18/08/2026
La Iglesia nos regala los sacramentos como signos visibles del amor y de la gracia de Dios. A través de ellos, Cristo permanece presente en medio de su pueblo, fortaleciendo nuestra fe y acompañándonos en cada etapa de la vida. En el Bautismo nacemos a una vida nueva; en la Eucaristía recibimos el Cuerpo y la Sangre del Señor; en la Reconciliación experimentamos el perdón; y en los demás sacramentos encontramos la fuerza necesaria para vivir con esperanza y fidelidad.
De manera especial, la Santa Misa es el centro de la vida cristiana. En ella hacemos memoria del sacrificio redentor de Cristo y nos unimos a Él para ofrecer nuestras alegrías, sufrimientos y oraciones. Cuando la Misa se celebra por los fieles difuntos, expresamos nuestra comunión con quienes han partido de este mundo y pedimos a Dios que, por su infinita misericordia, les conceda el descanso eterno y la plenitud de la vida en su Reino.
Ofrecer una Misa por un ser querido fallecido es un acto de amor, fe y esperanza. No olvidamos a nuestros difuntos, sino que seguimos unidos a ellos por la oración, confiando en la promesa de Jesucristo: que quien cree en Él tendrá vida eterna. La Eucaristía es el mayor regalo espiritual que podemos ofrecer por el eterno descanso de sus almas.
Que esta reflexión nos anime a valorar los sacramentos, a participar con frecuencia en la Santa Misa y a orar siempre por nuestros difuntos, para que un día podamos reunirnos con ellos en la presencia gloriosa de Dios.
Rvdo Samir Okada Arismendiz Sja
Rector de la Misión Católica Anglicana San Miguel Arcangel
Cel: 916 603 183