12/01/2026
¡𝐕𝐄𝐍𝐂𝐄 𝐄𝐋 𝐌𝐀𝐋, 𝐂𝐎𝐍 𝐄𝐋 𝐁𝐈𝐄𝐍! ✝️
Siempre se habla mucho del final de los tiempos y de la maldad del ser humano. Escuchamos con frecuencia que todo es profético, que así tenía que suceder, que el mundo inevitablemente se deteriora.
Es verdad. Hoy vemos guerras que obligan a millones a huir de sus hogares, pueblos enteros convertidos en refugiados, hambre presente en distintas partes del mundo, enfermedades que continúan afectando a millones, desastres naturales que impactan de manera severa a distintas regiones, y una indiferencia creciente frente al sufrimiento de los más vulnerables.
Pero existe un riesgo silencioso: que al intentar explicar lo que sucede en el mundo, incluso desde la comprensión de las profecías, dejemos de preguntarnos qué lugar ocupamos cada uno delante de estos sucesos.
Jesús vivió en un mundo también marcado por la injusticia, la opresión y la desigualdad. Había violencia, abuso de poder, pobreza extrema, enfermos excluidos, mujeres y niños invisibilizados, y una religión que muchas veces se había vuelto más normativa que compasiva. Jesús no ignoró esa realidad ni la justificó. Tampoco se conformó con describirla.
Aun conociendo las Escrituras y las profecías, eligió caminar entre las personas, acercarse a los olvidados, tocar a los considerados impuros, alimentar al hambriento, sanar al herido y devolver dignidad a quienes la habían perdido. Su respuesta al mal no fue la indiferencia ni la resignación, sino una obediencia fiel al Padre expresada en actos concretos de amor.
Reconocer que el mundo está herido no debería llevarnos a la pasividad. Comprender la oscuridad no significa acostumbrarnos a ella ni reproducirla. Mientras haya conciencia, hay llamado. Mientras haya fe, hay responsabilidad.
Tal vez no nos corresponde cambiar el rumbo del mundo, pero sí decidir quiénes somos delante de Dios en medio de esta realidad humana que atraviesa generaciones. A veces, el comienzo es más sencillo de lo que pensamos: no endurecer el corazón, permanecer disponibles para el bien y permitir que la fe se traduzca en gestos concretos, aun cuando el entorno invite a lo contrario.
𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 𝐦𝐨𝐬𝐭𝐫𝐨́ 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐝𝐞𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐲 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨.
“No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.”
Romanos 12:21
́sito