La Comunidad de Cristianos en Perú, Movimiento para la Renovación Religiosa

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20/05/2026

Evangelio y sermón (17.5.2026)

Hechos 1:1-11
En el primer libro, oh Teófilo, escribí todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio, hasta el día en que, después de haber encargado por medio del Espíritu Santo, sus metas a los apóstoles, a quienes Él había elegido, fue recibido arriba. A estos mismos, después de su pasión, se les presentó vivo con muchas pruebas,
apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó
que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre, que oísteis de mí: que Juan bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de
pocos días. Los que se habían reunido le preguntaron: Señor,
¿restaurarás el reino de Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros conocer los tiempos o las sazones, que el Padre ha fijado en su sola potestad; pero recibiréis la fuerza del Espíritu
Santo, que descenderá sobre vosotros y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la Tierra. Habiendo dicho estas cosas, fue elevado ante sus
ojos, Lo recibió una nube que Lo ocultó y no Lo vieron más. Estando ellos con los ojos puestos fijamente en el cielo, mientras Él se iba, he aquí se les aparecieron dos varones con vestiduras blancas, que les dijeron: Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido elevado al cielo ante vosotros, volverá como Lo habéis visto ir al cielo.

Sermón
“nuestros ojos del alma lo ven
en el ser de las nubes...
lo alaban nuestros corazones
para que seamos los que a Él se confiesan...”

Querida Comunidad de Cristianos,

Las nubes acompañan toda nuestra vida. Las formas y colores que ellas tienen nos permiten predecir las condiciones climáticas. Al ascender una montaña, atravesamos las nubes que la rodean. Al viajar en avión, nos asombramos de estar por encima de ellas.
“Mirando pasar las nubes, encima del cerro me quedo y de golpe me parece que soy yo el se está yendo. La florcita amarilla de tu sombrero, pastora dámela en Pascua, que es tiempo de andar queriendo”..

Los ojos del poeta Manuel J Castilla, en la zamba “Pastor de Nubes” nos acercan al sentido profundo de esta fiesta de Ascensión.
Necesitamos darle ojos espirituales a nuestra alma, para que podamos juntos hacer un canto de alabanza, y así ser en nuestros corazones los que a Él se confiesan.
En la octava proposición de nuestro Credo renovado dice:
“...desde entonces es el Señor de las fuerzas celestiales en la Tierra y vive como cumplidor de los hechos paternos del Fundamento del mundo”.
Cristo se une al Padre, y obra junto con él: “more Él con nosotros al morar Él contigo”
Esta es la fiesta más corta del año cristiano. Solo la festejamos durante diez días. La podemos imaginar como el tiempo que le llevó a Cristo volver al Padre, recorriendo cada una de las jerarquías espirituales. Esta fiesta nos da la posibilidad de acercarnos al misterio de la Trinidad, Cristo se une al Padre y envía al Espíritu Santo. El próximo domingo festejamos la fiesta de Pentecostés en la que celebramos la creación de la primera comunidad hace 2000 años.
La fiesta de Ascensión nos permite profundizar nuestra unión con Él, confesarlo, comulgarlo, para que Él obre en nosotros. Así el cielo bendice a la Tierra, y la Tierra se une al cielo.

“Parada en el aire, paloma,
allí donde está tu nido, miras el cielo
y miras la tierra y buscas tu casa
otros antes que vos hicieron el mismo vuelo.
Yendo y viniendo
de idas y vueltas
mirando al cielo, buscando la casa,
el nido en las nubes...viento que pasa.”

León Gieco “Nido en las nubes”

Podemos tomar prestadas las palabras del cantor para que nuestro corazón sea así una paloma que busca su nido.

Sí así sea.

Fernando Chevallier Boutell.
Sacerdote

Invitación al Taller: “¿Puede el dinero ser Agua de Vida?”Cecilia Velásquez como parte de sus prácticas en Lima ofrecerá...
13/05/2026

Invitación al Taller: “¿Puede el dinero ser Agua de Vida?”

Cecilia Velásquez como parte de sus prácticas en Lima ofrecerá este taller los sábados 16 y 23 de mayo, de 4 a 6 pm.

Este espacio forma parte de su camino de formación. Tu compañía y participación serán un apoyo muy valioso en este proceso.

💫 _Acompáñanos y comparte esta experiencia.

13/05/2026

Evangelio y sermón de la semana (10.5.2026)

📖Juan 14:1-31
“No se turbe vuestro corazón; confiad en Dios y confiad en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, no os lo habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo esté, también podáis estar vosotros. Y adónde yo voy sabéis el camino.”
Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie llega al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, también conoceréis a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.”
Felipe le dice: “Señor, muéstranos al Padre, es todo lo que necesitamos.”
Jesús le responde: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices entonces: “Muéstrame al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí, realiza sus obras a través de mí. Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no podéis confiar en mí, al menos confiad en las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, hará también las obras que yo hago, y mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea revelado en el Hijo. Si pidiereis algo en mi nombre, yo lo haré. Si en verdad me amáis, guardaréis designios, y yo pediré al Padre, y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad, a quien no todos los seres humanos pueden recibir; ellos no lo busquen y por ello no lo conocen. Pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros.
Dentro de poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros, sí, me veréis; porque yo vivo, y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que guarda en sí mis designios espirituales y esos también los revela, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre y yo lo amaré y me revelaré a él.
Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?
Respondió Jesús y le dijo: el que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guardará mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy y vengo a vosotros. Si me amarais os habríais regocijado porque he dicho que voy al Padre, porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda para que cuando suceda, creáis.
No hablaré ya mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene de mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.

🤵‍♀️Reflexión

Al amanecer, cuando la niebla todavía abraza los campos y el sol apenas comienza a filtrarse entre las ramas de los árboles, todo parece suspendido en una calma profunda. El mundo no está detenido, pero tampoco se precipita: hay una espera serena, una promesa silenciosa de claridad. En ese instante, aunque no se vea del todo el camino, uno intuye que la luz vendrá, que el día se abrirá paso, y que la incertidumbre no tiene la última palabra.
En el Evangelio, Cristo habla a sus discípulos en un momento cargado de inquietud: “No se turbe su corazón… en la casa de mi Padre hay muchas moradas… yo soy el camino, la verdad y la vida”. Sus palabras no eliminan el hecho de la partida ni el dolor que eso implica, pero introducen algo más profundo: una confianza que no depende de comprender todo, sino de saberse sostenido. Cristo no ofrece un
mapa detallado, sino su propia presencia como camino. Y cuando promete el Espíritu, no está reemplazando su cercanía, sino transformándola en una compañía interior, constante.
Así como en la naturaleza el amanecer no disipa la niebla de golpe, sino que la atraviesa lentamente con luz, también la fe no suprime de inmediato la incertidumbre, pero la ilumina desde dentro. La paz
verdadera no consiste en tener todas las respuestas, sino en aprender a habitar el camino con confianza. Hay una presencia que ya está obrando, aun cuando no se perciba con claridad. Como el sol que
avanza sin prisa, la verdad se despliega en el tiempo, y quien aprende a confiar en esa luz descubre que nunca estuvo realmente perdido.

Nicolás Martín
Sacerdote en Plottier, Argentina

Queremos compartir con todos ustedes la celebración ofrecida en la Comunidad de Lima, el domingo 19 de abril, a nuestro ...
07/05/2026

Queremos compartir con todos ustedes la celebración ofrecida en la Comunidad de Lima, el domingo 19 de abril, a nuestro querido Pablo Corman por sus 80 años la mitad de los cuales prácticamente lo tenemos con nosotros en el Perú, aunque en los últimos años, como sacerdote emérito, cumple labores en otras comunidades alrededor del mundo.
¡Gracias Pablo!

04/05/2026

Evangelio y sermón de la semana (3.5.2026)

Juan 16:1-23
Os he dicho esto, para que no os escandalicéis. Os echarán de las sinagogas; y aún viene la hora, en que todo el que os mate, piense que da culto a Dios. Y esto lo harán, porque no conocen al Padre ni a mí. Os he dicho esto, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. No os dije esto al principio, porque yo estaba con vosotros. Mas ahora me voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? Sino, que por haberos dicho esto, tristeza se ha llenado vuestros corazones. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. Pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá al mundo acerca de la enfermedad del pecado, acerca del ser superior del hombre y acerca del juicio: en lo referente a la enfermedad del pecado, porque no creen en mí; en lo referente al ser superior del hombre, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Aún tengo mucho que deciros, pero ahora no podéis comprenderlo. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que han de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre, es mío. Por eso he dicho: recibirá de lo mío, y os lo anunciará a vosotros. Dentro de poco ya no me veréis; y dentro de otra poco, y me volveréis a ver. Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: “¿Qué es eso que nos dice: Dentro de poco ya no me veréis; y dentro de otro poco me volveréis a ver y me voy al Padre?” y decían: “¿Qué es ese poco? No sabemos lo que quiere decir.” Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle, y les dijo: ¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ¿Dentro de poco no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver? En verdad, en verdad os digo: Que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por la alegría de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre, os lo dará en mi nombre.”

Reflexión
El Espíritu Santo nos ayuda a abrir los ojos para tres ámbitos: para la enfermedad del pecado, para el equilibrio justo de las fuerzas y para el juicio. Y Cristo después nos describe los tres ámbitos todavía más. El pecado, o mejor traducido la enfermedad del pecado, consiste en el hecho de que no creemos en Él realmente, que no tenemos confianza en la fuerza de Su ser. Bastante cargada está hoy en día la palabra pecado, conectada con la sensación de haber hecho algo malo. Pero pecamos p.e. debido a que nos puede agarrar la duda, el miedo, la inquietud. Así no puede vivir la confianza en el mundo espiritual en nosotros. Que fácil nos ocurre esto, que todo sale mal, que todo parece tan difícil o de tener la sensación que el mundo alrededor parece oscurecerse. Después nos habla el evangelio del equilibrio. El equilibrio justo de las fuerzas nace, si Él se va al Padre. Entonces Él no está más visible para los ojos físicos; pero está presente como fuerza, como el hijo divino en la tierra. Podemos pensar en los gritos de “Hosanna” en el Domingo de Ramos, cuando los hombres lo alaban en la esperanza que Él va a actuar como un rey terrenal, creando orden en el exterior. Ellos no esperaban que Su reino estará construido en el interior del hombre. Y que el juicio efectuase mientras el príncipe de este mundo ya está juzgado. En el griego tenemos en esta parte del evangelio para juicio la palabra “crisis”. Aunque el príncipe de este mundo ya está juzgado tenemos que decidirnos para cual lado queremos arriesgarnos. Crisis tiene que ver con decisión. Es la fuerza del Espíritu, del Espíritu Santo que nos hace posible reconocer la enfermedad del pecado, a estar separado del mundo espiritual, a buscar el equilibrio de las fuerzas, afuera y adentro, y a encontrar la decisión en la crisis.

Andreas Loos, sacerdote en Colombia

Evangelio y sermón de Pascua (5.4.2026)📖Marcos 16,1-18Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de J...
09/04/2026

Evangelio y sermón de Pascua (5.4.2026)

📖Marcos 16,1-18
Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.
Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.
Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?
Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.
Y cuando entraron en el sepulcro, vieron aun joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.
Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.
Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.
Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos
sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

🤵Queridos amigos,

En nuestra comunidad, hace un par de semanas, los niños modelaron cuencos de
arcilla para cocerlos y luego llenarlos de tierra. Hace una semana, el pasado
Domingo de Ramos, sembraron semillas de trigo, y con la llegada de la Pascua las
semillas han germinado y asoman los primeros brotes verdes. Es la mejor imagen
o parábola de la Pascua: el nuevo nacimiento de la vida, asomando a la luz desde el sepulcro oscuro de la tierra, en donde la semilla muere, ofreciéndose a sí
misma en sacrifico, para renacer.
Hoy, Domingo de Pascua, celebramos el acontecimiento histórico que tuvo lugar
hace 2000 años en el Gólgota: el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, el
ungido de Dios, el Logos encarnado en la tierra. Aquel acontecimiento histórico
sucedió una sola vez y es irrepetible. Sabemos que la Parusía o segunda venida de Cristo no será como la primera, encarnado en cuerpo físico-material, sino que volverá en el ser de las nubes, como una presencia de vida inmaterial en la tierra.
Sin embargo, la naturaleza del Dios Hijo, tal como reza el Credo de la Comunidad
de Cristianos, es aquel que nace en eternidad o, dicho de otro modo, que sigue
continuamente naciendo en todos los ciclos de los tiempos.
Por otro lado, el cuenco con las semillas preparado por los niños nos sigue
valiendo para continuar con la comprensión del misterio de Pascua. Ahora que
han salido los primeros brotes verdes, como un milagro de la naturaleza, los niños
tienen la oportunidad de seguir cuidando su cuenco, regándolo cuando la tierra se
seque y poniéndolo en un lugar ventilado y luminoso, para que los brotes crezcan,
den fruto en forma de espigas doradas y así quizás puedan cosechar los granos
para una nueva siembra la próxima primavera.
La naturaleza del Dios Hijo, Cristo resucitado de la muerte de la materia, es el
devenir permanente, la transformación y el crecimiento en evolución. Durante los
cuarenta días desde Pascua hasta la Ascensión a los cielos; y diez días más hasta Pentecostés, con el envío del Paráclito, el Espíritu Santo consolador, el Resucitado sigue transformándose con dinamismo incesante. Ese proceso se refleja también en la naturaleza, desde los brotes verdes de pascua hasta la floración en
Ascensión y los primeros frutos en Pentecostés.
Si en Navidad nace Cristo en nuestra alma, en Pasión muere en sacrificio nuestro
yo inferior. En Pascua renace el Cristo Resucitado en nuestra alma. Después de
haber logrado realizar un prodigio tan grandioso, si los niños no descuidan la
atención a los brotes de su cuenco, ¿seremos capaces de descuidar los brotes de nuestro cuenco interior y no prestarle la atención que merece?
En nuestra comunidad contamos con muchas personas que han dedicado su vida al cuidado y la atención de otras personas enfermas, ancianas o necesitadas de
cuidados especiales. Es una de las profesiones más duras y peor remuneradas; y sin embargo una de las que aporta mayor beneficio a nuestros semejantes. Es una gran suerte y riqueza para una comunidad como la nuestra, que estas personas
formen parte de ella. Son el mejor ejemplo para aprender lo que significa el cuidado de algo sagrado en nuestra alma.
En cualquier momento y circunstancia en nuestra vida se nos presenta la ocasión
de participar en ese proceso como colaboradores de Cristo.
En la celebración del Sacramento del Altar, tenemos la mejor de todas las ocasiones para rememorar el Misterio del Gólgota acontecido hace 2000 años y volver a hacerlo vivo en el momento presente, allá donde se celebre, e irradiando para toda la tierra y la humanidad y para la eternidad.
Sí, así sea.

Vicente Machí
Sacerdote

05/04/2026

Evangelio y sermón (29.3.2026)

Mateo 21:1-11
Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y enseguida los enviará. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:
“Decid a la hija de Sion:
He aquí, tu Rey viene a ti,
Humilde es, y sentado sobre una asna,
Sobre un pollino, hijo de animal de carga.”

Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el
pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo:
“¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!”

Cuando entró Él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: “¿Quién es este?”
Y la gente decía: “Este es Jesús el profeta,
de Nazaret de Galilea.

Sermón Domingo de Ramos

Querida Comunidad de Cristianos, los higos parecen tener un gusto adquirido. O nos gustan o no nos gustan. Sea como fuere, durante la Semana Santa, la higuera y su fruto desempeñan un papel significativo. Mañana, Lunes Santo, escucharemos cómo Cristo “maldice” a la higuera y sus frutos, diciendo que nadie jamás volverá a comer de ellos.
No obstante, mucha gente sigue disfrutando de esta rica y nutritiva fruta. La así llamada “maldición” fue ineficaz o la hemos de tomar en un sentido simbólico. A diferencia de
muchas frutas que producen enzimas para facilitar su maduración después de la cosecha, los higos no cambian mucho en textura o dulzura una vez cosechados. Para garantizar un óptimo sabor y textura, es crucial cosechar los higos en el momento preciso que estén maduros en el árbol.
Según la variedad y el clima, se cosechen los higos entre finales de abril y mediados de octubre en el norte; entre finales de enero y abril en el sur. Así que, en algún lugar de la Tierra, los higos se cosechan después de Epifanía hasta terminar la época de Micael. Este fruto parece no acompañar las fiestas de la gestación y el nacimiento, sino las de la pasión, muerte, resurrección y las del individuo y la comunidad. Un higo no es un solo fruto, sino una “comunidad” de muchos pequeñitos, cada uno con su semilla, todo ocultado en una sola piel. El Domingo de
Ramos, Cristo envía a dos discípulos a un pueblo cerca al Monte de los Olivos para conseguirle una burra y su pollino para montarlos y cumplir con la profecía de la entrada del Mesías en Jerusalén. Ese pueblito se llama en hebreo “Betfagé”, que significa “La casa de los higos no maduros”.
Aún no ha llegado Su momento, pero pronto lo hará. Así, comienzan los últimos pasos en la preparación para el gran
acto de sacrificio. Desde el domingo hasta el jueves de Semana Santa, Cristo pasa la noche en otra aldea cercana, “Betania”, hogar de Marta, María Magdalena y Juan-Lázaro.
Es un nombre con muchas traducciones, tales como Casa de: la pobreza, la humildad, la aflicción, la respuesta y ¡los higos
maduros! Pero una traducción que no se toma en cuenta con suficiente atención es “Casa del Yo”. “Bet” significa casa;
“ani” es la palabra hebrea para “yo”. Las idas y venidas de Cristo durante la Semana Santa pasan entre “La Casa del Yo” y el templo, en la última preparación del “Yo Soy” a
encontrarse consigo mismo en el Gólgota, en la fusión final del ser humano convirtiéndose en Dios y del Dios tornándose humano. Esta semana, de lo que aún no está maduro ni oportuno, nos llevará a “el árbol” y al momento de la mayor madurez imaginable. No importa si nos gustan los higos o no, ellos nos acompañarán en Semana Santa recordándonos y animándonos a seguir el camino desde una humanidad inmadura a la madurez divina. Nosotros, como los higos,
mientras maduramos, hemos de permanecer en el “árbol”, como Él lo hizo, sin cosecharnos demasiado pronto ni demasiado tarde. Para ese momento preciso hemos de estar preparados, despiertos y atentos.

Sí, así sea

Pablo Corman
Sacerdote emérito

26/03/2026
25/03/2026

Evangelio y sermón de la semana (22.3.2026)

Juan 8:1-11
Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y Él se sentó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú, qué dices? Esto le preguntaron para tenderle una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en la Tierra.

Como ellos insistían en acosarlo con preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje
la primera piedra. E inclinándose de nuevo, escribió en la Tierra.
Al oír esto, despertó en ellos su consciencia, y se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a
Jesús solo con la mujer, que seguía en medio. Entonces Él se incorporó y le preguntó: Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Nadie, Señor. Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no peques más.

Reflexión
Pensar con las manos, no de antemano

Querida comunidad de Cristianos,
Cristo encarnó.
Ya no toca pensar de antemano, sino con las manos.
No hay nada absoluto que mantenga su valor en la tierra.
Cualquier códice lo ejemplifica:
por más noble que haya sido su construcción,
tanto más se corroe cuanto más interactúe con el tiempo y el espacio.

Cristo encarnó.
Ya no toca pensar de antemano, sino con las manos.
Que las leyes atemporales
escritas en tinta indeleble
se queden mejor resguardadas en sus cuevas, cámaras y frascos!
Cristo encarnó!
Escribamos como Él
con el dedo mismo
en la tierra misma
leyes que nazcan y mueran
inclinados en la devoción a la circunstancia,
es decir, por amor verdadero.

Cristo encarnó
Pensemos con las manos, no de antemano.

Nahuel Di Stefano Villalba
Sacerdote

Dirección

Calle Constancio Bollar
Lima
LIMA27

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