Parroquia San Francisco Javier PR

Parroquia San Francisco Javier PR Párroco: P. Raul Iván Galarza Roldán

Horario de Misas:
Dominicales:
Sábados: 6:30pm
Domingo: 9:30am & 11:00am
Martes y Jueves: 7:00pm

Horario de misa:
martes, miércoles y jueves: 7:00pm
viernes alternos: 6:00pm
sábado: 6:30pm
domingo: 9:30 y 11:00am
Horario de oficina:
martes y jueves: 9:00am-2:00pm
miércoles y viernes: 2:00-6:00pm

20/06/2026
20/06/2026

Evangelio de hoy: Sáb., 20 Jun. 2026

Sábado XI del Tiempo Ordinario.

Del santo Evangelio según san Mateo 6, 24-34.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no le hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.

Palabra del Señor.

Reflexión.

Madre Teresa de Calcuta ha sido una de las santas más emblemáticas de su tiempo. Su fe era tan real y convincente que fue reconocida mundialmente a través del premio nobel de la paz. Su abandono en Dios era tan radical que a sus religiosas les propuso la regla de no conservar ni almacenar alimentos en el centro donde habitaban, pues les repetía constantemente que debían estar sometidas, afectiva y efectivamente a la Divina Providencia.

¿De dónde venía dicha fortaleza? ¿De dónde brotaba dicha confianza? De Dios. De las dos horas diarias que pasaba en oración antes de salir a dar aquello que había en su corazón, Dios y solo Dios.

Ayúdame, Jesús, a no olvidar que primero hay que buscarte a Ti, y todo lo demás, que también es importante, se dará por añadidura.

«En medio de tantas actividades, permanece la pregunta: ¿En dónde se fija mi corazón? Viene a mi memoria esa oración tan bonita de la liturgia: “Ubi vera sunt gaudia…”. ¿A dónde apunta, cuál es el tesoro que busca? Porque —dice Jesús— “donde estará tu tesoro, allí está tu corazón”. Tenemos debilidades todos nosotros, también pecados. Pero vayamos a lo profundo, a la raíz: ¿Dónde está la raíz de nuestras debilidades, de nuestros pecados? Es decir: ¿Dónde está el “tesoro” que nos aleja del Señor? Los tesoros irremplazables del Corazón de Jesús son dos: el Padre y nosotros. Él pasaba sus jornadas entre la oración al Padre y el encuentro con la gente. No la distancia, sino el encuentro».

(Homilía del papa Francisco, 3 de junio de 2016).

19/06/2026

Evangelio de hoy: Vie., 19 Jun. 2026

Viernes XI del Tiempo Ordinario.

Del santo Evangelio según san Mateo 6, 19-23.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón. Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”.

Palabra del Señor.

Reflexión.

Mi destino es la eternidad. Esto es lo que más importa. Hoy, Señor, me recuerdas que los tesoros del cielo son más importantes y están mejor asegurados que los de la tierra. Con frecuencia olvido esta realidad fundamental de mi vida cristiana. Vivo sumergido en el hoy, aquí y ahora sin levantar la mirada a mis inversiones del cielo.

Qué poco duran los tesoros materiales de este mundo, los del cielo perduran en la eternidad. Los de esta tierra son más difíciles de obtener que los de la otra. Los de este mundo implican cajas de seguridad, cuentas bancarias, claves secretas, guardias confiables; los de tu Reino se acumulan sin temor a perderlos, pasan desapercibidos por los ladrones, no se corrompen y Tú mismo, Dios, los custodias. Los de este mundo se devalúan, los del otro no conocen crisis económicas.

Ayúdame a llenar las arcas del cielo con los tesoros de las monedas de la caridad, con los cheques de las obras de misericordia, con las esmeraldas del sacrificio, los rubíes de la oración, las perlas de la paciencia, los dólares de la vida de gracia.

Es necesario desapegar mi corazón de los tesoros finitos de este mundo e irlo apegando poco a poco a los del cielo. Esto no quiere decir descuidar mi vida y desinteresarme de mis necesidades y de las de los demás, sino que todo lo que haga, lo haga siempre de cara a esa eternidad en la que podré gastar, gastar sin que jamás disminuya el crédito y sin adquirir deuda alguna.

«Acumular es precisamente una cualidad del hombre, hacer las cosas y dominar el mundo es también una misión. Esta es la lucha de cada día: cómo gestionar bien las riquezas de la tierra, para que estén orientadas al Cielo y se conviertan en riquezas del Cielo. Dios hace al hombre administrador de esas riquezas por el bien común y por el bien de todos, no para el bien propio. Y no es fácil convertirse en un administrador honesto, porque siempre está la tentación de la codicia, del hacerse importante. El mundo te enseña esto y nos lleva por ese camino en vez de pensar en los otros, pensar que eso que yo tengo está al servicio de los otros y que nada de lo que tengo lo llevaré conmigo. Pero si yo uso lo que el Señor me ha dado para el bien común, como administrador, esto me santifica, me hará santo».

(Homilía del papa Francisco del 19 de julio de 2015, en Santa Marta).

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