Iglesia Presbiteriana en Boquerón, PR

Iglesia Presbiteriana en Boquerón, PR La Iglesia Presbiteriana en Boquerón es una comunidad de creyentes al servicio de nuestro Señor Jesús

Jesús recorría todos los pueblos y las ciudades. Enseñaba en las sinagogas, anunciaba las buenas noticias del reino de D...
14/06/2026

Jesús recorría todos los pueblos y las ciudades. Enseñaba en las sinagogas, anunciaba las buenas noticias del reino de Dios, y sanaba a la gente que sufría de dolores y de enfermedades.
Y al ver la gran cantidad de gente que lo seguía, Jesús sintió mucha compasión, porque vio que era gente confundida, que no tenía quien la defendiera; estaban cansados y abatidos. ¡Parecían un rebaño de ovejas sin pastor!
Entonces, Jesús les dijo a sus discípulos: «Son muchos los que necesitan entrar al reino de Dios, pero son muy pocos los discípulos para anunciarles las buenas noticias. Por eso, vayan todos ustedes, mientras piden a Dios, el Dueño de la cosecha, que envíe más discípulos para que compartan las buenas noticias con toda esa gente.» (Mateo 9.35-38, paráfrasis TLA. bible.art)

Participando en la historia de la redención - iiReflexión para el Tercer Domingo luego de Pentecostés - AVolvamos a trae...
14/06/2026

Participando en la historia de la redención - ii
Reflexión para el Tercer Domingo luego de Pentecostés - A

Volvamos a traer a nuestra mente la imagen sobre las similitudes entre los tiempos descritos en el Evangelio de Mateo durante el ministerio de Jesús y los tiempos que estamos viviendo hoy en día.

La semana pasada hablábamos sobre la gente que estaba y está insegura. Cómo su forma de vivir se asemejaba y se asemeja a las “ovejas sin pastor.” Gente confundida e indefensa ante las circunstancias de la vida.

Señalamos que la razón para lo que acontecía en la época de Jesús obedecía principalmente a la falta de líderes religiosos y políticos con el propósito de servir a Dios y de servir al pueblo escogido. Frente a esta realidad, el ministerio de Jesús basado en el anuncio de las buenas nuevas logró atraer a multitud de personas.

Un ministerio que estaba motivado por la compasión hacia el pueblo de Dios y cuya manifestación se evidenciaba mediante el anuncio, la enseñanza y la sanidad.

De acuerdo al testimonio del evangelio, gran cantidad de gente comenzó a seguirle. Pero con la multitud vinieron varias revelaciones. “Eran muchos los que necesitaban entrar al reino de Dios, y había muy pocos discípulos para anunciarles las buenas noticias.”

Poco después de estas revelaciones, son nombrados los primeros discípulos. De inmediato fueron comisionados para compartir las buenas noticias con toda esa gente. El próximo paso fue su envío de dos en dos entre las gentes siguiendo las siguientes instrucciones: “Vayan y anuncien que el reino de los cielos se ha acercado. Sanen a los enfermos, resuciten a los mu***os, limpien de su enfermedad a los leprosos y expulsen a los demonios. Ustedes recibieron gratis este poder; no cobren tampoco por emplearlo.” (Mateo 10.7-8; DHH).

Marcos y Lucas registran en sus evangelios lo que aconteció de inmediato. “Entonces salieron los discípulos a decirle a la gente que se volviera a Dios. También expulsaron muchos demonios, y curaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite. Cuando los apóstoles regresaron, contaron a Jesús lo que habían hecho.” (Marcos 6.12-13; Lucas 9.6,10; DHH).

Aún cuando la Escritura contiene este poderoso testimonio, lxs llamadxs discípulxs de nuestra época, por regla general, viven una vida diferente. Creen en Jesús, se capacitan y se discipulan unxs a otrxs. Son sensibles a las necesidades de las gentes, y hasta sienten compasión de ellas. Pero cuando les corresponde anunciar las buenas nuevas, sólo se dedican a orar para que el Señor “envíe obrerxs porque la mies es mucha y los obreros son pocos.”

La verdad innegable es ésta. Aquellxs que anhelan ser discípulxs de Jesús, tienen la responsabilidad y la obligación de cumplir con su comisión de anunciar las buenas nuevas, enseñar con la vida y mostrar el camino a Dios, sanar a lxs enfermxs y liberar a lxs cautivxs de la esclavitud del pecado. No hay de otra. Y en el tiempo de Pentecostés que estamos viviendo nos ha sido confirmado que hemos recibido el poder para hacerlo.

Entonces, ¿qué nos pasa? ¿Por qué no estamos más activxs cumpliendo con nuestra comisión?

El problema fundamental radica en que no hemos trascendido el estado de sentirnos “ovejas sin pastor.” De continuo ponderamos nuestras dificultades y problemas por encima de nuestras capacidades y soluciones. Hemos dejado que los tiempos en que vivimos nos abrumen y nos roben la paz y las fuerzas para vivir abundantemente.

No nos hemos adueñado de este sabio consejo de la Escritura ni hemos entendido plenamente su significado: “Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.” (Romanos 12.1-2).

Podemos resolver nuestro problema fundamental si nos apropiamos adecuadamente del poder que el Espíritu nos ha dado. Ya es tiempo que nos demos cuenta que es imperativo y necesario vivir como verdaderxs discipulxs de Jesús si es cierto que “... el amor y la compasión de Jesús nos controla y nos motiva.”

Parafraseando las palabras de Pablo: “Él murió por nosotrxs para que ... no sigamos viviendo para nosotrxs mismos, sino para Él, quien murió y resucitó por nosotrxs. Por eso, ..., no vemos [las cosas] como lo hace todo el mundo. [Entendemos] que si alguien está unido a Cristo, se convierte en un ser nuevo que ha dejado lo viejo atrás ¡y está totalmente renovado! [Esa novedad de vida] viene de Dios, quien nos ha reconciliado con Él a través de Cristo y nos ha dado el trabajo de reconciliar a toda la gente con él. ... a través de Cristo, Dios [está] tratando de reconciliar al mundo con Él, .... Ese es el mensaje de reconciliación que nos encargó anunciar.” (2 Corintios 5.15-19).

Jesús llama a sus doce apóstoles y les confiere autoridad para continuar Su ministerio de sanidad.... Cabe señalar que el mensaje de los discípulos, de anunciar, como Juan el Bautista (3,2) y Jesús mismo (4,17) es que "el reino de los cielos se ha acercado". [Está claro] cuáles son las instrucciones de Jesús: enseñar, predicar, y sanar teniendo compasión por las gentes. [Además,] quienes siguen a Jesús, deben comprender que su vida no está exenta de dificultades por causa del Evangelio. ... Sin embargo, cualquier sacrificio es subordinado y sostenido por la compasión tanto de Jesús como de las personas que le acompañan en el mismo ministerio. (David Cortés Fuentes. Ayudas Litúrgicas. 18 de junio, 2023.)

¿Cuáles son las implicaciones para nuestra vida?

La motivación para seguir a Jesús, ya sea como un miembro de la iglesia, ya sea como líder en algún tipo de programa, ya sea en el ministerio, debe estar fundada en la compasión. La vida cristiana es mucho más que cánticos, oraciones, y vida devocional. La vida cristiana es seguir a Jesús, sentir como Jesús, actuar como Jesús, y confiar en su cuidado. (Ayudas Litúrgicas. Ibid.)

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Rvdo. Rubén Ortiz Rodríguez
a 14 de junio de 2026

Y mientras Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinie...
07/06/2026

Y mientras Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: "¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?" Jesús los oyó y dijo: "No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores." (Mateo 9.10-13 BLA. bible.art)

Participando en la historia de la redenciónReflexión para el Segundo Domingo luego de Pentecostés - APodemos cerrar nues...
07/06/2026

Participando en la historia de la redención
Reflexión para el Segundo Domingo luego de Pentecostés - A

Podemos cerrar nuestros ojos, y fácilmente construir con nuestra imaginación una imagen mental de las gentes cansadas y abatidas de las que nos habla el evangelio de Mateo (9.36). Eran como las gentes que vemos cada vez que nos aventuramos fuera de nuestros hogares. Incluso, ni tenemos que aventurarnos a salir. Con sólo escuchar la radio, o ver los telediarios es suficiente para “escuchar” y “ver” lo que está sucediendo en nuestro país/nación y sociedad.

La “nueva normalidad” en la que vivimos nos está “dando duro.” De una manera u otra, todxs estamos afectadxs. Nos sentimos insegurxs. Estamos temerosxs de salir a la calle. Cuando salimos, para hacer provisión para nuestras necesidades o para cumplir con nuestras responsabilidades, nuestro agotamiento, estados emocionales e inseguridades se notan.

Con palabras o con gestos, expresamos nuestros deseos de que se encuentre una solución pronto a todas las circunstancias que nos agobian, física y emocionalmente. Necesitamos un respiro, un reposo, un descanso para la serie de situaciones que se nos han venido encima.

Incluso, deseamos que nuestros líderes religiosos, comunitarios o políticos, nos provean una dirección clara para salir adelante.

La realidad es que también ellxs, siendo parte de nuestra sociedad, están en las mismas. Están igual de afectadxs que nosotrxs. Enfrentan las mismas necesidades físicas y emocionales por igual. Esto se hace más evidente cuando nos presentan “sus soluciones.”

Cada día, nos enfrentamos al hecho de que las soluciones posibles son “casi imposibles” y las posibles no son fáciles de alcanzar. Probablemente no están a la vuelta de la esquina.

¿Por qué no confesarlo, entonces? ¿Por qué no reconocer la verdad? Si Jesús nos mirara en estos momentos, sentiría compasión de nosotrxs, porque estamos cansadxs y abatidxs. Somos como un rebaño que no tiene pastor.

¿Cómo lo sabemos? Día tras día nos repetimos a nosotrxs mismxs una serie de conceptos trillados que sólo producen seguridad momentánea sin un efecto permanente. Si realmente lo produjeran, no tendríamos que repetirlos. Con verbalizarlos una sola vez, creerlos verdaderamente, y ponerlos en práctica producirían su efecto y éste sería duradero.

Seamos valientes y reconozcamos nuestra situación. Este primer e importante paso nos ayudará a comenzar a caminar en la dirección correcta. Recordemos al Salmista quien confesó lo siguiente: “Mientras guardé silencio, me debilitaba cada día más. Mi vida se hacía más difícil cada día. Toda mi fuerza desaparecía. Selah” (Salmo 32:3-4, paráfrasis nuestra)

El reconocimiento de nuestra condición, producirá en nosotrxs el mismo efecto liberador que produjo en el Salmista: “Entonces, Señor, decidí confesarte mi situación; no te escondí ninguna de mis circunstancias. Decidí confesarte mis errores, Señor, y tú perdonaste todas mis culpas. Selah” (Salmo 32:5, paráfrasis nuestra).

Al ser sincerxs ante Dios, y llegar ante Su presencia sin pretensiones de nuestra parte, descubriremos que “el Señor es bueno, su amor es eterno, y su fidelidad no tiene fin.” (Salmo 100). Dejaremos de ser ovejas sin Pastor.

El principio detrás de esta posibilidad está en reconocer a quién es necesario escuchar. Hay ovejas que reconocen la voz de un buen pastor, lo escuchan y le siguen. Así fue como Abram supo reconocer la voz de un Dios verdadero entre el silencio ensordecedor de los ídolos mudos.

Los ídolos mudos son fácilmente reconocibles porque quienes “hablan” por ellos no lo hacen con la verdad. Repiten mentiras hasta que las hacen creíbles para ellxs mismxs y para lxs que les prestan sus oídos. Son tan manipuladores de la verdad, que son capaces de engañar incluso a lxs escogidxs si no tienen discernimiento de lo alto, algo de lo cuál nos advirtiera el Buen Pastor. (Marcos 13.6; Mateo 24. 5, 11, 24)

Se aprovechan de que los seres humanos somos personas complejas. Nuestras vidas son un acto constante de buscar el balance entre el exceso y la carencia. Se nos enseña a tratar de vivir “vidas normales” en las que disfrutemos de una existencia en paz, felices y sin preocupaciones. Se nos motiva continuamente a buscar una vida en la que logremos satisfacer nuestras necesidades básicas (alimento, descanso, salud, etc), sentirnos segurxs (empleo, recursos, protección, etc), sentir que pertenecemos (afecto, amistades, relaciones sociales, pareja, etc.), y que somos reconocidxs (confianza, prestigio, respeto, logros, éxito, etc). (Abraham Maslow. Jerarquía de necesidades).

Sin embargo, los seres humanos también tenemos la capacidad y la necesidad de razonar. Su ejercicio viene acompañada de entendimiento; la capacidad de reconocer y de valorar lo que es bueno y lo que no lo es. También le acompaña la capacidad de tomar decisiones. Nos damos cuenta que somos seres con emociones y sentimientos. Y cuando reflexionamos sobre nuestra forma de vivir, todas estas facetas de la vida humana se hacen reales porque continuamente nuestras acciones y palabras expresan lo que pensamos, entendemos, deseamos y sentimos.

Esta capacidad de razonar también nos ayuda a discernir y “ver” más allá de los obstáculos. Nos ayuda a trascender. Así es como podemos reconocer y seguir la voz del Buen Pastor, no importando las circunstancias. Es así que descubrimos que Dios tiene un plan para lxs que le escuchan. Un plan para que le conozcamos tal y como Él es. También hay lugar para que los seres humanos nos conozcamos tal y como somos, como Él los conoce. Después de todo, fuimos creados con el fin principal de glorificar a Dios (1 Cor. 10:31; Ro. 11:36) y g***r de Su presencia para siempre. (Salmo 73:24-26; Jn. 17:22, 24). (Catecismo Menor de Westminster. Pregunta 1.)

Es por eso que en el plan de Dios siempre ha estado la oportunidad para que podamos vislumbrar lo que podemos llegar a ser como seres humanos. Tal posibilidad nunca ha estado oculta. Como ejemplo, tenemos los testimonios de los salmistas que nos hablan de un Dios que se muestra fiel, leal y amoroso. También tenemos el testimonio de los apóstoles, que siendo inspirados por el Espíritu testificaron de Jesús, sus enseñanzas y obras maravillosas.

Esos testimonio nos llevan a entender que Jesús “...vino a invitar a los pecadores para que sean sus discípulos, no a los que se creen buenos. Los que necesitan del médico son los enfermos, no los que se creen sanos.” El Espíritu nos ayuda a entender que “mejor es que vayamos y tratemos de averiguar lo que Dios quiso decir con estas palabras: "Prefiero que sean compasivos con la gente, y no que me traigan ofrendas". (Mt. 9.12-13)

En esta dirección también el Espíritu nos ayuda a discernir que el antídoto a la soledad individual que experimentan las ovejas sin pastor cambia cuando aprendemos a ser un rebaño que busca una relación con Dios. Se hace realidad y se fortalece en la vida comunitaria de la familia de Dios.

De hecho, la relación comunitaria es parte fundamental y se hace presente en el pacto de Dios con Israel, su pueblo, y cuando celebramos el Nuevo Pacto mediante el bautismo, el pan y la copa. Cada vez que lo hacemos anunciamos a todxs que Jesús vino a cambiar nuestros corazones, transformar nuestras mentes y renovar nuestros entendimientos.

Entonces, vivamos plenamente como familia de Dios para la mayor gloria de Su nombre. Hagamos lugar para que lxs enfermxs y pecadorxs puedan recibir la visita de nuestro Señor, sean sanadxs y perdonadxs. Como cuando la comunidad que se describe en Mateo respondía positivamente al ministerio de Jesús porque Él estaba entre ellxs y los acompañaba.

Responde con sinceridad: ¿Tu familia de la fe vive plenamente lo que profesa? ¿Invita a lxs enfermxs y pecadorxs a la mesa de sanidad y perdón? ¿Busca con intencionalidad a los enfermxs y pecadorxs? ¿Lxs hacen partícipes de la historia de la redención?

Por supuesto, esto sólo es una realidad si tú, en tu carácter personal, eres un/a participante activo/a en la historia de la redención...

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Rvdo. Rubén Ortiz Rodríguez
a 7 de junio de 2026

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has puesto en su lugar, ¿qué es el ser hu...
31/05/2026

Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has puesto en su lugar, ¿qué es el ser humano para que te acuerdes de él, el hombre y la mujer para que los cuides? (Salmo 8.3-4, paráfrasis. bible.art)

La relación entre “la historia de la creación  y la historia de la redención”Reflexión para el Domingo de la Trinidad - ...
31/05/2026

La relación entre “la historia de la creación y la historia de la redención”
Reflexión para el Domingo de la Trinidad - A

Hay textos bíblicos que nos sorprenden por sus afirmaciones. Dos de ellos los encontramos en las lecturas del Leccionario para hoy, Domingo de la Trinidad.

Casi al finalizar la creación, en el sexto día encontramos a Dios afirmando lo siguiente: «Ahora hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza.» Inmediatamente, crea al al hombre y a la mujer con el poder de Su Palabra. A continuación los bendice para que se fructificaran y sostuvieran la creación. Y al igual que al finalizar los días anteriores, Dios mismo hace nuevamente el siguiente comentario: "Dios vio todo lo que había hecho, y todo había quedado muy, pero muy bien."

¿Qué nos sorprende aún de este texto tan conocido? Varias certezas: Dios es quien nos creó. Dios es quien afirma que lo hizo bien.

¿Por qué nos sorprende? Porque aunque esta afirmación se hace en el primer capítulo del primer libro en nuestras Biblias, nosotrxs insistimos en la visión negativa que describe al ser humano como malo, corrupto, y depravado. Más aún, me dirán que esas apreciaciones sobre el ser humano se validan todo el tiempo por las manifestaciones del maldad que vemos en nosotrxs y en lxs demás todo el tiempo.

Algunxs, utilizando su conocimiento bíblico dirán incluso que tal apreciación de Dios sobre la bondad del ser humano precede a su caída y desobediencia.

Si esta interpretación es cierta, ¿por qué el Salmista está sorprendido de la acción del Dios imponente cuando piensa en el ser humano y lo toma en cuenta? Este Salmo es el segundo de esos textos bíblicos que nos sorprenden porque afirma una vez más, mucho tiempo después de la caída del ser humano descrita en el capítulo 3 del Génesis, "¿Qué es el ser humano para que de él te acuerdes, y ... para que lo cuides? ¡..., lo has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronas de gloria y majestad!" (Salmo 8:4-5, LBLA)

Definitivamente, existe una visión encontrada entre lo que Dios ve en nosotrxs y lo que nosotrxs vemos en nosotrxs mismxs. Sí, vuelva a leer la oración anterior y repítanla todas las veces que sea necesario hasta que capten su sentido.

Cuando Dios nos mira, ve en nosotrxs al ser humano que creó con el poder de Su Palabra, que tiene virtud y la capacidad para la bondad. Dios nos creó así. Ve en nosotrxs nuestras capacidades y virtudes. Ve a un ser humano que merece ser buscado, rescatado y salvado.

De la misma manera que nos equivocamos al reflexionar sobre quiénes somos y nuestras capacidades, también estoy seguro que nos equivocamos cuando reflexionamos acerca de quién es Dios. Tratamos de que nuestra mente humana, cautiva de nuestra pobre condición espiritual, intente entender a Dios.

Pero, ¿quién es Dios? Inicialmente, las Escrituras nos hablan de un Dios Creador que con el poder de Su Palabra, trajo orden cuando creó los cielos y la tierra. Entre todo lo creado, y al final del sexto día, creó al ser humano a su imagen y semejanza. (Génesis 1.26-27) Repetimos la idea una y otra vez sin saber muchas veces lo que realmente significa.

En primer lugar, esa idea no tan sólo nos habla de quién y qué es el ser humano. También nos da los primeros atisbos de un Dios que desea ser conocido. No se oculta. Luego de crear, acompaña al ser humano en el huerto que creó para su sostén y disfrute de todo lo creado.

Y es por eso que , "Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él." (Juan 3:16-17, PDT)

En este Domingo de la Trinidad, donde celebramos la manifestación plena de Dios, queremos afirmar la visión de Dios sobre su creación y su amor demostrado para salvar al ser humano. Queremos reflexionar sobre el hecho innegable de Sus acciones a través de la historia humana para buscar y salvar lo perdido.

Cuando miremos a nuestro alrededor, y parezca que no hay salida para la maldad y sus consecuencias en el ser humano, recordemos que Dios tiene una visión diferente de nosotrxs. Nos ha salvado por medio de su Hijo para que nosotrxs seamos testimonios vivientes de Su amor y sus cuidados. Para que en toda circunstancia, abramos nuestras mentes y corazones a la visión de Dios sobre todas las personas y seamos instrumentos de Dios para mostrarla.

¿Cuáles son las implicaciones para nuestra vida?

La historia de la creación en Génesis 1,1-4a nos habla del carácter creador y la providencia de Dios. Desde la perspectiva cristiana, la confesión de "Creo en Dios, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra" que va acompañada de la confesión "y en Jesucristo su único Hijo, Señor nuestro" une la historia de creación con la historia de la redención. Es otra forma de afirmar la naturaleza creadora y la providencia de Dios. Además, así como Dios se interesa por su creación, la Iglesia debe imitar a Dios en su interés por el cuidado y el mantenimiento de la buena creación hecha por Dios. (David Cortés Fuentes. Ayudas Litúrgicas. 4 de junio de 2023.)

Finalmente, al afirmar nuestra confesión en el Dios creador, redentor y sustentador, lo hacemos en la esperanza de que toda la historia de la creación se dirige a su consumación cuando se cumpla la visión de Apocalipsis 21.1 y 4: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva" y "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron". (David Cortés Fuentes. Ibid.)

Rvdo. Rubén Ortiz Rodríguez
a 31 de mayo de 2026

Al llegar la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, .... Jesús entró y , poniéndose en medio de los discípul...
24/05/2026

Al llegar la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, .... Jesús entró y , poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: “¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.” Y sopló sobre ellos, y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo.” (Juan 20.19-23, DHH. bible.art)

El “momento oportuno” para experimentar la “presencia” de DiosReflexión para el Domingo de Pentecostés - AEs cuestión de...
24/05/2026

El “momento oportuno” para experimentar la “presencia” de Dios
Reflexión para el Domingo de Pentecostés - A

Es cuestión de esperar el momento. Ya lo dijo el Predicador: "Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo..." (Ecc 3:1)

¿Cómo reconocer ese tiempo oportuno? Muchas veces sentimos que estamos a destiempo, especialmente cuando las circunstancias no nos son favorables o entendemos que no son las apropiadas.

En Eclesiastés podemos reconocer a un predicador (maestro) cansado emocionalmente por las "cargas de la vida" que ha llevado sobre sus hombros durante mucho tiempo. Desde el inicio de sus reflexiones, hace afirmaciones como las siguientes: "todo es vanidad..."; "no hay nada nuevo bajo el sol..."; "nada tiene sentido...".

Por supuesto, estos arranques de frustración salen de su humanidad y de que a lo largo de su vida se apartó consistentemente de lo que se había propuesto al asumir su rol de líder. Esto nos puede resultar entendible. Muchas veces, a nosotrxs nos ha pasado lo mismo y/o nos sentimos de igual manera. Nuestra mente no alcanza a entender lo que acontece y el por qué de lo que ocurre. Nos sentimos insegurxs.

Quisiéramos sentirnos de otra forma pero no sabemos cómo. Muchas veces buscamos ayuda en otras personas, pero ellas están igual que nosotrxs. Están viviendo en las mismas circunstancias y tienen las mismas interrogantes, los mismos temores, desalientos y desaciertos.

Sin embargo, ¿por qué la actitud del Salmista es diferente a la del Predicador? ¿Qué sabe el Salmista que el maestro o nosotrxs no sabemos? Con seguridad expresa que habrá de entonar cánticos y alabanzas mientras tenga vida. ¿Cómo puede cantar no importando las circunstancias en que vive? En el Salmo reconoce que a su alrededor hay personas perversas y pecadoras, y nos podemos imaginar las consecuencias de lo que esa presencia produce.

Sin embargo, si volvemos a leer el Salmo, sólo dedica parte de un verso para referirse a esas personas. Con excepción a esa referencia (v. 35a), todo el contenido del Salmo se dedica a mostrar dónde él ha descubierto a Dios y dónde ha sentido la manifestación de Su presencia. Nos habla de lo que Su presencia produce en todo y en todos. Y nos habla de la respuesta que dan todxs lxs que han sentido Su presencia.

Con razón. Estar consciente de la presencia de Dios, y tener la capacidad de percibirla, hace una gran diferencia en la vida del Salmista. Y también la puede hacer en nosotrxs.

Aunque muchas veces no nos damos cuenta del “momento oportuno” o de “Su presencia” lo cierto es que las afirmaciones del Salmista son contundentes: “¡Cuántas cosas has hecho, Señor! Todas las hiciste con sabiduría; ¡la tierra está llena de todo lo que has creado!” (Salmo 104.24). Y luego de hacer una enumeración de todo lo que se puede encontrar en el mar ancho y extenso, y cómo Dios lo cuida y lo sostiene, termina su pensamiento con esta afirmación: “... si escondes tu rostro, se espantan; si les quitas el aliento, mueren y vuelven a ser polvo. Pero si envías tu aliento de vida, son creados, y así renuevas el aspecto de la tierra.” (Salmo 104.29-30).

El salmista está consciente de que eso no pasa únicamente con las criaturas del mar o de la tierra. También sucedía con los seres humanos

Por muchos siglos, desde el mismo momento de la desobediencia de la humanidad esta era la realidad a la que todas las personas se tenían que enfrentar. “Así será hasta el día en que mueras, y vuelvas al polvo de la tierra, del cual fuiste tomado. Tú no eres más que polvo, ¡y al polvo tendrás que volver!” (Gé. 3:19).

No cabe duda que esta realidad pesaba sobre la mente y el corazón de todxs. Es por eso que Dios envió dos mensajeros. El primero de ellos habló en nombre de Dios, y dijo: "Huesos secos, escuchen el mensaje del Señor." Así [le dijo] el Señor Dios a estos huesos: "Voy a hacer que entre en ustedes aliento de vida para que tengan vida de nuevo. Les pondré ligamentos, los cubriré con carne y piel. Pondré en ustedes un espíritu que les dará vida. ¡Entonces sabrán que yo soy el Señor!" (Ezequiel 37.4-6).

El segundo también transmitió un mensaje poderoso: “Después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad. Sus hijos e hijas profetizarán, los ancianos tendrán sueños, y los jóvenes tendrán visiones. En esos días también derramaré mi espíritu sobre los siervos y las siervas. .... Y todo el que confíe en el Señor será salvo. Habrá refugio en el monte Sión y en Jerusalén, como ha dicho el Señor. Entre los sobrevivientes estarán los llamados por el Señor.” (Joel 2:28-29, 32)

Ciertamente el mensaje de Job era para todxs lxs llamadxs por el Señor. Llegado el “momento oportuno” de Dios, “Su presencia” se hizo sentir como un viento recio y lenguas de fuego sobre “sus hijos y sus hijas” Dios cumplió sus promesa antiguas, y desbordó la plenitud de Su Espíritu en los que habían estado con Jesús durante su ministerio y ellxs comenzaron a relatar en otros idiomas y lenguas las cosas maravillosas que Dios había hecho.

La promesa de Joel no era únicamente para el pueblo de Israel. También era para todxs lxs llamadxs por el Señor. Gente de Jerusalén, de Samaria, y de todas las naciones de la Tierra donde lxs discípulos testificarían las obras maravillosas del Señor. (Mateo 28.19-20). El desbordamiento del Espíritu sobre lxs discípulxs completó su capacitación para cumplir con el ministerio de llevar el mensaje que aprendieron, y para que fuese entendido en los diversos idiomas y lenguas de su época.

En su ministerio descubrieron también que Dios no hace acepción de persona, y que el Espíritu se manifiesta sobre todxs lxs que son llamadxs por el Señor. (Hechos 10). Después de todo, la promesa dada por Joel fue hecha para toda persona que confíe en el Señor.

En su caminar, dirigidxs por ese Espíritu, aprendieron a confiar en Sus manifestaciones y “su presencia”. Comprendieron que mientras ellxs hablaban de las obras maravillosas de Dios, el Espíritu prodigaba su gracia, renovaba la vida de lxs que escuchaban el Mensaje, aumentaba su fe, y lxs unía con todxs lxs creyentes en un sólo cuerpo, la Iglesia. (Breve Declaración de Fe. 11.4. líneas 52-57; 1 Corintios 12).

Aún hoy, "el mismo Espíritu que inspiró a profetas y apóstoles norma nuestra fe y vida en Cristo por medio de la Escritura, nos compromete por medio de la Palabra proclamada, nos hace suyxs en las aguas del bautismo, nos alimenta con el pan de vida y la copa de salvación, y llama a mujeres y hombres a todos los ministerios de la Iglesia." (Breve Declaración de Fe. 11.4. líneas 52-57).

Si realmente entendemos esto, y levantamos nuestra vista, nos daremos cuenta que para muchas personas su realidad era como la del pueblo de Israel. Sienten y viven como si sus huesos se hubieran secado, sienten que su esperanza pereció y que sus vidas han sido del todo destruidas. ¿Frente a esta realización qué haremos? ¿Cuál será nuestra respuesta? Para ayudarnos a responder, ante nosotrxs están las respuestas de Joel, Ezequiel, Jesús. Lxs que recibieron la promesa, vivieron en esperanza y experimentaron en sus propias vidas su cumplimiento. “Si ustedes perdonan los pecados de alguien, serán perdonados. Si callan, no lo serán.”

Rvdo. Rubén Ortiz Rodríguez
a 24 de mayo de 2026

A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos;  tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. ...
17/05/2026

A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les he entregado las palabras que me diste, y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. (Juan 17.6-8, NVI. bible.art)

Enfrentando las dificultades mientras servimos al Señor ResucitadoSéptimo Domingo luego de la Resurrección - AMuchas vec...
17/05/2026

Enfrentando las dificultades mientras servimos al Señor Resucitado
Séptimo Domingo luego de la Resurrección - A

Muchas veces pienso que nosotrxs tenemos un entendimiento desenfocado o una idea romantizada sobre las personas que se mencionan en la Biblia. Es muy cierto que ellxs nos precedieron en el camino de la fe. Fueron participantes activxs en lo que para nosotrxs es la historia de la salvación.

Leemos sobre sus vivencias, sus testimonios, sus triunfos, sus momentos difíciles, sus aciertos y también sus desaciertos. Hemos leído tantas veces de ellxs y utilizamos sus "testimonios" como enseñanzas morales, que muchas veces pasamos por alto el hecho de que eran seres humanos de carne y hueso, como tú y como yo.

Pasaron por momentos felices, pero también conocieron las lágrimas. Nos los podemos imaginar saludables, pero sabemos que también tuvieron sus encuentros con la enfermedad. Conocían sobre la vida y la muerte, e intentaban darles una explicación. Tuvieron sus encuentros con los poderes políticos, religiosos, sociales y culturales de su época, y por momentos tuvieron que sentirse tan frustrados o más que nosotrxs cuando no pudieron confiar en sus líderes.

También llegaron a tener una visión de su futuro. Con sus limitados conocimientos y experiencias habían tejido sus ideas, expectativas, esperanzas y posibilidades. De su experiencia religiosa habían aprendido las ideas de un Dios, una tierra prometida, un Mesías, un pueblo escogido, un Reino de Dios, y la posibilidad futura de una vida eterna. Y al igual que nosotrxs, descubrieron que la realidad podía ser muy diferente a las ideas que tenían de ella.

Hablando de nuestra realidad, ¿cómo describimos la “historia” de nuestra salvación? ¿Cómo hablamos y testificamos de ella? ¿Cómo vemos nuestro presente? ¿Cómo enfrentamos las dificultades y los ataques del enemigo? ¿Cómo nos imaginamos nuestro futuro?

A causa de su realidad, para lxs que nos precedieron en este peregrinaje por la vida, Dios era visto como un ser distante. No había tal cosa como ríos de leche y miel. Eso era sólo una leyenda del pasado. Y el Mesías encontrado distaba mucho del mesías imaginado. El único reino que conocían, en el que vivieron y murieron, era el de los “hombres”, injusto y corrupto.

El Evangelista Juan describe la situación de este pueblo que una vez habló de sí mismo como "pueblo escogido por Dios, rescatado y llevado a una tierra donde fluía la leche y miel:" Jesús ... vino al mundo que le pertenecía, pero su propia gente no lo aceptó. Pero a los que lo aceptaron y creyeron en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” (Juan 1:11-12, PDT)

Cuando las personas se miran a sí mismas, sus circunstancias, sus problemas, sus situaciones y se piensan el centro de su propia vida pierden la capacidad de trascender. Pierden el sentido de la vida y hasta pierden su identidad como pueblo de Dios. ¿Es posible que esto también esté ocurriendo entre nosotrxs?

Aunque Su pueblo se había extraviado, Dios no había olvidado a lxs que eran suyxs. Estaba con ellxs en cada crisis, a cada momento. Lxs amaba y en los momentos más difíciles de sus vidas, les envió a Su Hijo para que al creer en Él recibieran la vida eterna. Una vida que recibirían, no en el futuro indefinido sino en el momento que creyeran en Él. Un regalo de gracia.

En el momento preciso y determinado por Dios, a través de Jesús habían experimentado también el Reino de Dios. Las buenas nuevas habían sido dadas a lxs pobres; lxs quebrantadxs de corazón habían sido sanadxs; las multitudes habían sido alimentadas; las personas enfermas sanadas; las personas atadas liberadas. El tiempo agradable y de gracia había sido pregonado y lo habían comenzado a vivir. (Lc 4.17-18).

Y a pesar de que habían vivido esas realidades, se atrevieron a preguntar: “Señor, ¿no crees que este es un buen momento para que le des a los israelitas su reino?” Lo que sucedía en ellxs era que aún no habían experimentado la bendición del Espíritu Santo. Cuando esta experiencia se hiciera una realidad en ellxs, entenderían que “el Reino no vendría únicamente para Israel, sino que alcanzaría hasta lo último de la tierra. ... el proyecto de salvación tenía que insertarse en la historia humana a través del testimonio de los apóstoles y discípulxs. ... Para esto se recibiría la fuerza del Espíritu Santo que acompañaría a lxs discípulxs y los asistiría en todo tiempo, especialmente en las situaciones difíciles y adversas.” (Samuel Almada. Estudio Exegético-Homilético 26, ISEDET, Buenos Aires, mayo de 2022.)

Hablando de las situaciones difíciles y adversas, el Apóstol Pedro nos señala cómo actuar cuando suceden. “Vivan bajo la autoridad de Dios en humildad, quien es poderoso. Depositen sus preocupaciones en Sus manos, porque Él es quien los cuida. Estén atentos y listos para enfrentar lo que les ocurra. Si no dudan y confían plenamente en Dios, podrán resistir todo ataque.” (1 Pedro 5.6-9 en paráfrasis).

Las palabras de Pedro son uno de los testimonios de vida de lxs seguidorxs por los que Jesús había intercedido. (Juan 17). En su oración, “Jesús hace varias peticiones específicas, entre ellas, está [la] del versículo 15: ‘No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno’. Es importante notar que Jesús quiere que sus discípulos vivan tal y como lo hizo él, no apartado o escondido entre las paredes del templo o la sinagoga, sino en el monte y en el valle, en el campo y en la ciudad, a orillas del lago con los pescadores y cruzando fronteras con el pueblo samaritano. Además, nos advierte, por medio de esta oración, que debido a la fidelidad enfrentaremos oposición: ‘y el mundo los odia, porque ellos no pertenecen al mundo’ (v. 14b). Por tanto, Jesús pide protección para sus discípulos. Sin embargo, hay algo más. Jesús pide por nuestra seguridad y también por nuestra unidad. Esta oración nos recuerda que trabajar por la unidad de la iglesia no es una moda pasajera, sino parte de la voluntad divina, y que la verdadera unidad no tiene nada que ver con la uniformidad, sino que, por el contrario, tolera y celebra la diversidad. Después de todo, confesamos a un Dios Trino, un Dios con una diversidad de personas con identidades particulares que se relacionan y colaboran entre sí para el bien desde el principio de la creación.” (Rvda. Magdalena García, en Ayudas Litúrgicas para el 21 de mayo de 2023.)

“Vayan por todo el mundo… Estas palabras están dichas también para nosotrxs. Somos continuadores de su obra. Somos compañerxs en la misión. Gracias, Jesús, por tu confianza. La mies es mucha y los obrerxs pocxs. Queremos ser unx de ellxs. Muchas personas están caídas y pasamos de largo.

Queremos ser el buen samaritano. Conviértenos primero a nosotrxs, para que podamos anunciar tu Buena Noticia. Danos audacia, en este mundo escéptico y autosuficiente. Danos esperanza, en esta sociedad recelosa y cerrada. Danos amor.

El Señor está con nosotrxs. Su promesa es verdad. Vayamos, pues, y cumplamos la misión que nos ha confiado. No es tiempo de quedarnos cruzados de brazos. Es tiempo de anunciar con palabras y con la vida su Evangelio para esperanza del mundo. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todxs nosotrxs. Amén.” (J. Jáuregui. Recursos Litúrgicos.)

Rvdo. Rubén Ortiz Rodríguez
a 17 de mayo de 2026

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