20/01/2022
Ildefonso nació en Toledo, España, en el año 607, en el seno de una familia noble visigoda. Era sobrino de san Eugenio, obispo de esta ciudad, quien asumió en un primer momento su formación. Fue ordenado diácono por San Eladio y, más tarde, fue elegido abad del cercano monasterio agaliense.
San ldefonso fundó, con sus propios bienes, el convento Deibiense para religiosas. Participó en los Concilios de Toledo de los años 653 y 655. En el año 657 fue designado arzobispo de Toledo, cuya sede gobernó con honradez, sabiduría y santo temor de Dios hasta el año de su muerte, ocurrida el 23 de enero de 667.
Considerado una de las mayores glorias de la Iglesia católica española, es honrado como Doctor de la Iglesia. Algunos autores piensan que escribió su obra De virginitate perpetua Sanctae Mariae adversus tres infideles antes de ser obispo. En ella combatió las herejías que atentaban contra la Perpetua Virginidad de María, convirtiéndose así en defensor del dogma. El libro consta de tres partes: defensa de la virginidad de María en el parto contra Joviniano, defensa de la virginidad de María en el parto y después del parto contra Helvidio y, finalmente, proclamación de todas las grandezas de María, junto a su perfecta virginidad, contra un judío. Esos son los tres infideles contra quienes dirige el escrito. Esta obra es considerada como el monumento mariano más importante de la literatura patrística hispana.
En el Concilio Romano del 649, el Papa Martín I había dado anatema contra los que negaran que María concibió virginalmente al Verbo, le dio a luz virginalmente y permaneció virgen después del parto. Probablemente, quedaban en España restos de arrianismo, ya que solamente en el 589 el rey Recaredo había abjurado del arrianismo y hecho profesión de fe católica en la Trinidad. Arrio negaba la divinidad de Cristo y, por tanto, quedaba comprometido el título mariano de Madre de Dios. S. Ildefonso proclama todos los privilegios marianos, defendiendo especialmente su virginidad perpetua como signo de la divinidad de Cristo: solo Dios podía ser concebido y nacer virginalmente. Es de destacar que Ildefonso no se refiera nunca a la Señora llamándola María, sino que siempre la denomina la Virgen, más aún, nuestra Virgen.
Veamos alguna de las invectivas que el santo obispo de Toledo dirige a Joviniano: «No te permito alegar que la pureza de nuestra Virgen fue maculada en el parto, que separes la integridad de la maternidad; no consiento que rompas el sello de la virginidad en el orto del que nace, no tolero que prives a la Virgen del oficio de Madre o sustraigas a la Madre la plenitud de la gloria virginal». De igual modo afirma: «Virgen antes de la llegada del Hijo, virgen después de engendrar al Hijo, virgen en el nacimiento del Hijo, virgen después de nacido el Hijo».
A Helvidio le dice: «No tolero que intentes ofender la posesión de Dios, que dañes con opinión despectiva la mansión de la divinidad ni que afirmes que cualquiera pudo allegarse a la puerta de la Casa de Dios, que fuera cerrada a su salida… Se unen el honor de la Madre y de la Virgen, el pudor de la Virgen y de la Madre, la virginidad en la Madre que engendra y el poder de engendrar a la Virgen, todo ello en una misma persona».
La noche del 18 de diciembre de 665 fue, sin duda, correspondido a su amor maternal a la Virgen, pues tuvo una visión Suya en una capilla donde algunos clérigos habían acudido a cantarle himnos. Nuestra Madre se presentó sentada en la silla del obispo y rodeada de otras vírgenes. Tras hacerle una señal para que se le acercara, fijó sus ojos en él y le dijo: «Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería». A continuación, la Virgen Santísima le vistió con ella, instándole a usarla solo en los días festivos designados a su honor.
Esta aparición y la preciosa casulla con la que la Virgen le obsequió, fueron pruebas suficientes para que el Concilio de Toledo fijara una fiesta especial para honrar su memoria. Aunque la casulla se ha perdido, en la Catedral de Toledo, en la capilla de la Descensión, se puede venerar aún la piedra en la que la Santísima Virgen puso sus pies cuando se le apareció a nuestro célebre obispo.
S. Ildefonso ha sido también el precursor de la esclavitud mariana. Algunos de sus textos, de gran belleza y profundidad espiritual, expresan el deseo del santo de vivir como esclavo de María: «Cuán prontamente deseo hacerme esclavo de esta Señora, cuán fielmente me deleito con el yugo de esta esclavitud, cuán plenamente ansío obedecer sus mandatos, cuán ardientemente quiero no verme libre de su dominio, cuán ávidamente anhelo no verme jamás separado de servirla». Siglos más tarde, S. Luis María Grignon de Montfort y S. Maximiliano M. Kolbe darán a conocer, de manera más extensa, esta práctica de la esclavitud mariana, nacida del corazón enamorado del santo obispo toledano.
Terminamos con una preciosa oración de S. Ildefonso: «Te ruego, Santa Virgen, que yo posea a Jesús de aquel Espíritu del que Tú engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús por aquel Espíritu por el que tu carne concibió al mismo Jesús; que yo pueda conocer a Jesús en virtud de aquel Espíritu por el que te fue dado a ti conocer, tener y alumbrar a Jesús».