16/06/2026
Una de las evidencias más preocupantes de esta generación de cristianos es la pérdida del discernimiento espiritual.
Hemos llegado a un punto donde muchos ya no saben distinguir entre lo santo y lo profano, entre la verdad y el error, entre lo que agrada a Dios y lo que simplemente agrada al hombre. A lo malo se le llama bueno, y a lo bueno se le llama malo. Se celebra lo que Dios condena y se rechaza lo que Dios aprueba.
Lo triste es que muchos se emocionan con manifestaciones, eventos, tendencias y movimientos que tienen apariencia de espiritualidad, pero carecen del respaldo de la Palabra de Dios. Se aplauden prácticas que hace algunos años hubieran sido motivo de preocupación espiritual. Lo que antes producía convicción ahora produce entretenimiento.
¿La razón? La desconexión de las Escrituras.
Cuando el creyente deja de estudiar la Palabra, pierde su capacidad de discernir. Cuando abandona la oración, deja de escuchar la voz de Dios. Cuando sustituye la verdad bíblica por opiniones humanas, comienza a llamar bendición a lo que Dios llama pecado y avivamiento a lo que Dios llama rebelión.
El problema no es la falta de información. Nunca hemos tenido tanta predicación, tantos videos, tantos libros y tantos recursos. El problema es que muchos ya no filtran nada por la Palabra de Dios. Si algo emociona, lo aceptan. Si algo es popular, lo celebran. Si algo atrae multitudes, lo consideran de Dios.
Pero el pueblo de Dios está llamado a algo más alto. No debemos discernir por emociones, números o popularidad. Debemos discernir por la Palabra.
Que Dios nos devuelva el discernimiento espiritual para amar lo que Él ama, aborrecer lo que Él aborrece y caminar en la verdad aunque el mundo y aun muchos dentro de la iglesia hayan decidido apartarse de ella. ~Samuel Rivera Gómez
Mas el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal." Hebreos 5:14