Comisión Episcopal de Liturgia del Perú

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SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS - CICLO ACelebrar Pentecostés no es simplemente recordar algo que ocurrió al inicio de la Igle...
24/05/2026

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS - CICLO A

Celebrar Pentecostés no es simplemente recordar algo que ocurrió al inicio de la Iglesia. Es pedir que aquello que Dios realizó en los comienzos de la predicación evangélica lo realice también hoy en nosotros. Por eso, la oración colecta de esta solemnidad nos hace decir: «realiza ahora también, en el corazón de tus fieles, aquellas maravillas que te dignaste hacer en los comienzos de la predicación evangélica».

Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo, pero también es la fiesta de la Iglesia enviada, de la fe encendida y del perdón que brota del Resucitado. El Espíritu no viene para dejarnos encerrados en nosotros mismos, sino para santificar a la Iglesia, renovar el corazón de los fieles y llevar la salvación de Cristo hasta los confines de la tierra.

1. «Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas»

En Pentecostés, el Espíritu Santo se manifiesta como unas lenguas semejantes a llamaradas que se posan sobre cada uno de los discípulos. No es un fuego que destruye, sino un fuego que purifica, ilumina y enciende. Es el fuego de Dios, el fuego de su presencia, el fuego de su amor.

La oración colecta nos ayuda a comprender este signo cuando dice que Dios, por el misterio de esta fiesta, santifica a toda su Iglesia «en medio de los pueblos y de las naciones». El Espíritu Santo no desciende sobre una Iglesia encerrada para que permanezca cómoda y temerosa. Desciende sobre la Iglesia para hacerla misionera, para darle una palabra nueva, para enviarla a todos los pueblos.

Por eso aparecen lenguas. Porque el Espíritu hace hablar. El Espíritu rompe el silencio del miedo y convierte a los discípulos en testigos. Aquellos que estaban encerrados comienzan a anunciar las maravillas de Dios. Donde había temor, aparece la valentía; donde había fragilidad, aparece la fuerza de lo alto; donde había encierro, aparece la misión.

También hoy necesitamos ese fuego. Necesitamos que el Espíritu Santo vuelva a encender nuestras comunidades, nuestras familias, nuestros ministerios, nuestra vida cristiana. Una Iglesia sin el fuego del Espíritu puede conservar estructuras, actividades y costumbres, pero pierde la fuerza interior del Evangelio. Pentecostés nos recuerda que la Iglesia solo puede hablar al mundo si primero ha sido encendida por Dios.

2. «Nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo»

San Pablo nos recuerda que la verdadera confesión de fe no nace solamente de la inteligencia humana ni de una costumbre aprendida. Decir de verdad «Jesús es Señor» es obra del Espíritu Santo en el corazón.
La colecta de Pentecostés pide precisamente que Dios realice sus maravillas «en el corazón de tus fieles». Esta expresión es muy importante.

Pentecostés no es solo un acontecimiento exterior, visible, ruidoso, lleno de viento y fuego. Pentecostés es también una obra interior. El Espíritu entra en el corazón del creyente y lo mueve a reconocer a Cristo, a amarlo, a seguirlo y a confesarlo como Señor.

Decir «Jesús es Señor» no puede ser solo una frase bonita. Significa reconocer que Cristo tiene autoridad sobre mi vida. Significa dejar que su Evangelio ilumine mis decisiones, mis afectos, mi conducta, mi manera de tratar a los demás, mi forma de vivir la fe.

Por eso, cuando pedimos el Espíritu Santo, no le pedimos solamente entusiasmo. Le pedimos conversión. Le pedimos que nos enseñe a vivir bajo el señorío de Cristo. Porque puede haber mucha actividad religiosa y, sin embargo, poco corazón entregado al Señor. Puede haber muchas palabras sobre Dios y poca obediencia a su voluntad.

Pentecostés nos invita a preguntarnos con sinceridad: ¿Cristo es realmente el Señor de mi vida? ¿O solo lo invoco cuando lo necesito? ¿Mi fe nace de una relación viva con Él o se ha vuelto una costumbre? El Espíritu Santo viene a renovar esa confesión interior, para que podamos decir con la vida, y no solo con los labios: Jesús es el Señor.

3. «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados…»

En la tarde de Pascua, Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, les comunica la paz, sopla sobre ellos y les dice: «Reciban el Espíritu Santo». Inmediatamente les confía la misión del perdón: «a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados».

Aquí vemos que el Espíritu Santo no viene solo para consolar, sino también para reconciliar. El Espíritu hace presente en la Iglesia el perdón que brota de la Pascua de Cristo. El Resucitado muestra sus llagas y entrega la paz. De esas llagas nace la misericordia; de su cruz gloriosa nace el perdón.

La oración colecta pide: «derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra». Entre esos dones está la reconciliación, la vida nueva, la paz con Dios, la liberación del pecado. La Iglesia no existe para condenar al mundo, sino para anunciar y comunicar la misericordia de Cristo. Pero tampoco existe para decir que el pecado no importa. Pentecostés nos muestra ambas cosas: la seriedad del pecado y la grandeza del perdón.

El Espíritu Santo nos hace reconocer el pecado, pero no para hundirnos en la culpa, sino para llevarnos a la misericordia. Nos muestra nuestras heridas, pero para sanarlas. Nos mueve al arrepentimiento, pero también nos devuelve la alegría de sabernos perdonados.

Por eso, Pentecostés tiene también una dimensión profundamente sacramental. Cada vez que un pecador vuelve a Dios, cada vez que alguien se confiesa con sincero arrepentimiento, cada vez que una vida herida es levantada por la gracia, se hace presente la fuerza del Espíritu Santo. La Iglesia sigue recibiendo el soplo del Resucitado para llevar al mundo el perdón de Dios.

Pidamos, entonces, que Pentecostés no sea para nosotros solo una fiesta del calendario. Pidamos que sea una gracia actual. Que el Señor realice ahora también en nosotros aquellas maravillas que hizo al comienzo de la predicación evangélica.

Que el Espíritu Santo encienda nuevamente el fuego de la fe en nuestra Iglesia. Que nos haga confesar con verdad que Jesús es el Señor. Que nos abra al perdón, a la conversión y a la vida nueva. Y que, santificados por el Espíritu en medio de los pueblos y de las naciones, podamos ser una Iglesia menos encerrada, menos temerosa, menos apagada, y más dócil, más misionera, más llena de Cristo.

Ven, Espíritu Santo. Renueva el corazón de tus fieles. Renueva tu Iglesia. Y realiza también hoy las maravillas de Pentecostés.

Pbro. Martin Vértiz Apuy
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Liturgia del Perú

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR - CICLO ALa Ascensión del Señor no es una despedida triste ni el alejamiento de Cri...
18/05/2026

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR - CICLO A

La Ascensión del Señor no es una despedida triste ni el alejamiento de Cristo de nuestra historia. La liturgia de hoy nos hace contemplar el momento en que Jesús, después de haber acompañado a sus discípulos durante cuarenta días y de haberles hablado del Reino de Dios, es elevado al cielo delante de ellos. Los apóstoles permanecen mirando hacia arriba, como intentando retener la presencia visible del Maestro. Pero entonces escuchan aquella voz que los despierta: «Galileos, ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo?».

La Ascensión marca un cambio profundo. Jesús ya no estará presente de la misma manera, pero no ha abandonado a su Iglesia. San Pablo nos recuerda que el Padre «lo sentó a su derecha en el cielo» y que «todo lo puso bajo sus pies», entregándolo a la Iglesia como Cabeza de todo. Cristo glorioso sigue guiando a su pueblo, sosteniendo a su Iglesia y acompañando el caminar de los creyentes. La Ascensión no significa ausencia; significa glorificación y plenitud. El Señor ha llevado nuestra humanidad hasta el corazón mismo del Padre.

Por eso la oración colecta de esta solemnidad nos hace proclamar con esperanza: «la Ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria». Qué hermosa expresión. Cristo no sube al cielo solo para sí mismo. Él asciende llevando consigo nuestra condición humana. Allí donde ha llegado la Cabeza, esperamos llegar también nosotros, que somos miembros de su cuerpo. El cielo deja de ser algo extraño o lejano, porque en Cristo nuestra humanidad ya ha entrado en la gloria.

Pero el Señor no quiere discípulos inmóviles, «plantados mirando al cielo». Antes de ascender entrega una misión concreta: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos». La Iglesia vive entre el cielo y la tierra: con el corazón puesto en Dios y las manos comprometidas en la misión. Evangelizar, enseñar, bautizar y anunciar a Cristo forman parte de la identidad misma del discípulo.

Finalmente, la oración después de la comunión resume maravillosamente el sentido espiritual de esta fiesta: «te rogamos que el afecto de nuestra piedad cristiana se dirija allí donde nuestra condición humana está contigo». Muchas veces vivimos demasiado preocupados por las cosas pasajeras y terminamos olvidando nuestra verdadera meta. Hoy la Iglesia nos invita a levantar la mirada y el corazón hacia Cristo glorioso. Allí está nuestra esperanza, allí está el destino al que estamos llamados. Porque el Señor que ha subido al cielo no se ha alejado de nosotros; más bien, permanece vivo en medio de su Iglesia y nos atrae hacia la gloria que Él mismo nos ha preparado.

Buen domingo en la presencia del Señor.

Pbro. Martin Vértiz Apuy
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Liturgia del Perú

II Taller de Formación LitúrgicaLa Comisión Episcopal de Liturgia del Perú invita cordialmente a agentes pastorales, ser...
14/05/2026

II Taller de Formación Litúrgica
La Comisión Episcopal de Liturgia del Perú invita cordialmente a agentes pastorales, servidores de la liturgia y al público en general a participar de este encuentro formativo.

📆Fechas: Miércoles 27 y Jueves 28 de mayo.
🕘Horario: De 8:00 p. m. a 9:30 p. m.
🖥️Modalidad: Virtual (vía Zoom).
🎞️Incluye certificado de participación y acceso a las grabaciones.

🏦Donación: S/ 20.00 soles.
• Cuenta Corriente BCP Soles: 191-2175535-0-99
• Código de Cuenta Interbancaria (CCI): 00219100217553509954

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964 614 014 / 992 901 758

¡No faltes!
¡Te esperamos con entusiasmo! 🎉

Agradecemos mucho tu difusión para que juntos hagamos de este evento un espacio de formación y crecimiento espiritual.

Nos unimos al saludo de la Conferencia Episcopal Peruana al Santo Padre León XIV con ocasión de su primer año de pontifi...
08/05/2026

Nos unimos al saludo de la Conferencia Episcopal Peruana al Santo Padre León XIV con ocasión de su primer año de pontificado

V/. Oremos por nuestro pontífice León XIVR/. El Señor lo conserve y lo guarde, y le dé larga vida, y lo bendiga en la ti...
08/05/2026

V/. Oremos por nuestro pontífice León XIV

R/. El Señor lo conserve y lo guarde, y le dé larga vida, y lo bendiga en la tierra, y no lo entregue en manos de sus enemigos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Oh Dios, Pastor y Rey de todos tus fieles, mira con misericordia a tu siervo León XIV, a quien has elegido como pastor para presidir tu Iglesia. Concédele, te suplicamos, que su palabra y su ejemplo sirvan para edificación de aquellos a quienes guía; de modo que, junto con el rebaño que le has confiado, pueda alcanzar la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

(Quien lo rece piadosamente puede ganar indulgencia parcial)

Oramos por nuestro Papa León XIV en su primer año de pontificado.
08/05/2026

Oramos por nuestro Papa León XIV en su primer año de pontificado.


La Conferencia Episcopal Peruana saluda con alegría a Su Santidad el Papa León XIV en este primer año de Pontificado. 🇵🇪✝️

Damos gracias a Dios por su cercanía con el Perú, su testimonio de fe y su servicio generoso a la Iglesia. Seguimos unidos en oración por su misión pastoral. 🙏

CUARTO DOMINGO DE PASCUA - CICLO AEn la oración colecta de este domingo suplicamos: «Dios todopoderoso y eterno, condúce...
27/04/2026

CUARTO DOMINGO DE PASCUA - CICLO A

En la oración colecta de este domingo suplicamos: «Dios todopoderoso y eterno, condúcenos a la asamblea gozosa del cielo, para que la debilidad del rebaño llegue hasta donde le ha precedido la fortaleza del Pastor». Esta oración es profundamente iluminadora, porque nos sitúa en la verdad de nuestra condición: somos un rebaño débil, pero guiado por un Pastor fuerte que ya ha llegado a la meta. La Pascua de Cristo no solo es victoria suya, sino camino abierto para nosotros. Él ha ido delante, y nosotros estamos llamados a seguirlo.

En el Evangelio según san Juan, Jesús se presenta como «la puerta» y como el Pastor. Él no solo muestra el camino, sino que Él mismo es el acceso a la vida. «Yo soy la puerta»: entrar por Cristo es entrar en la salvación, en la comunión con Dios. Y al mismo tiempo, Él es el Pastor que llama, que conoce, que conduce. Aquí aparece con claridad la espiritualidad del seguimiento: el cristiano no sigue una idea, sino que escucha una voz, reconoce una presencia y se deja guiar. Nuestra debilidad no es obstáculo, porque el fundamento no está en nuestras fuerzas, sino en la fortaleza del Pastor.

La primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, nos muestra cómo se concreta este camino. Ante el anuncio de Pedro, la multitud pregunta: «¿Qué tenemos que hacer?». Es la pregunta de todo discípulo. Y la respuesta es clara: «conviértanse y bautícense». El seguimiento comienza con una decisión real, con una conversión que abre la vida a Dios, y se sella en el bautismo, que nos incorpora a Cristo y a la Iglesia. No se sigue al Pastor desde fuera; se entra en su redil, se pertenece a su pueblo.

La Primera carta de san Pedro profundiza aún más: «Cristo padeció por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus huellas». Seguir a Cristo es configurarse con Él, incluso en el sufrimiento. Aquí comprendemos mejor la colecta: la debilidad del rebaño no desaparece mágicamente, pero es asumida y transformada al caminar tras el Pastor que ha vencido. «Por sus heridas han sido curados». El seguimiento es, entonces, un camino de sanación y de transformación.

El Salmo 23 pone en nuestros labios la experiencia del discípulo: «El Señor es mi pastor, nada me falta». Quien se deja conducir por Cristo aprende a confiar, incluso cuando atraviesa «cañadas oscuras». La meta es clara: la «asamblea gozosa del cielo» de la que habla la colecta. No caminamos sin rumbo; seguimos a Aquel que ya ha llegado y nos conduce hacia la plenitud.

En este domingo, además, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Si el Señor es el Pastor que guía a su pueblo, entonces sigue llamando a quienes participen de su misión. Pero esto exige de nosotros una convicción profunda: tenemos que convencernos de pedir vocaciones. No como algo secundario, sino como una verdadera necesidad de la Iglesia. Pedir al Dueño de la mies que envíe obreros, pedir que haya quienes escuchen la voz del Pastor y lo sigan con generosidad en el sacerdocio, la vida consagrada y las diversas formas de entrega cristiana. Allí donde hay fe auténtica, surge también la súplica por las vocaciones.

Que la Eucaristía nos conceda escuchar la voz del Señor, el Buen Pastor, entrar por Él que es la puerta y caminar tras sus huellas, confiados en que, a pesar de nuestra debilidad, llegaremos a donde Él nos ha precedido con su fortaleza.

Buen Domingo en la presencia del Señor. Oremos por las vocaciones.

Pbro. Martin Vértiz Apuy
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Liturgia del Perú

En este día en que conmemora su 17° Aniversario de Ordenación Episcopal, la Comisión Episcopal de Liturgia se une en una...
19/04/2026

En este día en que conmemora su 17° Aniversario de Ordenación Episcopal, la Comisión Episcopal de Liturgia se une en una sola voz de acción de gracias al Señor por el don de su ministerio.
Agradecemos profundamente su entrega generosa y su corazón de pastor, siempre dispuesto a guiar al Pueblo de Dios con la nobleza y sencillez que lo caracterizan. Su labor en favor de la vida litúrgica de nuestra Iglesia ha sido un testimonio de amor por la belleza del encuentro con Cristo en la Eucaristía.
Pedimos a la Santísima Virgen María, bajo su advocación de la Mamita de Chapi, que lo siga cubriendo con su manto, fortaleciendo su salud y renovando diariamente su alegría episcopal para continuar siendo reflejo del Buen Pastor.
¡Muchas felicidades y que el Señor lo bendiga siempre!
Comisión Episcopal de Liturgia

TERCER DOMINGO DE PASCUA - CICLO AEn este tercer domingo del Tiempo Pascual, la liturgia nos introduce en una «teología ...
19/04/2026

TERCER DOMINGO DE PASCUA - CICLO A
En este tercer domingo del Tiempo Pascual, la liturgia nos introduce en una «teología del tiempo como historia de salvación», cuyo centro es la Resurrección de Cristo. No se trata simplemente de una sucesión cronológica de acontecimientos, sino de un tiempo que ha sido transformado desde dentro por el misterio pascual. La resurrección no solo acontece en el tiempo, sino que lo llena de sentido, lo orienta y lo conduce hacia su plenitud.

En la primera lectura, el kerigma de Pedro presenta con claridad cómo la resurrección de Cristo reorganiza el tiempo de la promesa. El pasado de Israel, contenido en las Escrituras y en las expectativas mesiánicas, no queda como un recuerdo superado, sino que alcanza su cumplimiento en el acontecimiento pascual. Las palabras de los profetas, las figuras y los salmos encuentran en Cristo su sentido pleno. De este modo, el tiempo antiguo no es abolido, sino llevado a su plenitud: la resurrección se convierte en el punto de convergencia donde toda la historia de la salvación se cumple y se revela.

La segunda lectura permite ampliar aún más esta perspectiva, al presentar una visión del tiempo que abarca la totalidad del designio divino. Cristo es «predestinado antes de la creación del mundo», lo que sitúa el origen de la salvación en la eternidad misma de Dios; es «manifestado en los últimos tiempos», introduciendo este designio eterno en la historia concreta; y, finalmente, el creyente es llamado a vivir «como peregrino» en este mundo. Así, se delinean tres dimensiones fundamentales: la eternidad, la historia y la peregrinación. Estas no están separadas, sino profundamente unidas en Cristo, de modo que el tiempo cristiano se comprende como participación en un designio que tiene su origen en Dios, se revela en la historia y se vive existencialmente en el camino de la fe.

El Evangelio de los discípulos de Emaús nos muestra la dimensión existencial de esta teología del tiempo. Los discípulos caminan cargando un pasado que no comprenden, marcado por la decepción y la cruz. Sin embargo, el Resucitado se hace presente en su camino, interpreta las Escrituras y transforma su comprensión del tiempo. El pasado es iluminado, el presente se convierte en lugar de encuentro y el futuro se abre como misión. El tiempo del creyente deja de ser fragmentado y se convierte en una historia unificada por la presencia de Cristo.

Finalmente, la oración colecta recoge esta dinámica al pedir que el pueblo de Dios, renovado por la Pascua, viva en la alegría. Esto manifiesta que la resurrección no pertenece solo al pasado, sino que actúa en el presente, renovando continuamente la vida del creyente y proyectándolo hacia la plenitud futura.

En síntesis, la resurrección de Cristo no solo ocurre en el tiempo, sino que «da forma al tiempo mismo»: cumple las promesas del pasado, ilumina el presente del creyente y abre el futuro a la esperanza definitiva. Así, el tiempo se convierte verdaderamente en historia de salvación.

Buen Domingo de Pascua en la presencia del Señor.

Pbro. Martin Vértiz Apuy
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Liturgia del Perú

II DOMINGO DE PASCUA - CICLO AEn la oración colecta de este segundo domingo de Pascua pedimos a Dios que nos conceda, re...
13/04/2026

II DOMINGO DE PASCUA - CICLO A

En la oración colecta de este segundo domingo de Pascua pedimos a Dios que nos conceda, renovados por el Espíritu, resucitar a la luz de la vida. Esta súplica nos sitúa en el corazón del misterio pascual: si bien Jesucristo es el sujeto pleno de la resurrección, también nosotros estamos llamados a participar de ella, especialmente por el bautismo. La resurrección no es un acontecimiento aislado que pertenece solo a Cristo, sino una promesa abierta a toda la humanidad. Por eso pedimos vivir como resucitados, es decir, como hombres nuevos, transformados por el Espíritu Santo.

Esta verdad aparece con claridad en la segunda lectura, cuando san Pedro afirma: «mediante la resurrección de Jesucristo de entre los mu***os nos ha regenerado para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo para ustedes». La resurrección, entonces, no solo es un hecho del pasado, sino una realidad que nos regenera hoy y nos proyecta hacia la vida eterna. Es una esperanza viva que sostiene nuestra existencia y orienta toda nuestra vida hacia la salvación.

Vivir como resucitados implica también una forma concreta de vida. La primera lectura nos presenta a la comunidad cristiana primitiva, que perseveraba en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. No se trata de una idea abstracta, sino de una vida real, visible, marcada por la unidad, la caridad y la fidelidad. Los creyentes lo ponían todo en común y vivían en constante alabanza a Dios. Y el texto concluye señalando que el Señor agregaba cada día a los que se iban salvando. Así, la vida cristiana auténtica, vivida como resurrección, es siempre fecunda y orientada a la salvación.

Sin embargo, este misterio solo puede ser comprendido desde la fe. San Pedro lo expresa con profundidad: «sin haberlo visto lo aman; sin contemplarlo todavía, creen en él y se alegran con un gozo inefable». Esta fe encuentra su expresión más concreta en el Evangelio, en la figura de Tomás. Él quiere ver y tocar, pero el Señor lo conduce a una fe más alta: «Bienaventurados los que creen sin haber visto». La resurrección no es un hecho para ser demostrado empíricamente, sino un misterio que se acoge en la fe. Por eso Cristo resucitado se presenta dando la paz y comunicando el Espíritu Santo, con el poder de perdonar los pecados: restaura así el corazón del hombre desde dentro.

En este domingo, también llamado de la Divina Misericordia, contemplamos que la resurrección es la máxima manifestación del amor misericordioso de Dios. Del corazón traspasado de Cristo brota la vida nueva, el perdón y la gracia. Pidamos al Señor la gracia de creer: creer que hemos sido salvados, creer que estamos llamados a resucitar con Él, creer incluso sin ver. Que este día sea para nosotros una experiencia viva de la misericordia que nace del corazón de Cristo resucitado.

Buen Domingo de Pascua y Domingo del Señor de la Misericordia.

Pbro. Martin Vértiz Apuy
Secretario Ejecutivo de la Comisión
Episcopal de Liturgia del Perú

¡Feliz 24° Aniversario Episcopal!Saludamos con alegría a Mons. Carlos García Camader en este día tan especial.Que su lab...
07/04/2026

¡Feliz 24° Aniversario Episcopal!
Saludamos con alegría a Mons. Carlos García Camader en este día tan especial.
Que su labor pastoral siga siendo luz y esperanza.

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