24/08/2026
FIESTA DE SAN BARTOLOMÉ, APÓSTOL
LECTURAS DE LA MISA: Ap 21, 9-14: Sal 144, 10-11. 12-13. 17-18
LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le eplicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».ensalzado”.
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
Felipe conduce a Natanael hacia Cristo: la fe nace del encuentro y se abre a la verdad, no de prejuicios ni apariencias. Jesús revela que conoce el corazón antes de que el hombre lo comprenda plenamente: ante Él, la conciencia queda iluminada y llamada a la verdad.
«Ven y verás» sigue siendo la pedagogía de la Iglesia: no imponer a Cristo, sino conducir a encontrarse con Él. Por eso, en la familia y en el trabajo, nuestra primera misión es vivir de tal manera que otros puedan reconocer en nosotros la verdad de Cristo.
Natanael pasa de la duda a la confesión: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel». Aquí está el centro cristológico: Jesús no es solamente maestro, sino el Hijo que revela al Padre y da sentido último a la existencia humana. Su mirada sana la fragmentación interior y nos llama a trabajar, decidir y amar desde una conciencia reconciliada con la verdad.
Un cristiano comprometido no puede vivir dividido entre la fe que profesa y las decisiones que toma en casa, en su profesión o en la sociedad.
Jesús promete al discípulo contemplar «cosas mayores»: la fe auténtica no encierra al hombre, sino que lo introduce en el misterio abierto del Reino. San Bartolomé nos enseña que quien ha encontrado a Cristo se convierte necesariamente en testigo: la gracia recibida se transforma en misión. En un mundo herido por la superficialidad, estamos llamados a ofrecer una vida intelectualmente honesta, moralmente íntegra y espiritualmente arraigada en Cristo. Pidamos hoy la gracia de dejarnos mirar por Él, reconocerlo como Señor y conducir, con humildad y firmeza, a otros hacia ese mismo encuentro.