01/04/2026
En más de una ocasión me llegaron a “ministrar” que Dios haría cosas grandes conmigo. Yo no voy a debatir si esas “palabras” son beneficiosas o no. Pero tengamos cuidado con el hambre de estar persiguiendo palabras proféticas que auguran propósitos grandes.
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Porque esa obsesión con recibir palabras proféticas de grandeza pueden indicar que tenemos expectativas poco saludables sobre nuestra vida. Lo digo por experiencia.
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Cuidado que se nos vaya la vida soñando con llenar estadios y tener influencia que provoque que te traten como realeza.
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La grandeza que define a Dios no tiene nada que ver con fama y riquezas. La grandeza de Dios tiene que ver con carácter.
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Grandeza es ser responsable con tu familia. Es Ser reconocido como una persona vertical y de confianza. Grandeza es que nuestros hijos no sientan que deben competir por tu amor. Grandeza es querer ser más como Jesús.
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Yo he hablado frente a miles de personas. Los he hecho reír y llorar a mi discreción. He hablado a millones de personas a través de los medios. Es cool y divertido. Pero tan solo dura una hora de mi vida y lo único que debes saber es decir las palabras correctas.
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Por otro lado, el resto de tu vida…lo ordinario del día a día…requiere de paciencia, prudencia, compasión y obediencia. Eso es más difícil que dar un discurso. Vivir así verdaderamente requiere de la grandeza que solo Dios puede darnos.