04/07/2024
[30/6 18:14] Victor: Pregunta — ¿Qué pasa cuando alguien se dedica a ayudar a otras personas?
Meishu Sama: Quien ha sido ayudado siempre agradece a su benefactor, y la gratitud pronto tiene el poder de eliminar las manchas del devoto. Así, la repetición de este movimiento agranda el alma de quien brindó ayuda, porque el alma es libre de aumentar o disminuir de tamaño.
Pregunta — Saber que asistir al Servicio Mensual genera mucha Luz, ¿significa esto que el alma se está purificando?
Meishu Sama—Así es. La Luz de Dios también crece y mengua. Cuando muchos participan en el Servicio, oran juntos, la Luz Divina aumenta y todos son bañados por ella, lo que permite que ocurran las gracias. Cada participante es corresponsable de la Luz que se forma y, al mismo tiempo, también es beneficiario de ella.
Meishu-Sama, libro El camino hacia la felicidad
[30/6 18:17] Victor: Guenkon (Alma en el Mundo Material) y Yuukon (Alma en el Mundo Espiritual)
Explicaré en detalle la relación entre el hombre y el espíritu. Los seres humanos tienen un espíritu, cuya forma es exactamente igual a la de su cuerpo físico. En el centro del espíritu está la psique, y en el centro de ella, el alma. Así, por naturaleza, el espíritu se compone de tres capas: pequeña, mediana y grande. El alma fue atribuida por Dios, siendo en sí misma la psique pura. La patria, es decir, el lugar de registro u origen del espíritu, se encuentra en uno de los 180 estratos espirituales. Lo llamé Yûkon. Éste y el alma están unidos entre sí a través de hilos espirituales, por lo que los pensamientos y acciones del hombre se transmiten constantemente al Yûkon, que se comunica con Dios. Las órdenes divinas se transmiten al Yûkon y, a través de hilos espirituales, se transmiten al hombre. Un ejemplo de ello es que, en ocasiones, cuando trazamos un proyecto, a pesar de hacer esfuerzos para alcanzar los objetivos, las cosas toman un rumbo diferente, que ni siquiera habíamos imaginado, y nos encontramos ante un destino imprevisto. La mayoría de las personas deben haber tenido la sensación de estar bajo el dominio de algo invisible. En otras palabras, esta sensación es el mensaje divino transmitido al Yûkon. Cuando vas en contra de la voluntad divina, obtienes resultados opuestos, no importa cuánto lo intentes. Por eso, el hombre siempre debe reflexionar profundamente sobre si sus pensamientos concuerdan o no con la voluntad divina. Si hay egoísmo o malos deseos, se obstruirá la transmisión de la voluntad divina. Por eso, aunque por un tiempo las cosas parezcan ir bien, al final, sin falta, llega el fracaso. Por eso, a la hora de planificar algo hay que reflexionar mucho y analizar profundamente si los objetivos son buenos, o si son útiles o no para la sociedad. Lo curioso es que, cuando alguien falla y se encuentra en problemas, porque alberga pensamientos perversos y no responde a la voluntad divina, el sufrimiento que atraviesa contribuye a reducir los pecados y las manchas que son causa de los malos pensamientos. Con esto se p**e el alma; por lo tanto, al actuar de acuerdo con la voluntad divina, termina convirtiéndose en una persona exitosa. Los ejemplos de personas que lograron el éxito tras el fracaso son muy comunes. En particular, cuanto más y mayores sean los fracasos, más éxito tendrá la persona. Esto se debe a la razón mencionada anteriormente. Por lo que he explicado, la única manera de volverse afortunado es elevar el registro del alma velada a las capas superiores. Originalmente, la posición del alma velada no permanece fija: siempre está subiendo o bajando. Esto ocurre porque cuanto más ligera es el alma, más se eleva y cuanto más pesada es, más desciende. El peso del alma depende de las buenas y malas actitudes del hombre. Cuando uno hace buenas obras y añade virtudes, sus pecados y imperfecciones disminuyen y el espíritu se vuelve ligero. En cambio, cuando comete malas acciones y acumula pecados, sus imperfecciones aumentan, por lo que su espíritu se vuelve pesado. Desde la antigüedad se habla del peso de los pecados. Por lo tanto, los pensamientos, palabras y acciones, sean buenas o malas por naturaleza, se transmiten a Dios a través de hilos espirituales. Quienes conocen este principio deben esforzarse por todos los medios en llegar a ser personas virtuosas.
(Los estratos espirituales, 25 de agosto de 1949)