Iglesia Sion

Iglesia Sion Movimiento Cristiano y Misionero presidido por el Ps. Oscar Valle.

Esta página es dedicada a anunciar el evangelio de Cristo y eventos de nuestra Iglesia local y del MCyM.

Preparémonos para este tiempo de vigilia y oración como ofrenda a nuestro Padre Dios.
30/04/2026

Preparémonos para este tiempo de vigilia y oración como ofrenda a nuestro Padre Dios.

EL NUEVO PACTO – PARTE FINALEl Nuevo Pacto abre la posibilidad de que quienes no estuvieron incluidos en el pacto Antigu...
29/04/2026

EL NUEVO PACTO – PARTE FINAL
El Nuevo Pacto abre la posibilidad de que quienes no estuvieron incluidos en el pacto Antiguo, ahora sí puedan también ser parte del pueblo de Dios. Ese era el propósito de Dios cuando le dijo a Abraham que su descendencia sería bendecida y a través de ella, todas las naciones de la tierra también serían bendecidas (Genesis 12:3). No fue precisamente porque los descendientes de Abraham fueran fieles a Dios, sino más bien, su desobediencia abrió la oportunidad para nosotros.
Eso es lo que explica Pablo en Romanos 9:22-26:
“¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente.”
Pablo menciona la profecía de Oseas respecto a que quienes no conformaban el pueblo escogido, iban a ser parte de ese pueblo, en otras palabras, todos los pueblos de la tierra están llamados a ser llamados hijos de Dios. Jesús confirmó esto cuando dio el mandato a los apóstoles de anunciar el evangelio a las naciones hasta lo último de la tierra (Mat. 28:19, Hch. 1:8).
Pese a ello, los apóstoles también discutieron entre sí respecto a que si el evangelio de salvación era sólo para los judíos y no para los gentiles. Pero un acontecimiento, entre otros, vino a abrir la mente de los apóstoles cuando Cornelio, un centurión romano invitó a Pedro a su casa. Luego de que Pedro comprobara la fe de Cornelio y manifestara el evangelio de salvación a los presentes, algo impresionante ocurrió:
“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.” (Hch. 10:44-48)
Este hecho fue informado por Pedro a los apóstoles en Jerusalén, quienes si bien al principio dudaron, pero luego quedaron convencidos de que el evangelio era para todos:
“Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hch. 11:18)
Estos hechos y otros que se fueron presentando durante el ministerio de los apóstoles y principalmente de Pablo, llevaron a que éste dijera categóricamente:
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gl. 3:28-29)
Por la fe en Cristo hemos sido unificados y ya no hay diferencia entre creyentes, todos somos herederos de la promesa de Dios a Abraham. El nuevo pacto ha reemplazado al antiguo mediante la sangre de Cristo.
“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.” (Heb. 9:13-15)
Todos somos merecedores de recibir la gracia de Dios si creemos en Jesús. Esa es la única condición.
“A los suyo vino, y los suyos no le recibieron. Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Jn. 1:11-12)
Hermanos, creamos en Jesús, en sus promesas y en su Palabra. Seamos obedientes y fieles a Él. Mirémonos en el espejo de Israel, no cometamos los mismos errores. Tenemos al Espíritu Santo en nosotros, no hay entonces motivo para fallar, salvo que nuestro arrepentimiento y nuestras intenciones no sean sinceros. El Nuevo Pacto es para los humildes y mansos de corazón, para quienes se arrepienten y hacen todos los esfuerzos para seguir las pisadas de Cristo porque lo aman de corazón.
Oremos hermanos:
“Señor te damos las gracias por darnos la oportunidad de ser partícipes del nuevo pacto. Viendo el ejemplo de Israel, no anhelamos sino obedecerte y ser fieles a Ti. Instrúyenos mediante tu Palabra, guíanos con el poder del Espíritu Santo y límpianos de toda maldad con la sangre de Cristo. Es nuestro deseo y oración en el nombre de Jesús, amén.”

EL NUEVO PACTO – SEGUNDA PARTEYa vimos que cuando Jesús hizo el anuncio del Nuevo Pacto a sus discípulos, éste ya había ...
28/04/2026

EL NUEVO PACTO – SEGUNDA PARTE
Ya vimos que cuando Jesús hizo el anuncio del Nuevo Pacto a sus discípulos, éste ya había sido anunciado por su Padre en varias oportunidades, pero lo que anunció Jesús es que este pacto se cumpliría en Él, mediante el derramamiento de su sangre. Leamos Mateo 26:26-29:
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”
Jesús muestra el pan y el vino, tomándolos como símbolos de su cuerpo y su sangre. Sería necesario que Él fuera sacrificado para que este pacto trajera redención del pecado. El cordero sin mancha sería el mismo Hijo de Dios, quien serviría para expiación de los pecados.
Pero Jesús anuncia también que en corto tiempo se alejaría de ellos hasta el tiempo en el cual volverían a reunirse con Él en el reino celestial de Dios.
¿Si Jesús no iba a estar más por mucho tiempo, cuál sería entonces la manera en que Dios cambiaría el corazón de los hombres, según lo anunciado por Isaías y Jeremías? La clave de esto está en el anuncio que hizo el profeta Ezequiel, quien anunció que Dios pondría su Espíritu en el corazón de quienes se arrepintieren:
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.” (Ez. 36:26-29)
El pueblo de Israel fracasó en el cumplimiento del pacto antiguo pues no hubo en su corazón un amor verdadero a Dios. El sacrificio de animales para expiación de sus pecados no significó un arrepentimiento sincero de parte de ellos, sino solamente un rito que cumplían religiosamente sin cambiar sus corazones de pecado. En el Nuevo Pacto se ofrece la presencia del Espíritu de Dios en los corazones para guiar a la obediencia y el cumplimiento de la Palabra de Dios, haciéndola obra.
Jesús mismo anunció también la llegada del Espíritu Santo a los corazones de los hombres:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Juan 14:15-31)
Para recibir esa Gracia, solamente es necesario creer en Jesús, amarlo y obedecer sus mandamientos, como en el Pacto Antiguo, en el cual Dios reclamaba obediencia para recibir sus bendiciones. Ahora con el Nuevo Pacto se abre la posibilidad de ser fortalecidos por la presencia del Espíritu Santo viviendo permanentemente en nuestros corazones.
Lo glorioso de todo esto es que la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones es la presencia de Dios mismo en nosotros, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo:
“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. (Juan 14:18-20)
En lo que hemos leído, el Nuevo Pacto está dirigido aparentemente a Israel. ¿Dónde entramos nosotros? Lo veremos mañana. Oremos hermanos:
“Señor, te doy las gracias por la sangre derramada de Jesús que da inicio al Nuevo Pacto, al cual me acojo pues anhelo la salvación y la vida eterna, pero será gracias a mi amor por Ti y mi obediencia que podré g***r de la presencia y dirección en mi vida de tu Santo Espíritu. Ya no viviré en pecado, pues me perdonas y me limpias para que tu Santo Espíritu pueda habitar en mí. Es tu gracia Señor, la que me da vida y esperanza. Haz que yo sea merecedor de ella, en el nombre de Jesús, amén.”

EL NUEVO PACTO – PRIMERA PARTEEl último de los pactos establecidos por Dios con los hombres fue dado por Jesús a sus dis...
27/04/2026

EL NUEVO PACTO – PRIMERA PARTE
El último de los pactos establecidos por Dios con los hombres fue dado por Jesús a sus discípulos durante la última cena con ellos mediante el anuncio del derramamiento de su sangre.
Lucas 22:20
“De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”
¿Qué significa este nuevo pacto? Para entenderlo vayamos a los tiempos en los cuales Dios había establecido el pacto antiguo, a los tiempos de Moisés, cuando se predice que Israel no cumpliría dicho pacto y por ello serían desarraigados de su tierra:
“Por tanto, se encendió la ira de Jehová contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro; y Jehová los desarraigó de su tierra con ira, con furor y con grande indignación, y los arrojó a otra tierra, como hoy se ve. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; más las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” (Dt. 29:27-29)
A continuación, en el siguiente capítulo de Deuteronomio, Dios anuncia que si Israel se arrepintiere y obedeciere su voz, entonces tendría misericordia de ellos:
“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios” (Dt. 30:1-3)
Estos hechos ocurrieron realmente con Israel, cuando a causa de su desobediencia, siglos después, esta nación fue dividida y luego invadida por naciones extrañas y sus habitantes llevados cautivos a tierras lejanas. Esta condición ha sido persistente contra los descendientes de Abraham durante los siglos siguientes. Sigamos con los siguientes versículos:
“Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Dt. 30:4-6)
Es importante anotar que Dios habla de regreso y de recuperación de la tierra que en ese tiempo los israelitas ni siquiera habían conquistado. Pero así como el pacto antiguo tenía como señal la circuncisión del prepucio de los varones, ahora se habla de la circuncisión del corazón. En esta nueva relación con Dios, no serían solamente las leyes escritas las que llevarían a los israelitas a amar y obedecer a Dios, ahora estas leyes estarían grabadas en su corazón, como siglos después anunció Jeremías:
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jer. 31:31-33)
No fue Jesús quien anunció el nuevo Pacto, Dios había previsto todo lo que ocurriría con la nación de Israel incluso cuando aún esta nación recién se estaba formando. Jesús al anunciarlo a los apóstoles estaba dando cumplimiento a esta nueva oportunidad que Dios estaba dando a su pueblo, pero ya no serían solamente ellos quienes accederían a este Nuevo Pacto.
Mañana seguimos, oremos hermanos:
“Señor, gracias por darnos a conocer los motivos por los cuales tuviste que cambiar el pacto antiguo por el nuevo pacto: por la dureza de corazón. Pon un corazón de carne en nosotros, un corazón obediente y hacedor de tu Palabra. Queremos ser merecedores del nuevo pacto. En el nombre de Jesús, amén.”

26/04/2026

Acerquémonos a Dios con corazones contritos y humillados, el orgullo no nos permite acercarnos a Él.

El orgullo nos aparta de Dios, acerquémonos a Él en humildad y contricción.
26/04/2026

El orgullo nos aparta de Dios, acerquémonos a Él en humildad y contricción.

EL PACTO DAVÍDICOCuando el reinado de David consiguió la paz al haber derrotado a todos sus enemigos, se propuso constru...
24/04/2026

EL PACTO DAVÍDICO
Cuando el reinado de David consiguió la paz al haber derrotado a todos sus enemigos, se propuso construir un templo a Dios y le manifestó esto al profeta Natán. Sin embargo, esa misma noche, Natán recibió palabra de Dios para manifestarle a David que Israel empezaría a vivir días de paz.
2ª Samuel 7:8-11
“Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo, Jehová te hace saber que él te hará casa.”
Pero no sería David quien construyera la casa de Dios, sino su hijo, y el reino de la casa de David permanecería para siempre.
“Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.” (2 S. 7:12-16)
Este pacto confirma la promesa de la descendencia hecha a la mujer en Gn. 3:15 y a Abraham en Gn. 17:7. Se enuncia como pacto eterno en Salmos 89:7:
“Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia,
Y edificaré tu trono por todas las generaciones.”
Como podemos ver, si bien podría pensarse que el rey que se anuncia como constructor del templo es Salomón, este pacto trasciende en el tiempo, pues habla de un reino eterno, lo cual no ocurrió con la Israel de David y Salomón. Por tanto, este pacto anuncia también al Mesías, como puede verse en Is. 9:6-7 y es anunciado también en Is. 49:1-4, Sal. 42:1-9, Mlq. 3:1-5, por citar algunos textos.
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” (Is. 9:6-7)
De la casa de David, nacería Jesús, para establecer un reino de justicia y de paz para siempre.
Oremos hermanos:
“Señor, gracias por tus promesas y tus pactos. Cada uno se ha cumplido o se está cumpliendo en señal del camino hacia la vida eterna en Jesús. Muestras en ellos tu amor y por ese amor nos das tu gracia para que podamos habitar en el reino de Jesús, el Príncipe Admirable. ¡Gracias Señor! ¡Amén!”

EL PACTO MOSAICODespués de la salida de Egipto, Dios llamó a Moisés para que anunciara al pueblo de Israel el pacto que ...
23/04/2026

EL PACTO MOSAICO
Después de la salida de Egipto, Dios llamó a Moisés para que anunciara al pueblo de Israel el pacto que iba a establecer con ellos, por ello este pacto se llama Pacto Mosaico, pues Moisés fue el mediador de este pacto entre Israel y Dios.
Éxodo 19:3-6
“Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.”
Los israelitas traían de Egipto la influencia de sus dioses y costumbres paganas, y al lugar al que iban también iban a encontrar una situación semejante alrededor de ellos, con naciones paganas y de costumbres nada agradables a Dios. Él quería que el pueblo de Israel tuviera conciencia de su condición pecaminosa, por lo que había necesidad de sacrificios que propicien la expiación de estos pecados.
Este pacto fue enunciado por Dios comprendiendo tres aspectos importantes a ser tomados en cuenta por todos los israelitas. No es el propósito de esta enseñanza detallar los mandatos de Dios, por lo que sugiero que lean los textos que se mencionan:
Primero, los mandamientos, que expresan la voluntad de Dios (Ex. 20:1-26)
Segundo, los juicios, que gobiernan la vida en sociedad (Ex. 21:1 al 24:11)
Tercero, las ordenanzas, que gobiernan la vida religiosa (Ex. 24:12 al 31:18)
Estos mandamientos y ordenanzas conforman lo que se conoce como “La Ley”, formando la base de la religión israelita. Dios prometió hacer de la nación de Israel su pueblo especial y bendecirlos como tal, siempre que permanecieran obedientes. Este pacto fue validado mediante la sangre de becerros ofrecidos en sacrificio de paz a Dios:
“Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.” (Ex. 24:8)
Así como Dios ofreció bendiciones a los israelitas si obedecían, también señaló maldiciones que les castigarían si desobedecían. Este pacto es para el pueblo de Israel, es un pacto de obras y de bendiciones y castigos materiales. No nos alcanza como cristianos. Para nosotros el pacto no es mediante la Ley y la sangre de becerros, es mediante la fe Jesús, quien derramó su sangre para limpiarnos del pecado.
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Ro. 3:21-26)
Tomemos como ejemplo el Pacto Mosaico para entender que no necesariamente las bendiciones materiales nos llevan a apartarnos del pecado. El pueblo de Israel las recibió y aun así desobedeció, debiendo pagar las consecuencias de esa desobediencia. Debemos tener fe en Jesucristo, y esa fe no debe tener ninguna condición de parte nuestra. Debemos depender de la voluntad de Dios, él es misericordioso y bondadoso para darnos lo que necesitamos.
Oremos hermanos:
“Señor, te damos las gracias porque viendo cómo amaste al pueblo de Israel y que aún mantienes tus pactos con ellos, podemos entender que también nos amas y por ello enviaste a tu Hijo para que creyendo en Él recibamos tu gracia. Haz que vivamos en ella, en permanente obediencia a tu Palabra y amor a Ti a y a nuestros semejantes. Lo demás depende de tu voluntad y misericordia Señor, amén.”

EL PACTO DE DIOS CON ABRAHAMAbram habitaba en Ur de los caldeos y era el hijo mayor de Taré. En Gn. 11:27-32 se relata q...
22/04/2026

EL PACTO DE DIOS CON ABRAHAM
Abram habitaba en Ur de los caldeos y era el hijo mayor de Taré. En Gn. 11:27-32 se relata que Taré, su hijo Abram con su esposa Sara y su nieto Lot, salieron de Ur hacia Canaán, pero se quedaron un tiempo en Harán, donde Taré murió.
Génesis 12:1-3
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”
Aquí se aclara que la decisión de salir de Ur fue un llamado de Dios a Abram y se describe el Pacto que establecía Dios con Abram. En este Pacto, Dios presenta de manera incondicional tres promesas:
La primera es la promesa de la tierra (Gn. 12;1), la cual fue repetida con mayor detalle en Gn. 13:14-15 y Gn. 15:18-21.
La segunda es la promesa de la descendencia (Gn. 12:2). En Gn. 17, Dios le da a Abram mayores detalles: Abram sería el padre de una gran nación (versículos 4-6), por lo cual su nombre en adelante sería Abraham; el pacto sería perpetuo (versículos 7-8); y se estableció la circuncisión como señal de ese pacto (versículos 9-14).
La tercera es la promesa de bendición y redención (Gn. 12:3). Dios promete bendecir a Abraham y a las familias de la tierra a través de él. Esto denota la importancia que tendría el pueblo descendiente de Abraham con respecto a las demás naciones de la tierra.
El pacto con Abraham fue renovado con Isaac (Gn. 26:2-5) y con Jacob (Gn. 28:13-15). La descendencia de Abraham era entonces muy numerosa (Gn. 49:3-28) y con el tiempo llegaron a conformar la nación de Israel. El cumplimiento de la promesa de la tierra se menciona en Josué 21:43: "De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella”.
Sin embargo, desde su inicio como nación, Israel no fue fiel a Dios, finalmente después de llegar a ser reino, a la muerte de Salomón, se dividió en dos reinos (Israel y Judá) los cuales cayeron en desobediencia y pecado y Dios los castigó (2 Re. 17:20-23; 2 Cr. 36:15-21). Pero Dios dio a todos los descendientes de Abraham la posibilidad de redención.
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jer. 31:31-34)
El nuevo Pacto es el pacto mediante la sangre de Jesucristo (Mt. 26:27-29). Todos sabemos que los judíos no reconocieron a Jesús como el salvador pues pensaban que éste sería alguien poderoso que los llevaría a recuperar la gloria del tiempo de los reyes, pero el propósito real de Dios era liberar a Israel del pecado que los había llevado a desobedecer y a perder la promesa.
Debido a esa desobediencia, el nuevo pacto es para los que creen en Jesús, y eso abrió las puertas a que los que no descendemos de Abraham tuviéramos parte en el Nuevo Pacto, pero aún así y dado que el pacto de Dios con Abraham es eterno, cuando la nación de Israel acepte que Jesús es el Salvador, será restaurada como tal y Jesús vendrá a reinar sobre ella (Ro. 11:25-27).
Oremos hermanos:
“Señor, gracias porque cumples tus promesas y tus pactos. Queremos ser merecedores del nuevo pacto, límpianos de toda maldad mediante la sangre de Jesús y el poder del Espíritu Santo, amén.”

EL PACTO DE DIOS CON NOÉLuego de los pactos con Adán, en la Biblia se registran otros pactos que Dios realizó con los ho...
21/04/2026

EL PACTO DE DIOS CON NOÉ
Luego de los pactos con Adán, en la Biblia se registran otros pactos que Dios realizó con los hombres. Cada pacto es una demostración de la voluntad y el amor de Dios.
Durante los días de Noé, Dios provocó el diluvio, que llevó la muerte y destrucción a la humanidad completa, a excepción de Noé y su familia, quienes fueron preservados por su amor, fidelidad y obediencia a Dios. Todo ello está registrado en los capítulos 7 y 8 de Génesis.
En el capítulo 9 se registra el pacto de Dios con Noé, de que la humanidad entera nunca más sería destruida por diluvio, según leímos en los versículos del inicio.
Génesis 9:11-13
“Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.”
El arcoíris es el símbolo de este pacto. Es muy grato después de la lluvia, levantar la mirada hacia el cielo y ver el arcoíris cruzarlo de lado a lado. Se siente la presencia incomparable de Dios, como que nos estuviera contemplando desde la inmensidad del cielo, haciéndonos recordar que Él siempre está con nosotros.
Cada cosa que hagamos en obediencia, cada esfuerzo para vencer el pecado, cada sacrificio que tengamos por delante, será poco para agradecer a Dios por habernos dado la vida.
Oremos hermanos:
“Señor, que cada día de lluvia venga a nosotros el recuerdo de este pacto, que siempre has cumplido y cumplirás porque Tú eres Dios verdadero, justo y misericordioso. Te pedimos que nos hagas firmes, fuertes, constantes y permanentes en la fe. Que podamos cumplir con nuestra parte, que tu Espíritu obre en nuestras vidas para ello, y que la sangre de Jesús nos limpie de toda maldad. Es nuestro deseo y oración en el nombre de Jesús, amén.”

LOS PACTOS DE DIOS CON ADÁNGénesis 1:27-30 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra ...
20/04/2026

LOS PACTOS DE DIOS CON ADÁN
Génesis 1:27-30
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.”
Cuando Dios creó al hombre y la mujer, puso a disposición de ellos todos los animales y plantas que había creado. Ellos recibieron estas bendiciones e instrucciones, recibiendo también como hogar, el huerto del Edén:
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gn. 2:15-17)
Estas bendiciones e instrucciones de Dios a Adán y Eva, condicionadas a la obediencia de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, constituyen lo que se llama “el Pacto Edénico”.
La desobediencia de Adán y Eva produjo el quiebre de este pacto que Dios había hecho con Adán y trajo como consecuencia la pérdida de la santidad e inmortalidad que ellos tenían, además de las condiciones duras que tendrían que afrontar fuera del Edén (Gn. 3:16-24)
Pero Dios, en su inmenso amor a ellos y a sus descendientes, estableció un segundo pacto, el “Pacto Adámico” o “Pacto de Redención”. En este pacto, Dios se propuso redimir al hombre de la muerte y del pecado, que habían sido generados por la desobediencia.
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” (Gn. 3:15)
Este versículo es llamado el proto-evangelio, pues anuncia la venida de Jesús, nacido de la simiente de la mujer, quien sería llevado a la cruz por Satanás, pero Jesús lo derrotaría finalmente mediante su resurrección, por lo cual todos los hombres tendrían la oportunidad de ser salvados del pecado.
Este pacto es también el anuncio de la larga lucha entre el bien y el mal, entre los que obedecen a Dios y los que obedecen a Satanás. Refiriéndose a esto, Jesús dijo:
“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Jn. 3:9-10)
A nosotros nos toca elegir a quien obedecemos. Este pacto está en plena vigencia. Si nosotros ya hemos aceptado a Jesús y estamos viviendo en plena obediencia a la Palabra de Dios, nos toca entonces rescatar a otros de las garras de Satanás. Esa es la victoria de Jesús, anunciada desde el principio de la vida.
Oremos hermanos:
“Señor, Tu nos amaste primero, aún antes que naciéramos, para que tengamos la oportunidad de ser libres del pecado mediante el evangelio de Jesús, en quien creemos. Revístenos de tu armadura para participar en la lucha que nos da la victoria sobre Satanás y podamos hacer de tu victoria, nuestra victoria en Jesús, en cuyo nombre oramos, amén.”

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