11/02/2026
No es un cuento, realmente sucedió. ¿Sucedió o sucede? Juzgue usted.
Hace siglos unos jóvenes llegaron a otra tierra, porque no tenían otra opción. Dejaron atrás sus sueños, su familia, para vivir en un lugar que era el reino que dominaba sobre otros reinos.
Podemos decir que no les fue mal. El rey los becó. Les dio hospedaje, les enseñó la lengua y también comerían de la comida real. ¡Tremenda oferta, considerando el destino que sufría el resto de su pueblo! En el grupo, como pasa muy a menudo, hubo unos jóvenes que rechazaron la comida del rey. Podemos decir que eran ¨quisquillosos¨, porque no querían ¨contaminarse ni con la comida ni la bebida del rey. A pesar de que corrían tremendo riesgo, lo hicieron. Dice la historia que se alimentaron de legumbres y su rostro fue el mejor que el de sus compañeros.
Pasado el tiempo, el rey organizó un evento nacional, estaría presente el pueblo y los líderes principales. El rey hizo una estatua gigante. El día del gran evento, llegaron todos, líderes, gobernadores y el pueblo. Llegó el momento esperado. ¡La música sería la señal! Una vez escucharan la música, era el momento de inclinarse y adorar la estatua y … así lo hicieron. El pueblo obediente a su rey se rindieron al sonido de la música y se inclinaron ante la gran estatua y le adoraron. Todos… excepto tres varones, desobedientes, ingratos, rebeldes. Olvidaron todo lo que el rey había hecho por ellos, todos los privilegios y atenciones y se negaron a hacer los que todos hacían con alegría y sin cuestionar ni protestar, solo disfrutando de la música se inclinaron y adoraron, pero ellos no. ¡Fueron atrevidos!
El rey los manda a llamar, les cuestiona y les amenaza. El castigo: ser lanzados al horno de fuego. Tarea fácil, considerando que, entre tanta gente, eran solo tres.
Ellos le dijeron al rey que no le iban a responder a sus cuestionamientos. Que su Dios los podría librar del horno de fuego y que si no lo hacía, aun así no adorarían a sus dioses. ¡Estos muchachos eran bravos!No juzgaron a nadie, se enfocaron en caminar donde nadie caminaba. Muchos llegaron a la tierra y disfrutaron de la mismas oportunidades, pero solamente tres caminaron a través del camino de una fe que los sostendría aun si la muerte llegaba.
Fueron echados al horno de fuego, calentado sin piedad, tres jóvenes que se negaron a seguir la corriente del mundo que les tocó vivir. El rey observa con detenimiento y se da cuenta que en el horno, los jóvenes no estaban solos. Había un cuarto hombre. El rey que los manda matar, pide que los saquen y bendice al Dios de estos jóvenes.
Siglos después, el Dios de estos jóvenes envía a su hijo a la tierra. Este no correría la suerte de estos jóvenes. No sería librado. Moriría vilmente, pero su muerte salvaría a quien le reconoce.
También recibió una jugosa oferta para adorar a Satanás, pero al igual que los tres, la rechazó.
¿Sabes lo que dijo antes de morir? Algo parecido a lo que vivieron los tres jóvenes.
Que no juzgues a los demás, para no ser juzgados. También dijo que la puerta para salvación es angosta y puerta de la perdición es ancha. Invitó a a humanidad a caminar el camino de la fe, donde pocos caminan.
Cuenta la historia que este relato se repite. Se observa la muchedumbre siendo seducidos por los favores recibidos, la multitud se reúne y al sonido de la música se inclina a adorar. Sin embargo aun siguen de pie los tres….. sin temor al horno, porque allí hay uno que tiene todo el poder y la autoridad. Todavía hay tres que escogen el camino de los pocos. ¿Minoría. . .?
Madeline Pauneto
Pastora