25/05/2026
En esta necesidad de poder compartir con los niños de la casa de la familia sobre la festividad quiero compartir con ustedes una historia para niños sobre la fiesta de Shavuot la fiesta de Pentecostés
Una historia para niños sobre Shavuot
Había una vez, en una pequeña aldea rodeada de campos dorados y árboles frutales, dos hermanos llamados Tomi y Sarita. Ellos amaban escuchar historias de la Biblia junto a su abuelo Eliyahu, un anciano muy sabio que siempre tenía una sonrisa cálida y una gran Biblia sobre sus piernas.
Una tarde, mientras el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas, Tomi vio que su abuelo preparaba una mesa especial. Había pan, frutas, miel y una lámpara encendida.
—Abuelo —preguntó Sarita curiosa—, ¿qué vamos a celebrar?
El abuelo sonrió.
—Mañana comienza Shavuot.
—¿Shavuot? —preguntó Tomi—. ¿Qué significa eso?
El abuelo cerró lentamente su Biblia y dijo:
—Venid, pequeños. Hoy les contaré una historia maravillosa… una historia de fuego, de montañas, de promesas y de corazones transformados.
Los niños se acomodaron rápidamente cerca de él.
—Hace muchos años —comenzó el abuelo—, después de que Yehovah sacara a Israel de Egipto, el pueblo caminó por el desierto hasta llegar al monte Sinaí.
—¿El monte donde Moisés habló con Dios? —preguntó Sarita con los ojos brillando.
—Exactamente —respondió el abuelo—. El pueblo había sido liberado de la esclavitud, pero ahora Dios quería enseñarles cómo vivir como Su pueblo.
Entonces el abuelo comenzó a describir el monte.
—Imaginen una montaña enorme cubierta de nubes. El cielo estaba oscuro. Había truenos. Sonaban trompetas. Y fuego descendía desde el cielo sobre la cima del monte.
Los ojos de Tomi se abrieron enormes.
—¡Eso debió dar mucho miedo!
—Sí —dijo el abuelo—, pero también era algo hermoso. Yehovah estaba mostrando Su presencia. Él quería enseñarles Su Torah.
—¿Qué es la Torah? —preguntó Sarita.
El abuelo tomó un pequeño cuaderno y escribió una palabra grande:
“INSTRUCCIÓN”.
—La Torah no es solamente reglas —explicó—. Es la instrucción de Dios para enseñarnos a amar, a vivir con justicia, a cuidar a otros y a caminar cerca de Él.
—¿Como un papá enseñando a sus hijos? —preguntó Tomi.
—¡Exactamente! —respondió el abuelo sonriendo—. Dios no quería solamente sacar a Israel de Egipto.
También quería sacar Egipto de sus corazones.
Los niños quedaron pensando.
—Entonces —continuó el abuelo—, en el monte Sinaí Dios escribió Sus mandamientos en tablas de piedra.
—¿Y el pueblo obedeció? —preguntó Sarita.
El abuelo suspiró suavemente.
—A veces sí… y muchas veces no. Porque el problema no era solamente conocer la ley. El problema era el corazón de los hombres.
El viento sopló suavemente afuera de la casa mientras la lámpara iluminaba los rostros atentos de los niños.
—Pero Dios prometió algo maravilloso —continuó el abuelo—. Prometió que un día pondría Su Torah dentro del corazón de las personas.
—¿Dentro del corazón? —preguntó Tomi tocándose el pecho.
—Sí. Y muchos años después vino Yeshua, el Mesías.
Los ojos de Sarita brillaron.
—¡Yeshua!
—Sí —dijo el abuelo—. Él enseñó el verdadero sentido de la Torah. Mostró que no se trataba solamente de obedecer por afuera, sino de amar a Dios de verdad desde adentro, desde el corazón.
Entonces el abuelo abrió su Biblia en el libro de Hechos.
—Después de que Yeshua resucitó y subió al cielo, Sus discípulos estaban reunidos celebrando Shavuot en Jerusalén.
—¿Como nosotros mañana? —preguntó Tomi.
—Sí —respondió el abuelo—. Y de repente ocurrió algo increíble.
El abuelo levantó un poco la voz para dar emoción.
—Vino un ruido fuerte como un viento poderoso. Y aparecieron lenguas como de fuego sobre ellos.
—¡Como en el monte Sinaí! —gritó Sarita emocionada.
El abuelo sonrió ampliamente.
—¡Exactamente! En Sinaí hubo fuego sobre la montaña. Pero en Hechos 2 el fuego vino sobre las personas.
—¿Y qué significaba eso? —preguntó Tomi.
—Que Dios ahora quería vivir dentro de Su pueblo. Ya no escribir solamente en piedra… sino escribir Su Torah en el corazón.
Los niños quedaron en silencio unos segundos.
—Entonces Shavuot no es solo una fiesta antigua… —susurró Sarita.
—No —respondió el abuelo—. Es una fiesta que nos recuerda que Dios quiere transformar nuestro interior.
Tomi pensó un momento y preguntó:
—¿Y cómo celebramos Shavuot hoy?
El abuelo sonrió y señaló la mesa preparada.
—Nos reunimos. Leemos la Palabra. Cantamos. Damos gracias.
Recordamos las promesas de Dios. Oramos para que el Espíritu Santo nos ayude a obedecer con amor.
—¿Y no hacemos sacrificios? —preguntó Sarita.
—No, pequeña. Porque Yeshua es nuestro sacrificio perfecto. Ahora celebramos en Él.
La lámpara seguía brillando mientras el abuelo continuaba hablando.
—¿Saben qué es lo más hermoso de Shavuot?
Los niños negaron con la cabeza.
—Que Dios no busca solamente niños que conozcan mandamientos… sino niños con corazones llenos de amor, bondad, verdad y obediencia.
Sarita abrazó a su abuelo.
—Yo quiero que Dios escriba Su Torah en mi corazón.
Tomi también sonrió.
—Yo también.
El abuelo los abrazó a ambos.
Y mientras afuera aparecían las primeras estrellas, la pequeña familia comenzó a cantar juntos, agradeciendo a Yehovah por Su Palabra, por Su Espíritu y por la hermosa promesa de transformar el corazón de su Pueblo.
Porque Shavuot no era solamente recordar un monte lleno de fuego…
Era recordar que Dios aún sigue encendiendo corazones.
Feliz festividad remanente, que en estás fiestas los niños no queden afuera , podamos ayudarlos a entender lo hermoso de las fiestas de Dios. Gracias y paz , shalom.
Presencia Kids