12/06/2026
La mujer con flujo de sangre:
La historia de esta mujer sangrante interactúa con todas nuestras historias porque, como ella, en un momento o en otro, hemos necesitado sanidad. Hemos sido marginados o nos hemos sentido abandonados por nuestras comunidades o nuestros amigos. Hemos estado necesitados de un toque misericordioso de Dios y del cuerpo de Cristo encarnado en nuestras hermanas y hermanos. Piense en una situación en la que se sintió al borde del abismo y pídale a Dios que le muestre dónde estaba Jesús en ese momento. ¿Cómo era él? ¿Cómo se dirigió a usted?
Tengamos por seguro que Dios nos ama y nos conoce. La sanación no es siempre exactamente como la esperamos; a veces, se muestra como aceptación, pertenencia y conexión. Puede también consistir en no dejar que el miedo se apodere de nuestras vidas. El amor se parece al toque de un amigo, una amiga, un ser querido que en momentos de vergüenza, desesperanza o dolor profundo nos rescata y nos recuerda que somos amados y llamados hijos de Dios.
Extendamos las manos y toquemos el manto de Jesús hoy; pidámosle la certeza, la gracia y el conocimiento que provienen de él. Dejemos que Cristo nos encuentre donde sea que estemos, y que nos reciba, tanto en nuestros momentos de mayor debilidad como en los de mayor fortaleza. Y recordemos que también nosotros somos las manos de Cristo, por los cual tenemos la capacidad de ofrecer sanación a los que sufren. Oremos hoy pidiendo sabiduría, valor y fortaleza.