Elegidos del Reino, Ministerio Niños SBU Casa de Derramamiento

Elegidos del Reino, Ministerio Niños SBU Casa de Derramamiento Somos un ministerio que deseamos alcanzar a las naciones a traves de nuestros niños. Extenderemos el Reino de Dios con ellos.

https://youtu.be/-GmmGno-nw4
06/07/2019

https://youtu.be/-GmmGno-nw4

Qué hacen muchos padres cuando sus hijos les dicen que son g**s? Qué deben hacer los padres ANTES de que sus hijos les digan que son Gay ? Para quién es la m...

15/03/2019
EL lenguaje del amor....
14/03/2019

EL lenguaje del amor....

El lenguaje de amor. 🙏

14/03/2019

Los niños pueden apreciar la palabra de Dios
Jim Burns

Uno de nuestros trabajos como padres es plantar la Palabra de Dios en la vida de nuestros hijos. La Palabra de Dios les proporciona una base sólida sobre la cual pueden construir sus vidas. En 1 Pedro 1: 24-25, leemos: “Todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo; la hierba se seca y la flor cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre”. ¡Generar aprecio por la Palabra de Dios en los niños no es siempre una tarea fácil! Pero, te animo a que hagas el mejor trabajo que puedas. Sé persistente, ora, y luego permite que Dios sea Dios, ¡que es quien hace el trabajo para cambiar las vidas! Aquí hay algunas ideas para ayudarte a comenzar.

Rodea a tus hijos de buenos recursos. A los niños más pequeños les encantan las historias bíblicas llenas de acción; historias como David y Goliat, Abraham y Lot, el nacimiento de Jesús, etc. Por lo tanto, si tus hijos son pequeños, lee para ellos historias bíblicas con frecuencia. Utiliza los muchos videos cristianos muy buena calidad que están disponibles en la actualidad. Plantarás el concepto de que la Biblia es importante en la vida de tus hijos. Si tus hijos son mayores, asegúrate de que tengan una traducción de la Biblia que puedan comprender mejor. Hay muchas traducciones amigables para los jóvenes que hoy en día están disponibles.

Modela en tus hijos tu propio aprecio por la Palabra de Dios. ¿Tienes un tiempo de devoción regular donde lees y estudias la Biblia? ¿Lo saben tus hijos? ¿Qué tal si dejas que tus hijos te vean modelar tu propio aprecio por la Palabra de Dios? No olvides que tus acciones les enseñarán mucho a tus hijos sobre la importancia que tú crees que tiene la Biblia, ¡seguramente incluso más que tus palabras!

Crea la expectativa de que la Biblia es una guía para la vida diaria. Puedes elevar el nivel de expectativa respecto de la Biblia por parte de tus hijos (y su aprecio por ello) demostrándoles que la Palabra de Dios es una guía de vida confiable y cotidiana.

Enséñales a tus hijos cómo estudiar la Palabra de Dios. La sabiduría que se encuentra en el siguiente adagio, “Dale a un hombre un pescado y él tendrá hambre mañana; enséñale a un hombre a pescar y nunca volverá a tener hambre” también se aplica a la hora de enseñarles a nuestros niños a apreciar la Palabra de Dios. Si nosotros como padres, solo les decimos a nuestros hijos sobre lo que pueden encontrar en la Biblia, sin enseñarles cómo descubrir y aprender acerca de la Biblia por sí mismos, se volverán dependientes de nosotros, o de otros, para su alimentación espiritual. A medida que tus hijos crezcan, asegúrate de darles las herramientas que ellos necesitan para poder aprender de las Escrituras por su propia cuenta.

13/03/2019

Cinco consejos para prevenir el abuso sexual infantil
Jim Burns

Cuando se trata de abuso sexual, más vale prevenir que curar. Entonces, ¿qué pueden hacer los padres para prevenir el abuso sexual infantil?

Permítanme compartir cinco consejos que le ayudarán a tratar el tema y, con ayuda de Dios, mantener a sus hijos fuera de las estadísticas.

1. Infórmese tanto como pueda.
Aprenda qué personas son más propensas a cometer crímenes de abuso, aprenda por qué los adultos abusan de los niños, etc. Hay muchos sitios en Internet que tienen información preventiva sobre el abuso sexual infantil. Una simple búsqueda le ayudará a encontrar estos recursos.

2. Escuche y hable con sus hijos.
Una buena comunicación es el principio más importante para proteger a sus hijos del abuso. Esfuércese en mantener en su hogar un clima de diálogo en el que los niños no sientan miedo de hablar sobre cosas que les dan vergüenza o temor.

3. Enseñe a sus hijos reglas de seguridad personal.
Comience temprano con sus hijos (de acuerdo a su edad) y establezca reglas de seguridad para sus hijos. Aquí hay algunas reglas que le ayudarán a empezar:

Use los nombres correctos para mencionar las partes privadas; muchos niños no pueden hablar del abuso porque no saben qué palabras usar.
Las reglas de seguridad aplican para todos los adultos, no solo para los extraños.
Sus cuerpos pertenecen a ellos y no es correcto que otra persona toque sus partes privadas.
Está bien decir “no” si alguna persona trata de tocar sus cuerpos o hacer cosas que los hagan sentir incómodos, sin importar quién sea la persona.

Los niños NO deben guardar secretos si los tocan. No importa lo que les digan, si alguien los toca, deben decirlo hasta que alguien los escuche.

4. Conozca a los adultos y adolescentes que tratan sus hijos.
Al saber quiénes son los profesores, entrenadores, líderes, niñeras, usted sabrá más acerca de los adultos y adolescentes con quienes pasan tiempo sus hijos. Cualquier adulto que muestre más interés en su hijo que usted, deberá ponerlo en alerta.

5. Vigile a sus hijos.
Conozca dónde y con quién están sus hijos, siempre que sea posible. Una de las reglas de la familia debe ser que los hijos informen cualquier cambio de planes antes de que vayan a un lugar o hagan algo que usted no conoce.

06/03/2019

Las dos palabras clave que los niños desean escuchar
Kara Powell

Nuestros amigos Dale y Jody tienen una excelente relación con sus hijos. De hecho es tan buena que su hijo de 24 años maneja noventa minutos por Los Ángeles (¡y con mucho tráfico!) para poder compartir las cenas familiares o para ver partidos de basketball con sus padres. Y su hija de 27 años le preguntó a Jody si podrían reunirse las dos para estudiar juntas la Biblia todas las semanas.

Con mi esposo les preguntamos qué es lo que hace que sus relaciones familiares sean tan magnéticas. Su respuesta fue bastante simple: “Nuestros hijos saben que nos gusta estar con ellos”. Dale y Jody dieron con un factor clave en la lucha por las relaciones familiares saludables: sus hijos saben que sus padres están locos por ellos.

Diferentes investigaciones respaldan esta intuición que ellos tuvieron como padres y muestran cómo las relaciones familiares afectan la fe de nuestros hijos. Un estudio de la dinámica relacional realizado en más de trescientas familias durante treinta y cinco años, analizó el poder de la calidez entre las diferentes generaciones. El resultado fue sorprendente: la calidez familiar está más correlacionada con la transmisión de la fe que cualquier otro factor relacional (incluyendo la cantidad de contacto que hay entre las generaciones, el tipo de contacto y el número de hijos en la familia).

En otras palabras, las familias en las que los padres y los niños se sienten unidos tienen más probabilidades de ser familias en las que los niños también adopten la fe de sus padres. Entonces, dejar que nuestros hijos sepan cuánto nos agradan, no solo une a nuestra familia sino que también aumenta las probabilidades de que nuestros hijos mantengan su fe.

Entonces, ¿cómo hacemos para comunicarles a nuestros hijos que ellos nos gustan?

En primer lugar, a través de nuestras palabras. Luego de reflexionar sobre la investigación realizada acerca de la fe y las relaciones familiares, estoy convencida de que hay dos palabras que tus hijos desean que les digas: “Me gustas”. Probablemente hayan escuchado “Te amo” más veces de lo que pueden contar… ¿pero saben que realmente los disfrutas como personas?

Todavía estoy aprendiendo cómo comunicarles a mis hijos que me gustan pero la investigación me ha motivado no solo a decirles “Me gustas”, sino también: “Estoy loco por ti”. “Me encanta pasar tiempo contigo”. “Me siento bendecida por ser tu mamá”.

¿De qué otro modo comunicamos que nos gustan nuestros hijos?

A través de nuestras caras. Una de mis metas, la cual no siempre logro, es que cuando mis hijos entren por la puerta, incluso si no digo una palabra, mi cara les diga que soy su mayor fan; que sepan sin una sombra de duda que mamá está contenta de verlos.

¿Qué estás haciendo actualmente para que tus hijos sepan no solo que los amas, sino que te encantan?

05/03/2019

Preadolescentes, el arte de anticipar
Walter Bongiorno

No son chicos, tampoco son grandes. Se molestan cuando uno los trata como a nenes, les da consejos o sugiere algo… ¡Quieren ser grandes! Pero no asumen responsabilidades, no demuestran interés ni quieren vivir como adultos. Son ellos, los preadolescentes. No son una especie en extinción, al contrario; es una etapa que nuestra sociedad posmoderna consagra sin darles la salida ni permitirles crecer y desarrollarse integralmente como personas. Por eso, necesitamos prever para crecer.

Françoise Dolto, psicóloga francesa, en su libro «Palabras para adolescentes o el complejo de la langosta», caracteriza esta etapa como tal. Los langostinos de mar, cuando cambian el caparazón, pierden primero el viejo y quedan sin defensa por un tiempo hasta fabricar uno nuevo. Durante este tiempo se halla en gran peligro. Para los preadolescentes viene a ser la misma cosa, y fabricar un nuevo caparazón cuesta lágrimas, dolor y sudor por parte de todos. En las aguas del langostino sin caparazón hay casi siempre un congrio que acecha, listo para devorarlo.

¡La preadolescencia es el drama del langostino! En esta etapa de la vida son totalmente vulnerables a los peligros internos y externos: los internos pueden ser aquel niño que está dentro y que no quiere crecer para no perder la protección de sus padres, o aquel niño colérico que cree que llevándose todo por delante —«comiéndose» al adulto—­ se vuelve adulto; los externos son esos adultos peligrosos, a veces aprovechadores, que dan vuelta a su alrededor porque los sienten vulnerables, nuestra sociedad de consumo que les muestra de todo, sin discriminar ni advertirles de ciertos peligros, ofreciéndoles droga, s**o libre, alcohol, violencia y tantas otras cosas que a través de los medios empiezan a resultarnos comunes y normales, cauterizando nuestra conciencia, nuestra moral, nuestros principios.

Así viven de alguna manera nuestros preadolescentes este tiempo de cambio, siendo totalmente vulnerables por todo lo que nos rodea en esta etapa de la vida. Los niños bellos, cariñosos y alegres de ayer se convierten en muchachos y chicas huraños, quejosos, tristes o introvertidos. ¿Qué sucede con los preadolescentes de hoy? ¿Por qué son tan rebeldes, tan descorteses, tan aburridos consigo mismos y desinteresados en la vida? Todo lo que quieren hacer, aparentemente, es andar con una banda de amigos y escuchar música a todo lo que da.

Los adolescentes siempre fueron rebeldes en una u otra medida, siempre han sido descorteses, indiferentes a los adultos y difíciles de conformar. Recuerde por un momento su adolescencia: su mamá se quejaba por las cosas desordenadas y por el tipo de ropa que usaba, su papá le pedía que baje la música, etc. El conflicto entre los padres y sus hijos preadolescentes y adolescentes está documentado en toda la historia.

—Sí —dice usted—, tal vez siempre haya habido conflictos, pero hoy las cosas están peor que nunca. A propósito de esto, preste atención a la siguiente frase: «No veo esperanza para el futuro de nuestro pueblo en tanto dependa de la frívola juventud de hoy, pues todos los jóvenes son increíblemente imprudentes. Cuando yo era niño se nos enseñaba a ser discretos y respetuosos con los mayores, pero los jóvenes de la actualidad son demasiado avisados y la sujeción los impacienta». ¿Sabe quién dijo esto? Hesíodo, en el siglo VIII antes de Cristo. Por lo tanto, no hay duda de que podemos asegurar que desde la antigüedad y a través de los siglos ha existido este conflicto.

Los problemas son una parte muy normal del crecimiento de los jóvenes; aquel niño hermoso, cariñoso, considerado y obediente que usted conoció, ¡no tiene retorno! Por eso, es importante informarnos e interesarnos en cómo poder ayudarlos y empezar a entender qué es lo que están necesitando. Ayudarlo en esta etapa definitoria del crecimiento tiene que ver con lo que hicimos antes de llegar a ella.

¿No podemos educar a nuestro hijo preadolescente? ¿Nuestra autoridad se ve cuestionada? Claro que sí, es parte del desafío que le representa esta edad, pero aun así debemos seguir poniendo límites, porque es lo que ellos siguen necesitando y pidiendo a pesar de que manifiesten lo contrario.

¡Pero empecemos antes! La responsabilidad no nace en la preadolescencia, la capacidad de elegir no nace en la preadolescencia, la independencia no nace en la preadolescencia, sino que allí se manifiestan, allí comienzan a brotar, allí empiezan a crecer y desarrollarse desenfrenadamente. ¿Hacia dónde? Eso es los que nos preocupa a padres, docentes y líderes que trabajan con ellos.

Como todo brote, eso va a depender de las medidas que hayamos tomado antes: va a depender de haber tenido en cuenta qué sembramos en nuestros hijos desde su niñez temprana, va a tener que ver con aquellos «tutores» que hemos elegido para ayudar a nuestra pequeña planta antes de que se convierta en árbol.

Muchos padres llegan a nuestra escuela preocupados por sus hijos a la edad de 11 o 12 años o pensando en prever el fracaso en su ingreso a la escuela secundaria y buscando un ambiente que sea contenedor para su hijo en esta etapa, y muchas veces se llega tarde.
Preocuparnos por comprender la situación difícil que atraviesa el preadolescente es muy importante; tratar de entenderlo y mantener un diálogo fluido con ellos también lo es. Pensar en la educación, en los amigos y en el contexto en donde transite esta etapa difícil es fundamental.

Sobre todas las cosas, necesitamos prever. Como decíamos antes, cuando todavía son niños bellos, cariñosos y alegres que se deslumbran por todo lo que hacen papá y mamá como superhéroes, ese es el tiempo para hablar —porque aún nos escuchan—, es el tiempo para medir bien cómo invertimos las horas con nuestros hijos, es el tiempo para pensar en qué ámbito están creciendo, con quiénes están relacionándose en la escuela, qué amistades están formando, qué valores están recibiendo de sus docentes.

Este es el tiempo de cuidar nuestra planta y afirmar sus tutores, para que cuando surja el brote vertiginoso que lo lleva a convertirse en árbol hayamos puesto bases firmes.
Vamos a transitar la turbulencia de la edad; ¡es un proceso inevitable en padres e hijos! Vamos a ver al árbol agitarse con el viento, sufrir los rayos penetrantes del sol del verano, soportar el frío crudo del invierno; pero si desde la niñez hemos atendido qué semillas plantamos, qué valores fundamos, qué amistades y líderes los influyeron, podremos disfrutar al contemplar sus frutos, y luego sí, descansar bajo su sombra.

Walter Bongiorno
Licenciado en Ciencias de la Educación. Rector de la Escuela Secundaria de la iglesia de La Puerta Abierta en Buenos Aires, Argentina. Autor del libro GPS Encuentra tu vocación.

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Carolina

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