03/04/2026
Esas lágrimas que estás derramando…
sí, esas que intentas esconder,
las que caen en silencio cuando nadie te ve,
las que nacen de un corazón cansado, herido… que ya no sabe cómo seguir.
Dios las está viendo.
No son insignificantes,
no son exageradas,
no son ignoradas.
Cada lágrima tiene un peso delante de Él,
cada suspiro que sale de tu pecho,
cada oración que no pudiste terminar…
todo está siendo escuchado.
Y aun en medio de ese dolor que no sabes explicar,
en esa tristeza que se queda contigo incluso cuando todo parece estar en calma,
Él no se ha apartado.
Está ahí… sosteniéndote con cuidado,
abrazando tu vida en silencio,
guardando tu corazón cuando sientes que ya no puedes más,
obrando incluso en lo que tú no logras ver.
Tal vez hoy no tienes respuestas,
tal vez solo tienes lágrimas…
pero incluso esas lágrimas están siendo parte de algo mayor,
porque en las manos de Dios nada se pierde.
No estás solo.
“Tú has contado mis huidas;
pon mis lágrimas en tu redoma;
¿no están ellas en tu libro?”
— Salmos 56:8