Quién se queda más quieto? ¿Quién es más zen?». Esto refleja una mentalidad de control, captura y extracción. En cambio, debemos comprender que la práctica de la atención plena es un cultivo continuo de la presencia interior y exterior, que nos permite aceptar y abrazar el momento presente. Con la meditación desarrollamos la capacidad de mirar en profundidad, permitiendo que la transformación y la comprensión sean los frutos de nuestra práctica de la atención plena. Al igual que un huerto ecológico, la atención plena crece y evoluciona de forma natural, adaptándose a diferentes condiciones.

Para trabajar eficazmente con la tierra, debemos reconocer su naturaleza espiritual y su sabiduría, que superan a las nuestras. Aunque los seres humanos a menudo se creen superiores, causando daño al planeta, la tierra misma encarna la libertad y la capacidad de resistir y transformarse. Creo que la humanidad forma parte del ecosistema de la tierra. Pero debido a nuestra visión dualista de un yo separado, hemos perdido el equilibrio y la armonía en nuestras acciones en relación con la tierra. Por lo tanto, es importante practicar el volver a casa, a nosotros mismos, para reconocer y transformar nuestro sufrimiento, nuestra codicia y nuestros hábitos, y cultivar una nueva forma de ver y de ser. A través de la atención plena, nos alineamos más estrechamente con la sabiduría de la tierra y vivimos de forma más armoniosa.

«Guardian de la Tierra» es un término utilizado en la tradición de Plum Village para describir a un bodhisattva, un ser que hace el voto de permanecer donde hay sufrimiento para ayudar.

El maestro zen Thich Nhat Hanh creció rodeado de sufrimiento, incluyendo la guerra y la discriminación, pero decidió centrarse en su interior y preguntarse cómo podía contribuir positivamente a su comunidad. Formó un grupo de jóvenes activistas por la paz comprometidos con la no violencia y la comprensión, incluso hacia los supuestos enemigos. Thich Nhat Hanh, quien escribió en un poema que «el hombre no es nuestro enemigo», enseñó que nuestro verdadero adversario es la ignorancia, que conduce a la codicia, la violencia, el dolor y la discriminación. Hizo hincapié en la necesidad de una transformación interior para cultivar la comprensión, la sanación y el cuidado, fomentando la unidad a pesar de las diferencias. Podemos celebrar las culturas y la sabiduría únicas de cada uno, aprendiendo a escucharnos mutuamente.

En la dimensión espiritual, podemos conectar con nuestros antepasados —genéticos, espirituales y de la tierra—. Nuestra práctica consiste en vernos a nosotros mismos como parte de una corriente continua, que lleva a nuestros antepasados hacia el presente y el futuro. Al transformar nuestros pensamientos, también transformamos generaciones de dolor y sufrimiento, porque somos la continuación de nuestros antepasados, y nuestras acciones construyen la próxima generación.

Nuestra práctica también implica practicar la gratitud, estar en contacto con las maravillas de la vida y ver la vida misma como un milagro. Cuando empezamos a ver la vida desde esta perspectiva, nuestra relación con el mundo que nos rodea cambia. Desarrollamos el respeto y cultivamos la moderación. Aprendemos a reconocer cuándo tenemos suficiente, cuándo parar y cuándo simplemente disfrutar.

Nos inclinamos ante nuestra comida, reconociéndola como un regalo y una maravilla. Es más que un simple sustento: se convierte en parte de nosotros. Llevamos esta comida en nuestras acciones diarias, encarnando la gratitud y el respeto que cultivamos en cada momento.

La moderación es una práctica profunda. Cuando comes, tienes la oportunidad de ralentizar el ritmo, lo cual es un verdadero regalo. Para muchos de nosotros, comer suele ir acompañado de socializar, entretenernos, trabajar o asistir a reuniones, por lo que acabamos devorando nuestros pensamientos y proyectos en lugar de saborear nuestras comidas. Pero podemos entrenarnos para comer con atención plena, sin desperdiciar nada. Podemos preguntarnos: «¿Qué es suficiente para nosotros?». A veces, tomar menos nos hace sentir más agradecidos.

Nuestros cuerpos son efímeros. Todos envejecemos y, al final, morimos, volviendo al abrazo de la Madre Tierra. Todo lo que apreciamos es también temporal, y tarde o temprano debemos dejarlo ir. Lo que perdura son nuestras acciones: nuestros pensamientos, palabras y actos de bondad y amor, que pueden transmitirse de generación en generación.

Caminar es una oportunidad para conectar con la naturaleza, sentirnos arraigados y estar presentes. Y la meditación caminando a veces puede facilitar la atención plena más que la meditación sentada. Implica canalizar nuestros pensamientos, sentimientos y respiración en cada paso. Intenta practicar sin zapatos. Siente el suelo bajo tus pies, la textura de la hierba o la sensación de las piedras. Si algo te causa incomodidad, considéralo una oportunidad para estar atento y agradecido por la conciencia que te aporta.

La meditación caminando fue fundamental para mi maestro, Thich Nhat Hanh, especialmente en momentos de desesperación o turbulencia emocional. Al estar en el exilio, aprendió que el hogar no es un lugar físico, sino más bien un estado de estar presente. Aunque todos tenemos este «hogar» dentro de nosotros, es posible que lo hayamos olvidado. Nuestra práctica de volver a la respiración nos ayuda a reconectarnos con nuestro hogar interior, donde podemos comprender y transformar nuestro sufrimiento.

Estamos aquí para crecer y transformarnos continuamente. Y en la transformación, a veces necesitamos barro. Es un buen ingrediente para ayudar a nutrir la flor de loto que hay en nuestro interior. Nuestra práctica consiste en cuidar del «barro», aprendiendo a aceptarlo, verlo, sentirlo e incluso olerlo. Luego lo nutrimos hasta convertirlo en flores de sabiduría. La enseñanza de «sin barro, no hay loto» nos recuerda que el sufrimiento y la felicidad están entrelazados, apoyándose mutuamente.

El loto puede simbolizar la belleza y la felicidad de la vida, pero una vez que lo cortas y lo colocas en un jarrón con agua limpia, solo durará unas pocas horas antes de marchitarse. Sin embargo, el loto prospera en el barro, sabiendo cómo regenerarse; posee la sabiduría de estar presente y dejar ir. Gracias al lodo, puede crecer, florecer de nuevo y ofrecerse al mundo. Del mismo modo, al comprender y aceptar nuestro sufrimiento, cultivamos la compasión y la felicidad. Cuidar de nuestro sufrimiento nos permite sanar las heridas del pasado y transformar nuestro dolor.

La felicidad implica reconocer y apreciar lo que tenemos: nuestros sentidos, nuestras conexiones, la comida y nuestros seres queridos. La Madre Tierra nos invita a ralentizar el ritmo, escuchar y comprender nuestras acciones y su impacto. Al observar el dolor y el daño sin sentirnos abrumados, cultivamos la compasión, la comprensión, el cuidado, el respeto, la gratitud y la atención plena en cada acción.

El amor es libertad, lo que incluye la libertad de practicar, sufrir y transformarnos. No se trata de hacer o tomar lo que queramos. La verdadera libertad implica atención plena y conciencia de las consecuencias de nuestras acciones. La verdadera libertad viene acompañada de responsabilidad.

Traducido por Sai Ho Sandra Laureano con la asistencia de IA.
Marzo 2026

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San Juan
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