03/09/2026
𝐒𝐄𝐓𝐈𝐄𝐌𝐁𝐑𝐄 𝐌𝐄𝐒 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐁𝐈𝐁𝐋𝐈𝐀
Cada año, durante el mes de septiembre, muchas iglesias cristianas celebran el Mes de la Biblia. Esta celebración constituye una oportunidad para recordar la importancia de las Sagradas Escrituras y renovar el compromiso de conocerlas, estudiarlas, obedecerlas y proclamarlas. Sin embargo, septiembre no debería ser simplemente una fecha marcada en el calendario de la iglesia. Su verdadero propósito debe llevarnos a reflexionar sobre una realidad mucho más profunda: la Biblia no es un libro religioso más, sino la Palabra de Dios infalible e inerrante que revela su voluntad, presenta el camino de salvación y conduce al ser humano hacia Jesucristo su Salvador.
La importancia de la Biblia no depende de que exista un mes dedicado a ella. La Escritura posee autoridad durante todo el año y para toda la vida. Por eso, el Mes de la Biblia debe funcionar como un llamado especial para recuperar una práctica que muchas veces ha sido descuidada: volver a colocar la Palabra de Dios en el centro de nuestra vida personal, familiar y congregacional.
𝟏. ¿𝐏𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐬𝐞𝐩𝐭𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐢𝐝𝐞𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚?
En el cristianismo, septiembre ha llegado a ser reconocido en diversos países latinoamericanos como un mes dedicado especialmente a la Biblia. Una de las razones históricas más conocidas está relacionada con la traducción y distribución de las Escrituras en español, así como con acontecimientos vinculados a la publicación de traducciones bíblicas.
Una fecha particularmente significativa es el 26 de septiembre de 1569, cuando se terminó de imprimir en Basilea, Suiza, la traducción castellana realizada por Casiodoro de Reina, conocida posteriormente como la Biblia del Oso. Esta obra constituye uno de los antecedentes fundamentales de la tradición bíblica protestante en español y posteriormente sería revisada por Cipriano de Valera, dando origen a una tradición textual que tendría una enorme influencia en el mundo evangélico hispanohablante.
Por esta razón, septiembre se convirtió progresivamente en una ocasión apropiada para recordar la importancia de la traducción, lectura, difusión y enseñanza de las Escrituras.
No obstante, sería un error pensar que la importancia de septiembre procede de una orden bíblica. La Biblia no establece que septiembre deba ser el Mes de la Biblia. Se trata de una celebración histórica y eclesial, no de un mandato de las Escrituras. Precisamente por eso, su valor no está en la fecha misma, sino en aquello que la fecha nos recuerda: la necesidad permanente de conocer la Palabra de Dios.
𝟐. 𝐋𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚 𝐞𝐬 𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬
Pablo afirma en 2 Timoteo 3:16 que “toda la Escritura es inspirada por Dios”. Esto significa que las Escrituras poseen una autoridad que no procede simplemente de la capacidad literaria de sus autores, sino de Dios mismo. Aunque fueron escritos por diferentes hombres, en diferentes épocas y circunstancias, Dios actuó mediante ellos para comunicar su revelación. Por eso, el cristiano no debe acercarse a la Biblia solamente como quien estudia un documento antiguo. Debe acercarse con reverencia, humildad y disposición para escuchar lo que Dios ha revelado.
Asimismo, Pedro enseña que los autores bíblicos hablaron siendo guiados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:20-21). La Biblia, por tanto, no solamente informa la mente: confronta el pecado, transforma el corazón, orienta la conducta y dirige al creyente hacia Dios.
𝟑. 𝐋𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐥𝐚 𝐚 𝐉𝐞𝐬𝐮𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
Otro argumento fundamental es que toda la Escritura tiene como centro el plan redentor de Dios culminado en Jesucristo.
Jesús mismo enseñó que las Escrituras daban testimonio de Él en Juan 5:39. Después de su resurrección, explicó a sus discípulos lo que las Escrituras decían acerca de Él (Lucas 24:27).
Esto es especialmente importante porque nos enseña que leer la Biblia no consiste únicamente en buscar consejos para tener una vida mejor. La finalidad principal de las Escrituras es llevarnos al conocimiento del Dios verdadero y mostrarnos su obra de salvación solamente a través de la fe en Jesucristo.
Desde Génesis hasta Apocalipsis encontramos el desarrollo progresivo del propósito redentor de Dios. Las promesas, pactos, sacrificios, profecías y acontecimientos del Antiguo Testamento encuentran su cumplimiento en Cristo. Por eso, una verdadera celebración del Mes de la Biblia debe ser también una celebración de Cristo revelado en las Escrituras.
𝟒. 𝐋𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐫𝐞𝐲𝐞𝐧𝐭𝐞
La Palabra de Dios no fue dada únicamente para ser admirada, sino para ser obedecida. En Salmo 119:105 declara: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. La imagen es clara: así como una lámpara permite caminar en medio de la oscuridad, la Palabra de Dios orienta al creyente en medio de las decisiones, dificultades y tentaciones que pueda enfrentar.
Además, Santiago 1:22 exhorta a no ser solamente oidores de la Palabra, sino hacedores de ella. Esto significa que el conocimiento bíblico que no produce obediencia puede convertirse en un conocimiento estéril. Una persona puede conocer muchos versículos, doctrinas y conceptos bíblicos y, sin embargo, no vivir conforme a ellos. Por eso, el verdadero propósito del Mes de la Biblia debe ser conducirnos de la lectura a la reflexión, de la reflexión a la fe y de la fe a la obediencia a nuestro Dios.
𝐂𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧
Para concluir, septiembre es considerado el Mes de la Biblia principalmente como una oportunidad histórica y eclesial para recordar el valor de las Sagradas Escrituras, especialmente en el contexto hispanohablante y en relación con la historia de su traducción y difusión. Sin embargo, su importancia no depende de septiembre. La Biblia debe ser el libro central de la iglesia y de la vida cristiana durante todos los días del año.
El verdadero desafío no consiste simplemente en celebrar el Mes de la Biblia, sino en convertir esa celebración en una práctica permanente. Una iglesia que ama la Biblia debe leerla, estudiarla, predicarla, enseñarla y obedecerla. Una familia que valora la Biblia debe llevarla al hogar. Y un cristiano que reconoce su autoridad debe permitir que ella transforme su manera de pensar, hablar y vivir.
Por encima de todo, debemos recordar que la Biblia nos conduce a Jesucristo. En ella conocemos al Dios que salva, al Cristo que redime y al Espíritu Santo que aplica esa obra a nuestras vidas. Por eso, celebrar el Mes de la Biblia no significa exaltar un libro simplemente, sino agradecer a Dios por habernos dado su revelación y comprometernos nuevamente a vivir bajo la autoridad de su Palabra Eterna.