01/09/2024
Como Eran los Primeros Cristianos
Año 137 DC.
En el año 137 después de Cristo, un apologista y filósofo llamado Arístides escribe una carta al Emperador Hadrian en donde describe la vivencia de los cristianos en ese tiempo. ¿Cree usted que esta carta podría describirnos a nosotros los cristianos de hoy también? Veamos:
“Son los cristianos, oh Emperador, quienes han buscado y encontrado la verdad. Ellos tienen sus mandamientos impresos sobre sus corazones. Ellos los guardan porque ellos viven en la esperanza y en la expectación del mundo venidero. Ellos no adulteran. Ellos no viven en fornicación. Ellos no hablan mentira. Ellos no guardan para sí mismos los bienes confiados a ellos. Ellos no codician lo que pertenece a otros. Ellos honran padre y madre. Ellos muestran amor a sus prójimos. Ellos pronuncian juicios que son justos. Ellos no adoran ídolos en forma humana. Ellos no hacen a otro lo que a ellos no desearían que les hicieran. Ellos no comen la comida sacrificada a los ídolos, pues ellos son puros. Ellos hablan gentilmente con aquellos quienes los oprimen, y de esta manera ellos los hacen sus amigos. Sus mujeres, oh Emperador, son puras como vírgenes. Sus hijas son castas, cariñosas y amables. Sus varones se abstienen de cualquier relación intima que sea ilícita. Ellos se mantienen libres de toda impureza, pues ellos viven en la expectación de la recompensa que viene en el otro mundo. Ellos no adoran dioses ajenos. Ellos viven conscientes de sus pequeñeces. La benignidad es su naturaleza. No hay falsedad entre ellos. Ellos se aman unos a otros. Ellos no descuidan la viuda. Los huérfanos los rescatan de aquellos que son crueles con ellos. Cualquiera de ellos que posee algo, lo da no de mala gana a quien no tiene. Si ellos miran algún extraño viajero, ellos lo traen bajo su techo. ...Si alguno de ellos mira que alguno de sus (hermanos) pobres va a dejar este mundo, él provee para su entierro tan bien como él pueda. Y si ellos oyen que uno de ellos es puesto en prisión, u oprimido por sus opositores por la causa de Cristo, todos ellos tienen cuidado de todas sus necesidades. Y si es posible lo sacan libre. Si alguno de ellos es pobre o viene a faltarle mientras que ellos mismos no tienen ningún sobrante, ellos ayunan dos o tres días por él. De esta manera ellos pueden suplir a cualquier hombre pobre con la comida necesaria. Ellos están listos para dar sus vidas por Cristo, pues ellos guardan las palabras de Cristo con mucho cuidado. Su vida es una de consagración y justicia como el Señor su Dios les mandó. Cada mañana, si, cada hora, ellos hacen alabanzas y honran a su Dios por todas las cosas buenas que Él les da. Ellos le dan gracias por sus alimentos y por lo que beben. Si alguno de ellos, quien es recto, pasa de este mundo, ellos se gozan y dan gracias a Dios. Ellos escoltan su cuerpo como si fuera simplemente moverlo de un lugar a otro. Cuando un bebe es nacido a alguno de ellos, ellos honran a Dios, y si sucede que el pequeño niño muere, ellos honran a Dios aún más, pues ha pasado a través del mundo sin pecado. Esto, oh Emperador, es la regla de vida de los cristianos y esta es su manera de vivir. Como hombres y mujeres quienes conocen a Dios, ellos piden a Él las cosas que son propias para Dios dar y rectas para ellos recibir. De esta manera ellos caminan en el curso de sus vidas. Ellos reconocen las buenas obras de Dios hacia ellos. Y ven, que por causa de ellos, el bien fluye ¡sobre este mundo! Verdaderamente son ellos quienes han buscado y han encontrado la verdad, y de lo que hemos entendido aquí debemos concluir que solo ellos están cerca del conocimiento de la verdad. Con todo, ellos no claman en los oídos de las masas las buenas obras que ellos hacen. Por el contrario, ellos toman el cuidado de que nadie se de cuenta. Ellos esconden su dádiva como alguien quien oculta un tesoro que ha encontrado. Ellos se esfuerzan por la rectitud porque ellos viven en la expectación de ver a Cristo radiante y recibiendo de Él, el cumplimiento de las promesas que Él les hizo a ellos. Tome sus escritos y léalos, y usted verá que yo no he inventado nada aquí y que yo no he hablado como un partidario de ello. Por el contrario, a través de leer sus escritos he llegado a estas firmes convicciones, también considerando el futuro de las cosas de las cuales ellos dan testimonio. Es por esta razón que yo me siento urgido en declarar la verdad a aquellos quienes están listos para la verdad y listos para buscar el mundo del futuro.”
Esta carta testifica que la vida de los cristianos en el 137 dC., era libre de todo pecado, abundante en buenas obras y amor hacia sus enemigos. Es importante señalar que la carta va dirigida a un Emperador, lo cual muestra que el testimonio de santidad e amor de la iglesia era muy evidente en todo el gobierno del Emperador.
Podemos temer que si algunos líderes del día de hoy tuviesen que enviar una carta a algún gobernante para dar razón de quienes son los cristianos, probablemente escribiría algo muy similar a lo siguiente:
“Son los cristianos, oh Emperador, quienes han encontrado la verdad aunque dicen, pero no hacen. Los mandamientos no los tienen impresos en el corazón pues se refugian en que ya no hay necesidad de obedecerlos pues ahora están bajo la gracia. Ellos pues, siguen adulterando, fornicando, codiciando con los ojos; las mentiras, oh Emperador, no pueden faltar de los labios de ellos, no se diga la avaricia y los enojos. Pero sepa, oh Emperador, que aunque practican todos estos males, habitualmente ellos ya son santos posicionalmente, pues cuando ellos aceptaron a Cristo, fueron puestos en lugar santo. Así pues, oh Emperador, cuando usted ve estos cristianos cometer tales maldades, sepa usted que ya Dios no los ve en pecado, pues solo ve a Cristo en ellos. Oh Emperador, usted debiera comprender la conducta carnal de estos cristianos, pues como la carne es débil, como usted bien lo sabe, siempre seguirán practicando las mismas maldades que los demás. Si se preguntara: ¿En qué se distingue la conducta de los cristianos de la de los paganos? Oh Emperador, casi no hay diferencia y temo decir que en ciertos casos es peor en los cristianos; pero la diferencia estriba que al ser perdonados por gracia, ellos tienen libertad para vivir como los demás y con todo tener asegurado el cielo en gloria. Es por todo lo mencionado aquí que podemos concluir sin lugar a dudas que es ésta la verdadera religión que conduce al cielo y a la cual todos los hombres debieran convertirse.”
Lamentablemente este es el cristianismo que en muchos lugares se vive. Como vimos en la otra carta, la vivencia del cristiano después de los apóstoles era ausente de la práctica de pecado y brillando por sus buenas obras, las cuales vieron los de su generación y muchos se convirtieron por testimonio de santidad y pureza de la Iglesia.
Vayamos más adelante hasta el año 161 después de Cristo y veamos lo que escribió un convertido al cristianismo llamado Justino Mártir sobre los cristianos de la época en su dialogo con Tryfo:
“Nosotros mismos fuimos buenos para estar al tanto de la guerra, homicidio y cualquier cosa mala, pero todos nosotros a través de todo el ancho de la tierra hemos ofrecido nuestras armas de guerra. Hemos cambiado nuestras espadas en arados, nuestras lanzas en herramientas de cultivo. Ahora cultivamos el temor de Dios, justicia, benignidad hacia el hombre, fe y la expectación del futuro dado a nosotros por el Padre mismo a través del crucificado... Pues es muy claro que nosotros no negamos nuestra confesión aunque seamos ejecutados por la espada, aunque seamos crucificados, echados a las bestias salvajes, puestos en cadenas y expuestos al fuego y cualquier otra clase de tortura. Todo el mundo sabe esto. Por el contrario, lo más que somos perseguidos y martirizados, lo más hace que otros en su continuo crecimiento de números vengan a ser creyentes y gente temerosa de Dios a través del nombre de Jesús.”
Cuatro años después de escribir esta carta, Justino fue denunciado como cristiano y al rehusar sacrificar a otros dioses, fue flagelado para después ser decapitado. Cabe mencionar lo impactante de que aunque había este tipo de persecución en aquella época el evangelismo incrementaba el número de creyentes sin diluir el Evangelio con ninguna estrategia mundana o carnal; Sino por el testimonio de vidas santas y de martirio por la causa de Cristo.
Si tomamos en serio el testimonio de Romanos 6 y 8, la conclusión a la que podemos llegar contundentemente es que el verdadero cristiano:
1. Ya no practica el pecado
2. Vence la carne
3. Obedece a los mandamientos de Dios
4. Le gusta lo espiritual y lo sigue
Esta es la suma de la experiencia gozosa y victoriosa que Cristo ganó para el cristiano a través de su sacrificio. Estas son las buenas nuevas del Evangelio y estas las buenas obras que harán que los incrédulos, al verlas, glorifiquen al Padre que está en los cielos (Mateo 5:16).
Mi pregunta es: ¿Podemos nosotros comparar nuestra conducta, como cristianos, con la descrita en estas cartas del siglo II después de Cristo? ¿Serán nuestras Iglesias conforme a lo descrito en estas cartas? Estas contestaciones las dejo para que nos auto examinemos sincera y profundamente en oración ante el Señor.