27/01/2022
27 jueves III c enero 2022
Palabras de esperanza
“Atención a lo que estáis oyendo: La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará lo que tiene”. (Mc 4,21-25)
“Hay otra palabra clave en el evangelio: misericordia. El Señor, el Padre es misericordioso, y siempre nos perdona, siempre quiere hacer la paz con nosotros. Y si uno no es misericordioso corre el riesgo que el Señor no sea misericordioso con uno, porque seremos juzgados con la misma medida con la que juzgamos a los demás”. (Papa Francisco)
El Evangelio de hoy comienza haciéndonos una advertencia:
La luz no es para esconderla.
No se enciende una luz para luego taparla.
La luz se enciende para que alumbre, ilumine.
Uno no enciende un fósforo
y luego lo guarda encendido en el bolsillo.
Uno enciende un fósforo para encender
otras lámparas apagadas.
Pero hoy Jesús quiere que encendamos una lámpara
que siempre debe estar encendida y no apagada.
Porque el cristiano tiene que ser “una lámpara
que alumbre misericordia, que alumbre perdón,
que alumbre amor”.
El cristiano está llamado a iluminar al mundo
y decirle cómo debemos tratar a los demás:
¡con misericordia!
Y para ello nos da y ofrece un criterio práctico.
“La medida que usemos con los demás,
la usarán con nosotros”.
Se nos tratará como tratemos a los otros.
Se nos amará como amemos a los otros.
Se nos perdonará como perdonemos a los otros.
Es decir: el trato que tengamos con los demás,
será el trato que usarán con nosotros.
Al que ama, será amado.
Al que perdona, será perdonado.
Al que tiene misericordia, lo tratarán con misericordia.
Al que da, “se le dará”.
Al tacaño que no sabe dar, “aun lo que tiene se le quitará”.
Jesús quiere ser práctico.
Y además nos agarra en aquello que nos duele.
Porque ¿quién no quiere “recibir”?
Y ¿cómo vamos a recibir si no sabemos dar?
Porque ¿quién no quiere “ser amado”?
Y ¿cómo vamos a pedir amor si no amamos a nadie?
Porque ¿quién no quiere ser perdonado?
Y ¿cómo va a pretender que le perdonen
si él no perdona a nadie?
Sobre todo, Jesús quiere poner hoy el acento
en la “misericordia”.
El Papa Francisco lo dice de una manera sencilla:
“Hay otra palabra clave en el evangelio: misericordia.
El Señor, el Padre es misericordioso,
y siempre nos perdona,
siempre quiere hacer la paz con nosotros.
Y si uno no es misericordioso corre el riesgo
de que el Señor no sea misericordioso con uno,
porque seremos juzgados con la misma medida
con la que juzgamos a los demás”.
La misericordia no es para esconderla.
Tampoco para que hablemos de “misericordia”.
La misericordia tiene que ser una llama
siempre encendida en la vela de nuestro corazón.
La misericordia “tiene que ser visible”.
La misericordia “tiene que sentirse”.
La misericordia “tendría que ser un estilo de vivir”,
un “estilo de ver y tratar a los demás”.
No como un simple gesto de vida,
sino como “un estilo de vida”.
Como lo es Dios con nosotros.
Dios no es misericordioso cuando “está de buen humor”.
Dios no es misericordioso cuando “le conviene”.
Dios “es misericordia”, y no puede “actuar sin misericordia”.
Por eso es “siempre misericordioso”.
La misericordia “siempre está encendida en el corazón de Dios”.
Y el Papa Francisco nos lo dice de otra manera.
No es cuestión de que un día seamos misericordiosos,
y luego “nos cansamos”
O como dice él: “Salí “en cuarta” y ahora
“estoy marcha atrás”.
Y la misericordia tampoco es para los grandes heroísmos.
Es ser misericordioso cada día en las cosas pequeñas.
Ser misericordioso “con esa palabra que me molestó”.
Ser misericordioso “con eso no que me diste esta mañana”.
Ser misericordioso “con esos gestos en calderilla”,
que son los más comunes de nuestras vidas.
Pero que son los que nos van marcando cada día.
Y nos van dando ese rostro misericordioso.
Ser testigos de la misericordia es ser testigos de Dios.
¿Verdad que nos suena bonito
cuando le decimos “Dios omnipotente y eterno”?
Yo sé que Dios es “omnipotente y es eterno”.
Pero Dios se me hace más cercano cuando lo veo:
“Dios misericordioso”, porque entonces lo siento en mi vida.
Ser misericordiosos no es ser débiles.
Ser misericordiosos es “amar mucho”.
El amor “nos hace débiles en la venganza”,
pero nos hace fuertes “en el perdón”.
¿No podía ser hoy un “día de misericordia”?
Mañana “tendrán misericordia de nosotros”.