26/07/2026
Criar a nuestros hijos no es solo una tarea nuestra, es una misión que Dios nos ha confiado. Guiarlos según su voluntad no significa imponerles nuestras ideas, sino enseñarles a conocer su amor, sus caminos y sus mandamientos desde pequeños.
La Palabra nos recuerda: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él". Y la mejor forma de enseñar no es solo con palabras, sino con nuestra propia vida. Nuestros hijos no escuchan tanto lo que decimos, sino lo que ven en nosotros: nuestra forma de orar, de perdonar, de trabajar con honestidad, de amar sin condiciones y de confiar en Dios aun en las dificultades.
Ser su ejemplo significa ser coherentes: no podemos pedirles fe si no nos ven orar; pedirles obediencia si no obedecemos a Dios; pedirles bondad si no somos bondadosos con los demás. Cuando vivimos conforme a lo que Dios quiere, nos convertimos en un puente que los lleva hacia Él.
No se trata de ser perfectos, sino de ser personas que buscan a Dios cada día, que reconocen sus errores y se arrepienten, y que aman a sus hijos con el mismo amor con el que Dios nos ama a nosotros. Que el Señor nos dé sabiduría, paciencia y un corazón humilde para ser los guías y ejemplos que nuestros hijos necesitan, para que ellos también aprendan a caminar siempre de la mano de Dios.