12/04/2025
¿Creemos los reformados en la Teología del reemplazo?
Una de las acusaciones más repetidas que se hace contra la teología reformada es que supuestamente abrazamos la llamada “teología del reemplazo”. Según algunos, los calvinistas hemos desterrado al Israel étnico del plan de Dios y hemos entronado a la Iglesia como una usurpadora de promesas ajenas. “¡Herejía!”, gritan los dispensacionalistas desde sus púlpitos, morirás como Chávez, mientras ondean la bandera de Israel, la estrella de Renfan, junto a la cruz. Y lo hacen con tal convicción, que uno pensaría que Moisés escribió Génesis en inglés con notas de Scofield al pie de página.
Pero, ¿es eso cierto? ¿Realmente creemos que la Iglesia reemplazó a Israel? ¿Y si no es así, por qué se nos acusa de ello? Es hora de dejar que la Escritura, y no los muñecos de paja que hacen los dispensacionalistas, tengan la última palabra.
1. ¿Qué es la teología del reemplazo?
La llamada “teología del reemplazo” es una caricatura —con brochas muy gruesas— de una visión cristiana antigua que sostiene que las promesas de Dios a Israel encuentran su cumplimiento en Jesucristo y con ello en la iglesia, que es su pueblo. Pero en boca de sus críticos, esta idea suena más o menos así: “Dios desechó a Israel, rompió su pacto con ellos y ahora todas las bendiciones son para la Iglesia, mientras que los judíos han sido olvidados eternamente, y el Dios que no muta, cambio de parecer”.
Por supuesto, eso no es lo que enseña la teología reformada. Pero antes de aclarar nuestra posición, conviene entender qué quieren decir ellos con esta expresión. El término “teología del reemplazo” no aparece en ninguna confesión reformada, en ningún catecismo histórico, ni en la pluma de los reformadores. De hecho, esta frase fue popularizada por teólogos dispensacionalistas del siglo XX para desacreditar cualquier visión teológica que no divida a Israel y la Iglesia en dos pueblos de Dios con dos planes distintos.
Para muchos de estos críticos, “reemplazo” implica anulación, fracaso, ruptura. Pero bíblicamente, nada de esto tiene sentido. Dios no reemplaza a su pueblo; ya que siempre a sido uno, aquel que está injertado por medio de la fe en Cristo (Rom. 11:17-24). No rompe su promesa, la cumple en Cristo (2 Cor. 1:20). Si a algo se le pudiera llamar reemplazo no es al pueblo, sino el pacto antiguo, según Hebreos 8:13: “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”
Entonces, ¿la Iglesia “reemplaza” a Israel? Si con eso se quiere decir que la Iglesia es el Israel espiritual que incluye a judíos y gentiles unidos por la fe en Cristo, diremos: absolutamente sí. Pero si se quiere insinuar que Dios tiró a Israel como quien bota un borrador fallido, la respuesta es un rotundo no.
2. ¿Qué denominaciones creen en la teología del reemplazo?
La caricatura del “reemplazo total” ha sido sostenida —de manera muy marginal y mal formulada— por algunos sectores del catolicismo medieval. Pero de forma sistemática, es difícil hallar una denominación grande, histórica y seria que enseñe la idea de que Dios ha terminado con Israel como de sorpresa y ahora tomo a la iglesia.
Sin embargo, donde sí se encuentra una “teología del reemplazo”, curiosamente, es en algunas formas del dispensacionalismo mismo. Porque, aunque niegan que la Iglesia reemplace a Israel, sí afirman que la era de la Iglesia es un “paréntesis” en el plan de Dios —una especie de Plan B mientras Israel sigue en espera. ¿Y qué ocurre con todos los creyentes judíos que han venido a Cristo? Según muchos dispensacionalistas, forman parte de la Iglesia, pero no del Israel profético. Es decir, son reemplazados... por la Iglesia.
Más aún, el dispensacionalismo reemplaza a Cristo como el centro de la promesa, para hacer de la tierra de Palestina el eje del plan redentor. Y eso, estimado lector, sí es reemplazar lo eterno por lo terrenal.
3. ¿Somos los reformados parte de la teología del reemplazo?
Con todas las letras: no. La teología reformada no enseña que Dios ha desechado a su pueblo, sino que el pueblo desde Abel hasta nuestro tiempo ha sido uno en Cristo. No creemos en un reemplazo, sino en una continuidad cumplida. El pueblo de Dios no ha cambiado, ha madurado, ha sido injertado de toda lengua tribu y nación y de esta manera ha Sido ampliado, tal cual fue profetizado. En Cristo serían benditas todas las familias de la tierra, ya que Cristo, y no la nación étnica de Israel, es la SIMIENTE de Abraham.
La Confesión de Fe de Westminster (1647) dice claramente:
> “La iglesia visible, que bajo el evangelio también es católica o universal (no está confinada a un país, como lo estaba bajo la ley), consiste de todos aquellos, en todo el mundo, que profesan la verdadera religión, juntamente con sus hijos; y es el reino del Señor Jesucristo,” (CFW 25.2).
La Iglesia no es un proyecto que surgió porque no había otra opción (bueno, si el verdadero pueblo no quiere aceptar al Mesías a alguien se le debe de ofrecer). Es el mismo pueblo de Dios, reunido en torno al Mesías prometido, desde Abel hasta el fin. Y nuevamente, el apóstol Pablo enseña que los gentiles creyentes han sido injertados en el mismo olivo, no en uno nuevo, y que los judíos fueron desgajados de ese olivo, de ese único pueblo. (Rom. 11:17-24). Y añade:
> “No tú sustentas a la raíz, sino la raíz a ti” (Rom. 11:18).
¿Quién es entonces el verdadero Israel? Aquellos que están en Cristo, judíos o gentiles (Gál. 3:28-29). Porque:
> “No todos los que descienden de Israel son israelitas” (Rom. 9:6).
La pregunta no es si la Iglesia reemplaza a Israel, sino si estás unido a Cristo por la fe. Esa es la única línea divisoria en el plan redentor. Esto es lo único que te hace pueblo, o no.
4. El entendimiento bajo la Teología del Pacto
El verdadero antídoto contra la confusión es la teología del pacto. Esta perspectiva bíblica —que sostiene que Dios se ha relacionado siempre con su pueblo mediante pactos, desde Adán hasta Cristo— muestra que hay un solo pueblo, una sola promesa, un solo Salvador.
Desde el pacto con Abraham (Gén. 17), Dios prometió bendecir a “todas las familias de la tierra” (Gén. 12:3). Pablo nos dice que esa promesa se cumplió en Cristo, pero ellos se imaginan que maldecir a la nación étnica acarrea maldición, pero si maldicen a Cristo no pasa nada , tienen más devoción a una nación étnica que al mismo Cristo, cuando la biblia enseña que el que no tiene a Cristo está bajo maldición, incluso aquellos que presuman descender de Abraham. (Gál. 3:16), y que los creyentes en Jesús —sean judíos o gentiles— son descendencia de Abraham (Gál. 3:29).
La teología del pacto no borra a Israel: lo unifica biblcamente. Decir que la teología del pacto enseña “reemplazo” es como acusar al fruto maduro de haber reemplazado a la semilla. El fruto no borra a la semilla: es su consumación.
Por último como conclusión; no, los reformados no creemos en la teología del reemplazo. Creemos en el plan eterno de Dios, centrado en Cristo, revelado en el pacto de Gracia, cumplido en su Iglesia, compuesta por judíos y gentiles unidos por la fe. Rechazamos la ficción de dos pueblos, dos planes, dos esperanzas. Como dice Efesios 2:14:
> “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación”.
Así que la próxima vez que alguien te acuse de “teología del reemplazo”, sonríe con calma, y defiende tu fe.