27/06/2021
La pala de la ciencia
En la era de la información digital sobreabunda la desinformación; en toda disciplina, cosmovisión y postura ideológica. Por esto, en este escrito dirijo mi esfuerzo a presentar y aclarar algunos aspectos de desinformación en cuanto a la cosmovisión cristiana, la cosmovisión científica y la atea materialista.
A mi parecer, es de suma importancia que la iglesia no se aísle de la ciencia, que no niegue sus beneficios o su importancia, pero aún más importante, que comprenda que la ciencia no representa competencia para nuestra fe, sino que es el método sistematizado mediante el cual tratamos de “pensar los pensamientos de Dios después de Él”, ya que profesamos que Dios es quien creó y sostiene al universo.
Inicio con una aclaración que entiendo pertinente: la ciencia es muda, es incapaz de hacer declaraciones; de eso de encargan los(as) científicos. Por ejemplo, la ciencia ha demostrado que 2 moléculas de hidrógeno y una de oxígeno forman agua. Sin embargo, la ciencia es incapaz de articular si es o no el agua un derecho humano.
Esta idea está presente en el filme basado en la icónica novela de Michael Crichton: “Jurassic Park”, en la que un capitalista megalomaníaco contrata a un geneticista para recrear animales extintos, dinosaurios en específico. El personaje llamado Ian Malcom fue un detractor de la idea, indicando que se preocuparon tanto por ver si podían lograrlo que no se detuvieron a considerar si lo debían hacer en primer lugar.
La ciencia no hizo comentarios sobre la arrogancia del magnate o del geneticista, porque no tiene la capacidad. Solo permitió descubrir y estructurar el método de recrear seres extintos mediante las disciplinas de la bioingeniería, bioquímica y paleontología. Las implicaciones éticas y legales están fuera del alcance de las ciencias naturales y Crichton reforzó esta idea en cada fase de la narrativa, desde la ambición desmedida, la destrucción de la naturaleza en el nombre del adelanto científico, la arrogancia de creer que podemos controlar la vida y la tendencia humana de huir de sus responsabilidades éticas y morales. En ninguno de estos aspectos la ciencia puede ofrecer comentario alguno.
Cualquiera que exprese: “la ciencia es el único camino hacia la verdad” debe reconocer que esa no es una declaración de la ciencia; la ciencia no dice nada, solo los científicos. Además, esa oración, si es cierta, es falsa, ya que sería cierta sin ser una declaración científica, invalidando su premisa. Esto nos debe llevar a considerar lo que en realidad provee la ciencia: explicaciones basadas en mecanismos y funciones.
A fin de comprender diferentes tipos de explicaciones, el profesor de la Universidad de Oxford, John Lennox usa algunas ilustraciones en sus charlas para demostrar que la ciencia no conflige con la cosmovisión cristiana. En esencia es un ejercicio de explicar la índole de las explicaciones.
Supongamos que hay una olla de agua hirviendo y se te pide que expliques el fenómeno de la ebullición del agua. Pudiera ser que uses la explicación científica que indica que el calor externo a la olla causa agitación y fricción entre las moléculas del agua, lo que eleva su temperatura y al llegar a 212º Fahrenheit (100º C) resulta en que el agua hierve. Entonces, yo pudiera dar mi explicación: “Es que voy a colar café”. ¿Lo viste?
Hay dos aspectos que debemos comprender de este ejemplo. Primeramente, las explicaciones provistas no se contradicen ni compiten entre sí. Ambas son explicaciones simultáneamente correctas. El segundo aspecto a considerar es que se trata de dos tipos de explicación. Podemos apreciar que la primera explicación es una de mecanismo y función, como son todas las explicaciones científicas.
Por su parte, la segunda explicación es una de agencia personal, de la intención detrás del fenómeno en cuestión. Es con la segunda modalidad de explicación que la mayoría de los cristianos estamos más cómodos, pero les exhorto a reconocer que no hay nada que temer en cuanto a la explicación científica.
Otro ejemplo que da Lennox a sus estudiantes trata de la invención del automóvil y les pide que escojan una de dos explicaciones para su origen: la ley de combustión interna (que describe los principios del motor de combustión interna tal y como lo conocemos) o Henry Ford (inventor del automóvil).
Lennox dice que la mayoría de las veces los estudiantes indican que no se puede escoger una sola explicación. Escoger la explicación científica no te cuenta la historia de Henry Ford, sus patentes, esfuerzos emprendedores ni el impacto de su invento y por ende no es una explicación exhaustiva o comprensiva. No puede explicarlo todo.
La explicación de agencia tampoco puede explicarlo todo. Si es el único tipo de explicación que empleamos, no sabremos cómo funcionan los mecanismos, las interacciones entre leyes de la naturaleza, la materia y el tiempo en sus aplicaciones prácticas. Se requieren ambos tipos de explicación para poder entender a mayor nivel los fenómenos que observamos.
Habiendo dicho esto, quiero identificar la cosmovisión que ha exaltado a la ciencia como su piedra angular y única vía hacia la verdad: el materialismo o reduccionismo. Esta consiste en reducir y limitar todos los aspectos, componentes e interacciones en y del universo a elementos materiales y solo a ese nivel. Claro está que esta es la postura que asume el ateísmo contemporáneo.
El materialismo es la cosmovisión prevalente en el mundo occidental y domina las esferas de la política izquierda radical, pero más importante aún, domina la academia.
Desde la Universidad de Puerto Rico, hasta Brown y desde la Universidad de Múnich hasta UC Berkeley, el materialismo es la cosmovisión que se enseña en la vasta mayoría de instituciones universitarias. Entonces, no nos debe sorprender que el cristianismo y cosmovisiones similares se vean criticadas o hasta atacadas por materialistas y reduccionistas en esta era.
Representantes prominentes del materialismo, como los doctores Richard Dawkins, Peter Atkins y Sam Harris declaran dentro de sus respectivos campos científicos que el materialismo es la única manera de poder comprender el universo. También han sido vocales opositores a la religión y la idea de Dios como creador y arquitecto del universo y sus mecanismos. Sin embargo, cualquier cuestionamiento del materialismo es descartado por ellos como “preguntas tontas”, “búsqueda de consuelo”, “fantasía” o “ilusiones”.
No digo que emplear escepticismo hacia sistemas de creencia o fe está mal de por sí, pero donde debe haber un considerable esfuerzo de parte de los creyentes en diálogo con escépticos es en insistir que tomen en serio el análisis de las declaraciones de textos religiosos en cuanto a su validez teológica, filosófica e histórica. Los escépticos suelen dudar de todo, menos de sus propias dudas.
Los materialistas militantes aseguran que la ciencia incluso ha enterrado a Dios, en esencia. Según ellos, la ciencia ha dado muerte a la era de la religión, los mitos y las leyendas antiguas que se establecieron para controlar las masas moral, conductual y socialmente. Sin embargo, estoy en acuerdo con el Dr. John Lennox cuando dijo que la ciencia no ha enterrado a Dios, sino al ateísmo materialista. Me explico.
El materialismo indica que todo lo que existe es basado en materia y las leyes de la naturaleza. Por esto, conceptos metafísicos como la mente no existen. En el caso de la mente, el materialista rechaza este concepto y profesa que solo se trata del cerebro. Esto quiere decir que según el materialismo, nuestros pensamientos son el mero resultado de las leyes de la naturaleza, la biología, física y química, la culminación de un proceso evolutivo no-dirigido, no-inteligente provocado por azar y necesidad. ¿Ya ves el problema?
Si los pensamientos son verdaderamente provocados por químicos en el cerebro, ¿por qué debo creerlos o concluir que son válidos? Si tu computadora, tu calculadora o tu GPS fueran el resultado de un proceso evolutivo no-dirigido, no-inteligente provocado por azar y necesidad, ¿confiarías en ellos?
Se trata de un tendón de Aquiles para el ateísmo materialista, porque llevado a su conclusión lógica, resulta en el fin de la racionalidad. La ciencia se basa en la creencia de que el universo es racionalmente descriptible, pero el materialismo desecha la racionalidad, porque no es un concepto material.
Pero entonces, ¿cómo es que el cristianismo explica la realidad de la existencia? C.S. Lewis dijo que cuando Jesús de Nazaret dijo ser el Hijo de Dios, el camino, la verdad y la vida y Dios encarnado, esas fueron y son las declaraciones más grandes en la historia de la humanidad. Las implicaciones de esa declaración ser cierta deberían ser consideradas seriamente desde las ciencias, la historia y la experiencia personal. Indicarían que somos hechos a imagen y semejanza a El ser supremo, quien es un ser racional.
Sin embargo, de parte del materialista promedio se suele recibir expresiones como “Eso es ridículo”, “¿De verdad crees eso?”, “Esas son ideas anticuadas”, acompañadas de una respiración profunda, un rostro que indica irritación y así evitan tomar el análisis de las declaraciones de Jesús con seriedad.
Según Lewis, las declaraciones de Jesús solo pueden catalogarse en una de tres maneras: primeramente, que se tratan de las declaraciones de un mentiroso, en segundo lugar, que se tratan de las declaraciones de un lunático, que verdaderamente cree lo que dice, pero está desaforado y no hay razón para creer o tomar en serio lo que dijo.
Finalmente, la última posibilidad para las declaraciones de Jesús es que son ciertas y de ser así, no hay nada más importante para la humanidad que ese hecho.
Por esto Pedro nos exhortó a los cristianos a siempre estar listos para responder a quien pida explicaciones de la esperanza que hay en nosotros (1 Pedro 3:15), porque hemos optado por creer que las declaraciones de Jesús son ciertas.
Si pedimos a escépticos que tomen en serio el análisis de la fe cristiana, así de seriamente debemos nosotros realizar el mismo análisis de lo que profesamos. En esto, adoramos y buscamos a Dios como creyentes también.
Ahora bien, teniendo más que decir en cuanto al tema de la ciencia y la fe, entiendo pertinente culminar y retomarlo en un futuro escrito, si Dios lo permite, pero cierro con una cita de Peter Medawar, biólogo británico ganador del premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1960: “La existencia de un límite para la ciencia es hecha clara por su incapacidad para responder a las preguntas elementales como de niños, relacionadas a cosas de primer y último orden: “¿Cómo comenzó todo?”, “¿Para qué estamos todos aquí?”, “¿Cual es el propósito de vivir?”. Pudiera añadir que aun las preguntas personales de un niño no pueden ser respondidas científicamente: “¿Quién soy?”, “¿Qué debo hacer?”, “¿Qué es una buena vida?”.
Dios ya ha respondido esas preguntas, pero muchos siguen insistiendo en que la ciencia dará mejores respuestas a pesar de esta no tener capacidad de abarcar las preguntas en cuestión por su cuenta y mucho menos con genuinidad y provecho. Así que entre su incapacidad para contestar preguntas de primer orden y deshacerse de la racionalidad, pareciera que ha sido el ateísmo materialista, no la cosmovisión cristiana, quien ha sido enterrado por la pala de la ciencia.
Espero poder continuar la exploración del tema en futuros escritos. Mientras tanto, Dios te bendiga y te guarde.