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15/06/2026
Amados hermanos en Cristo, continuamos un día más reflexionando sobre las emociones que se han apoderado del corazón del...
15/06/2026

Amados hermanos en Cristo, continuamos un día más reflexionando sobre las emociones que se han apoderado del corazón del ser humano: la envidia y el orgullo. He observado con preocupación cómo muchos hermanos que dicen llevar a Cristo en su corazón se jactan de ser orgullosos, y esto rompe mi corazón y estruja mi alma.

Hermanos míos, si seguimos el ejemplo de Cristo, una cosa es segura: encontraremos que Su humildad fue desbordante con todos los que se encontraban a Su alrededor. Pues Él, aun siendo Dios, se rebajó hasta lo sumo y vino al mundo como un pequeño niño en un pesebre. Nunca necesitó expresar Su magnificencia con ángeles en el cielo ni con poder exacerbado; más bien, el hecho de tener el poder para hacerlo y no haberlo hecho, rebajándose hasta la muerte, y muerte de cruz, nos habla de cuán grande es Su humildad.

Jesús nos dejó una hermosa enseñanza sobre esto. Mientras lavaba los pies de Sus discípulos, aun siendo Él el Maestro, nos dice:
“Les di mi ejemplo para que lo sigan. Hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Les digo la verdad: los esclavos no son superiores a su amo, ni el mensajero es más importante que quien envía el mensaje”.

Por todo esto, hermanos míos, Jesús es el ejemplo perfecto de humildad para nosotros, los que creemos en Él y seguimos Sus pasos.

En este punto podemos preguntarnos: ¿a qué se debe la humildad de Cristo? La respuesta es clara: Cristo siempre tuvo las palabras de Su Padre en Su mente, que dicen: los altivos serán humillados, pero los humildes serán exaltados. Recuerda que el Señor examina el corazón e inspecciona tu alma. Que tus buenas obras no te conviertan en arrogante hacia los demás; si Dios te ha dado dones, úsalos para el bien y no para el mal.

Amados hermanos, los invito a que inspeccionen su alma y su carne, y encuentren esos puntos frágiles donde el orgullo intenta tomar el control.

Asimismo, dice el Señor: si de algo han de gloriarse, que sea de conocerme a Mí y de andar por Mis caminos. Así que te pregunto, amado hermano: ¿has seguido las instrucciones del Señor tu Dios? ¿Cuál fue la última instrucción que te dio? ¿La has obedecido?

Quisiera retomar este punto recordándote que el Señor ha pedido tu corazón. Él desea que estés con Él mañana, tarde y noche, pues estar con el Señor es la única manera de permanecer en Sus caminos. Por ello, los animo, amados hermanos, a que sigamos el ejemplo de Jesús en nuestras vidas y que, así como Él, mostremos Su humildad al mundo.

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Quiero Conocer A Jesús (Yeshua)Mi orgullo me s**o del jardínsu h...

12/06/2026

en la fe, un día más me dirijo a ustedes para reflexionar sobre las palabras de nuestro Señor y Padre, preocupado por el dominio que la envidia y el orgullo han tomado en el corazón del ser humano. El orgullo y la envidia son emociones que suelen despertarse ante el actuar del ser humano en algún ámbito de su vida.

En el caso de la envidia, el desempeño impecable de los demás puede despertar un profundo sentimiento de inferioridad e intranquilidad. He conocido muchos casos de hermanos en la fe que se comparan con otros y consideran que sus acciones son menores que las de los demás. Desean tener las bendiciones o los dones que el Señor nuestro Dios ha otorgado a otros, sin siquiera poder observar lo que Dios ha puesto sobre sí mismos.

Pues el Señor, más que nadie, conoce el corazón y entiende lo que merece cada cual. Recordemos que el Señor nos ha advertido que Sus caminos son más altos que los nuestros y Sus pensamientos mucho mayores. Por tanto, no pierdan la esperanza y busquen los dones que el Señor les ha dado en su interior; potencien lo propio y amen aquello que el Señor tu Dios, en Su infinita bondad, te ha regalado.

Amado hermano en Cristo, el Señor entiende tu camino y comprende el plan que tiene para ti. Solo debes permitirle actuar en tu corazón y en tu mente. Deja que el Señor se apodere de tu corazón; medita en Sus palabras de día y de noche, como lo hacía David, y así Cristo podrá hacer Su obra en ti.

Ahora bien, amados hermanos, los exhorto a que se cuiden de la envidia y examinen a quién están envidiando. Porque si tu corazón envidia viajes, dinero o pertenencias, le estás quitando espacio a Cristo y estás convirtiendo esas cosas en tu dios, al darles mayor importancia que a Él.

Hermanos, recuerden mantener su vida centrada en Cristo y en Su voluntad. Y si no la conoces, pregúntale; habla con el Padre, y Él te dará las respuestas que necesitas.

11/06/2026

Amada familia en Cristo, este plan ha sido diseñado con la intención de reflexionar sobre dos temas que realmente afligen con intensidad el corazón de los creyentes: la envidia y el ego. A lo largo de la Biblia podemos reconocer muchos ejemplos de envidia que han terminado en desastre. Los casos de Caín y Abel, de Saúl y David, o incluso el de los fariseos con el mismísimo Jesús, son algunos de ellos. Estas historias nos muestran una gran verdad: la envidia puede destruir el corazón.

Caín y Abel eran dos hermanos que se dedicaban, respectivamente, a cultivar la tierra y a pastorear. Sin embargo, las ofrendas de Abel eran mejor recibidas por el Señor, ya que él siempre apartaba lo mejor para el Señor. El espíritu de la envidia invadió el corazón de Caín y lo llevó a asesinar a su propio hermano.

Saúl era el rey de Israel, el ungido del Señor, quien se desvió de Sus caminos. David, por su parte, era un pastor que tocaba música para calmar al rey. David fue uno de los guerreros más fieles de Saúl; era leal a su casa y lo amaba de corazón. Pero Saúl tuvo miedo y, al darse cuenta de que David había sido ungido como rey, permitió que el espíritu de la envidia se apoderara de él. A partir de entonces, Saúl persiguió a David sin descanso para matarlo, y él mismo terminó muriendo a manos de su escudero en una batalla contra los filisteos.

Los fariseos eran sacerdotes del templo en la antigüedad, pero su visión había sido nublada. Estaban enceguecidos por la envidia hacia Jesús, un hombre sencillo de una pequeña aldea llamada Nazaret, pero que tenía el poder de movilizar a multitudes para escuchar Sus enseñanzas. A causa del espíritu de la envidia que había sobre ellos, terminaron sacrificando a su propio Salvador.

Estos ejemplos nos permiten ver con claridad que la envidia conduce al desastre y trae dolor y desdicha. Por eso, el Señor nos llama a reconocer la presencia del espíritu de envidia en nuestro corazón y a iniciar una batalla a Su lado en contra de este. El primer paso es reconocerlo, porque así el nombre de Cristo, que tiene poder, puede sanar tu alma. Te animo, hermano en Cristo, porque no será sencillo; pero recuerda que no es en tus fuerzas, sino en las de Cristo Jesús.

10/06/2026

Donde la ansiedad se rinde
Poesía

Se acabó la carrera. Esa urgencia constante en el pecho, esa voz que te dice que siempre vas tarde, que te falta hacer más, que tienes que sostenerlo todo para que el mundo no se derrumbe.

Hoy, soltamos el peso.

Porque a lo largo de estos días hemos recordado una verdad que es más grande que nuestra ansiedad: Tenemos un Pastor.

Y cuando Él guía, no hay por qué correr a ciegas. Cuando Él direcciona, el futuro incierto deja de dar miedo. Cuando Él guarda tu vida, la mente por fin puede descansar. Cuando Él unge tu cabeza, el ruido de la duda se apaga.

Ya no tienes que ganarte su cuidado con prisa. Su bondad no es un premio que te espera al final de una maratón; es el refugio en el que hoy decides quedarte.

No te empuja. No te exige ir más rápido. Te lleva junto a su pecho.

Y ahí, en ese abrazo que sostiene, la ansiedad pierde su voz. La prisa se detiene. Y el corazón, por fin, vuelve a latir en paz.

Reflexión

Hemos pasado estos días desenredando el corazón de la prisa y del ruido. La ansiedad se alimenta de una mentira muy sutil: la ilusión de que estamos solos, de que somos los únicos responsables de orquestar nuestro destino y de que, si no corremos, nos vamos a quedar atrás.

Pero mirar a Dios como nuestro Pastor desmorona esa mentira. Isaías nos recuerda que Él no nos arrea con prisa desde lejos; Él nos recoge y nos lleva junto a su pecho.

Cuando entiendes esto, tu manera de vivir cambia. Dejas de intentar adivinar el futuro porque sabes que Él te guía. Dejas de forzar puertas porque confías en que Él te direcciona. Dejas de vivir a la defensiva porque sabes que Él te guarda. Y cuando los pensamientos ansiosos intentan regresar de madrugada, Él unge tu mente con su paz, curando el agotamiento de tu alma.

09/06/2026

Un amor que no se va
Poesía

He tenido días buenos, y días que preferiría olvidar. Días donde todo fluye, y otros donde nada tiene sentido. Días donde me siento fuerte, y otros… donde apenas puedo conmigo mismo.

Y aun así, hay algo que no cambia. Tu bondad no se cansa de buscarme. Tu amor no se detiene cuando yo me detengo, no se aleja cuando me pierdo en mis pensamientos, no desaparece cuando me quedo sin fuerzas.

Sigue ahí. En lo simple, en lo cotidiano, en los momentos que nadie más ve. Como una presencia constante que no hace ruido, pero sostiene. Que no exige, pero permanece.

Y poco a poco lo entiendo… no tengo que ganarme tu amor, no tengo que perseguir tu cuidado, porque nunca se ha ido. Siempre ha estado, incluso en los días en los que yo no estaba bien.

Reflexión

La bondad y el amor de Dios no dependen de tu estado emocional, de tus logros o de tener una cercanía “perfecta” con Él. Este versículo es una promesa absoluta de constancia: Dios no entra y sale de tu vida dependiendo de cómo te portes o cómo te sientas. Él permanece.

Incluso en tus días de mayor desconexión, cansancio o confusión, su amor sigue fielmente tus pasos. Hoy no necesitas desgastarte tratando de alcanzarlo. Solo detente un segundo, respira y reconoce esta verdad: Dios no se ha ido… ni se irá.

08/06/2026

Paz en medio del caos
Poesía

No todo alrededor está en calma. Hay tensión, ruido, cosas que simplemente no encajan. Y aun así, Dios te invita a algo inesperado: a sentarte a la mesa. No a correr, no a pelear más fuerte, no a demostrarle nada a nadie… solo a confiar. A recibir paz aunque no todo esté resuelto. A descansar aunque tu entorno no cambie.

Porque lo que Él te da no depende de lo que pasa afuera. Y poco a poco lo entiendes… Sí hay cuidado, sí hay provisión, sí hay gracia, incluso aquí, en el centro del caos.

Reflexión

Solemos creer que necesitamos que todo esté perfecto y en orden para poder disfrutar de las bendiciones de Dios. Pero Él es experto en servir banquetes en medio de nuestras batallas.

La verdadera paz no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos. Hoy, frente a aquello que no puedes controlar, siéntate a la mesa que Él ha preparado para ti. Él sigue sosteniendo tu vida.

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