03/09/2019
Me encanto (como toda la Escrituras) este capítulo que leía hoy de Jeremías 17. Y quiero compartir uno de esos hermosos versículos de este capítulo. El versículo 8.
"Son como árboles plantados junto a la ribera de un rio con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen a los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto”. Que al igual el Salmo 1, al comparar dos tipos de persona, dos caminos diferentes, dos conductas y maneras de pensar diferentes hacen tal aseveración para describir a aquel que se le ha hecho justo a través de Cristo.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará. (Salmo 1: 3)
La palabra corriente es el adjetivo que se usa para nombrar a aquel o aquello que corre. Mientras por otro lado la palabra plantar es colocar, meter una planta en tierra para que arraigue. O ponerla en el lugar en que ha de ser utilizada. Al leer a Jeremías, el profeta está diciendo que el árbol (hombre o mujer) que ha nacido de nuevo, el hombre (mujer) que tiene a Cristo, el hombre (mujer) que Dios es el centro de su corazón y vive en el será puesto en el lugar donde ha de ser utilizado, porque ha crecido y sigue en crecimiento, ha sido fortalecido, ha sido arraigado, bien alimentado, porque la corriente en la que fue puesto es la Palabra de Dios. Y en ella medita de día y de noche, por tanto aunque venga el calor (las tribulaciones, problemas, enfermedades, etc.) ni los largos meses de sequía (el quedarse sin trabajo, el aspecto económico, las situaciones en el país, no haya nada en la casa, etc.) no ha de temer.
¿Qué pasa con este hombre o esta mujer? Que da su fruto en su tiempo y sus hojas están siempre verde y no caen. El Espíritu Santo es ese rio cuya corriente fluye en el ser humano y nos hace diferente. Por la tanto cuando vive en el corazón del hombre o mujer nos enseña, corrige, redarguye, dirige, etc. Y por la tanto, los que nos rodean, nuestra familias, amistades, el mundo no importa quien, debe en nosotros el fruto de él. Un fruto que no es hoy y mañana no. Es un fruto a corto y largo plazo. Es un fruto agradable porque aun en la distancia verán que nuestras hojas son verdes, pero u verde que brilla. Porque aunque hayamos pasado por la tormenta, el huracán, el valle de lágrimas, fuimos plantados, y el que nos planto sabe hasta dónde podemos llegar.
Nuestras raíces se fortalecieron en su Palabra, nuestras hojas en todos los procesos y que hemos pasado, en la tormenta, etc., y nuestro fruto se multiplica y multiplicara pues hemos sido plantados por el Espíritu Santo que nos llevara a nuestro Salvador Jesús y nuestro Padre Dios.
¡Entonces no te rindas! Y sigue hacia adelante. Y si no tienes a Cristo acéptale y veras que con el todo se puede. ¡Dios te bendiga!
Hna. Nancy V. García Plaza