24/08/2025
La pureza del corazón
Una mujer de Sunem del reino Israel, un día vio al profeta Eliseo que solía pasar por su ciudad cuando viajaba del monte Carmelo a Samaria y de Samaria al monte Carmelo. En su corazón le surgió el deseo de invitar al profeta a comer en su casa. Desde aquella oportunidad descubrió que el profeta Eliseo era el varón santo de Dios que en su boca estaba la Palabra de Dios. Ella Insistió al profeta Eliseo que cada vez que pasara por su ciudad comiese en su casa y que tuviera confianza en ella.
Conforme al paso del tiempo, ella pudo entender y reafirmar que el profeta Eliseo realmente era varón de Dios. Entonces habló con su esposo decididamente para que hiciera un aposento sobre los muros de su casa y prepararse en el aposento, una cama, una mesa, una silla y un candelero para el varón de Dios.
Un día, el profeta Eliseo llegó a casa de la sunamita y pudo conocer al aposento, pudo ver como ella preparó todo con mucho esmero y durmió. Luego en su corazón se sintió muy agradecido y le surgió el deseo de hacer algo por ella.
Llamando a ella, le preguntó que si no habría alguna petición que quisiera hacer. Entonces ella le respondió así:
“He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.”
2 Reyes 4:13
Es sorprendente que ella no tenía ningún otro interés personal, sino solo un corazón puro y humilde hacia Dios. “Yo habito en medio de mi pueblo"... Tan solo por poder vivir en medio del pueblo de Dios, en donde hay varón de Dios, por poder oír la Palabra de Dios y ver la manifestación de Dios, le bastó.
¡Cuán pura y humilde!
El profeta Eliseo empezó a preocuparse por ella, para hacerla feliz y dijo:
“Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella?"
2 Reyes 4:14
Luego el profeta Eliseo se dio cuenta de que ella no tenía hijo, y la bendijo para que Dios le concediera un hijo y ella lo obtuvo.
Después cuando aquel hijo se murió por una enfermedad, el profeta Eliseo oró por él y resucitó.
Otra vez cuando hubo 7 años de gran hambre en toda su tierra, por la ayuda del profeta Eliseo, ella pudo refugiarse en la tierra filistea, luego cuando ella se regresó a Sunem, pudo recuperar su casa, su heredad y toda su cosecha.
Esta hermosa historia nos enseña en gran manera sobre la importancia de obtener y mantener la pureza en nuestro corazón.
¿No te basta que puedas vivir bajo la gracia de Dios?.
¿Qué más quieres?
El hermoso testimonio de la sunamita resuena en nuestro corazón.
“Yo habito en medio de mi pueblo”.
¡Dios sin falta alguna bendice la vida de la persona que posea el mismo corazón de la sunamita!