04/04/2021
“Ese trascendente amor”
Texto: Lucas 8:1-3
Serie Devocional: EL CAMINO HACIA LA CRUZ
El tema del amor, ha ocupado la vida y la pluma de los escritores. Pero muy pocos de ellos, han valorado a la mujer como lo han hecho las Sagradas Escrituras, dignificándolas, reconociendo su rol en la familia y en la sociedad. Reconociendo su importancia, su influencia y destacando sus virtudes. Sobre todo en contextos misóginos, donde la mujer era considerada como criaturas menores o como simples servidoras de los hombres. Y les ha hecho recordar que fueron creadas a imagen y semejanza de Dios.
Sobre María Magdalena, se han escrito muchas y muy variadas historias; desde las que las que son perfectamente identificables por tener su base en las Sagradas Escrituras, como las que lindan con la leyenda, la imaginación de un novelista perverso como los evangelios apócrifos y la añeja literatura esotérica.
La historia de esta María, para distinguirla de otras de su tiempo; se inicia en Magdala, su pueblo natal. Una aldea, situada en la costa occidental del mar de Tiberias, vecina de esa otrora metrópolis Capernaum. Lugar donde el Carpintero de Nazaret, llevaría adelante la mayor parte de Su ministerio en Su año de Popularidad.
Su amor por Jesús, no está teñida de páginas denigrantes; sino más bien de momentos irrepetibles y aleccionadores que han trascendido el momento de sus encuentros con el Maestro de Galilea y han quedado registrados en la Palabra de Dios como paradigma de: gratitud, servicio y amor.
La historia secular y las páginas religiosas apartadas del contexto bíblico, no le han hecho justicia; sino más bien lo han llenado de lodo, misterio y perturbación. En este devocional, queremos ser justos con la narrativa bíblica y ennoblecer su papel en la naciente comunidad de creyentes. Reconocer la importancia de su influencia y destacar algunos eventos que fueron particularmente modelos de piedad que marcaron un incomparable amor por el Señor.
Su primer contacto con Jesús está referido por Lucas, el cual la menciona como parte de un grupo de mujeres, que servían al Señor; "y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios," (Lc. 8:2). Al parecer las regiones del norte de Israel, entre ellas Capernaum, eran zonas de una fuerte actividad demoníaca, ya que Jesús hizo muchas liberaciones, entre ellas a María Magdalena, quién era una prisionera de aflicciones demoniacas y que una vez liberada por el Señor, inmediatamente refiere Lucas, esta, se encontraba dentro del grupo itinerante de discípulos. ¿Cuál fue el motivo de seguir a Jesús? La gratitud y ser testimonio vivo de la gracia y el poder de Jesús. Hoy muchos reciben sanidad, dones y beneficios; luego toman el camino del alejamiento y la ingratitud, apartándose de Su benefactor.
La segunda cosa que llama la atención en María Magdalena, es su servicio. Lucas al referir por nombre a cada una de las mujeres más sobresalientes que seguían a Jesús termina diciendo: "y otras muchas que le servían de sus bienes." (Lc. 8:3). Primero Su discipulado cerca al Señor y luego acompañándolo en Sus viajes con los 12 y las demás mujeres. Esto, jamás dio lugar a poner en duda la honra y santidad del Señor; como tampoco cualquier insinuación reprochable. La reputación de todos, era guardada cuidadosamente.
Al parecer María Magdalena como otras mujeres, era de buenos recursos económicos, ya sea que los heredó de sus padres o de su esposo al quedar viuda, no lo sabemos. Pero sí, lo que queda claro es que servía a la causa de Su Señor con sus bienes. Qué distinto y distante queda de tantos "cristianos" de hoy que han olvidado de quién viene la vida, quién es el dador de toda buena dádiva y todo don perfecto, y quién es el que otorga las oportunidades para tener todo lo que tenemos.
Y por último, no cabe la menor duda de que María Magdalena, amó al Señor, con ese trascendente amor, que le permitió estar a Su lado como una fiel discípula; cuando otros lo abandonaban, cuando los tiempos eran más difíciles, cuando la oposición llegó a su clímax. Le siguió desde Galilea a Jerusalén y de allí al calvario. Estuvo tan cerca a la cruz que fue inevitable que Juan la describiera: "Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena." (Jn. 19:25). Quedó sin abandonar la escena, hasta que el desgarrado cuerpo del Hijo del Hombre, expiró.
Del grupo de discípulos fue la única que presenció el lugar, donde estaba la tumba y la forma precaria y precipitada donde fue colocado el cuerpo del Señor casi al anochecer del día viernes. Así que, Al lado de María la madre de Jacobo, y Salomé deseando lavar el cuerpo y darle una digna sepultura, madrugaron el primer día de la semana para ungirlo con especias aromáticas (Mr. 16:1-3). Claro está que nadie esperaba que Jesús resucitara. Sin embargo, tal era el magnetismo de su fidelidad como también de su devoción auténtica de esta mujer, que el Señor la recompensó siendo la primera persona en ver al Salvador resucitado. Los primeros 18 versículos del capítulo 10 de Juan son más que elocuentes en dar detalles de este privilegio.
Rev. Vicente Alcántara