Iglesia Menonita del Calvario

Iglesia Menonita del Calvario Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Marcos 16:15)

Desde el 1947, la Iglesia Evangélica Menonita del Calvario ha servido a la comunidad de La Plata de Aibonito en el amor de Cristo, como parte del Concilio de Iglesias Menonitas de Puerto Rico.

18/07/2021
27/06/2021

La pala de la ciencia

En la era de la información digital sobreabunda la desinformación; en toda disciplina, cosmovisión y postura ideológica. Por esto, en este escrito dirijo mi esfuerzo a presentar y aclarar algunos aspectos de desinformación en cuanto a la cosmovisión cristiana, la cosmovisión científica y la atea materialista.

A mi parecer, es de suma importancia que la iglesia no se aísle de la ciencia, que no niegue sus beneficios o su importancia, pero aún más importante, que comprenda que la ciencia no representa competencia para nuestra fe, sino que es el método sistematizado mediante el cual tratamos de “pensar los pensamientos de Dios después de Él”, ya que profesamos que Dios es quien creó y sostiene al universo.

Inicio con una aclaración que entiendo pertinente: la ciencia es muda, es incapaz de hacer declaraciones; de eso de encargan los(as) científicos. Por ejemplo, la ciencia ha demostrado que 2 moléculas de hidrógeno y una de oxígeno forman agua. Sin embargo, la ciencia es incapaz de articular si es o no el agua un derecho humano.

Esta idea está presente en el filme basado en la icónica novela de Michael Crichton: “Jurassic Park”, en la que un capitalista megalomaníaco contrata a un geneticista para recrear animales extintos, dinosaurios en específico. El personaje llamado Ian Malcom fue un detractor de la idea, indicando que se preocuparon tanto por ver si podían lograrlo que no se detuvieron a considerar si lo debían hacer en primer lugar.

La ciencia no hizo comentarios sobre la arrogancia del magnate o del geneticista, porque no tiene la capacidad. Solo permitió descubrir y estructurar el método de recrear seres extintos mediante las disciplinas de la bioingeniería, bioquímica y paleontología. Las implicaciones éticas y legales están fuera del alcance de las ciencias naturales y Crichton reforzó esta idea en cada fase de la narrativa, desde la ambición desmedida, la destrucción de la naturaleza en el nombre del adelanto científico, la arrogancia de creer que podemos controlar la vida y la tendencia humana de huir de sus responsabilidades éticas y morales. En ninguno de estos aspectos la ciencia puede ofrecer comentario alguno.

Cualquiera que exprese: “la ciencia es el único camino hacia la verdad” debe reconocer que esa no es una declaración de la ciencia; la ciencia no dice nada, solo los científicos. Además, esa oración, si es cierta, es falsa, ya que sería cierta sin ser una declaración científica, invalidando su premisa. Esto nos debe llevar a considerar lo que en realidad provee la ciencia: explicaciones basadas en mecanismos y funciones.

A fin de comprender diferentes tipos de explicaciones, el profesor de la Universidad de Oxford, John Lennox usa algunas ilustraciones en sus charlas para demostrar que la ciencia no conflige con la cosmovisión cristiana. En esencia es un ejercicio de explicar la índole de las explicaciones.

Supongamos que hay una olla de agua hirviendo y se te pide que expliques el fenómeno de la ebullición del agua. Pudiera ser que uses la explicación científica que indica que el calor externo a la olla causa agitación y fricción entre las moléculas del agua, lo que eleva su temperatura y al llegar a 212º Fahrenheit (100º C) resulta en que el agua hierve. Entonces, yo pudiera dar mi explicación: “Es que voy a colar café”. ¿Lo viste?

Hay dos aspectos que debemos comprender de este ejemplo. Primeramente, las explicaciones provistas no se contradicen ni compiten entre sí. Ambas son explicaciones simultáneamente correctas. El segundo aspecto a considerar es que se trata de dos tipos de explicación. Podemos apreciar que la primera explicación es una de mecanismo y función, como son todas las explicaciones científicas.

Por su parte, la segunda explicación es una de agencia personal, de la intención detrás del fenómeno en cuestión. Es con la segunda modalidad de explicación que la mayoría de los cristianos estamos más cómodos, pero les exhorto a reconocer que no hay nada que temer en cuanto a la explicación científica.

Otro ejemplo que da Lennox a sus estudiantes trata de la invención del automóvil y les pide que escojan una de dos explicaciones para su origen: la ley de combustión interna (que describe los principios del motor de combustión interna tal y como lo conocemos) o Henry Ford (inventor del automóvil).

Lennox dice que la mayoría de las veces los estudiantes indican que no se puede escoger una sola explicación. Escoger la explicación científica no te cuenta la historia de Henry Ford, sus patentes, esfuerzos emprendedores ni el impacto de su invento y por ende no es una explicación exhaustiva o comprensiva. No puede explicarlo todo.

La explicación de agencia tampoco puede explicarlo todo. Si es el único tipo de explicación que empleamos, no sabremos cómo funcionan los mecanismos, las interacciones entre leyes de la naturaleza, la materia y el tiempo en sus aplicaciones prácticas. Se requieren ambos tipos de explicación para poder entender a mayor nivel los fenómenos que observamos.

Habiendo dicho esto, quiero identificar la cosmovisión que ha exaltado a la ciencia como su piedra angular y única vía hacia la verdad: el materialismo o reduccionismo. Esta consiste en reducir y limitar todos los aspectos, componentes e interacciones en y del universo a elementos materiales y solo a ese nivel. Claro está que esta es la postura que asume el ateísmo contemporáneo.

El materialismo es la cosmovisión prevalente en el mundo occidental y domina las esferas de la política izquierda radical, pero más importante aún, domina la academia.

Desde la Universidad de Puerto Rico, hasta Brown y desde la Universidad de Múnich hasta UC Berkeley, el materialismo es la cosmovisión que se enseña en la vasta mayoría de instituciones universitarias. Entonces, no nos debe sorprender que el cristianismo y cosmovisiones similares se vean criticadas o hasta atacadas por materialistas y reduccionistas en esta era.

Representantes prominentes del materialismo, como los doctores Richard Dawkins, Peter Atkins y Sam Harris declaran dentro de sus respectivos campos científicos que el materialismo es la única manera de poder comprender el universo. También han sido vocales opositores a la religión y la idea de Dios como creador y arquitecto del universo y sus mecanismos. Sin embargo, cualquier cuestionamiento del materialismo es descartado por ellos como “preguntas tontas”, “búsqueda de consuelo”, “fantasía” o “ilusiones”.

No digo que emplear escepticismo hacia sistemas de creencia o fe está mal de por sí, pero donde debe haber un considerable esfuerzo de parte de los creyentes en diálogo con escépticos es en insistir que tomen en serio el análisis de las declaraciones de textos religiosos en cuanto a su validez teológica, filosófica e histórica. Los escépticos suelen dudar de todo, menos de sus propias dudas.

Los materialistas militantes aseguran que la ciencia incluso ha enterrado a Dios, en esencia. Según ellos, la ciencia ha dado muerte a la era de la religión, los mitos y las leyendas antiguas que se establecieron para controlar las masas moral, conductual y socialmente. Sin embargo, estoy en acuerdo con el Dr. John Lennox cuando dijo que la ciencia no ha enterrado a Dios, sino al ateísmo materialista. Me explico.

El materialismo indica que todo lo que existe es basado en materia y las leyes de la naturaleza. Por esto, conceptos metafísicos como la mente no existen. En el caso de la mente, el materialista rechaza este concepto y profesa que solo se trata del cerebro. Esto quiere decir que según el materialismo, nuestros pensamientos son el mero resultado de las leyes de la naturaleza, la biología, física y química, la culminación de un proceso evolutivo no-dirigido, no-inteligente provocado por azar y necesidad. ¿Ya ves el problema?

Si los pensamientos son verdaderamente provocados por químicos en el cerebro, ¿por qué debo creerlos o concluir que son válidos? Si tu computadora, tu calculadora o tu GPS fueran el resultado de un proceso evolutivo no-dirigido, no-inteligente provocado por azar y necesidad, ¿confiarías en ellos?

Se trata de un tendón de Aquiles para el ateísmo materialista, porque llevado a su conclusión lógica, resulta en el fin de la racionalidad. La ciencia se basa en la creencia de que el universo es racionalmente descriptible, pero el materialismo desecha la racionalidad, porque no es un concepto material.

Pero entonces, ¿cómo es que el cristianismo explica la realidad de la existencia? C.S. Lewis dijo que cuando Jesús de Nazaret dijo ser el Hijo de Dios, el camino, la verdad y la vida y Dios encarnado, esas fueron y son las declaraciones más grandes en la historia de la humanidad. Las implicaciones de esa declaración ser cierta deberían ser consideradas seriamente desde las ciencias, la historia y la experiencia personal. Indicarían que somos hechos a imagen y semejanza a El ser supremo, quien es un ser racional.

Sin embargo, de parte del materialista promedio se suele recibir expresiones como “Eso es ridículo”, “¿De verdad crees eso?”, “Esas son ideas anticuadas”, acompañadas de una respiración profunda, un rostro que indica irritación y así evitan tomar el análisis de las declaraciones de Jesús con seriedad.

Según Lewis, las declaraciones de Jesús solo pueden catalogarse en una de tres maneras: primeramente, que se tratan de las declaraciones de un mentiroso, en segundo lugar, que se tratan de las declaraciones de un lunático, que verdaderamente cree lo que dice, pero está desaforado y no hay razón para creer o tomar en serio lo que dijo.

Finalmente, la última posibilidad para las declaraciones de Jesús es que son ciertas y de ser así, no hay nada más importante para la humanidad que ese hecho.

Por esto Pedro nos exhortó a los cristianos a siempre estar listos para responder a quien pida explicaciones de la esperanza que hay en nosotros (1 Pedro 3:15), porque hemos optado por creer que las declaraciones de Jesús son ciertas.

Si pedimos a escépticos que tomen en serio el análisis de la fe cristiana, así de seriamente debemos nosotros realizar el mismo análisis de lo que profesamos. En esto, adoramos y buscamos a Dios como creyentes también.

Ahora bien, teniendo más que decir en cuanto al tema de la ciencia y la fe, entiendo pertinente culminar y retomarlo en un futuro escrito, si Dios lo permite, pero cierro con una cita de Peter Medawar, biólogo británico ganador del premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1960: “La existencia de un límite para la ciencia es hecha clara por su incapacidad para responder a las preguntas elementales como de niños, relacionadas a cosas de primer y último orden: “¿Cómo comenzó todo?”, “¿Para qué estamos todos aquí?”, “¿Cual es el propósito de vivir?”. Pudiera añadir que aun las preguntas personales de un niño no pueden ser respondidas científicamente: “¿Quién soy?”, “¿Qué debo hacer?”, “¿Qué es una buena vida?”.

Dios ya ha respondido esas preguntas, pero muchos siguen insistiendo en que la ciencia dará mejores respuestas a pesar de esta no tener capacidad de abarcar las preguntas en cuestión por su cuenta y mucho menos con genuinidad y provecho. Así que entre su incapacidad para contestar preguntas de primer orden y deshacerse de la racionalidad, pareciera que ha sido el ateísmo materialista, no la cosmovisión cristiana, quien ha sido enterrado por la pala de la ciencia.

Espero poder continuar la exploración del tema en futuros escritos. Mientras tanto, Dios te bendiga y te guarde.

17/05/2021

El regreso a casa

Hemos oído hablar sobre el hecho de que somos peregrinos y extranjeros, como dice 2 Pedro 2:11. La base de la idea es que los creyentes afirmamos que pertenecemos a la patria celestial, no a este mundo o universo observable. Sin embargo, en nuestra humanidad, solemos perder esto de vista y nos encontramos haciendo morada espiritual en este mundo, esta vida.

No pretendo, bajo ningún pretexto, escoriar a nadie o hacer parecer que no he sido culpable de esto; mi intención es recordar a mis hermanos y hermanas en Cristo que Jesús ha ido antes que nosotros para hacernos morada en la casa del Padre (Juan 14:2), pero que esta noción enfrenta repudio de parte de la sociedad secular.

Charles Dickens escribió “A tale of Two Cities” (Historia de Dos Ciudades), una de las novelas más prolíficas de la historia. Interesantemente, la biblia se pudiera describir de la misma forma, la historia de dos ciudades, la ciudad de Dios y la cuidad secular. Esta dinámica dicotómica es presentada en diferentes instancias de la historia encapsulada en la biblia, aunque la constante cuidad de Dios no es Jerusalén geográficamente, sino la gente que se compromete con Dios, siguen sus estatutos y lo proclaman creador, sustento y salvador.

Por su parte, la ciudad secular se reinventa en repetidas ocasiones en el relato bíblico: Babel, Canaán, Sodoma, Gomorra, Egipto, Babilonia, Siria, Nínive, Roma etc. y las proyecciones para sociedades venideras enumeradas en el libro de Apocalipsis. Aun hoy, la dinámica de las dos ciudades sigue siendo realidad. En el mundo occidental, los creyentes vivimos como Daniel, cautivos en la ciudad secular. El asunto no es en donde vivimos, sino ¿para cuál ciudad vivimos?

Quizás podamos retomar esa pregunta más adelante. Por el momento consideremos una pregunta similar, aunque más personal: “¿Para qué vives?” No dudo que la respuesta inmediata de algunos será algo similar a “Pues, para Dios”, o “Para agradar a Dios”, o “Para que el propósito de Dios en mi vida sea hecho”.

Estas respuestas además ser las esperadas, son las que como creyente quisiera tanto dar como escuchar de parte de otros creyentes. Sin embargo, nuestras acciones revelan la verdad mejor que nuestras palabras y lamentablemente, no siempre coinciden.

Vivir para la ciudad de Dios mientras estamos en la ciudad secular es una vida de desafío, de resistencia, pero también de diplomacia y apertura, no a otras cosmovisiones, sino a las personas que no comparten la nuestra. En esto, tenemos ejemplos de Abraham, quien fue a sacar a Lot de Sodoma y Gomorra, porque decidió vivir para esa cosmovisión, no para la ciudad de Dios; José resistió una vida de traición de parte de sus hermanos y soledad en una tierra extraña, pero siempre vivió para el plan de Dios, aunque no lo conoció hasta su cumplimiento; Daniel no se contaminó con la cosmovisión de Nabucodonosor, quien se proclamó dios y colocó a Daniel en una posición de vida y muerte por esto.

En estos relatos, vemos cómo siempre, sea conscientemente o no, favorecemos una cosmovisión sobre las demás y esto trae implicaciones para nuestra relación con Dios y con la sociedad secular, sea su favor o su enemistad.

En nuestra estadía sobre la tierra, somos susceptibles a tener prioridades erradas, poniendo como primer lugar asuntos como nuestra sobrevivencia, la búsqueda de la felicidad independiente de Dios (como si tal cosa fuera posible), hacer que nuestra imagen sea grandiosa y eterna (como si tal cosa fuera posible) o nos desvivimos por asuntos que vemos como nobles. Estos pudieran ser hacer una familia, ayudar a otros, buscar la verdad o generalmente aportar a la sociedad a la que pertenecemos.

Sin embargo, todas estas y las demás pudieran suplantar el lugar predilecto de Dios y su ciudad en nuestras vidas. Así que, con esto en mente, retomemos la pregunta “¿Para cuál ciudad vives?”

Hermano o hermana, si contestaste afirmando que vives para la ciudad de Dios, me alegro en tu respuesta y celebro tu compromiso a nuestro Padre celestial. Ahora, ¿cómo te sientes con tu respuesta?

Por mi parte, al responder no me siento a gusto con esta vida terrenal, con esta estadía. No estoy diciendo que no aprecio la vida o que no hay propósito en la existencia, solo que ha engranado en mi la noción de que la tierra no es mi hogar, no es mi patria. Me di cuenta de esto al conducir hacia mi casa una tarde en la que me dije a mi mismo “Quiero ir a casa”. Al instante de tener ese pensamiento, me percaté de lo redundante que era, dado que precisamente a mi casa me dirigía.

Sin embargo, al dedicarle más pensamiento, entendí que no me refería a mi casa, con mi familia, sino a la ciudad de Dios, a la morada que Cristo ha preparado. Por la razón que sea, una cita C.S. Lewis ayudó a contextualizar mi pensar y sentir en ese momento: "Si en verdad eres el producto de un universo únicamente material, ¿por qué no te sientes "como en casa" en él?".

Hermanos y hermanas, vivimos en este mundo, en esta ciudad, pero si verdaderamente vivimos para Dios, debe existir en nosotros un intenso anhelo y deseo por regresar a casa, a la ciudad de Dios, no de tratar de hacer morada y tesoros aquí. La veracidad de tu fe la percibes por cuánto añoras estar con Cristo, sin importar lo que cueste y resistiendo los impulsos terrenales.

Cuidémonos de dedicar esta vida terrenal efímera a hacer tesoros en ella y no en el cielo. Mateo 6: 19-23 nos recuerda que nuestras acciones, nuestros afanes y esfuerzos revelan a quién servimos y para qué o quién vivimos. ¿Dónde está tu tesoro?

Concluyo expresando que no sé exactamente cómo debo sentirme en cuanto a mi deseo de “volver a casa”. Claro, que es un anhelo que debo sostener durante mi vida y espero que mis hermanos y hermanas sientan lo mismo. Por otro lado, puedo percibir la manera en la que ese sentimiento puede interferir con mi funcionamiento en las etapas de mi vida, mi forma de aportar a la sociedad, mi relación con los demás y mi crecimiento individual, porque estoy en riesgo de restarles su importancia al compararles con “mi regreso a casa”.

En esto apreciaré sus oraciones, en que pueda apreciar cada etapa de la vida que Dios se place en darnos, porque en cada una está su propósito y valor, hasta el día en que finalmente volvamos a casa. Dios los bendiga y los guarde.

01/05/2021

En cuanto al perdón:

El perdón y particularmente, el perdón de pecados es uno de los preceptos centrales del evangelio. El hombre llamado Jesús de Nazaret, a diferencia de los profetas y líderes previos de los judíos, asumió la autoridad de perdonar pecados en lugar de sugerir acciones punitivas o sacrificios de animales, como se acostumbraba en la tradición judía ortodoxa.

Este debe ser un detalle de suma importancia para los creyentes; comprender que este hombre que iba por toda la región perdonando pecados en diversas interacciones, incurrió la ira de los líderes judíos de aquel entonces, quienes pidieron exitosamente su crucifixión, bajo cargos de terrorismo y herejía. Fue este a quien exaltó y vindicó el Padre mediante la resurrección. Esto nos debe llevar a considerar cómo entonces nos hemos de relacionar con Jesús en cuanto al perdón diario de nuestros pecados.

Al elevar oración, es importante tener conocimiento y consciencia sobre nuestra definición de “perdón”, basada en la forma en que nos dirigimos hacia Dios. Muchas veces, lo que llamamos “pedir perdón” resulta ser “pedir ser excusados”. A simple vista, esto pudiera parecer un asunto de sinónimos, pero ciertamente, si consideramos las implicaciones es clara la diferencia.

Pedir perdón por nuestro pecado es lo que corresponde cuando nuestras acciones no son excusables. Por su parte, pedir ser excusados es lo que corresponde cuando no tenemos culpa. Muchas veces, cuando creemos estar pidiendo perdón a Dios, lo que pudiéramos en realidad estar haciendo es pedir que nos excuse.

La esencia del perdón, como planteó C.S. Lewis es decir “Si, has hecho esto, pero acepto tu arrepentimiento. No lo tomaré jamás en tu contra y las cosas entre tu y yo serán tal y como eran antes”. Pero, excusar dice “Veo que no lo podías evitar o no era tu intención. No tienes culpa”. El asunto es que, si no se tiene culpa, no hay nada que perdonar. Pero si tus acciones requieren ser perdonadas, entonces no son excusables.

Esto hace que las acciones de perdonar y excusar sean, no solo diferentes, sino en cierto sentido, opuestas. Sin embargo, no quiere decir que es tan binario, blanco y negro. Hay situaciones en las que incurrimos tanto en acciones excusables como inexcusables a la vez. En esas situaciones, el perdón cubre lo que la excusa no alcanza.

Cada creyente debe considerar estas implicaciones, en que podemos pensar que hemos confesado nuestro pecado a Dios actuando en arrepentimiento, cuando lo único que hemos hecho es pedirle ser excusados. Resulta demasiado fácil hacer esto inconscientemente y sentirnos satisfechos con nosotros mismos.

Lewis también propuso que Dios conoce cada posible excusa y que, si de verdad hubo circunstancias extenuantes, no debemos temer que Él las vaya a omitir cuando nos evalúe. Él conoce las excusas que ni siquiera se nos han ocurrido, y por ende es posible que, al estar frente al Padre en el juicio, resulte que hemos pecado aún menos de lo que creímos. Las excusas válidas las dará Él.

Lo que debemos procurar presentar al Padre es lo inexcusable, nuestro pecado. Si solo presentamos las partes excusables, ignorando la pertinencia de presentar lo que verdaderamente apremia ser presentado por su naturaleza vil, despreciable e inexcusable, estamos perdiendo el tiempo.

También es importante evaluar la razón de nuestra compulsión por dar excusas. ¿Será que aún no internalizamos que el perdón de pecados es posible, que nos sentimos que, a causa de nuestro pecado, Dios no nos aceptará nuevamente a menos de que lo convenzamos de que podemos ser excusados?

Es claro, que si esto es lo que pensamos o percibimos, no se trata de perdón y no hemos captado la gracia y la obra redentora de Cristo en la cruz. El Verbo se hizo hombre, caminó entre nosotros y dio su vida en rescate de muchos para que tuviéramos acceso directo al Padre mediante el perdón de nuestros pecados, no mediante la excusa de nuestras viles acciones.

Por eso exhorto en toda la humildad que me concede el Espíritu Santo, que dejemos de esconder nuestro pecado detrás de excusas y reconozcamos nuestro pecado ante el Padre, quien está presto a perdonar. Dejemos que sea Cristo quien nos justifique, no nuestro intelecto o las excusas.

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”
1 Juan 2:1

31/03/2021

"Siempre me entretiene cómo los ateos suelen argumentar a favor de la existencia de inteligencia extraterrestre. Sin embargo, son muy dados a denunciar la posibilidad de que ya tenemos un ser vasto e inteligente allá afuera: Dios."

Dr. John Lennox

23/07/2020

Bendiciones a todos. Les notificamos que estaremos tomando medidas de seguridad ante los últimos desarrollos del Covid 19. Los cultos presenciales de los martes y los estudios bíblicos los viernes serán pospuestos hasta nuevo aviso. Estaremos reuniéndonos SOLO los domingos a las 10: 00 a.m. No tendremos escuela dominical, solo adoración y predicación.

También es importante que sepan que la guagua no la estaremos utilizando, para así proteger a los choferes y a cada hermano contra potencial contagio. Por tal razón pedimos que realicen los debidos arreglos para su traslado a la iglesia. Seguiremos cuidándonos y llevando acabo los protocolos establecidos por la orden ejecutiva. Si usted va a viajar fuera de Puerto Rico, favor de notificarlo al pastor Héctor A. Fuentes 939-274-8636 o al 787-612-5510 (Hna. Olga Rivera). Dios los bendiga y manténganse a salvo.

¡En esta mañana de Acción de Gracias nos preparamos para compartir un desayuno entre hermanos en la fe y todos son bienv...
28/11/2019

¡En esta mañana de Acción de Gracias nos preparamos para compartir un desayuno entre hermanos en la fe y todos son bienvenidos! Hasta el pastor se enroló las mangas 😁

Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Salmos 103:13
24/11/2019

Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.

Salmos 103:13

Felicidades a nuestro Héctor Ariel Fuentes en el día del pastor. ¡Que Dios le siga guiando en su ministerio!
20/10/2019

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¡La Iglesia del Niño ya tiene techo! Ya falta poco. A Dios sea la gloria.
07/09/2019

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Si Jesús, el hijo de Dios vivió en constante servicio al prójimo, ¿porqué insistimos en vivir para acaparar en lugar de ...
30/06/2019

Si Jesús, el hijo de Dios vivió en constante servicio al prójimo, ¿porqué insistimos en vivir para acaparar en lugar de vivir en servicio y compartir con los demás? Seamos entonces fieles imitadores de nuestro Maestro.

"Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." Mateo 20:28

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