10/06/2026
“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos… con todo, yo me alegraré en Jehová.”
Hay momentos en la vida donde miramos alrededor y sentimos que todo está seco. La oración parece tardar, las fuerzas disminuyen, las puertas se cierran y aquello que esperábamos no llega. Habacuc describe precisamente ese escenario: no hay fruto, no hay alimento, no hay abundancia… humanamente hablando, no hay razones visibles para celebrar.
Pero aquí está la grandeza de este pasaje: la fe verdadera no depende de las circunstancias; depende de quién es Dios.
Habacuc no negó la crisis. No fingió que todo estaba bien. Él reconoció la dificultad, pero decidió no permitir que la dificultad definiera su esperanza. Por eso declara: “Con todo, yo me alegraré en Jehová.” Esa expresión significa: “Aunque todo falle, Dios sigue siendo suficiente.”
Muchos alaban a Dios cuando la viña está llena, pero los hijos maduros aprenden a adorarlo aun cuando el campo parece vacío. Porque la fe más poderosa no es la que nace en la abundancia, sino la que permanece firme en medio de la escasez.
Y termina diciendo algo poderoso: “Jehová el Señor es mi fortaleza.” No dijo: “mi trabajo es mi fortaleza”, “mis recursos”, “mis contactos” o “mis emociones”. Dijo: “Dios es mi fortaleza.” Cuando Dios sostiene el corazón, las piernas cansadas vuelven a caminar. Por eso el profeta dice que Dios lo hace andar “sobre mis alturas”; es decir, por encima del miedo, por encima de la crisis y por encima de lo que intentaba destruirlo.
Hoy Dios te recuerda que una temporada difícil no significa abandono divino. Aun en el silencio, Él sigue obrando. Aunque hoy no veas frutos, sigue sembrando. Aunque no entiendas el proceso, sigue confiando. Porque el mismo Dios que sostuvo a Habacuc también puede sostenerte a ti. , ,