16/01/2026
UN CORAZÓN QUE RECONOCE LA GRACIA
"Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama" Lucas 7:47
Imagina el escenario: una comida especial en honor a Jesús en casa de un fariseo llamado Simón. Esta invitación tenía un profundo significado, porque comer con alguien, en la época de Cristo, era un gesto de aprobación. La mayoría de los fariseos rechazaba a Jesús, pero Simón tenía motivos especiales para recibirlo. Había sido curado de una terrible enfermedad, la lepra, y ahora quería expresar alguna forma de gratitud.
Sin embargo, la escena que se hizo inolvidable aquella noche no fue el gesto del anfitrión, sino el acto de una persona inesperada. María Magdalena, conocida por su pasado pecaminoso, entró en silencio y con lágrimas en los ojos ungió los pies de Jesús con un perfume muy caro. El valor del perfume, equivalente al salario de casi un año, indicaba que no solo ofrecía algo valioso, sino lo mejor que tenía.
Mientras María mostraba una devoción profunda y personal, Simón la miraba con desprecio. En su corazón, se preguntaba si Jesús era realmente un profeta, porque había permitido que una “pecadora” lo tocara. Se olvidó de que él mismo, antes considerado impuro por la sociedad, había experimentado el toque restaurador de Cristo.
Jesús, conociendo los pensamientos de Simón, le contó una parábola sobre dos deudores. La lección era clara: tanto Simón como María tenían una deuda impagable, y ambos necesitaban la misma gracia. La diferencia estaba en la respuesta.
¿Con qué frecuencia olvidamos, como Simón, de dónde nos ha sacado Dios? La gracia puede convertirse en algo tan cotidiano para nosotros que nuestras demostraciones de amor y gratitud a Dios se vuelven rutinarias, automáticas y frías. Es fácil devolver el diezmo o hacer una ofrenda por mera obligación, sin que se involucre el corazón. Pero Dios espera de nosotros una respuesta personal, apasionada y generosa, como la de María. “El deseo que María tenía de prestar este servicio a su Señor era de más valor para Cristo que todo el ungüento precioso del mundo, porque expresaba el aprecio de ella por el Redentor del mundo” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 517).
Ahora reflexiona: ¿Has honrado a Dios con la misma pasión y gratitud que brotan de un corazón verdaderamente tocado por su gracia?
¡Feliz Sábado!!!