Editorial El Ayo

Editorial El Ayo Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Editorial El Ayo, Lima.

14/08/2026

"Dios es amor". Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre y lo serán para siempre…
Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
Por su poder el verano y el invierno, el tiempo de sembrar y de recoger, el día y la noche siguen el uno al otro en su sucesión regular. Es por su palabra como florece la vegetación y aparecen las hojas y las flores se llenan de lozanía. Todo lo bueno que tenemos, cada rayo de sol y cada lluvia, cada bocado de alimento, cada momento de la vida, es un regalo de amor. La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado es también una demostración del inmutable amor de Dios.
El don de Cristo revela el amor del Padre.
Dios otorgó al mundo el don maravilloso de su Hijo unigénito. A la luz de este hecho, ningún habitante de los otros mundos podrá decir que Dios podía haber hecho más de lo que hizo para demostrar su amor hacia los hijos del hombre. Realizó un sacrificio que desafía todo cómputo.
Hay miles que tienen un falso concepto de Dios y de sus atributos. Están tan ciertamente adorando a un falso dios como los seguidores de Baal. ¿Estamos nosotros adorando al verdadero Dios, según está revelado en su Palabra, en Cristo y mediante la naturaleza, o estamos adorando algún ídolo filosófico que hemos puesto en su lugar? Dios es un Dios de verdad. La justicia y la misericordia son los atributos de su trono. Es un Dios de amor, de bondad y de tierna compasión. Así está representado por su Hijo nuestro Salvador. Es un Dios de paciencia y longanimidad. Si así es el ser a quien adoramos y cuyo carácter procuramos imitar, entonces estamos adorando al verdadero Dios.
— The Faith I Lived By, p. 59.

26/07/2026

Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben especialmente guardarse. El primero… es el de fijarse en sus propias obras, confiando en alguna cosa que puedan hacer, para ponerse en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus propios esfuerzos por guardar la ley, está procurando una imposibilidad…
“El error opuesto y no menos peligroso es que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios; que puesto que solamente por la fe somos hechos participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.
Pero nótese aquí que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de su misma naturaleza; es la personificación del gran principio del amor, y, en consecuencia, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra… En vez de eximir la fe al hombre de la obediencia, es la fe y solo la fe, la que lo hace participante de la gracia de Cristo, y lo capacita para obedecerle.
Lo que Cristo fue en la naturaleza humana, Dios espera que sean sus discípulos. Con su fuerza hemos de vivir la vida de nobleza y pureza que el Salvador vivió.
La fe no es un narcótico, sino un estimulante. El mirar al Calvario no adormecerá al alma en el cumplimiento de su deber, sino que despertará una fe que obra purificando el alma de todo egoísmo
— La fe por la cual vivo, 28 de marzo, p. 95

18/07/2026

Quitar la cruz al cristiano, es como borrar el sol que ilumina el día, y quitar la luna y las estrellas del firmamento por la noche. La cruz de Cristo nos conduce más cerca de Dios, reconcilia al hombre con Dios, y a Dios con el hombre. El Padre contempla la cruz, los sufrimientos que ha dado a su Hijo, a fin de salvar a la humanidad de su desesperada condición, y de conducir al hombre hacia sí mismo. La contempla con la tierna compasión del amor de un padre. Casi se ha perdido de vista la cruz, pero sin la cruz no hay relación con el Padre, no hay unidad con el Cordero en el medio del trono del cielo, no hay una recepción de bienvenida a los errantes que quieran volver al olvidado camino de la justicia y la verdad, no hay esperanza para el transgresor en el día del juicio. Sin la cruz no hay un medio provisto para vencer el poder de nuestro poderoso enemigo. Toda esperanza de la humanidad pende de la cruz.
Cuando el pecador alcanza la cruz, y contempla a Aquel que murió para salvarlo, debe regocijarse con plenitud de gozo; porque sus pecados son perdonados. Arrodillándose junto a la cruz, ha alcanzado el lugar más alto al que un hombre puede llegar. La luz del conocimiento de la gloria de Dios es revelada en el rostro de Jesucristo; y él pronuncia estas palabras de perdón: «Vivid, vosotros pecadores, vivid. Vuestro arrepentimiento es aceptado; porque yo he encontrado un rescate».
Mediante la cruz aprendemos que nuestro Padre celestial nos ama con un amor infinito y perdurable, y nos acerca hacia él con una simpatía mayor que la de una madre anhelosa por un hijo descarriado. ¿Puede extrañarnos el que Pablo haya exclamado: «Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo»? También es nuestro privilegio gloriarnos en la cruz del Calvario, es nuestro privilegio darnos plenamente a Aquel que se dio a sí mismo por nosotros. Entonces, con la luz del amor que brilla desde su rostro sobre nosotros, saldremos para reflejarla sobre aquellos que viven en tinieblas
— Nuestra elevada vocación, 9 de febrero, p. 48

01/07/2026

Los ángeles de Dios están preparados y esperando para acompañar a hombres humildes que, con sus Biblias en la mano, vayan a aquellos que no tienen la luz a fin de leerles un "así dice el Señor".
Se necesita a los que tienen el don del canto. La melodía de la alabanza es la atmósfera del cielo. A menudo, mediante las palabras de los himnos sagrados se han abierto los manantiales del arrepentimiento y la fe. El canto es uno de los medios más efectivos para impresionar la verdad espiritual sobre el corazón.
Salgan pequeños grupos de obreros como misioneros del Señor y hagan lo que Cristo ordenó a los primeros discípulos que hicieran. Vayan a los diferentes lugares de nuestras ciudades, de dos en dos, y den el mensaje de advertencia del Señor. Cuenten a la gente la historia de la creación, y cómo al finalizar su obra el Señor descansó en el día sábado y lo bendijo, colocándolo aparte como un monumento conmemorativo de su obra.
Los miembros de iglesia, tanto jóvenes como adultos, debieran ser educados para salir a proclamar este último mensaje al mundo. Si lo hacen con humildad, los ángeles de Dios irán con ellos, enseñándoles cómo elevar su voz en oración, cómo entonar himnos y cómo proclamar el mensaje angélico para este tiempo. No tenemos un solo momento que perder…
¿Quién aceptará la obra de enseñar la verdad bíblica a los ancianos y jóvenes? ¿Quién llevará el mensaje, siguiendo el plan de trabajo de Cristo?… Hay muchos en todas las ciudades que necesitan de los pastores evangélicos. Necesitamos hombres que lean la verdad, que practiquen la verdad y expliquen la verdad.
Mis hermanos, Cristo os llama. ¿Quién escuchará su voz? ¿Llegarán a ser sus mensajeros? ¿Buscarán las ovejas perdidas? ¿Estarán dispuestos a enseñar la Palabra con toda humildad y fervor a los que la escuchen?
Jóvenes y señoritas, acepten la obra para la cual Dios los llama. Cuenten la maravillosa historia de la cruz. Cristo los guiará y les enseñará a usar sus habilidades con buenos propósitos. En la medida en que reciban la influencia vivificante del Espíritu Santo, y busquen enseñar a otros, sus mentes serán refrescadas y estarán capacitados para presentar palabras que resultarán nuevas y extrañamente hermosas a sus oyentes. Oren, canten y hablen la Palabra…
Gozarán de libertad espiritual quienes se consagren sin reservas, y la gracia vivificante de Cristo proporcionará luz, paz y gozo. La influencia salvadora de la verdad santificará el alma del receptor.
— Alza tus ojos, 18 de marzo, p. 91

19/06/2026

«Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que esté el amor de Cristo en nosotros. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente». Palabras de vida del gran Maestro, p. 318

16/06/2026

Solo había una esperanza para la especie humana, y esta era que se pusiera nueva levadura en esa masa de elementos discordantes y corruptos; que se introdujese en la humanidad el poder de una vida nueva; que se restaurase en el mundo el conocimiento de Dios.
Cristo vino para restaurar ese conocimiento. Vino para poner a un lado la enseñanza falsa mediante la cual los que decían conocer a Dios lo habían desfigurado. Vino a manifestar la naturaleza de su ley, a revelar en su carácter la belleza de la santidad.
Cristo vino al mundo con el amor acumulado de toda la eternidad. Al eliminar las exigencias que hacían gravosa la ley de Dios, demostró que es una ley de amor, una expresión de la bondad divina. Demostró que la obediencia a sus principios entraña la felicidad de la humanidad, y con ella la estabilidad, el mismo cimiento y la estructura de la sociedad.
Lejos de contener requisitos arbitrarios, la ley de Dios se da a los hombres como cerco o escudo. El que acepta sus principios es preservado del mal. La fidelidad a Dios entraña fidelidad al hombre. De ese modo la ley protege los derechos y la individualidad de cada ser humano. Prohíbe al superior oprimir, y al subalterno desobedecer. Asegura el bienestar del hombre, tanto para este mundo como para el venidero. Para el obediente es la garantía de la vida eterna, porque expresa los principios que permanecen para siempre.
Cristo vino a demostrar el valor de los principios divinos por medio de la revelación de su poder para regenerar a la especie humana. Vino a enseñar cómo se deben desarrollar y aplicar esos principios.
Para el pueblo de esa época, el valor de todas las cosas lo determinaba la apariencia exterior. Al perder su poder, la religión había aumentado su p***a. Los educadores de la época trataban de imponer respeto por medio de la ostentación y el fausto. Comparada con todo esto, la vida de Cristo establecía un marcado contraste. Ponía en evidencia la falta de valor de las cosas que los hombres consideraban como esenciales para la vida. Al nacer en el ambiente más tosco, al compartir un hogar y una vida humildes y la ocupación de un artesano, al vivir una vida oscura e identificarse con los trabajadores desconocidos del mundo, Jesús siguió el plan divino relativo a la educación. No buscó las escuelas de su tiempo, que magnificaban las cosas pequeñas y empequeñecían las grandes. Obtuvo su educación directamente de las fuentes indicadas por el cielo, del trabajo útil, del estudio de las Escrituras y la naturaleza, y de las vicisitudes de la vida, que constituyen los libros de texto de Dios, llenos de instrucción para todos los que los buscan con manos dispuestas, ojos abiertos y corazón comprensivo. — La educación, pp. 76, 77

03/06/2026

Hay muchos que tienen ideas erróneas con respecto a la naturaleza del arrepentimiento. Piensan que no pueden ir a Cristo a menos que se arrepientan primero, y que el arrepentimiento los prepara para el perdón de sus pecados. Es verdad que el arrepentimiento precede al perdón de los pecados; porque solo la persona contrita y quebrantada es la que sentirá la necesidad de un Salvador.
Pero, ¿deben esperar los pecadores hasta que se arrepientan antes de que puedan ir a Jesús? ¿Debe ser el arrepentimiento un obstáculo entre el pecador y el Salvador? Dijo Jesús: «Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo». Juan 12:32. Cristo está constantemente atrayendo gente hacia sí mismo, mientras que Satanás está buscando con diligencia cada estratagema imaginable para alejarlos de su Redentor. Cristo debe ser revelado a los pecadores como el Salvador que muere por los pecados del mundo; y mientras contemplan al Cordero de Dios en la cruz del Calvario, los misterios de la redención comienzan a desplegarse a la mente, y la bondad de Dios los conduce al arrepentimiento.
Aunque el plan de salvación requiere el estudio más profundo del filósofo, no es demasiado profundo para la comprensión de un niño. Al morir por los pecadores, Cristo manifestó un amor que es incomprensible; y al contemplar este amor, el corazón queda impresionado, la conciencia se despierta y el alma es llevada a preguntarse: «¿Qué es el pecado, que requiere semejante sacrificio para la redención de su víctima)» El apóstol Pablo dio instrucciones con respecto al plan de salvación. Declaró: «Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo». Hechos 20:20, 21. Juan, hablando del Salvador, dice: «Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él». 1 Juan 3:5.
Los pecadores deben ir a Cristo, porque lo ven como su Salvador, su único Ayudador, con el fin de que puedan ser capacitados para arrepentirse; porque si se pudieran arrepentir sin ir a Cristo, también podrían salvarse sin Cristo. Es la virtud que sale de Cristo la que los conduce al arrepentimiento verdadero… El arrepentimiento es tanto un don de Dios como el perdón, y no puede encontrarse en el corazón en el que no ha trabajado Jesús. No somos más capaces de arrepentirnos sin que el Espíritu de Cristo despierte la conciencia, de lo que podemos ser perdonados sin Cristo. Cristo atrae al pecador por medio de la manifestación de su amor en la cruz, y esto ablanda el corazón, impresiona la mente e inspira contrición y arrepentimiento en el alma (To Be Like Jesus, p. 372; parcialmente en Ser semejante a Jesús, 20 de diciembre, p. 361).

27/05/2026

La ley revela al hombre sus pecados, pero no dispone ningún remedio. Mientras promete vida al que obedece, declara que la muerte es lo que le toca al transgresor. Solo el evangelio de Cristo puede librarle de la condenación o de la mancha del pecado. Debe arrepentirse ante Dios cuya ley transgredió, y tener fe en Cristo y en su sacrificio expiatorio. Así obtiene «remisión de los pecados cometidos anteriormente», y se hace partícipe de la naturaleza divina. Es un hijo de Dios, pues ha recibido el espíritu de adopción, por el cual exclama: «¡Abba, Padre!»
¿Está entonces libre para violar la ley de Dios? El apóstol Pablo dice: «¿Abrogamos pues la ley por medio de la fe? ¡No por cierto! antes bien, hacemos estable la ley». «Nosotros que morimos al pecado, ¿cómo podremos vivir ya en él?» Y San Juan dice también: «Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos». Romanos 3:31; 6:2; 1 Juan 5:3 (VM). En el nuevo nacimiento la mente viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y rebelión a la obediencia y a la lealtad. Terminó su antigua vida de separación con Dios; y comenzó la nueva vida de reconciliación, fe y amor. Entonces «la justicia que requiere la ley» se cumplirá «en nosotros, los que no andamos según la carne, sino según el espíritu». Romanos 8:4 (VM). Y el lenguaje del alma será «¡Cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación». Salmo 119:97.
«La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma». Salmo 19:7 (VM). Sin la ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción del pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su mente ni reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo (El conflicto de los siglos, pp. 461, 462).
Muchos de los que pretenden creer y enseñar el evangelio caen en un error similar. Ponen a un lado las escrituras del Antiguo Testamento, de las cuales Cristo declaró: «Ellas son las que dan testimonio de mí». Juan 5:39. Al rechazar el Antiguo Testamento, prácticamente rechazan el Nuevo; pues ambos son partes de un todo inseparable. Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios sin el evangelio, ni el evangelio sin la ley. La ley es el evangelio sintetizado, y el evangelio es la ley desarrollada. La ley es la raíz, el evangelio su fragante flor y fruto (Palabras de vida del gran Maestro, p. 99).

21/05/2026

Dios está sacando a un pueblo del mundo y guiándolo a la plataforma exaltada de la verdad eterna, los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Él disciplinará y capacitará a su pueblo. No estarán en desacuerdo, uno creyendo una cosa y otro teniendo fe y puntos de vista enteramente opuestos, cada uno avanzando independientemente del cuerpo. A través de la diversidad de los dones y de los tipos de administración que él ha colocado en la iglesia, llegarán todos ellos a la unidad de la fe. Si un hombre toma sus ideas de la verdad bíblica sin tener en cuenta las opiniones de sus hermanos, y justifica su conducta alegando que tiene el derecho de sustentar sus propias ideas peculiares, y luego quiere imponérselas a otros, ¿cómo puede estar cumpliendo la oración de Cristo? Y si surge otro y aún otro, cada uno afirmando su derecho a creer y hablar lo que le agrada sin referencia a la fe del cuerpo de creyentes, ¿dónde estará esa armonía que existió entre Cristo y su Padre, y por la que Cristo oró para que pudiera existir entre sus hermanos?
Dios está guiando a un pueblo y estableciéndolo en la única y gran plataforma de fe, los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesús. Le ha dado a su pueblo una cadena confiable de la verdad bíblica, clara y bien eslabonada. Esta verdad es de origen celestial y se la ha buscado como a un tesoro escondido. Ha sido desentrañada mediante una investigación cuidadosa de las Escrituras y a través de mucha oración (Testimonios para la Iglesia, t.3, pp. 490, 491).

07/05/2026

Dios nos habla por la naturaleza y por la revelación, por su providencia y por la influencia de su Espíritu. Pero esto no basta; necesitamos abrirle nuestra mente. A fin de tener vida y energía espirituales debemos tener verdadero intercambio con nuestro Padre celestial. Nuestra mente puede ser atraída hacia él; podemos meditar en sus obras, sus misericordias, sus bendiciones; pero esto no es, en el sentido pleno de la palabra, estar en comunión con él. Para ponernos en comunión con Dios debemos tener algo que decirle tocante a nuestra vida real.
Orar es el acto de abrir nuestra mente a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle. La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a él.
Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a confiarle toda su solicitud. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían oídas nos es dada también a nosotros.
El Señor Jesús mismo, cuando habitó entre los hombres, oraba frecuentemente. Nuestro Salvador se identificó con nuestras necesidades y flaquezas al convertirse en un suplicante que imploraba de su Padre nueva provisión de fuerza, para avanzar vigorizado para el deber y la prueba. Él es nuestro ejemplo en todas las cosas. Es un hermano en nuestras debilidades, “tentado en todo así como nosotros”, pero como ser inmaculado, rehuyó el mal; su alma sufrió las luchas y torturas de un mundo de pecado. Como humano, la oración fue para él una necesidad y un privilegio. Encontraba consuelo y gozo en la comunión con su Padre. Y si el Salvador de los hombres, el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, ¡cuánto más nosotros, débiles mortales, manchados por el pecado, no debemos sentir la necesidad de orar con fervor y Constancia!
Nuestro Padre celestial está esperando para entregar a nosotros la plenitud de sus bendiciones. Es privilegio nuestro beber abundantemente en la fuente del amor infinito. ¡Cuán extraño es que oremos tan poco! Dios está pronto y dispuesto a oír la oración de sus hijos, y no obstante hay de nuestra parte mucha vacilación para presentar nuestras necesidades delante de Dios. ¿Qué pueden los ángeles del cielo pensar de unos seres humanos pobres y sin fuerza, sujetos a la tentación, y que sin embargo oran tan poco y tienen tan poca fe, cuando el gran Dios lleno de infinito amor se compadece de ellos y está pronto para darles más de lo que pueden pedir o pensar? Los ángeles se deleitan en postrarse delante de Dios y en estar cerca de él. Es su mayor delicia estar en comunión con Dios; y con todo, los hijos de los hombres, que tanto necesitan la ayuda que solo Dios puede dar, parecen satisfechos con andar privados de la luz de su Espíritu y de la compañía de su presencia (El camino a Cristo, pp. 93, 94).

Dirección

Lima

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Editorial El Ayo publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir