13/05/2024
Los que acusan y señalan a Ellen G. White como alguien que solo regaña o prohíbe o que se la pasa hablando de la ley y del Sábado, ignoran voluntariamente y con malicia sus escritos. Se burlan de que sus libros sean llamados “el Espíritu de Profecía”. Debo decirles que el Espíritu de Profecía es el Testimonio de Jesucristo. Así lo dijo el ángel de Jesús a Juan en el Apocalipsis: “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” (Apocalipsis 19:10). Ella exalta a Cristo en todos sus escritos más que nadie. Ni aún Pablo o Jones y Waggoner lo hicieron como ella. Nadie presentó jamás en toda la historia de nuestra humanidad tan amplia y profundamente la vida, el carácter y las obras de Jesús como lo hace la Señora Ellen White. Se basa en la Biblia y no contradice nada. Simplemente nos ayuda a profundizar y a esclarecer lo que Dios nos revela en su Palabra. No necesitaríamos sus escritos si fuéramos diligentes y deseosos de aprender directamente de Jesús. Algunos de sus libros son:
El Camino a Cristo
El Deseado de todas las Gentes
Palabras de Vida del Gran Maestro
El Discurso Maestro de Jesucristo
Ministerio de Curación
Patriarcas y Profetas
Profetas y Reyes
Hechos de los Apóstoles
El Conflicto de los Siglos
En todos estos libros ella solo exalta a Jesús y nos entrega su amor y su testimonio (el Testimonio de Jesucristo, dicho en Apocalipsis 12:17). Los que leemos y atesoramos esta inspiración, tomamos parte con un remanente que sobrevivirá al final y hasta la venida del Señor.
Nadie se perderá por no creerla, pero sí por no creerle a Dios. Nadie se salvará por leerla y conocer sus escritos, pero sí nos salvará Aquel que la llamó para instruirnos y amonestarnos.
Ella no es un punto de salvación o perdición, pero nosotros sí, dependiendo de como oímos y vivimos.
Dejen de usar sus escritos para apuntar y señalar públicamente las debilidades de otros. Mucho de lo que ella escribió era de carácter privado y fue puesto allí a manera personal y con prudencia. Ustedes lo sacan a la luz, sin respetar ese orden orientado por el Cielo.
Dejen de enseñar que sus escritos son una opinión personal. Fueron muy pocas las cosas que ella publicó sin luz especial y ajustadas a su época; pero lo demás es para nosotros y aún más para este tiempo.
Guarden lo que está escrito y atesórenlo, porque ciertamente habló Dios por medio de ella. Entraba en visión y muchas veces esto ocurrió en público, frente a cientos o miles de personas y no respiraba ni parpadeaba, mirando fijamente con sus ojos abiertos sin ya estar ella allí. El Adventista de ese entonces no dudaba ni cuestionaba sus escritos. Algunas visiones duraban horas. Otros que eran pacientes en el Hospital de al frente de su casa, miraron la luz que resplandecía desde su habitación en la madrugada, cuando el ángel del Señor la visitaba. Muchos pastores y laicos dudan de ella ahora o hablan en su contra, porque ignoran las Escrituras y el poder de Dios.
“Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.” (2 Crónicas 20:20).
“Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:47).
“Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas”. (Mateo 23:34).
Todo lo que se dijo de Juan el Bautista, se puede también decir de ella.
Al morir, sus últimas palabras fueron: “Yo sé en Quien he creído”.
Hasta el día de hoy, quedan algunas casas de aquella época, cerca de la suya en Santa Helena, California, donde uno de sus vecinos, al oír la noticia de que había mu**to, exclamó con mucho pesar: “Era la ancianita que siempre nos hablaba de Jesús”.
Bendiciones.