08/04/2026
Ser un estudiante (de Jesús) es aprender con él, cómo está supuesto a funcionar el mundo, así como cada uno de nosotros.
La equidad y la justicia son valores del Reino de Dios. Demasiado daño se ha perpetrado ya contra gente creada a imagen de Dios. Tristemente parte de ese daño lo han cometido también personas supuestamente actuando en nombre de Dios. Y representándole terriblemente mal, han alejado en el proceso a quienes Dios en realidad solamente desea acercar a sí mismo.
Como pastor deseo ser parte de la solución a nuestros graves males sociales, y combatir decididamente las destructivas mentiras que los propagan. Ciertamente, habría que comenzar admitiendo nuestros propios pecados como sociedad y humildemente pedir perdón a toda persona que ha sido victimizada, ya sea por nuestra acción o inacción. Y es que el primer paso en la transformación de cualquier situación es la admisión de lo que está mal, seguido de un profundo cambio de actitud y conducta con respecto a eso que está mal. Siempre seré el primero en agradecer y celebrar la enorme y continua transformación provocada en mi propia vida por el inmerecido perdón de mis innumerables y bochornosos pecados.
Entiendo, además, que otro paso importante sería producir soluciones que encarnen esa misma inclusividad que defendemos. Acerca de la posibilidad real de dicho consenso me gustaría destacar que, en la oración más famosa de todas, el Padre Nuestro, muchos de nosotros le pedimos a Dios que venga Su Reino. Oración con la que estamos pidiendo, entre muchas otras cosas, que la justicia y la pureza sean la norma en todas nuestras relaciones.
Imaginen lo que eso significaría para todas las transacciones económicas, relaciones laborales, sociales y familiares en nuestros respectivos países. Pedimos también que llegue el día en que las relaciones internacionales sean generosas y dignas, y que desaparezca todo menosprecio y maltrato contra el vecino y la vecina, así como aquel maltrato cometido contra la niñez, la juventud, la vejez, la mujer, los más vulnerables, las otras etnias y la propia naturaleza, incluidos los animales.
En parte se podría decir que el Reino de Dios no es otra cosa que la maravillosa manera en que sería y se vería el mundo si Dios corriera todo el espectáculo. Y aunque todos no estaremos necesariamente de acuerdo en cuanto a cómo podemos llegar a conformar un mundo más justo, e incluso en cuanto a cada detalle de cómo se vería exactamente ese mundo, al menos concedamos que estamos más de acuerdo de lo que quizás suponíamos acerca de lo deseable que es un mundo más justo.
Por mi parte, quiero hacer todo lo que pueda por crear las condiciones para que más personas tengan la genuina oportunidad de elegir vivir en un mundo así. Es por eso por lo que continuaré predicando el Evangelio, pero también (y debido precisamente al Evangelio) defenderé el derecho que tienen a diferir de mí quienes no piensan exactamente igual que yo.
¿Qué ocurriría si más de nosotros pudiéramos invitar respetuosamente al otro a contarnos su historia, procurando entender mejor su respectivo predicamento? ¿Qué ocurriría si las demás personas pudieran escuchar también, en ese mismo espíritu, nuestra propia experiencia con el amor y el poder del Dios del Evangelio? Aquel que puede redimir todos nuestros sufrimientos, teniendo siempre nuestro mejor interés en mente. El único que puede hacer en, por y a través de nosotros, lo que jamás conseguiríamos dejados a nuestra propia suerte. Ya que, de ninguna manera hemos sido dejados a la merced de nosotros mismos. Esas sí que son muy buenas noticias.
Les amo,
Pastor Javier
(Viene de: Existe Otra Manera, pp. 100–102)