03/04/2023
Subamos a Jerusalén
Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregaran a los gentiles para que le escarnezcan, y le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará [Mateo 20:17-19].
Era el tiempo de la Pascua, la gran fiesta del pueblo judío, en la que celebraban la salida de Egipto [Éxodo 12]. Todo el pueblo subía a Jerusalén a la fiesta. Y con el pueblo subía también el Señor Jesús y sus discípulos.
Pero había una diferencia entre el Señor y los demás que junto a él subían. El sabía que ésta sería su última celebración de la gran fiesta. Y sabía también a lo que subía. Iba a su encuentro con el Gólgota. . . ¡Y a experimentar la gloria de su resurrección!
Aquel cordero sin defecto que sacrificaron los israelitas la noche que salieron de Egipto representaba al verdadero, al Cordero de Dios. Así también debía ser sacrificado el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El único sin defecto, sin mancha y sin contaminación [Juan1:29]; [1 Pedro 1:19]. Porque ciertamente nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros [1 Corintios 5:7].
Te invito a que caminemos junto con el Señor Jesús en su subida a Jerusalén. Nos iremos identificando con algunos de los eventos en que se vieron envueltos el Señor y sus discípulos en esa subida a Jerusalén. También con lo que le esperaba a su llegada a Jerusalén. . Jerusalén
Para llegar hasta Jerusalén hay que subir. Esta se encuentra en un terreno elevado, en la línea de la cordillera de montes entre el Jordán y el Mediterráneo. Específicamente en la mesa central de Judea. Ya bien lo dice el Salmo 125:2: Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre. A ese lugar alto llamado originalmente Salem, cuyo significado es: “fundamento o posesión de la paz”, es que iremos acompañando al Señor en su subida. . .
Hasta ahora hemos mencionado a la Jerusalén en lo natural. Sabemos que la Escritura nos habla de otra Jerusalén, que es la de ARRIBA. De la que Jerusalén en lo natural es tipo. Esta es la que nos menciona Hebreos 12:22: Os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
A la Jerusalén natural se le llamó la Ciudad Santa. [Nehemías11:1; Mateo 4:5; 27:53; Apocalipsis11:2].
También se le conoce como la Ciudad del Gran Rey [Salmo 48:2; Mateo 5:35].
Además se le llamó la Ciudad de David [2 Samuel 5:7-9].
En este pasaje de Samuel, podemos ver que esto sucedió cuando David tomó la fortaleza de Sion. Sion es el mas alto de los montes principales en el área de Jerusalén. De Sion se dice que es una roca cuyo fundamento es tan profundo como de alto es el monte. Allí edificó David su casa, su ciudad. Creo que todos sabemos que David representa a Cristo y Sion representa el lugar de su morada.
Sion también representa la morada del verdadero pueblo de Dios, en las Alturas, en los lugares celestiales con Cristo Jesús [Efesios 2:6], en medio de la Jerusalén celestial que acabamos de ver descrita en Hebreos. . .
Muchos eventos sucedieron en la subida del Señor Jesús a Jerusalén. No estaremos abundando en todos ellos pues de cada uno podríamos escribir una enseñanza. Solo men-cionaremos los que consideramos más relevantes en cuanto al tema que estamos tratando.
Afirmó el Rostro
Lucas 9:51: Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Cuando en el cumplimiento de los tiempos, le llegó la hora al Señor Jesús de subir a Jerusalén a enfrentarse con lo que ya sabemos le esperaba, él AFIRMÓ su rostro.
El profeta Isaías describe el proceso de afirmar el rostro: Porque el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.
[Isaías 50: 7].
Jesús tenía su confianza puesta en el Padre. El estaría a su lado ayudándole en todo momento. El sabía que no se iba a sentir avergonzado. Por lo tanto, él “endureció” su rostro, puso su rostro como un pedernal [piedra]. Lo AFIRMÓ, lo CIMENTÓ, en esa confianza que le sustentaba. . .
En otras palabras, se preparó para enfrentarse al cumplimiento de los padecimientos que le esperaban en Jerusalén, de los cuales profetizó Isaías [Isaías 53]. Sabía que en su semejanza a hombre no iba a ser fácil enfrentarse al proceso al que iba a ser sometido. Solo su naturaleza divina iba a poder soportar. . .
Así también tú y yo debemos afirmar el rostro para lo que nos espera. En nosotros también solo la naturaleza divina, de la que se nos ha hecho partícipes por medio del nuevo nacimiento, podrá soportar el proceso por el que hemos de pasar. Así habló Jehová Dios al profeta Ezequiel y nos habla a nosotros en esta hora: Como diamante, mas fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde [Ez. 3:9].
Del mismo pedernal que está hecho el rostro de nuestro Señor Jesucristo está hecho el nuestro. Se nos ha revestido de diamante, que es la piedra mas dura y resistente que se conoce. ¡Porque es el mismo Cristo, el DIAMANTE, la ROCA de donde fuimos cortados [Isaías 51:1], el que nos cubre y nos sostiene! ¡De forma tal será esto, que no temeremos a toda la oposición que hemos de enfrentar en nuestra subida a Jerusalén!
Los Samaritanos
Lucas 9:52: Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén.
¿Quienes eran los samaritanos? Eran una raza de Judíos mezclados con gentiles provenientes de varias partes de Asiria. La historia describe a los asirios como una raza poderosa y guerrera. También nos dice la historia, que estaban familiarizados con las artes de la vida civilizada. Pero a la vez eran considerados “bárbaros”. Este nombre de “bárbaro” era dado a pueblos de la antigüedad, incultos, toscos y crueles. Además los samaritanos eran idólatras.
Esa raza mezclada y la religión pagana que practicaban ellos, vino a ser odioso para los Judíos. En la época de Jesús, el nombre “samaritano” era un término de desprecio [Juan 8:48]. Los judíos procuraban evitar todo trato con ellos [Juan 4:9]. Los samaritanos por su parte, molestaban y hasta atacaban a los judíos. Rehusaban dar hospitalidad a estos, como es el caso que menciona Lucas 9: 52-53. A pesar de todo esto, el Señor Jesús les dio ejemplo de como tratarlos cuando le habló a la mujer samaritana [Juan 4]. ¡Grande es el Señor, que aún a los samaritanos vino él a predicar las Buenas Nuevas de Salvación!
Los samaritanos reconocían por su apariencia a los que eran judíos. Su aspecto, aún el rostro, era diferente. Por eso reconocieron a los discípulos del Señor que se les acercaron. Sabían que pasaban por su territorio camino a Jerusalén. . .
De igual manera debe suceder con todos aquellos que nos hemos identificado con la palabra de Romanos 2:28 y 29: Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en la letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.
¿Somos tú y yo verdaderos judíos? Todos los que hemos estado dejando CIRCUNCIDAR nuestro corazón por la Espada del Espíritu, por la Palabra del Dios vivo, y que estamos dejando atrás todo lo perteneciente a nuestra pasada manera carnal de vivir, somos verdaderos judíos. Y los actuales ‘samaritanos’ lo saben. Y nos reconocen. Saben que nuestro aspecto es diferente.
¡Aún en nuestro rostro mostramos que nos encaminamos a Jerusalén! ¡Hasta hablamos diferente a ellos! Por esta razón se sienten, hasta cierto punto, amenazados. Y aunque en ocasiones lo disimulen, nos rechazan. . .
¿Quieres saber quienes son los ‘samaritanos’ de hoy día? También son una ‘raza’ mezclada de pueblo de Dios con ‘descendientes’ de ‘Asirios’. Es el llamado pueblo de Dios que está mezclado con pueblo que no es de Dios. Tienen una MEZCLA del orden de Dios con el orden del mundo.
Y muchos de ellos también practican la idolatría. Y al igual que los antiguos samaritanos lo hacían, nos molestan y nos atacan. Tal parece que no pueden, o no quieren entender el porqué de nuestro deseo de mantenernos libres de la contaminación pagana que puedan traernos los gentiles venidos de ‘Asiria’. Que al igual que los asirios de la antigüedad, son muy entendidos en todas las artes de la llamada “vida civilizada”. Pero ignoran que se están perdiendo la gran bendición y el privilegio de ser entendidos en la verdadera Vida. De ir conociendo a plenitud al verdadero Dios, Dador de todo bien y todo don perfecto. . .
Tampoco parecen entender los ‘samaritanos’, que no hay nada que pueda atraernos de lo que nos ofrece la sabiduría terrenal, animal y diabólica [Santiago 3:15]. Y porque no quieren entender esto, ni nos reciben, ni nos quieren escuchar, ni acompañar en nuestra subida a Jerusalén. . .
Pero a pesar de esto, no olvidemos el ejemplo que nos dio el Maestro. A los ‘samaritanos’ también les es dado el recibir el mensaje del Evangelio. No les paguemos mal con mal.
¡No les rechacemos! ¡Vamos a mostrarles el amor de Dios!
Es muy probable que al acercarnos a algunos de ellos, podamos encontrarnos con alguna ‘samaritana’ que reciba la Palabra y que al igual que lo fue la de la historia bíblica, sea instrumento en las manos del Señor para llevar a los suyos al conocimiento de Dios. Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer [Juan 4:39]. ¡Y como consecuencia, ellos también quieran acompañarnos en nuestra subida a Jerusalén!
El Pollino
Lucas19:28-31: Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo y traedlo. Y si alguien os preguntare: ¿Porque lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.
Seguimos subiendo a Jerusalén. Ahora el Señor nos manda, al igual que lo hizo con aquellos dos discípulos, que vayamos a desatar al ‘pollino’ que él ha de montar en su llegada a Jerusalén.
¿Que significa esto? Un buen día, hace ya unos años, al Señor le plació mostrarme lo que voy a compartir contigo. Quiso El que me viera a mi misma y a tantos otros, retratada en aquel pollino. Había estado yo leyendo el Salmo 73, donde dice en los versos 22 al 24:
Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. Leyendo esto, el Espíritu de Dios trajo a mi memoria el pollino que Jesús mandó a desatar. . .
El pollino representa a aquellas vidas que el Señor manda en su nombre a DESATAR para traerlas a El.
Se nos dice que este pollino tenía dueño. ¡Cuantas vidas hay a nuestro alrededor cuyos dueños las tienen atadas! Toda cosa o circunstancia que domine la vida de alguien, ese es su dueño. También sabemos que hay muchas vidas que el diablo las tiene atadas. El es su dueño. A todos estos ‘pollinos’ hay que ir, por mandato del Señor, a desatarles y a traerles a El. . .
¡Siendo torpes, como bestias, como hijos de asna, sin entendimiento, es como nos necesita el Señor! Porque ciertamente Dios no necesita de personas que crean tener “entendimiento”. No necesita de aquellos que se creen ser sabios en su propia opinión.
¡El es quien nos va a impartir el verdadero entendimiento!
Generalmente se piensa que somos nosotros los que necesitamos al Señor, aunque sabemos que hay quienes creen no necesitar de Dios. ¡Todos necesitamos de El! También hay quienes creen que Dios no nos necesita. Y puede que digan: “¿Para que nos va a necesitar, si él es Todopoderoso?”
¿Que leímos en el Salmo 73? Aún siendo así, como bestias, sin entendimiento, estuvo Dios con nosotros.
Nos necesita el Señor primeramente para tomarnos de su mano y guiarnos según su consejo. ¡Y luego nos recibirá en gloria! ¡Aleluya! ¡Este es el propósito principal para lo cual el Señor nos necesita! ¡Para recibirnos en gloria!
¡Y como consecuencia, manifestemos Su gloria! ¡Amén!
Deseo que te fijes en el pasaje de Lucas 19, donde el Señor dice que el pollino que mandó a buscar, ningún hombre lo había montado [v.30]. Esta declaración me llamó mucho la atención. Le pregunté al Señor que significaba esto para nosotros sus hijos. Esto me mostró el Espíritu: ¡Así nos quiere el Señor! Sin que la “montura”, la cubierta carnal del hombre esté sobre nosotros.
¡El necesita vidas libres de esa “cubierta”! ¡Porque es la única forma que El va a poder montar, POSAR sobre nosotros! ¡Aleluya!
Quise saber porque el Señor me mostraba el pollino en ésta otra forma cuando ya me lo había dejado ver como tipo de las vidas atadas. Pude percibir la voz del Espíritu que me decía: “¿Que hay si deseo que también lo veas de esta otra forma?” Acuérdate que yo llamo las cosas que no son como si fueran [Romanos 4:17]. Y a ese pollino que he mandado a desatar, porque a mí me ha placido, lo he visto ya limpio de toda intervención del hombre. ¡Gracias Señor!
Nos dice el Señor: ¡Te quiero DESATADO, libre, para que te dejes montar por mi! ¡Para esto también te necesito, para posar sobre ti y que juntos entremos en gloria a Jerusalén! ¡Aleluya!
El propósito de lo que hemos estado haciendo al irnos identificando con éstos eventos en la subida a Jerusalén, es que veamos, al menos en parte, nuestro caminar en el Señor. Es este andar una peregrinación que nos lleva subiendo de gloria en gloria. Esta peregrinación no puede ser bajando. ¡Ni hacia atrás!
¡Es siempre hacia adelante y hacia arriba! Porque ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios [Lucas 9:62].
La Entrada Triunfal a Jerusalén
Esta es la profecía de la llegada del Señor Jesús a Jerusalén:
Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu Rey vendrá a ti, justo y Salvador, humilde, y cabalgando sobre un a**o, sobre pollino de asna [Zacarías 9:9].
Y ésta es la narración que Mateo nos da de éste hecho: Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y la tendían en el camino.
Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quien es éste?
Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. [Mateo 21: 8 - 11].
Nos añade Lucas que toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios. . .
Nuestra identificación con la entrada en gloria, triunfal, del Señor Jesús a Jerusalén, y con lo que le esperaba en ese lugar, es parte integral de lo que hemos ido experimentando en nuestra peregrinación junto al Señor hacia Jerusalén. Quiero que sepas que mientras mas alto subimos, más El ha de ir demandando de nosotros. Nos iremos dando cuenta que cada paso, cada gloria que subamos, conlleva más y más RESPONSABILIDAD de nuestra parte. Nuestro caminar se ha de ir convirtiendo en un COMPROMISO con nuestro Dios.
Jesús el Cristo tenía un compromiso con el Padre.
Nosotros también.
El subía a cumplir con la voluntad del Padre. Nosotros también.
El subía a ofrecer su vida en sacrificio por nosotros pecadores.
Nosotros subimos junto a El para identificarnos con su Sacrificio, ofreciendo nuestras vidas en ofrenda grata al Padre. . .
Tal como te advertimos cuando comenzamos a mencionarte los eventos ocurridos en la subida a Jerusalén, lo haremos con los eventos ocurridos en la llegada y estadía en Jerusalén. Son muchos y no podemos cubrirlos todos. Nos limitaremos mayormente a lo que menciona la palabra conque comenzamos ésta enseñanza en Mateo 20: 17 al 19.
En el comienzo de la entrada a Jerusalén, adonde Jesús iba a cumplir con su compromiso en el Altar de la Cruz, ¡todo fue reconocimiento y alabanzas al gran Rey!
Y en el comienzo de nuestra vida de compromiso con el Señor, vida en la que estamos reconociendo en espíritu y en verdad lo que es RENDIR nuestras vidas a Dios, en-contraremos quien nos alabe y quien nos reconozca y diga bien de nosotros. . .
“¡Que bueno!” Nos han de decir algunos.
“¡Eso está bien!”, nos dirán otros. . .
Dentro de la misma iglesia, hay quienes aunque no entiendan lo que nos está pasando, nos reconocerán, porque verán en nosotros algo diferente que ellos no tienen y que quizá anhelen tener. Estas cosas te las digo porque lo he podido experimentar en mi propia vida.
Algunos de los que nos “alaban”, no entienden que en la peregrinación que hemos emprendido hacia la Jerusalén celestial, con nuestra mirada puesta en las cosas de arriba y no en las de la tierra [Colosenses 3:2], ya no nos conformamos con solo saber que el Espíritu de Dios mora en nosotros. ¡Hemos dejado que el Espíritu de Dios nos cubra, que POSE sobre nosotros! ¡Es la gloria de Dios manifestada sobre nosotros la que otros están viendo!
¡Hemos ido aprendiendo a humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, y a El le ha placido exaltarnos a su debido tiempo!
[1 Pedro 5:6]
¡Estamos entrando a Jerusalén con el Rey posando sobre nosotros! ¡Aleluya!
¡Estamos experimentando la vida plena en el Reino, en la Jerusalén celestial! ¡Gloria a Dios!
La Autoridad Puesta en Duda
Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con que autoridad haces estas cosas? ¿o quien es el que te ha dado esta autoridad? [Lucas 20:1 y 2]
Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si tú también conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos
[Lucas 20: 41- 42].
Porque no podían reconocer al que había llegado a ellos anunciándoles la verdadera paz, pusieron en duda su autoridad. . .
El Señor aún llora sobre Jerusalén, su Iglesia. En especial por muchos de sus principales, por los llamados líderes, al ver como les cuesta trabajo reconocer la autoridad que viene de Arriba. Pues aún persiguen y “matan” a los profetas, y “apedrean” a los que son enviados. [Lucas 13:34].
¡Hay que haber vivido esto para poder hablar de ello!
Hemos sido muchos a los que se nos ha cuestionado con que autoridad predicamos la palabra de Dios. Esto, por aquellos que aún no logran entender esta palabra: Pues mirad hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia
[1 Corintios 1:26 - 29].
¡Gracias Señor, porque aún sin entender, siendo como bestias, sin ser sabios en la carne, por tu gracia y misericordia has escogido a tantos para avergonzar a los llamados sabios en su propia opinión! Y también te damos gracias por todos aquellos que en una forma u otra, han puesto en duda tu autoridad en aquellos a quienes tú has llamado con llamamiento Santo.
¡En tu nombre les bendecimos! Porque así tú lo has ordenado, y porque es parte de nuestro COMPROMISO contigo.
Entregado a los Líderes Religiosos
El Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas [Mateo 20:18]. El Señor Jesús fue entregado a los mismos que cuestionaron su autoridad. Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte [Mateo 27:1]
Para que se cumplieran todas las profecías que sobre su muerte se habían dicho, Jesús se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz [Fil. 2:8].
A los que hemos emprendido la subida a Jerusalén junto al Señor Jesús, también se nos ha de entregar a muerte por los mismos que también dudan de la autoridad de Dios en nosotros. Al igual que los que mataron a Jesús, no saben lo que hacen. Creen que al querer “matarnos”, acabarán con nosotros.
Me pregunto - ¿Será que no saben que ya hemos mu**to a lo que ellos representan? Es muy posible que algunos de ellos estén caminando en las mismas cosas en la cuales an-duvimos nosotros en otro tiempo cuando vivíamos en ellas [Colosenses 3:7]. En las cosas terrenales que nos habla Pablo en éste pasaje de Colosenses 3, a las cuales el apóstol nos exhorta a hacer morir.
No te estamos hablando de gente que no forme parte del pueblo de Dios. Fueron los llamados líderes religiosos los que persiguieron y condenaron a Jesús. Así también está siendo y seguirá siendo con todos los que acompañen al Señor Jesús a Jerusalén. . .
La identificación con la muerte de Jesús es algo que creo todos sus verdaderos hijos conocemos. Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos mas al pecado [Romanos 6:6]. El apóstol Pablo decía que él moría cada día [1 Corintios15:31]. Así también debe suceder con nosotros. ¡Que cada día seamos entregados a muerte! ¡Que cada día vivamos la experiencia de la crucifixión! ¡Esto también es parte principal de nuestro COMPROMISO con el Señor! ¡Amén!
Entregado a los gentiles
Le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen [Mateo 20:19]. Ahora ya no son solo los líderes religiosos los que le condenan. Estos le llevaron a los gentiles para que ellos hicieran lo mismo.
¿A quienes fue entregado el Señor? A los Romanos, que eran los que gobernaban en aquella región.
Y le llevaron a Pilatos, el gobernador [Mateo 27:2]. Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio. . . y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: Salve, Rey de los Judíos!
Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban la cabeza
[Mateo 27:27-30].
Marcos añade que Pilatos entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado [Marcos15:15].
A todo esto Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen [Lucas 23:34].
Y nosotros, ¿Hemos de ser escarnecidos y azotados por los gentiles? Los gentiles son gentes que no son pueblo de Dios. Si del Señor se burlaron y le azotaron, ¿que podemos esperar que hagan con nosotros?
Jesús nos advirtió: Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. . . [Juan 15:18-21].
Vamos a ser aborrecidos de todas las gentes por causa de su nombre [Mateo 24:9].
Nos dice aún mas el Señor: Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre [Lucas 6:22].
Así que hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece
[1 Juan 3:13].
El Señor nos dejó dicho lo que tenemos que hacer cuando nos persigan y nos escarnezcan y nos azoten los gentiles: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos. Porque si amáis a los que os aman, ¿que recompensa tendréis? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿que hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? [Mateo 5:44 - 47].
¡Padre, perdónales, porque no saben que lo que nos hacen, a ti lo hacen!
¿No te advertí que solo la naturaleza divina en nosotros iba a poder soportar lo que nos espera, o lo que ya estamos viviendo?
¡Oh Señor, reconocemos que el amar aún a nuestros enemigos y perdonar a los que nos causan mal, es también parte principal de nuestro COMPROMISO contigo!
¡Ha resucitado!
¿Por qué buscáis entre los mu**tos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. . .
[Lucas 24:5-7]. Así hablaron los dos ángeles a las mujeres que fueron a la tumba del Señor Jesús aquel primer día de la semana.
Tal como dijo la profecía, el Señor Jesús fue levantado de la tumba sin ver corrupción [Salmo 16:10].
Y el tercer día nos resucitará [Oseas 6:2].
Fue sepultado, y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras
[1 Corintios15:4].
¿Porqué murió y resucitó Cristo? Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los mu**tos como de los que viven [Romanos14:7].
Nos dice el Espíritu también por el apóstol Pablo, que Cristo fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación [Romanos 4:25].
Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él [Romanos 6:8].
No solo morimos con Cristo sino que también juntamente con él fuimos RESUCITADOS, y asimismo se nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús! [Efesios 2:6]
¿Entendemos a cabalidad lo que esto significa?
No es que vamos a estar. En el espíritu, ¡ya ESTAMOS en los lugares celestiales junto a Cristo Jesús! ¡Estamos donde él quiso que estuviéramos! Pues así dijo el Señor Jesús: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado [Juan 17:24].
Si pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis mu**to, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros seréis manifestados con él en gloria [Colosenses 3:1- 4]. ¡Amén!
¡Vivamos pues la vida resucitada de Cristo!
¡Y podemos decir que también la ascendida! Porque él ciertamente ascendió al lugar de donde vino [Lucas 24:51].
¡Es nuestra vida una de manifestación de gloria! ¡De esa gloria que estamos viendo y experimentando junto al Señor Jesús en los lugares celestiales!
¡Manifestemos esa vida de gloria en nuestros dichos y en nuestros hechos!
¡Es este el resultado final de la subida a la Jerusalén Celestial, de todo aquel que ha dispuesto su corazón y se ha comprometido a seguir al Cordero por donde quiera que va [Apocalipsis 14:4].
¡Gracias Señor! ¡La gloria es para ti! ¡Amén!