25/08/2026
SAN LUIS IX, REY DE FRANCIA.
Hoy en la familia franciscana estamos celebrando la memoria obligatoria de San Luis IX, rey de Francia.
Luis IX nació en 1214. Su madre, Blanca de Castilla, lo educó con esmero, inculcándole los valores cristianos y encaminándolo a la santidad. Ingresó en la Tercera Orden Franciscana, quedando fuertemente impregnado por su espiritualidad. A los veintiún años subió al trono de Francia. En su matrimonio tuvo once hijos, a los que se preocupó personalmente de dar una educación esmerada.
Descolló por su espíritu de penitencia y oración, y por su amor a los pobres. Como gobernante no sólo atendía a la paz entre las naciones y al bien temporal de sus súbditos, sino también a su provecho espiritual. Emprendió dos cruzadas para rescatar el sepulcro de Cristo, y sucumbió en una epidemia de peste cerca de Cartago en 1270. Fue canonizado por Bonifacio VIII en 1297. La Tercera Orden Franciscana lo considera como uno de sus más ilustres hijos y lo festeja como a su patrono.
Del Testamento espiritual de san Luis, rey, a su hijo Felipe
(Acta Sanctorum Augusti / V, París 1868, 546)
“El rey justo hace estable el país”
Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas; sin ello no hay salvación posible.
Hijo, debes guardarte de todo aquello que sabes que desagrada a Dios, esto es, de todo pecado mortal, de tal manera que has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.
Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente y con acción de gracias, pensando que es para tu bien y que es posible que la hayas merecido. Y, si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas.
Asiste, de buena gana y con devoción, al culta divino y, mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor, con oración vocal o mental.
Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades. Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Para con tus súbditos, obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre, más al lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón. Pon la mayor diligencia en que todos tus súbditos vivan en paz y con justicia, sobre todo las personas eclesiásticas y religiosas.
Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al sumo pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.
Hijo amadísimo, llegado al final, te doy toda la bendición que un padre amante puede dar a su hijo; que la santísima Trinidad y todos los santos te guarden de todo mal. Y que el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad, de tal manera que reciba de ti servicio y honor, y así, después de esta vida, los dos lleguemos a verlo, amarlo y alabarlo sin fin. Amén.
Parroquia San Francisco de Asís – Satipo.
PAZ Y BIEN