11/05/2025
La Biblia enseña que Dios tiene el control absoluto sobre la vida y la muerte. En Deuteronomio 32:39 dice: “Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir y yo hago vivir; yo hiero y yo sano, y no hay quien pueda librar de mi mano.” Esto nos muestra que todo está bajo Su soberanía.
También la Palabra declara que cuando somos salvos y tenemos la presencia del Espíritu Santo, ninguna arma forjada contra nosotros prosperará. Isaías 54:17 dice: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio.” Y en Lucas 10:19, Jesús afirma: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.”
Sin embargo, la Biblia también nos exhorta a vivir en obediencia y caminar conforme a la Palabra. Salmos 119:105 dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Mientras permanezcamos en obediencia y comunión con Dios, estamos bajo Su protección.
No obstante, cuando nos desenfocamos, permitimos que pensamientos ajenos a la verdad de Dios gobiernen nuestra mente, y dejamos de cuidar nuestra salvación, abrimos la puerta al enemigo. Filipenses 2:12 nos exhorta: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” Y en 1 Pedro 5:8 se nos advierte: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”
Por eso, es vital permanecer firmes en la fe, en la Palabra y en la obediencia, sabiendo que Dios es fiel para guardarnos, pero también que el enemigo busca cualquier ocasión para destruir. Solo al permanecer en Cristo estamos verdaderamente seguros. Juan 15:5 nos recuerda: “Separados de mí, nada podéis hacer.”
Así que, como el enemigo no puede destruirnos mientras estamos firmes en Cristo, su estrategia será distraernos. Nos llenará de ocupaciones, preocupaciones y distracciones sutiles para alejarnos de nuestra comunión con Dios. Esa es una de las armas más efectivas que usa hoy contra la iglesia: el entretenimiento, el afán, las cargas innecesarias y las voces del mundo que apagan la voz del Espíritu Santo.
Jesús mismo lo advirtió en Lucas 21:34: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.”
El enemigo sabe que si logra robar nuestro enfoque, nos hace ineficaces. Por eso, más que destruir, busca distraer, porque una iglesia distraída es una iglesia débil. Efesios 5:15-16 nos exhorta: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”