12/01/2026
ALFA Y OMEGA INICIÓ EN MOQUEGUA LAS CELEBRACIONES POR SUS 31 AÑOS DE FUSIÓN LATINOAMERICANA
- El ministerio musical, nacido en el seno de una familia andina, celebra más de tres décadas llevando identidad cultural y mensaje cristiano a América Latina.
Con una propuesta que une tradición, fe e identidad cultural, el ministerio musical Alfa y Omega inició en la ciudad de Moquegua las actividades conmemorativas por sus 31 años de trayectoria artística y misionera. La agrupación, originaria de Huancayo, se ha consolidado como uno de los principales referentes de la fusión entre la música andina y el mensaje cristiano en América Latina.
El director del grupo, Jim Godiño Colquichagua, recordó que el proyecto nació en el seno de una familia de La Oroya, Huancayo, a inicios de la década de 1980, cuando padres y tíos comenzaron a interpretar música andina como expresión de fe. En 1995, la nueva generación formalizó la agrupación bajo el nombre de Alfa y Omega, asumiendo el compromiso de evangelizar a través de la música propia de los pueblos andinos.
La estructura familiar ha sido la base de la permanencia del ministerio. Tres de los hermanos fundadores continúan activos, acompañados por primos y jóvenes de la iglesia que se han integrado progresivamente. “La familia ha sido nuestra fortaleza y nuestro sostén”, señalan, al explicar cómo han logrado mantenerse vigentes pese a las dificultades económicas y logísticas propias del trabajo misionero.
Hoy, los integrantes no solo son músicos, sino también profesionales que combinan su labor cotidiana con el servicio espiritual. Entre ellos hay psicólogos, docentes universitarios, informáticos, diseñadores gráficos, emprendedores textiles y estudiantes de ingeniería. La música no es su único oficio, pero sí su principal herramienta de misión.
Con nueve producciones discográficas, Alfa y Omega ha desarrollado un estilo que parte del folclore andino y dialoga con otros géneros como bossa nova, cumbia, salsa, jazz y pop rock. Huaynos y tinkus conviven con arreglos modernos, siempre con letras de contenido cristocéntrico.
Esta propuesta les ha permitido recorrer diversos países de Sudamérica y Centroamérica, como Brasil, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia, Panamá y Guatemala, donde han compartido escenarios con reconocidos ministerios musicales cristianos y participado en encuentros culturales y religiosos de alcance internacional.
Para el grupo, la música es identidad y mensaje. “Cuando Dios llega a una cultura, hasta su música es transformada”, afirman, al destacar que su objetivo es mostrar que la tradición andina también puede ser un vehículo de fe y esperanza.
A lo largo de sus 31 años, el ministerio reconoce haber atravesado momentos de escasez, cansancio y prueba personal. Sin embargo, consideran que cada dificultad ha sido parte de un proceso de formación y madurez espiritual. La fe, aseguran, ha sido el eje que los ha sostenido en cada etapa.
Asimismo, han sido testigos de experiencias que consideran transformadoras durante sus presentaciones, especialmente en contextos de adoración colectiva, donde muchas personas afirman haber encontrado consuelo, fortaleza espiritual o sanidad emocional.
Durante su reciente visita a la Iglesia CEM de la ciudad de Moquegua, Alfa y Omega realizó presentaciones y actividades de ministración, además de una entrevista en Radio Corbán, donde compartieron su historia y su visión. Los integrantes destacaron los cambios positivos que han observado en la ciudad y en la iglesia local, valorando su crecimiento urbano y espiritual.
Señalaron que Moquegua no es solo una escala en su agenda, sino un espacio de reencuentro con una comunidad que consideran parte de su familia en la fe.
Uno de los ejes de su mensaje está dirigido a los jóvenes, a quienes animan a poner sus talentos al servicio de los demás. Para Alfa y Omega, el arte no es solo expresión personal, sino responsabilidad social y espiritual. “Lo que Dios te ha dado, entrégalo para su gloria”, repiten como consigna.
También advierten que una comunidad que no comparte lo que tiene termina por apagarse, por lo que su música busca generar compromiso, servicio y proyección misionera.
Con 31 años de historia, Alfa y Omega representa una experiencia donde tradición familiar, identidad cultural y fe se entrelazan. En un contexto global que tiende a uniformar los sonidos, su propuesta recuerda que lo local puede dialogar con lo universal, y que la música andina puede ser, también, un lenguaje de esperanza.