22/08/2026
ORACION EN EL HUERTO, SIN OLIVOS...
Señor, sé que conoces todos los corazones.
Por eso quiero preguntarte:
¿Cómo es que quienes dicen creer en Ti y amarte pueden justificar y defender la compra, venta y alquiler de hombres, mujeres y niños para convertirlos en esclavos sexuales?
¿Cómo es que pueden avalar y consentir, como si fuera un negocio más, el crimen, la violencia y el sicariato?
¿Cómo es que pueden rezarte y, hasta de rodillas, elaborar, proponer y aprobar leyes que terminan quitándoles la vida a hermanos indígenas para quedarse con sus tierras?
¿Cómo es que pueden reunirse una mañana en un Te Deum, elevando sus voces hacia Ti, cuando la noche anterior acomodaron leyes para silenciar la vida y la dignidad de otros, simplemente porque no piensan como ellos?
¿Cómo es que pueden darnos discursos hermosos y hasta bendecirnos con los mismos labios y las mismas manos con las que ordenaron matar, despojar y arrebatar sus tierras a nuestros hermanos nativos, en los lugares más profundos de nuestra nación?
¿Cómo es que, siendo todos hijos de esta noble nación que Tú nos diste, pueden hacernos sentir como extranjeros en nuestra propia tierra?
Si Tú eres el mismo Dios para ricos y pobres;
si no miras el color de nuestra piel;
si para Ti ninguna vida vale más que otra;
si nos bendices a todos por igual...
¿Cómo es que aquellos que oran en los mismos templos que nosotros pueden mirarnos como un “recurso necesario” y no como seres humanos, como hermanos, como hijos de un mismo Dios?
¿Cómo es que pueden darle más valor al dinero, al poder y a la tierra que a la vida misma?
¿Cómo es que pueden olvidar que detrás de cada cifra, de cada negocio, de cada territorio y de cada ley hay un ser humano...
un padre, una madre, un hijo, un hermano?
Señor, yo quiero saber.
No te pregunto porque no conozcas la respuesta.
Te pregunto porque yo necesito entender cómo puede un ser humano arrodillarse ante Ti y, al levantarse, pisotear a otro ser humano que también es Tu hijo.
Me urge saber, Señor...
¿En qué momento dejamos de verte en el rostro de nuestro hermano?
¿En qué momento el dinero llegó a valer más que la vida?
¿En qué momento el poder consiguió que algunos olvidaran que, ante Ti,
todos somos iguales?
Respóndeme, Señor...
Porque yo todavía quiero creer que la justicia, la verdad y la dignidad humana
no han dejado de tener un lugar en este mundo.
Y si nosotros hemos sido capaces de olvidarlo...
recuérdanos Tú, Señor, quiénes somos.
Amén 🙏